martes, 17 de junio de 2014

Santiago Ortas Abad



He ido, como tantas veces, a la Panadería de Alcalá del Obispo, donde fabrican o más bien elaboran unas magdalenas exquisitas.
Allí suelo encontrarme, porque voy con frecuencia a tal lugar, con un señor que se encuentra muy próximo a cumplir los noventa y siete años de edad. Yo varias veces me he dirigido a él para conocer su historia, que es, aunque cada uno vive sus aventuras particulares, la de tantos somontaneses, pero como casi no oye, fracasé en mi propósito. Pero hoy me he encontrado en el mismo horno a otro somontanés, nacido en Alcalá del Obispo en mil novecientos ocho, y que se llama Santiago Ortas Abad.
Al decirle si era más mayor que el padre del panadero, respondió que sí, ya que tenía unos tres meses más que él. Yo me dije :¡qué vida tan regalada se habrán dado estos señores, para conseguir acercarse a los cien años!.Pero estaba equivocado porque Santiago me contó que el año mil novecientos treinta y seis estaba sirviendo en Tabernas de Isuela. Se enteró de que los sublevados iban a ir a buscarlo a Tabernas, diciéndome que para fusilarlo y huyó a Sangarrén y se ofreció como voluntario. Inmediatamente lo aceptaron y formando parte de un batallón, lo mandaron al frente de Huesca.
Hablando de sus primeros años, me contó que entonces le contaban hechos de unas guerras pasadas, como las carlistas, en que en la Ermita próxima de Bureta, fue utilizada como hospital de sangre. Pero no sólo se derramó sangre en tal guerra, sino que él mismo tuvo que vivir la Guerra Civil española de mil novecientos treinta y seis y vio como en aquella, ya antigua España, corría la sangre de los hombres, de las mujeres y de los niños.
Si alguno de los que en esa lucha comprometieron su vida quedó vivo, como Santiago, cuando acabó la lucha estuvo prisionero en tres campos de concentración; el primero el de Alicante, el otro en Portceli en la parte de Valencia y por fin en Albaterra.
Pero no fueron estos campos de concentración los únicos en los que tuvo que trabajar y sufrir, pues me dijo que había trabajado en la construcción de la Cárcel de Huesca, de la que ahora se dice que la van a derribar.   
El gran escritor Georges Orwell, también estuvo voluntario en nuestra horrible guerra y escribió:”Mi herida no fue gran cosa pero es un milagro que no me costara la vida...Me alegro bastante pues creo que esto nos pasará a todos en un futuro próximo de que una bala me haya herido”.Pero a pesar de la profecía de Orwell, Santiago quedó vivo, pero tuvo que sufrir en los campos de concentración, en las obras en las que tuvo que trabajar  como la cárcel de Huesca. Parece imposible que Santiago quedara y siguiera vivo a pesar de ser condenado a varias penas de muerte. Al llegar la Democracia solicitó las compensaciones que recibieron en Cataluña muchos de los que como él fueron explotados en la Guerra Civil, pero todavía las está esperando.

Todo fueron para él disgustos, que no han conseguido deshacer su nobleza, su simpatía y su sinceridad .Hubo escenas en su vida de las que no puede olvidarse, como aquella en que unos hombres, que decían amar a Dios, con unos camiones pasaron por encima de hombres mayores, mujeres y niños.¿Cómo podían amar a Dios aquellos que parecían ignorar el primer mandamiento de su Ley, que dice:”Amarás a Dios sobre todas las cosas y  al  prójimo como a ti mismo”?. Santiago sigue amando a su prójimo, a pesar de las persecuciones que sufrió sin haber creado motivos para ello, pues él lo único que sabía hacer, era trabajar.  

viernes, 13 de junio de 2014

De “gorra”



En este país, eso de la “gorra” nos va de maravilla. Es un vicio nacional, que probablemente nos viene de cuando, a la puerta de los conventos, repartían la sopa boba. Si reparten libros, la gente los va a coger, aunque sea sin intención de leerlos, sino con la más sana intención de limpiarse el “pompis” o de encender el fuego. Si pueden hacerse con dos libros, mejor que con uno. Si dan patatas asadas en la hoguera de San Vicente, procure no acercarse mucho al fuego, no vaya a caer en él, empujado por la multitud, hambrienta no de patatas, sino de “gorra”. Si por este procedimiento consiguen muchas, no se preocupe; se las darán al cerdo los que lo tengan, al perro o las tirarán. La cuestión  estriba en ser más listo que los demás, lo que se demuestra cogiendo  más patatas que nadie.
Si usted pudiera saber quienes van a cobrar el paro, se daría cuenta de que alguno de ellos lo necesita menos que usted, con lo que consiguen un dinero, que les hace más falta a otros. Cuando un obrero lo necesita, está cobrando el paro obrero, pero cuando algunos van a buscarlo sin necesidad, están cobrando el “paro bobo”, reminiscencia de la sopa boba. La picaresca sigue actuando en España, desde que el Lazarillo de Tormes, aprovechando que el amo era ciego (ahora, ¿también el amo es ciego?), cogía  los granos de uva de dos en dos. En un pueblo con motivo de una inauguración, repartían cervezas. Un señor, a quien el médico le había prohibido la bebida, se bebió once. Al recriminárselo el Doctor, exclamó: ¡oiga que eran gratis!. Se murió, lo sentí, pero no pude llorar.
Antes, cuando había algún reparto, no era raro escuchar al repartidor cuando se acababa la “gorra”: ¡se acabó el carbón, a quemar con leña!.
Lo que se va a acabar es el petróleo y entonces, según los optimistas, tendremos que quemar carbón y según los pesimistas leña. Los eclécticos dicen que podremos quemar, mezclados, ambos combustibles. Pero no es tan desesperada la situación, porque yo he visto  subir camiones por la subida del Estrecho Quinto, movidos por gasógeno, claro que a veces se tenían que bajar los tripulantes a empujar. Peor situación se prepara en la agricultura, porque los labradores, si tienen que volver a las mulas, sembrarán para comer ellos y volver a sembrar.

Usted, señora a lo mejor tiene que volver a cocinar con carbón y leña, pero, ¿se ha dado cuenta que en el piso que tanto dinero le costó, no pusieron chimenea?. No se apure si se acaba el combustible, ¡a quemar con gas de Sabiñánigo, que sale abundante y ahora dicen que en Jaca van a mirar si sale también!.  Pero, lo malo es que no sale nada.

jueves, 12 de junio de 2014

El Señor Don Alfonso, del Castillo de San Román de Morrano

Catedral de Valencia

San Miguel de Foces, Ibieca ( Huesca )


Es un auténtico Señor, no sólo por haber nacido en el Castillo de su familia, situado en San Román de Morrano, sino por ser  descendiente de los Buil,  Boil o Bohil, que vinieron a ejecutar la Reconquista de Aragón y de Valencia a los moros, desde el Bearn, donde se encuentran las ciudades de Pau y la de Oloron. En el Alto Aragón fundaron, entre otros, los pueblos de Biel y de Luesia. En Buil ya no queda el Castillo, pero todavía permanece la iglesia  de Santa María de Buil. El linaje de los Buil o Boil, procede de los vizcondes de Bearne, que eran parientes de los Reyes de Francia. Las armas reales de Francia eran semejantes a las de los vizcondes de Bearne, pues ya desde una gran antigüedad, aparecen dos bueyes, con sus esquillones y esos bueyes siguen apareciendo como piezas en las armas de los Buil o Boil, en Aragón y en Valencia. 
Don Alfonso Buil y Aniés, me enseñó el escudo de los Buil o Boil, con dos bueyes, que es el mismo que el del Bearne, de Santa María de Buil y de Valencia. 
Hay una parte de la Historia del Viejo Sobrarbe, que no está muy clarificada en documentos, pero que los hechos, nos indican que constituía dicho Condado un enclave carolingio en los principios del siglo IX, en el que gobernaba el conde Aureolo por el año de 809. Este condado o Alto Sobarbe,  limitaba al Oeste por la Sierra de “As Valles”. Son numerosas las fincas llamadas “as Valles”, en el Alto Aragón,  concretamente en Siétamo. Entre otros pueblos que pertenecieron al Alto Sobrarbe se encuentra Guaso, Latorrecilla, Santa María de Buil, Arcusa, Abizanda,  Escanilla, Ligüerre y Morillo de Tous. Una parte del  territorio del Viejo Sobrarbe, se une con el actual del Parque de Guara. Es la tierra del Sobrarbe, una continuación del Pirineo hasta la Sierra de Guara, como se ve en el Castillo de San Román de Morrano, que se encuentra en una elevación del terreno, donde muere la Sierra y se encuentra ese Castillo de los Buil, al que bajaron indudablemente desde Santa María de Buil. Sin embargo Alfonso con sus más de noventa años, cuenta los recorridos que hizo por el Alcanadre y el Mascún, acompañando a su padre,  que era una autoridad entre los forestales de aquella zona serrana. Pero no sólo recorría aquellos difíciles caminos, sino que cuidaba rebaños de ovejas, al lado de la Cueva de Chaves y recogía hierba para alimentar dichas ovejas el resto del año. Su padre que era amigo personal del Gran Costa, trajo cabras murcianas, que proporcionó a los habitantes de San Román de Morrano. En este año de 2013,  ha ingresado Alfonso en la Residencia del Amparo y al recordar que cada año bajaba su padre ocho corderos para los asilados en dicha residencia, han examinado las Hermanas de Santa Ana los antiguos papeles, que confirman esta donación.
Pero el corazón de estos Buil, se puso en evidencia para la Guerra Civil, en que salvaron las vidas de muchos casbatinos, a los que ayudaron a huir a Francia. Tenía entonces Alfonso catorce años de edad y se había retirado de los Jesuitas de Huesca, por atender a su padre. Allí tuvo que sembrar el patrimonio y luchar por las vidas de los suyos, argumentando, para que no los fusilaran,  que un hermano suyo, republicano, luchaba en el Ejército Oficial. En Casbas no sólo hubo víctimas, sino que se produjo la ruina del Convento de Casbas. En dicho Convento estuvo una hermana suya de Abadesa durante veintidós años.
De donde viene el apellido de Buil es de Santa María de Buil, que toma ese nombre del antiquísimo núcleo de Buil, apiñado alrededor de  un montículo, que conocen todos los habitantes de la comarca,  como Castillo  de Buil, del que ya no quedan ni restos. ¿Qué significa Buil?,  parece que está relacionado con el nombre de los bueyes que aparecen en el escudo de armas  del Bearne. Pero no sólo bajó del Bearne la noble familia de los   Buil, sino que otro  de esos bearneses, bajó  a conquistar Almudévar,  Zaragoza y Valencia. Fue nombrado Bayle en Almudébar, donde  le fue cambiado su apellido bearnés, por el de Almudévar, Villa conquistada por el mismo.  Así como el apellido Buil se extendió por el mundo, el apellido Almudévar,  transformado en la lengua valenciana en Almudéver, permanece en Valencia y Aragón, principalmente. Es famoso el escritor e impresor Onofre Almudévar o Almudéver, que escribió en castellano y en valenciano. Bajó del Bearn hablando la lengua limosina, en Aragón se hablaba la “fabla” Argonesa y él siguió con el valenciano, semejante a las anteriores lenguas. 
Almudévar  fue conquistada a los moros el año de 1118, dirigidas las tropas por Alfonso I el Batallador, que para la conquista de Zaragoza, anhelada muchos lejanos años anteriores por Carlomagno. Este Alfonso I el Batallador, Rey aragonés,  apoyado por su vasallo y pariente Gastón, vizconde de Pau y Señor del Bearn, consiguió  conquistar Zaragoza, en esa campaña a la que se dio  el título de Cruzada. Un Gastón de Bearn, hizo correrías cristianas por tierras, todavía de los moros. Fue cogido prisionero y le cortaron la cabeza. Se recuperó su cuerpo, pero no su cabeza y está enterrado en la Basílica del Pilar de Zaragoza.
Esta Cruzada para conquistar Zaragoza, fue conseguida en Toulouse y llevada a cabo por las Cinco Villas, desde el Bearn y los pueblos de Luesia, Santa María de Buil  y otros, guiados  por los bearneses. Entre otros bearneses que bajaron primero a Almudévar, luego a Zaragoza  en 1118 y bastante más tarde a la capital valenciana, se encontraba el primer Bayle de Almudévar, nombrado por Alfonso el Batallador.  De éste apellido salió un Onofre Almudévar. “Ximeno.Tomo I, pág.124, col 2, le llama malamente Almodóvar” . En una crítica en la “Biblioteca Valenciana de los escritores” nombra  los tres apellidos equivalentes, además de Almudévar, Almudéver y Almodóvar.  Este Onofre escribió unas obras en castellano y otras en valenciano.
El conde del Bearn fundó también en Valencia tres pueblos, como los que había fundado en Aragón. Manises era una alquería mora que en 1238,  que fue donada a Artal de Luna, que la vendió en 1307 a Pere Boil o Buil, que había venido del Bearn y fue convertida en Baronía de Manises. Estos Buil o Boil habían fundado en Huesca el pueblo de Buil. Los bearneses colonizaron varios pueblos en Valencia,  pero no entraron en la capital hasta el año de 1238. Onofre Almudévar “llámase Almudévar o Almudéver, indistíntamente”, como pone en “Notas al canto del Turia”. En la conquista de Valencia, como hemos visto,  tomaron parte los bearneses,  incluidos los Almudévar o Almudéver y los Buil, en Manises y en el sepulcro de los Boil en Santo Domingo de Valencia, yacen varios Boils.
En el Alto Aragón nos quedamos los Almudévar, distribuidos por varios pueblos oscenses y al lado de la Sierra de Guara, en  San Román de Panzano, siguen los Buil. El origen de los Buil y de los Almudévar es el mismo, a saber el Bearne. Los Buil colonizaron Santa María de Buil y participaron en la reconquista de Almudévar, de Zaragoza  y de Valencia. En el “Señorío de Aniés, en San Román de Morrano”, escrito por mí, digo:  “En una Infanzonía del apellido Almudévar, se dice que sus portadores, fueron Señores de Aniés”. También lo fue Alfonso Buil Aniés, por llevar ese apellido de Aniés,  que no es el mismo que el de Aniés, que se encuentra muy cerca de Bolea. Su hermana María Jesús Buil Aniés, fue durante veintidós años Abadesa del Monasterio de Casbas.”Desde las ventanas de la cara Norte del Convento, se veía (y todavía se puede ver) delante de la Sierra de Guara, el pequeño pueblo de San Román de Morrano”.
Entonces por aquella zona se cultivaba la religión cristiana, la agricultura y la ganadería y ahora faltan de aquella tierra, desde el año de 2004, las monjas, la abadesa y la poesía de Ana María Abarca de Bolea, que escribió:  “Desperdicias por  las peñas las perlas de mil en mil,-que en lagartos escarchados, se ven brillar y lucir.- Osténtase en su grandeza-ya el topacio , ya el rubí,- la delicada amapola, y el sufridor alhelí”
Falta de San Román de Morrano el padre de Alfonso Buil, y  su hermana la Abadesa de Casbas, que  era amigo de Joaquín Costa, que lo recibía con gran alegría en Graus, cuando ya no hacía caso de los políticos, que despreciaron sus teorías. El padre de Alfonso se preocupaba de los árboles, de los pastos y del ganado en esa Sierra de Guara.
Se evidencia la descendencia de los Buil de los Reyes de Francia,  por las cabezas de los bueyes o toros de sus escudos, lo mismo en los del Bearn en los de Aragón y de Valencia. Hay quien dice que los Boil o Buil descienden de un caballero, que probablemente sería visigodo, llamado García Aznárez,  que en el año de 712, se refugió en los Montes Pirineos, escapado de los moros que acababan de invadir España. Es curioso como algunos visigodos pasaron a ser Reyes moros de Navarra por conversión de su fe, en tanto otros, que conservaron su religión cristiana, se refugiaron en el Pirineo. En aquella zona quedan muchos ciudadanos con cabellos rubios, descendientes de los visigodos.
García Aznárez  se instaló en el Valle de Gallán,  tal vez en el Castillo de Boil o de Buil, en cuya ladera está situado el pueblo de Santa María de Buil. El Castillo estaba ocupado por los moros y García Aznárez lo conquistó, entregándoselo al Rey del Sobarbe. El Rey se lo entregó a un segundo García Aznarez de Boil o de Buil, apellido que se perpetuó en diversas ramas de su descendencia, como la de Alfonso Buil.
Quedamos por aquí entre otros muchos, los Buil y los Almudévar de origen europeo, pero la Rama Mayor de los Boil, estaba formada por los Señores de Manises. Fue el primero Benito Boil, descendiente inmediato del citado García Aznares de Boil, en 1175, bajo el reinado de Alfonso II de Aragón y del que proceden al menos una docena de sucesores. Por ejemplo el conquistador de Valencia, Sancho Boil, bajo el reinado de Don Jaime I de Aragón. Guillermo Boil y Mur fue Caballero Templario. Pedro Boil y Mur ayudó a Don Jaime I en la conquista de Valencia y se levantó casa en la misma Valencia y se casó con ISABEL de  FOCES. Esta era de la familia de los Foces que tenían su residencia unida a un Monasterio debajo  del pueblo de Ibieca, muy próximo a San Ramón de Morrano, donde nació Don Alfonso Buil Aniés. Queda en Ibieca un maravilloso templo, románico –gótico,  con todas sus paredes pintadas con pinturas de aquellos tiempos. Dicen que la Catedral de Valencia se construyó imitando la arquitectura de SAN MIGUEL de FOCES. Pedro Boil y Aragón fue consejero y mayordomo de Don Jaime II. Era Señor de Manises y murió en Cerdeña Hizo su testamento en Valencia del 17 de febrero de 1321 y de la misma forma que se guardan restos de los Boil, en el Convento Valenciano de Santo Domingo, se guardaron copias de dicho Testamento. Vienen después varios Boil de la Scala, que fue príncipe y duque de Verona. Jaime II confirió a Don Felipe Boil de la Scala  el título del generalato del Mar. Conquistó Mallorca en 1341.
La Historia de España se divide en dos partes, una la del Antiguo Reino de Aragón, con Cataluña, Valencia, Baleares y que gobernó tierras itálicas e intervino en Cruzadas para conquistar Jerusalén. 
Entre tanto Castilla, unida con toda  España, luchó conquistando Granada, entre la Reina Castellana y el Rey de Aragón Don Fernando el Católico, que nació en Sos del Rey Católico, justo debajo del Bearn.
Los Buil, entre los que hay que destacar la figura de Alfonso Buil Aniés, que recorrió la Sierra de Guara, con la Cueva de Chaves y todo el Pirineo, porque siguió la profesión de su padre, que alcanzó el cargo de jefe de los Guardas forestales del Alto Aragón. Ya de niño recorrió el bellísimo cauce de Mascún, donde llegó a ver el peligro de la muerte. Una vez retirado abrió en Siétamo, pueblo en el que yo nací, una granja de pollos, en que me invitaba a probar licores agradables, que él mismo fabricaba, como el “pacharán”, con granos de arañones. Otras veces lo sigue haciendo   con hojas de laurel o con productos vegetales variados, que él conoce por su profesión forestal. 
Pero así como los Boil, antepasados de su apellido, corrieron el Reino de Aragón con sus Islas Baleares, Italia y el Oriente Medio, Alfonso Boil, en los tiempos actuales, después de correr Aragón, entró en el conocimiento de América, de la cual, entraron a formar parte todos los españoles. Antes de jubilarse pidió la excedencia y viajó por Alemania. Es curioso como en tal País encontró una Enciclopedia, escrita en español y se convirtió en un inventor, por que inventó el “coche imán”, del que en España no le hicieron caso, pero que en Alemania, funcionó. Todavía conserva en su casa los imanes,  que compró en una ferretería de Huesca. En un artículo escribo:”Posee veintiséis patentes de inventos suyos, creados para la prosperidad y el progreso del pueblo…Ahora se ha presentado el problema de las heces y orinas de los cerdos, a las que se conocen con el nombre de purín, que por su  Ph  o  acidez, es capaz de abrasar, a largo tiempo, la tierra, que llegará a no producir nada”. Desde Tarragona le pidieron un sistema para evitar la contaminación por el carbón, lo mandó y le contestaron que era un precio muy caro, en estos tiempos, pero eficaz. Es un hombre con muchos años, pero incansable, porque igual que bajó a Tarragona, otras veces ha subido a Francia y a Alemania.
Esa costumbre de viajar le viene de su propia familia, porque un miembro de ella,  nacido en el Castillo de San Román de Morrano, llamado Dom (domine) Benito Buil, benedictino, viajó con Colón, cuando éste descubrió América. “Se enfrentó con Cristóbal Colón, porque le pareció que el almirante, abusaba de los indios. En Santo Domingo donde se conserva la Antigua Casa de Colón, tuvo miedo de sufrir algún daño y se marchó a Haití. En este País residió muchos años y según su pariente Alfonso, puede ser que permanezca enterrado en el mismo”. Este Alfonso Buil  Aniés, viajó por América y allí se encontró con el recuerdo de su pariente el benedictino Dom Benito Buil. Este no tuvo la culpa del retraso de Haití, sino que la Historia cuenta como los franceses, alguno de los cuales se dedicaba a negociar con esclavos, acumularon a los  que traían de Africa. Los Claver con San Pedro, buscó el progreso de América, igual que el benedictino Dom Benito Buil de San Román de Morrano. 
Y ¿cómo descubrió Alfonso Buil el procedimiento de viajar por América?. Fue muy sencillo, porque “tuvo cargo en una empresa registrada en Huesca. Ha estado relacionado con varias empresas industriales y de construcción, radicadas en Huesca. Permaneció en una de las empresas en las que trabajó, durante diecinueve años y en otras ha permanecido con un tiempo mínimo de dos años, ocho meses y veintiún días. Además Alfono ocupó tres cargos en otras empresas, aparte estuvo como autónomo, en diversas actividades”. Esta relación con innumerables empresas le relacionó con varios empresarios alemanes, que lo encontraron una persona muy preparada para pisar y trabajar en América.
Su temperamento activo, como escribo en el artículo”Alfonso Buil Aniés, de Morrano”,  impulsado por  “el amor a la Historia de España y a su propia familia, le han movido a recorrer  toda América, desde la Patagonia hasta el Canadá. Ha encontrado americanos con el apellido Buil, en Méjico, en Estados Unidos, en Chile y fue el mismo Don Alfonso Buil, nacido en San Román de Morrano, el que corrió la Patagonia hasta el Canadá. En Chile, concretamente, descubrió y conversó con varios chilenos, apellidados como él,  es decir Buil. Algunos se emocionaron, porque, aunque políticamente, se ha hecho muy poco por la hermandad entre los españoles y los americanos, éstos hablaban de España como de la Madre Patria. No me extraña esta actitud de los sudamericanos, cuando Alfonso Buil se quedó admirado de ver Catedrales de gran valor arquitectónico, así como palacios, universidades, colegios, edificios del Gobierno de Méjico con los ayuntamientos maravillosos  construidos  por arquitectos españoles y mano de obra que ya había levantado templos maravillosos, antes de la llegada de los españoles. Me he acordado cuando hablábamos de Chile, como en este País Andino, trabajan clérigos de San Viator, que por cierto el Hermano Ramón Arizón Duch, compañero mío infantil en el Colegio de San Viator de Huesca, murió hace poco tempo, cuando iba a fundar otro Colegio”.   
Los Almudévar, procedentes del Bearne, así como los Buil del mismo origen, lucharon en la Reconquista, desde Luesia, Biel, Santa María de Buil, bajaron por Ayerbe y Almudévar, hasta Zaragoza. El conquistador de Zaragoza Señor Conde Buil, murió en una vuelta que hizo por territorio musulmán, donde le cortaron la cabeza. Está enterrado Gastón, Vizconde de Pau y Señor del Bearne, cerca de la columna de la Virgen del Pilar, en Zaragoza. Como Aragón y Cataluña estaban unidos para conquistar Valencia y las islas Baleares, se puso Buil al servicio del Rey Don Jaime el Conquistador y acabaron conquistando Valencia.  Quedaron en dicha ciudad entre otros muchos, varios Boil y hombres con el apellido de Almudévar, el de Almudéver y el Almodovar. Onofre al que unos apellidaban con el apellido de la Villa de Almudévar y en valenciano Almudéver, fue un poeta y escritor, que componía obras en castellano y en valenciano. Fueron varios los Boil, pero  Pedro Boil y Mur, que luchó con Jaime I en la conquista de Valencia, donde se levantó Casa, casándose con doña Isabel de Foces. El pueblo de Foces, hoy desaparecido, con su  Monasterio, pertenecía a esta familia y al conquistar Valencia, se puso como modelo de su Catedral la Iglesia de Foces, que ahora pertenece al pueblo de Ibieca, cerca de San Román de Morrano, donde nació Don Alfonso Buil y Aniés. 
Vicén d´o Río en su obra de infanzones aragoneses, escribe de  “Los Claver de Sieso, D. Miguel Claver,  (alias Valeta) trasladó su residencia al Lugar  de Sieso de Huesca para celebrar matrimonio con Dª Violante de la linajuda familia de los Almudévar y dando origen a esta nueva rama. Celebraron entronques con las linajudas familias de los ANIÉS, Seral, Alamán, Monter y Viñuales.
Don José Claver López de Zuazo y  su esposa Doña María Pilar Beltrán Foncillas, descendiente  de los CLAVER,  me dejaron una serie de documentos, lo que les  debo agradecer en mi nombre y el de los altoaragoneses. De los Claver,  tal vez el primero que sale en la Historia es Guillermo, que en 1094, bajo las órdenes de Pedro I de Aragón, tomó parte en la batalla del Alcoraz y otros en la conquista de Huesca y en las luchas  en las batallas del Mar Mediterráneo. No puedo evitar un recuerdo de Don José Claver López de Zuazo, pues estudió la Historia de los Claver y el matrimonio de Miguel Calver, alias Valeta, con Violante Almudévar de Sieso.
Aquí queda patente el parentesco entre los Claver, los Almudévar y los Aniés de San Román de Morrano. El 13 de Febrero de 1536, firma Claver el testamento a favor de doña VIOLANTE ALMUDÉVAR y en 1540 “deja testificado como Señora mayorada y usufructuaria a la referida Violante, su mujer”. El citado Casal de los Claveres de Sieso, había sido anteriormente de los Almudévar de Sieso, pues Miguel Claver, alias Valeta, fue natural del Pueyo del Valle de Tena y por los años de 1515, bajó a Sieso y se casó con Violante Almudévar.
Dicen que Violante Almudévar, esposa  de Miguel Claver,  alias “Valeta”, tuvo una hija que se casó con un Barón de Siétamo, del que desciende el Conde de Aranda.”Este Conde de Aranda, ya propuso a los Reyes a los que sirvió, crear países libres en América, asociados con España”.
Fue Nicolás Claver Almudévar,que casado con doña Antonia Juncós,  crió seis hijos , uno de los cuales Miguel Claver y Juncós se casó con doña Isabel de ANIÉS, hija de los opulentos Señores de Aniés, de San Román de Morrano, que tenían la residencia en el Castillo de San Román.
Siguiendo varias generaciones, se lee que el pequeño Antonio Claver y Viñuales, se casó con Teresa Almudévar. Fueron padres de Manuel Miguel Claver y Almudévar, que se casó con Doña Jacinta Mancho, natural de Torres de Montes.”Dicen que aquí, se acaba la varonía del apellido Claver, en el canal de los Claver en Sieso”.
Se terminaron los Almudévar en Sieso con “Joseph Almudévar,  possehedor del Casal”. En Aniés se acabó el Señorío de un Almudévar, casado con una Aniés. Pero todavía queda Don Alfonso Buil Aniés, que voluntariamente, por no dificultar la vida de sus sucesores, ha ingresado en El Amparo, que recuerda la caridad de sus antepasados, cuando se lee en viejos papeles, la donación de ocho corderos, para sus asilados.
Se acabaron las líneas genealógicas de los Claver y de los Almudévar en Sieso, pero siguen existiendo Claveres y Almudévares en el Mundo. Está la memoria de San Pedro Claver y de Onofre Almudévar en Valencia y Don Alfonso Buil Aniés, todavía, con sus más de noventa años, nos recuerda la Historia de Aragón con San Pedro Claver de América, con el benedictino Dom Benito Claver y de toda España, desde el Amparo de Huesca, desde el que se ve la sierra de Guara.

domingo, 8 de junio de 2014

La poesía

 
Fray Luis de León.

“¿Qué es poesía, me preguntas?, mientras clavas en mi pupila, tu pupila azul “, le decía  Gustavo Adolfo Bécquer a una bella joven y se había quedado tan extrañado, que tuvo que  añadir: “Y tú me lo preguntas… poesía eres tú”. Y de la misma forma en que Bécquer hace tal pregunta, nos la hacemos los hombres y mujeres, preocupados no sólo por unos bellos ojos, sino por mil motivos poéticos. Me regaló el matemático Carlos  Torres un libro, que presentaba la misteriosa poesía que se vive con los teoremas y con las distancias interplanetarias y con los múltiplos. Parece ser que la poesía es un secreto que guardan las Musas, pero que nunca se ha descubierto. T. S. Eliot dice que   “La crítica…nunca ha descubierto lo que es la poesía, en el sentido de lograr una definición adecuada”. Según el mejicano Arias de la Canal, hay sueños caprichosos o inspiraciones fantásticas que originan “la palabra  en el inconsciente humano y se transmiten al mundo a través del poeta médium”. Un poeta basa su creación en la inspiración y en su palabra poética, que es algo especial, ya que un prosista no puede utilizar el lenguaje poético. La poesía se basa en los traumas cerebrales,  que pertenecen al  inconsciente colectivo y el poeta-medium  los concreta con sus palabras. Mijail Bajtin(1895-1975) a las preguntas que le hacía Arias, contestaba: “Un poeta se apoya en su inspiración y en su especial lengua poética. Un prosista no dispone de semejante lenguaje poético, “distinto del que habla el prosista, que tiene sus argumentos, su experiencia, sus experimentos. Un prosista no dispone de semejante lenguaje poético”.
En cambio en el poeta Fray Luis de León parece que brota de su pluma un vocabulario poético, como cuando  escribe: ”Despiértenme las aves-con su cantar sonoro no aprendido;-no los cuidados graves,-de que siempre es seguido-quien al humano trato está atenido”. Y al recordar el huerto, nos hace soñar con el nuestro, pues dice.”El aire el huerto orea-y ofrece mil olores al sentido,-los árboles menea-con su manso ruido,-que del oro y del cetro pone olvido”. Se estaba materializando la sociedad y ya casi nadie cultivaba los huertos, pero ahora, que la gente ya no cree en las riquezas y en el poder, vuelve a gozar de la poética estancia en ellos.
León Felipe hijo de un notario, viajó por América y sintió en su cerebro todas las piedrecillas “del río Duero,-del enjuto  Manzanares,- del Hudson,- del Magdalena”. En una de sus poesías hizo  ver “ la hondura de la repulsa y el distanciamiento entre la España peregrina y la oficial”, a la que le dijo ”Tuya es la hacienda,-la casa,-el caballo  y la pistola.-Mía es la voz antigua de la tierra,-Tú te quedas con todo-y me dejas desnudo y errante por el mundo…-mas yo te dejo mudo…¡Mudo!-¿Y cómo vas a recoger el trigo-y alimentar el fuego-si yo me llevo la canción?.

Pero todavía quedan poetas y poetisas, que como la señora Josefa, exclaman:”la poesía es vida y yo amo la vida”. ¿Cómo no iba a amar la vida una señora que ha dado a luz a doce hijos e hijas”?. Después de lo anteriormente dicho, afirmaba que sigue amando la vida y la amará mientras pise la tierra, porque le agrada vivir el amanecer de cada día y la belleza del parque, donde cantan los pájaros, se agitan las hojas de los árboles y este gozar le deja el cuerpo frío como el mármol y caliente como los rayos del sol. Ama la vida, porque después de ver trabajando a sus doce hijos, cuida niños, que son hijos de la ciudad de Huesca.

miércoles, 4 de junio de 2014

Banderillas



Yo no podré  olvidar nunca la Torre de Casaus, hoy toda ella convertida en el Barrio de San Jorge, a cuya ermita subían el día en que se celebraba su conmemoración, casi todos los oscenses. Pasaban unos por delante de la Torre, junto a su tapia, por la carretera de Zaragoza y otros por detrás, por el camino, que todavía se conserva, que cruzaba por la vía del tren, yendo después  por el Campo de Deportes y por último se pasaba por el lugar donde hoy se encuentra el moderno edificio del Baloncesto, para llegar por fin, al Cerro del Santo. Entre ambos caminos, se situaba la Torre. A nosotros los niños, en la era, mirando al Norte nos devolvía su mirada el Pico de Gratal; al Este se veía Huesca, que ha invadido después toda la Torre, sin olvidarse de la era; por el Sur en el edificio donde estaban las viviendas de mis tíos José -María y Luisa, acompañados por la casa de Laureano Ciprés, de su esposa Amanda y de sus hijos. Colocábamos unas sillas para que en ellas se sentaran las chicas, hermanas, primas y amigas nuestras, para que  presidieran  las corridas de toros que íbamos a celebrar y al oeste, nos presidía  realmente y nos bendecía durante toda la corrida, desde su elevada y próxima ermita, nuestro patrono San Jorge.

 La corrida era un juego de niños, sentándose las niñas en la presidencia, en tanto que los niños organizábamos la corrida. Para ello, nos hacíamos matadores con nuestras gorras y espadas, otros se convertían en banderilleros, que tenían que clavar las banderillas encima de las espaldas del “carrico”  que hacía de toro, empujado por un niño y ayudado por otros. Uno de nosotros, cogía las manillas del pequeño “carrico”, considerándolo como un toro; empujábamos acometiendo al que hacía de torero, que se esmeraba en dar pases artísticos. El hoy difunto, Pablo Ciprés, primo hermano de Gil Fernando  era el que mejor ponía las banderillas, de tal modo que en cierta ocasión, al ver al dicho Pablo tan torero, se asustaron y en lugar de hacer fuerzas para dominar al carro que hacía de toro, se echaron sobre él y a mí, el “carrico”, se me cayó  al suelo. San Jorge nos libró de que nos hiciéramos daño, dándole al mismo tiempo el premio al banderillero Pablo Ciprés, al convertir a su hijo, Pablito, en un notable banderillero oscense.

martes, 3 de junio de 2014

Las nutrias



La nutria es un mamífero de la familia de los mustélidos, animal muy gracioso con su cabeza chata, orejas pequeñas, con sus patas cortas, así como su pelo al contrario que sus patas, que es más  largo. Su color es pardo, más o menos rojizo, más claro en su vientre y en la parte baja de su cuello. Hace su vida en las orillas de los ríos y se mantiene pescando peces y cazando ranas, ratas de agua e incluso aves acuáticas.
No es muy fácil contemplarlas porque durante el día están acomodadas en sus nidos, dotados de dos orificios, pudiendo decir que uno es de entrada y otro de salida y que están dentro del agua, al contrario que su casa, que consiste en un torreón elevado y revestido de yerbas y que se conserva siempre seco. Allí cuida a sus tres o cuatro crías, que  alumbra en Marzo o en Abril. Por la noche hace uso de su misión, de caza y pesca, solamente.
Su nombre es sonoro y en aragonés suena musicalmente en Ansó, Echo y Torla y en otros muchas zonas del Alto Aragón, donde a la nutria la llaman loira, aunque don Rafael Andolz la conocía por lutria.
Su piel es suave y es muy apreciada por los peleteros, lo que ha hecho que fuera muy perseguida y haya estado a punto de desaparecer.
Daba la impresión de que la nutria, en efecto, iba a desaparecer, pues en Zaragoza  desde hace unos veintitrés años ya no se veían nutrias por su comarca, al lado del Ebro y es que este animal es un símbolo de la calidad del medio ambiente en el que está llamado a vivir, abandonándolo si esta calidad se estropeaba. Técnicos  del  Medio Ambiente del Gobierno aragonés han hecho pública, con fecha uno de marzo del presente año de 2.003, la noticia de que  la nutria ha vuelto a estar presente en los Galachos de Alfranca de Pastriz, La Cartuja y El Burgo de Ebro, a pocos kilómetros del casco urbano de Zaragoza. Esta novedad se puede leer en el Diario del AltoAragón del día dos de Marzo de este año de 2.003.
Donde no se sabe si viven o no viven nutrias es en la parte alta del río  Guatizalema, cerca   del pantano de Vadiello, porque alguien dijo que había visto una nutria y a causa de eso, no dan el permiso para hacer la toma del agua a Siétamo, Ola, Alcalá del Obispo, Fañanás , Pueyo de Fañanás ,Argavieso, Novales , Sesa y al Campo de Aviación de Alcalá –Monflorite, cuyas tuberías están ya colocadas desde hace unos tres o cuatro años, sin producir los efectos sanitarios, económicos, de construcción y habitabilidad, en unos momentos en que se va a realizar la Autovía Lérida –Pamplona, que crearía en la zona industrias y desarrollaría, junto con el campo de Aviación de Alcalá-Monflorite un turismo, que favorecería las visitas a la Sierra de Guara, donde dicen que tal vez estén las nutrias. Estos bellos animales si no están en la zona, pueden llevarlos a la misma y en un lugar de tan puro medio ambiente, se reproducirían, como lo están haciendo en la mismísima Zaragoza.  
A las nutrias les reconocemos sus derechos a vivir y a gozar de nuestros ríos y los habitantes de las orillas del río Guatizalema, votamos porque repueblen sus orillas de nutrias, pero ya vale de cuento, pues los derechos humanos y más en este caso en que no se perjudica a los animales, son anteriores y superiores a los de las bellas e inocentes nutrias, que si tuvieran inteligencia votarían que sí al empalme del agua a los pueblos citados.

¿Se van a despoblar por las nutrias, unos hermosos y numerosos pueblos y se va a interrumpir el impulso de su capital oscense, en el turismo y en desarrollo de actividades propias del ser humano?.

domingo, 1 de junio de 2014

Las Guerras Carlistas en el Alto Aragón

Montejurra ( Navarra )

Sierra Guara ( Huesca )

Un día de este mes de Mayo, me ha llevado Santiago a Estella, para contemplar las numerosas obras de arte que esta ciudad encierra. Pero yo me vi atraído por el Museo del Carlismo, cuyo edificio se encuentra al lado de un llamativo puente de piedra sobre el río Ega. Yo, ya estaba preparado para contemplar dicho Museo, porque al bajar por la carretera, ya me había llamado la atención el Montejurra, montaña o monumento natural, consagrado por el hombre, como lugar sagrado del patriotismo de los conservadores contra el liberalismo de Isabel II y de Alfonso XII. Ese amor y esa devoción de los que se consideran descendientes de aquellos carlistas, los viven cada año, subiendo hasta su cima, para acordarse del pasado. Hay montes en que se venera la religión y otros como el Montejurra, que lo dedican y a mí me parece que dicho Monte se dedica por sí mismo, a venerar las ideas conservadoras y amantes de la patria y de la religión, que veneraba el Rey Fernando VII.  La Guerra de la Independencia, originó el apoyo de toda España, contra los franceses y a favor del Rey Fernando Séptimo y de la religión.
Pero en España se creó  un ambiente de disputa entre los revolucionarios y las luchas guerreras carlistas. Con la insurrección armada de los carlistas, se produjeron las discusiones y luchas entre los aspirantes al  trono, uno Carlos María de Borbón, hermano de Fernando VII y la hija de éste, la princesa Isabel. El poder pasó a manos de Isabel II y ejerciendo como Regente, su madre María Cristina hasta 1840.  Don Carlos María de Borbón inició la Primera Guerra Carlista en 1833; esta Guerra duró, desde 1833 hasta 1839, en que el Congreso de Vergara puso fin a la contienda. La Segunda Guerra, desde 1846  a 1849, se desarrolló principalmente en Cataluña. A continuación llegó la Tercera Guerra Carlista, que fue cruel, desde 1872 hasta 1876. Fue más activa la Guerra en Cataluña y en Vascongadas, pero también fue dura en el Alto Aragón, porque era continuo el paso de fuerzas del Ejército Carlista entre ambas regiones,  que con su gobierno, alcanzaban la autonomía. Don Ricardo del Arco, profesor de Historia y gran escritor, al que yo conocí,  en sus “Notas del Folklore Alto Aragonés”, saca una copla que alude a los Carlistas en la primera Guerra, que así se expresa: “Desde Sierra de Salinas-Se divisan los disparos- de la gente de Don Carlos-que intenta entrar en Barbastro”. En la última Guerra Carlista, Don Carlos estuvo a punto de apresar a Alfonso XII y se extendió el canto de la siguiente copla: ”En Lácar, chiquillo de triste cutis-Si don Carlos te da con la bota-Como una pelota- te planta en París”.
El Doctor don Ramón Guirao Larrañaga, en su libro “Las Guerras Carlistas en el Alto Aragón” (1833-1875), escrito en 2012, dice “Durante las Guerras Carlistas, el Alto Aragón, como territorio situado entre dos núcleos de fuerte implantación Carlista, Navarra y Cataluña, sufre continuas incursiones y expediciones procedentes de estas zonas”. Dice que ha recogido numerosos datos de la Guerra en archivos como los de la Diputación Provincial de Huesca, en los de su Catedral y en los municipales de Huesca, de Barbastro, Jaca y Zaragoza, así como en Fonz. Y  Ramón  Guirao Larrañaga en la presentación de su libro, escribe” ..si algún lector tiene conocimiento a través de estas páginas de sucesos acaecidos hace más de cien años en su lugar natal o en el que habita o reconoce algún antepasado como protagonista de alguno de ellos o recuerda un acontecimiento que le contaba su abuelo y que se transmitía como tradición oral, el objetivo está cumplido”.
Yo tengo entre mis recuerdos, varios de la Guerra Carlista, transmitidos por mi abuelo a mi padre y de ésta a sus hijos, entre los que yo me encuentro. Mi abuelo murió a los ochenta y siete años, a un mes aproximado de la fecha en que yo nací, en Noviembre de 1930. Mi padre me contaba que en aquellas luchas entre carlistas y liberales, mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, con el confitero de Huesca, Vilas, que fue el creador de las “Castañas de Mazapán”, y con un vecino de Liesa, que hoy pertenece al ayuntamiento de Siétamo, y que entró en la Historia o leyenda de la aparición de la Virgen de la Ermita del Monte de Liesa, se pusieron de acuerdo y escaparon a Francia, pues ellos eran carlistas y temían por sus vidas. Mi padre decía que al principio no dejaban entrar a Vilas, porque a los funcionarios fronterizos, les resultaba feo. Ese aspecto, quizá a los franceses, les inspirara que el buen Vilas, era malo.
Lo que realmente era malo, era el ambiente guerrero de los pueblos de debajo de la Sierra de Guara. Del 7 al nueve de Julio de 1875, estaban los carlistas descansando en Casbas y pueblos de alrededor y en estos días “llegaron entre nueve y diez mil infantes y unos quinientos jinetes”, pero el general carlista  Dorregay, al ver difícil la obtención  de fuertes cantidades de dinero para mantener tal número de tropas, piensa en retirar a sus tropas a la Sierra de Guara, que no da de sí para mantener a sus soldados, pero encuentra la ventaja de retirarlas a Navarra por la Canal de Verdún o a Cataluña por Boltaña y Benebarre. En Huesca capital se temía un ataque de los carlistas y se ordena el día siete de Julio a Moreno del Villar salir con una columna de caballería, para reconocer los pueblos del Somontano, en  o encima de la carretera de Huesca a Barbastro. Mi abuelo huyó, porque al pasar por la carretera los miembros del Ejército Liberal, veían la huerta- jardín, en que pasaba mucho tiempo, le entró miedo y escapó con los otros dos amigos carlistas, que he nombrado. Encontraron otros soldados carlistas en Arbaniés, Castejón de Arbaniés, así como en Siétamo, donde prendió a tres soldados carlistas, pero mi abuelo ya había tomado el camino de Francia. También se encontraban soldados carlistas en el pueblo de Velillas, al lado de Siétamo, donde llegaron, ya de noche. El día ocho de julio de 1875, un escuadrón liberal sale de Huesca en dirección a Angués, sorprendiendo en Liesa, hoy perteneciente al Ayuntamiento de Siétamo, a un sargento y dos soldados carlistas, que fueron llevados presos a Huesca. Estos presos informaron que los carlistas iban subiendo a la Sierra de Guara. Efectivamente, a su  paso por Huerto, que se encuentra debajo de Siétamo, unos soldados carlistas se llevaron tres caballerías pertenecientes a Angel Fortón y  miembros de la ronda de Fabara le robaron una yegua a Francisco Español de Novales. De esto me he enterado a través de los escritos  del Doctor Ramón Guirao Larrañaga, pero también sabía que cuando a partir de Guara, fueron los carlistas por Salinas de Jaca la Vieja, hacia Isuarre y la navarra Sangüesa, se apoderaron de un caballo, que luego recuperó su dueño; esto me lo contó ya hace unos años el montañés Sebastián Grasa, natural de Salinas de Jaca y que murió en Siétamo, de ciento tres años de edad. Cerca del pueblo navarro de Sangüesa, hemos visto que, en Aragón y a su lado se encuentra el pueblo de Isuarre, pero en plena Sierra de Guara, al lado de Santolaria, se ven las ruinas del pueblo de Isarre. Antes de llegar a esta fase final  del dominio carlista sobre el Somontano oscense, se encuentra en el pueblo de Fañanás y se ve desde Siétamo la Ermita de Bureta, que convirtieron en un Hospital para atender a los soldados carlistas heridos o enfermos durante la guerra. Los navarros renovaron la función hospitalaria de Bureta, cuya patrona la Virgen de Bureta, dicen algunos que la trajeron de Navarra y que éstos se la volvieron a llevar. Pero el amor de la Virgen de Bureta a esta ermita,  hizo que permaneciera en ella. Allí vivían musulmanes, judíos, cristianos descendientes de cristianos vasco-ilergetes, celta y bárbaros. Yo creo que esta ermita de Bureta, tiene algo que ver con la  heroica Condesa de Bureta, que combatió en Zaragoza contra los franceses. Tenía su palacio en el  pueblo de Bureta, en la provincia de Zaragoza y tenía otras posesiones en Las Cinco Villas, al lado de Navarra. Los carlistas quisieron la paz, montando aquel hospital, donde la gente de distintas ideas, había convivido.
Pero las guerras, entonces y ahora, siguen estallando por todo el mundo, como en aquellas Guerras Carlistas, en que moría la gente, defendiendo unas ideas, que eran más dependientes de los intereses de  individuos de altura Real.
 Las boinas rojas, de las que he guardado una en mi casa, durante muchos años, volvieron a verse en el año de 1936, en que otra guerra destrozó mi pueblo de Siétamo. Hacía ya bastante tiempo, es decir más que un siglo,  que mi abuelo había huido a Francia y llegó el año de la Guerra Civil,  en que con toda mi familia tuvimos que huir a Jaca, luego a Ansó y luego ir al puesto fronterizo de Zuriza, para pasar a Francia. No hizo falta cruzarlo, porque se acababa la Guerra.
En Jaca unos iban con boina roja, otros con gorro de falangista, muchos, la mayoría diría yo, que no llevaban ningún signo que los hiciese apóstoles de ninguna idea, que provocase la lucha con sus hermanos o fuese la causa de crueles represalias.  Otros no se identificaban con ninguna otra idea, por no sentirse amenazados de esclavitud e incluso con la muerte.
La Guerra de 1936, todavía más cruel que las Guerras Carlistas, donde al volver, una vez acabada la Guerrra Civil, que nos había echado de Siétamo, mi padre nos contaba otras guerras pasadas de Carlistas y Liberales, que se habían sufrido en el pueblo. A veces acompañaba a mi padre al próximo pueblo de Ola, donde cada año, bajaba a las Fiestas. En la Plaza Mayor, todavía se conserva una casa,  en la que ya no vive nadie. Entonces vivía en ella la familia  Lafragüeta, y el  bisabuelo  del señor Felipe, que todavía vivía en Ola, era el que participó en una de las Guerras Carlistas. Este señor Felipe, me recordó que en una de las Fiestas del Pueblo, en su casa asaban carne de cordero, y su padre, al no poder evitar el humo que se levantaba en el hogar, se salió a la calle. Por ella estaba paseando, tratando de ahuyentar el humo de sus ojos y de repente, oyó el sonido que producían los cascos de un caballo. En seguida se dio cuenta de que se trataba de un oficial carlista, montado sobre un caballo y que dirigía, poco más o menos, a un ciento de hombres, armados con sus fusiles. Era una compañía de carlistas, que venían de la cercana ermita de Bureta, fundada por la Condesa Bureta, que se distinguió en Zaragoza,  en la Guerra de la Independencia. En la ermita de Bureta el ejército carlista,  había vuelto a levantar un hospital,  más moderno que el viejo Lazareto que  recogía a los caminantes.
El Jefe carlista le preguntó a Lafragüeta de Ola, por donde se podía llegar al pueblo de Quicena, cercano a Huesca, unos tres o cuatro kilómetros y al no entender sus respuestas, le hizo acompañarlos a Quicena, distante de Ola unos ocho kilómetros, a través del monte.
No sé con qué placer o sin él, se comerían los invitados en su casa, el cordero de la fiesta.  
¡Cuántos caminos recorrería aquel oficial carlista, para no acordarse del camino que le llevaría Tierz y a Quicena!. Porque no fue la primera vez que tuvieron que pasar sus soldados por aquel Saso, que separa Ola de Tierz, porque mi aigo de Ola, que se apellida Cativilla, me llevó por aquellas grandes llanuras del Saso, a ver aquellos amplios agujeros, que tendrán la profundidad aproximada a la altura de un caballo. Mi amigo Cativilla me condujo hasta esos aguieros excavados en la tierra, como “redoles” amplios. En ellos metían a los caballos, para que no les alcanzaran las balas de lo fusiles disparados por los liberales. Me informó Cativilla de que en la Sarda de Otal de Ola, había dos de esas trincheras dedicadas a proteger a los caballos, otra en su propio Saso y en el Saso de Cucalina, estaba el último agujero-trinchera caballar.   
Del  siete  al  nueve de Julio de 1875, se reúnen en Casbas, el pueblo del famoso Monasterio, dirigidos por Dorregaray, unos nueve o diez mil infantes y unos quinientos jinetes. Desde el 30 de Noviembre de 1930, hasta el mes de Julio de 1875, habían pasado cincuenta y cinco años. Si nos colocamos en el  año actual de dos mil catorce, hay que añadir ochenta y cuatro años más o sea en total hace ya, ciento treinta y nueve años que mi abuelo escapó de Siétamo con sus dos compañeros, hacia Francia, de los liberales. Estos pasaban por la carretera, donde se veía a mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, en el jardín- huerta, que presintiendo el peligro,  huyó. 
  Subían unos y otros, sus enemigos por la Sierra de Guara y pasaban al lado de Santa Eulalia o Santolaria, por el pueblo,  hoy desaparecido de Isarre, para poder llegar a la navarra Sangüesa, a través de Lorés y de Isuarre. Yo no soy historiador, pero a partir de Santolaria y lugares próximos, unos soldados carlistas, marcharían a Cataluña , a través de Boltaña y de Benabarre, pero y creo que la mayoría, pasando por el desaparecido pueblo de Isarre, en plena Sierra de Guara, llegarían a la navarra Sangüesa, pasando por Isuarre, de casi el mismo nombre que Isarre de Guara.
La Sierra de Guara, que aparece en cualquier lugar de la carretera N-240, como un cadáver “grandaz”, a veces destacando con nieve blanca su cabeza, sus rodillas, sus manos y sus pies, como ofreciéndose al firmamento azulado y sin estrellas. Desde la altura de 2077 metros se ve el Moncayo, en cuyos lomos se echa Tudela, pues dicen que Pirene, acosada por Hércules, hizo arder todos los Pirineos desde el cabo de Creus hasta el Atlántico. Y la subida de los carlistas al ´gigante de Guara, hizo recordar las catástrofes que en dicha Sierra se han dado a lo largo de la Historia y la leyenda. Dice una leyenda que Gabardón, cuando el Gigante o Gigantón de Guara descansaba en las alturas, le asestó una cuchillada mortal, clavándole el picacho en las entrañas, que saltaron formando Las Pedreras. Pero, a pesar de los aullidos quejosos de Guara, ésta quedó totalmente yacente y muerta. Aquí acudieron los carlistas,  a ver si la despertaban, pero desde Angüés o desde Siétamo se ve al hombre “grandizo”, que está muerto. Allí murieron también aquellos carlistas, inflamados de pasiones humanas, como las soportó la misma Sierra de Guara.

Por esa razón me emocionó estar ante la presencia de ese monte de sensibilidad humana, es decir del Montejurra, que quizá ardiera con la también sufrida Sierra de Guara, también de sensibilidad humana , cuando Pirene hizo arder la Montaña, desde Gerona hasta el Atlántico.

El hambre que pasaron en la Guerra Civil, los de Belchite

Belchite (Zaragoza) En la cueva tal vez ibérica, que se encuentra cerca de la Autovía, que viene de Barbastro, cerca ya de la Torre de Caver...