martes, 19 de marzo de 2013

Encierros en Huesca





“Unos Decían que sí y otros decían que no”, pero ¿de qué hablaban?. Y yo respondo en este caso que, de los toros. Es natural porque el toro bravo es tan original, es tan entrañable para los españoles y tan exótico para casi todo el resto del mundo, que las polémicas sobre él y sobre las distintas formas de torearlo, como la lidia a pié, a caballo o las vaquillas, el toro de fuego, el toro ensogado y los encierros, han estado presentes entre nosotros, desde hace muchos años.
En un ejemplar de El Diario de Huesca de Agosto de 1877, se lee: ”Al mágico grito de ¡a los toros!, el  pueblo español se enardece, y unos por lujo, otros por compromiso, algunos por entusiasmo digno de mejor causa, los más empujados por la corriente, todos van, o por mejor decir, todos vamos a la plaza, y con repugnancia o sin ella, contribuimos a sostener los toros, en el íntimo convencimiento de que nada bueno ni útil ha enseñado, enseña ni enseñará el arte de los Pepe Hillo, los Costillares y Montes”.
Pero la polémica da la impresión de que se daba en el mismo corresponsal, pues luego pasa a describir el ambiente de la plaza y el curso de la corrida, cuya belleza parece haber hecho suya.
Aquel 1887 las gentes de Huesca acogieron los toros con más entusiasmo que en otras ocasiones, pues en el año 1886, no se celebraron fiestas profanas por falta de dinero.
En 1912 se derribó la Plaza, que estaba situada en el solar del antiguo convento de San Juan de Jerusalén y hasta 1939 no se edificó la actual.
Huesca se quedó sin coso taurino, pero no podía quedarse sin toros; López Allué nos lo pone en evidencia en su libro”Coplas y más coplas”, sección de El Diario de Huesca, en que comentaba los problemas de la ciudad. López  Allué vivió los toros en la Plaza Vieja que se derribó en 1912 y describe la escena del pueblo acudiendo a la corrida: ”El Coso no era una calle a la hora de la corrida, era un río caudaloso desbordado de alegría”. Nosotros  vivimos cada año esa alegría, pero a través del Coso Bajo, porque el río laurentino que describe el Triso, discurría por el Coso Alto hacia ¨San  Juan, debajo del Actual Museo. En cambio nosotros vamos a los toros por el Coso Bajo, que al terminarse, nos deja frente a frente con la actual Plaza.
Nos cuenta también que “In illo tempore, hoy (refiriéndose al día de San Martín) había vaca ensogada”, pero no sólo “in illo tempore “ se corrieron vacas ensogadas, sino mucho más tarde y leyendo “Coplas y más coplas”, le parece a uno vivir un encierro:”Ante el peligro y el miedo unos y otros se apiñaban y entremezclados corrían y por las rejas trepaban o entraban en los zaguanes o saltaban a las tapias”.
Estas escenas se repitieron en Huesca durante mucho años, pero no sólo con vacas sino también con toros bravos, como hacía constar Mur Ventura en sus “Efemérides oscenses” y como testimonia el  Señor Ferrer del gremio de Carniceros y lleno de vida.
Venía la tradición de tan lejos que el mismo autor cuenta como en 1647 “un día que se corrían toros por las calles de Huesca, se encontró Ruiz de Castilla con un bravo animal que por haber roto la cuerda le persiguió hasta la iglesia de San Pedro el Viejo, tras cuya pila bautismal logró esconderse. A consecuencia del susto contrajo una enfermedad, que le ocasionó la muerte”.
El señor Ruiz de Castilla era catedrático de la Uiversidad, más preparado en su cerebro que en sus piernas, que sí tendrían mejor preparadas sus alumnos.
Preparados para el salto, la escalada por balcones y carreras ante el toro, están  los mozos actuales cuando piden que resurjan los encierros, de los  que algunos dicen que nunca existieron en la capital de Huesca, pero cuando lees las obras de Juan del Triso, parece que está viviendo un encierro de verdad: ”Dichosos tiempos aquellos –que al empezar la “tardada”-subían por San Francisco-corriendo a la desbandada-matracos y señoritos perseguidos por la vaca-elegida entre las “furas” –de Pompién o de Lascasas”.
“¿Y qué solera taurina había en la “redolada”, pues las “dulas “ de los pueblos contaban con vacas bravas y en mi memoria estoy  viendo esas vacas con “tanganas “, que como si fueran galgos en el tiempo de la veda, les colgaban del pescuezo para impedirles correr detrás de niños y abuelos”

miércoles, 13 de marzo de 2013

Los agotes o cagots en Francia y España







Plan (Huesca)

Como he afirmado otras veces, Los Pirineos son un País de la Naturaleza, al que no ha dejado evolucionar la Historia, quedándose dividido en dos partes, una para Francia y otra para España. Andorra es una parte,  que goza de su libertad, en medio de aquel mundo maravilloso, pero lleno de dificultades. Esas dificultades han sido continuas,  a través de los siglos, tanto que al llegar a los principios del siglo XX, en el Prólogo de “Bellezas del Alto Aragón” de Lucien Briet, Bernardo Beltrán y Róspide, escribe que las maravillas de los Pirineos, ”atraen al curioso y ávido de contemplar las magnificencias de la Naturaleza y hoy son grandes las dificultades para viajar por estas tierras españolas, que figuran entre las que menos han progresado desde el punto de vista de las comunicaciones”. Apareció, en un reciente artículo mío, un articulo, sobre los Pirineos, titulado  “El Ferrocarril y la Autovía por Canfranc”, en el que expongo las dificultades que han tenido Los Pirineos para ser comunicados y ser tratados correctamente.

 De los agotes o cagots, no hice  más que nombrarlos y no puedo hacer más que acordarme de ellos.  Yo desde siempre he conocido en nuestros pueblos la existencia de agotes, que en nuestras tierras, tienen muchas veces el apellido de Godé, siendo también ordinarios los apellidos Gota. En los Pirineos franceses y españoles se encontraban esos “agots” o “agotes”. Estos también eran llamados ar-gotes o godos astutos y la palabra “cagot”, deriva de “canis Gothi” o perro godo. Los “cagot” en Los Pirineos, no se sabe si procedían de su huida de los moros, o  de los soldados de Carlomagno, tras la retirada de la batalla de Siresa.

Lucía Dueso y Bizen Dó Río, admitida la permanencia de los agotes en el Pirineo Central, donde constituyeron sus núcleos   como miembros de las “cagoterías”, estudiaron las semejanzas de éstos, con los actuales chistavinos.

Estos agotes hablaban en lenguas germánicas, eran constructores y tenían un símbolo, identificativo,  basado en un ave  como una Oca. Sánchez Dragó, en la obra Gárgoris y Habbidis, dice que agotes poseían una cabellera rubia, ojos azules y  “los chistavinos coinciden con los “cagots” en el color del pelo y de los ojos…es también muy numerosa la población con el occipucio plano y es frecuente entre los gistavinos,  tener atrofiado el lóbulo de la oreja”. Lucía Dueso y Bicén  d’o Río, están  seguros de que los agotes y los chistavinos, pertenecen o son de  la misma raza.

La Historia nos hace ver a los agotes sobre nuestra tierra, pero si nos preocupamos de ver lo que ha ocurrido en ella, si abrimos nuestros ojos, nos damos cuenta  de numerosos detalles, que te acercan al pasado. En cierta ocasión mi consuegro Lorenzo Zamora Blasco, del pueblo de Coscullano, me llevó a ver algún resto de una iglesia visigoda, encima del pueblo, pero bastante más arriba,  en la Sierra de Guara. Yo no pude apreciar ningún detalle de tal templo, pero por aquellos días un amigo de Torralba de Aragón, descubrió  en las ruinas de la iglesieta de Coscullano, dos broches de un cinturón visigodo y una fíbula de disco perforada. Hoy he podido contemplarlas en el Museo de Huesca. Depositó en el Museo Provincial de Huesca estos objetos. Había  otros objetos del mismo origen, pues me llamó la atención una hermosa moneda de oro, llamada triente, que representa a Witiza.





En el Alto Aragón, se  vuelve a venerar y se está restaurando,  el Monasterio de San   Victorián,  levantado por el  pueblo bárbaro. Este Real Monasterio de San Victorián, o de San Beturián, como lo llama el pueblo del Sobrarbe, se encuentra en Los Molinos, que pertenece al Ayuntamiento de El Pueyo de Araguás, debajo de la Peña Montañesa y a sólo catorce kilómetros de la Villa de Ainsa.  Hay historiadores que dan el siglo VI, como fecha de origen del Monasterio de San Martín de Asán, reconociendo su origen como el del primer Monasterio creado en España. Llegó a convertirse en panteón de de los Reyes del Sobrarbe, que siguen siendo misteriosos. Allí descansa el legendario Iñigo Arista.

En 1452 es nombrado “Antonio Bardaxí”, como Señor Jurisdiccional de San Juan de Plan y Justicia de todo el Valle. En  esta  Val de Gistau, vivían los agotes en gran número, muy cerca de Los Molinos y de el Pueyo de Araguas, donde vivían los Bardaxi. Tenían en su casa una capilla dedicada a San Victorián o San Beturián. En Graus se conserva una hermosa casa de Bardaxí de Puyarruego, cuyos miembros bajaron a vivir a ese lugar tan bello y tan noble, al casarse un Bardaxí con la hermana menor de los Azara de Barbuñales.

En Velillas, en la ermita de Santa Bárbara, situada, encima, en lo más alto del pueblo,    encontró hace unos diez o doce años,  una moneda de oro visigótica, un hijo del pueblo de Sasa del Abadiado y éste se la vendió  a un particular. Se sabe que en el Tozal de Santa Bárbara, hubo un campamento ibérico. En el otro lado de la Autovía se alza la ermita de San Bartolomé.

Antonio Ballarín, el actual amigo mío, nacido en Velillas, del que no se conoce si era pariente o no de los Bardají del Pueyo de Araguás, y que todavía está enamorado del viejo monasterio de  Casa Ponz, establecido en Velillas por el Monasterio Francés de San Ponce de Tomeras, con   el cariño infantil que tuvo y que conserva con Velillas,  nació en Casa Ponz, que ya no tiene dueño de tal apellido. Pero  su casa o casa Ponz, es un antiguo convento, que fue donado  por el Monasterio francés de San Ponce de Tomeras, que  se  lo entregó el Rey Sancho Ramírez.  Todavía algunos saben,  por tradición, que  el nombre de Ponz, le viene de haber sido una fundación de los franceses aliados con los del Sur de los Pirineos, contra los invasores moros. Escribí en un artículo que “Por tradición, transmiten unas generaciones a otras, que en casa  Ponz  (que es una abreviatura de San Ponce), cantaban los salmos algunos frailes, que es de suponer procederían del Monasterio de San Pedro de Tomeras”.

Los agotes se encontraban en Guipúzcoa, Navarra, El Bearn, Jaca, El Gistau  y  Gacuña.  Lucía Dueso Lascorz, de la Val de Gistau, con la que conviví, escribiendo en Fabla Aragonesa;  por desgracia ya ha fallecido, pero que vivió con un interés por el Pirineo, extraordinario, enseñándonos la Fabla de los Pirineos, que era más íntegra que la del Somontano. Era una mujer sensitiva, culta, muy simpática y poética. En un antiguo poema occitano, se da a entender que los “cagots, son los descendientes de los ostrogodos. Su segregación de la sociedad viene por ser de una raza  distinta, como dice un poema occitano, que  se expresa así: “El país que los vio nacer, fue quemado otrora-por una horda sarracena, que despreciaba a Dios. Relegados entre nosotros son los restos de un ejército- que ya no podía avanzar”. Lucía Dueso,  nos hace ver, que el origen de los agotes, viene, de la invasión sarracena de la Península, con lo que tuvieron, esos descendientes de los godos, que refugiarse en el Pirineo. 

Lucía Dueso y Bizén d’o Río, hablando de los agotes, ponen en su artículo la frase de F. Sánchez Dragó, en su obra Gárgoris y Habbidis, que dice:” Poseen cabellera rubia y abundante, tez endrina, ojos azules, orejas de lóbulo atrofiado, amplio cráneo, cuello rechoncho, breves piernas arqueadas, desaforada lascivia, dedos mañosos y occipucio trágicamente perpendicular.” Los agotes habitaban en el Pirineo, pero  ahora es más difícil observar una vida discriminada, en esos  Pirineos de Navarra  y de Aragón. Residían también en Francia, por ejemplo en Oloron-St.Marie, que está encima de Jaca, como también vivían en Saint- Lary, que coincide con Bielsa y Gistau. En estos lugares se encuentran lugares con nombres godos, por ejemplo en Gistain se encuentra El Llano de Arrio.  

Dice Lucía Dueso que en Gestavi se levantaban iglesias visigodas. A unos doce kilómetros de la Virgen de la Plana de Plan, se encontraba el  visigodo monasterio de San Pedro de Tomeras. El Rey visigodo Gesaleico, que reinó en España desde el año 505 al 511, iba a Tabernas para cazar. Cazando en Tabernas es de suponer que correría por los montes de Plan. Tabernas fue durante muchos años un centro espiritual del Aragón Oriental, principalmente en los principios de la Reconquista. Gistavi, fue Sede Episcopal, no se sabe seguro si en los tiempos de Recaredo. Hace notar Lucía Dueso que los santos patronos de las iglesias del Valle de Gistau, durante la época de los godos, son los mismos cuyas reliquias fueron traídas de Zaragoza, cuando sus habitantes huían de los moros. Esta dependencia entre el Pirineo y Zaragoza, ya se ve en el uso de las sagradas reliquias, en tiempos de los godos y nos hace recordar, como a lo largo de la Historia no se han atendido con un sentido práctico, además de convivencial, la comunicación entre la capital de Aragón y el Pirineo. Sería la principal puerta de España en Europa.   

En 1621 el sacerdote Martín Vizcay ,contaba que en el Bearn, Aragón y Navarra existía una raza de gentes, discriminada por los demás habitantes, de un modo absoluto, como si fueran leprosos y casi escomulgados. Aún ahora, como afirma lucía Dueso, que en cierta ocasión estrenó una niña en Plan , un hermoso vestido y su abuela ,exclamó: “¡mírala, la moza de la cagona!“    Los cagotes eran buenos constructores de iglesias y se encuentran en Cauterets,Argles-Gazost, Gabarnie, Aragnouet y otros lugares del Pirineo francés y debajo de Aragnouet se encuentra la Val de Gistain ,en la que todavía queda el recuerdo de los que fueron   los agotes  o cagots.  
Ya no se sabe donde están, pero en esta España, invadida por tantas razas, están en su sangre y eso ha hecho posible que yo, conviviera en mi pueblo de Siétamo con los hermanos Godé, de un humor extraordinario. Uno de los hermanos era, sin duda alguna representante de la raza visigótica, que invadió España, hace muchos siglos. ¿Por qué lo sé?, sencillamente porque se llama Godé y porque tenía el pelo de un agradable color pelirrojo, que con los años, se ha vuelto cano y su piel estaba llena de dibujos, como producidos por unas manchas pecosas, que le daban un aspecto de los auténticos godos, que aquí vinieron. Yo no sé si lo sabe, pero para mí,  es un honor tener un amigo y compañero español, procedente de la raza de los visigodos. Ha sido taxista, pero es una vergüenza para él y para España, no haber podido circular con comodidad  pro una carretera que uniera de un modo cómodo y elegante a Francia con España.
Los Pirineos han sido un paso de muchas razas humanas y ahora estamos sin poder comunicarnos comercial e industrialmente


Velillas y San Ponce de Tomeras


Catedral de Saint-Pons-de-Thomières



Velillas,  es un pueblo,  ahora, perteneciente al Ayuntamiento  de Angüés,  con una población muy escasa y que desde  la carretera N-240, se divisa  como dicho pueblo, se va deslizando desde la ermita de Santa Bárbara, a cuyo lado se encuentran los restos de una torre óptica. Subidos a esa torre, en su lucha contra los moros, se comunicaban con el Monasterio del Pueyo y con la Torre de Santa Eulalia la Mayor o Santolaria.  Por medio de esa torre “óptica”, se hacían señales  con fuego que,  por las noches se veía desde muy lejos.  El Rey Sancho Ramírez entregó al Monasterio de San Ponce de Tomeras, el Castillo de Velillas y más tarde todo el pueblo. El Castillo, al que  algunos identifican con el que coronaba el tozal de San Bartolomé y otros con el Cerro de Santa Bárbara, queda en el recuerdo de los hijos de Velillas y en sus pensamientos. Se sabe que en el Tozal de Santa Bárbara, hubo un campamento ibérico. En él se han encontrado monedas, no todas ibéricas, sino incluso  una de oro visigótica, que su nuevo dueño,  vendió en Zaragoza. Esto de la presencia de un poblado ibérico lo  estudió el doctor Lacarra. Se respira en todo el pueblo un largo pasado, con distintos pobladores, pues al entrar en él, nos damos cuenta de la presencia de un “lauburu”.  Este “lauburu”,  en la fachada de una casa, cuyo propietario fue, en otros tiempos herrero del pueblo, recuerda  el paso de tantas tribus vasco –ibéricas, de razas celtas, visigóticas con  religiones e ideas políticas, que han destruido castillos y peleado en continuas guerras. Ahora ya casi ni quedan pobladores. Todo Velillas nos hace recordar el medio ambiente que enseñoreaba al pueblo  y que hoy,  los visitantes,   no pueden olvidar  ni  las guerras ni las épocas de paz. Basta darse cuenta de la presencia en lo alto del pueblo de la Parroquia de San Martín, al otro lado de la carretera la ermita de San Bartolomé y en lo más alto del pueblo, la ermita de Santa Bárbara. Y entre tanto el visitante reconstruye en su cerebro aquellos poblados ibéricos, aquellas batallas entre moros y cristianos, apoyados éstos por los vecinos habitantes del Midi francés. De el Monasterio francés  de San Pedro de Tomeras, al que se entregó el pueblo de Velillas, vino a este pueblo la elevación de la Ermita de San Ponce y tal vez por la creación de algún convento, se conserva a través de su lejana vida, el nombre de Casa Ponz. No existe el apellido  Ponz en Velillas, pero quedó el recuerdo del Monasterio francés de San Ponce de Tomeras.  Por tradición transmiten unas  generaciones a otras, que en casa Ponz, cantaban los salmos, algunos  frailes,  que es de suponer procederían de dicho Monasterio .  A este Monasterio, Sancho  Ramírez   le entregó el pueblo de Velillas. Y ahora, después de tantos siglos de historia común, en Velillas no se acuerdan casi de San Ponce de Tomeras  ni en tal Monasterio recuerda nadie de la existencia del pueblo de Velillas.  ¿Cómo no se va a encontrar  totalmente natural y  nostalgica, la comunicación entre Francia y España, por una tercera vía, que pasaría por los Pirineos?.  En este ambiente actual de Velillas, no se contempla otra cosa que una muerte lenta de los pueblos aragoneses. Ahora me entra el consuelo de ver pasar por Velillas la Autovía de Lérida a Pamplona, que tal vez despierte  una comunicación moderna, en la que se habrá recordado la posesión de Velillas por San Ponce de Tomeras, al Norte de los Pirineos. ¿Promoverá esta autovía el aumento de población de Velillas?.  No lo sé, pero sus primitivos habitantes, ya sentían la necesidad de aumentar su población y para eso veneraban a la Peña Mujer, que tiene la forma de una silueta femenina, en estado de gravidez. Desde aquellos antiguos tiempos han acudido mujeres que deseaban ser madres. Es esta Peña Mujer una peña fecundante, que tal vez ayude a repoblarse a Velillas,  cuando funcione plenamente la autovía y nos comunique con Francia, a San Ponce de Velillas con San Ponce de Tomeras. Se encuentra esta Peña a la altura de Velillas, en el lado derecho de la carretera, cuando se circula en dirección a Barbastro. A esta Peña del periodo Neolítico, acudían las mujeres para poder ser madres. En el extremo superior de la Peña hay un hoyo en el que se depositaban los objetos que daban como sacrificio a los dioses.

Y dentro del mismo pueblo, se halla la ya abandonada Ermita de San Ponce, donde Antonio Ballarín,  natural de Velillas y habitante que fue de la casa,  que llaman Casa  Ponz,  me dijo que en dicha  ermita, en cierto antiguo periodo de tiempo, vivieron unos religiosos, de los que ya no queda memoria. Sancho Ramírez y Ramiro el Monje, intervinieron en la historia de Velillas, pues el primero entregó este pueblo a los Monjes de San Ponce de Tomeras y en este Monasterio francés, estuvo haciendo  vida religiosa, el Rey  Ramiro II el Monje. Uno se explica como influyó el Midi Francés en nuestra historia, llevando sus nombres al Sur de los Pirineos. No nos acordamos de que Casa Ponz y la Ermita de San Ponce, se nombran en Velillas, pero en Francia, ya no se acuerdan de que Europa construya la Tercera Vía del Centro de los Pirineos, para volver a aproximarnos franceses y españoles.

En Velillas siempre se han dado guerras y guerrillas, hasta la Guerra Civil, ya después de las Guerras Carlistas, al lado de la carretera que va desde Barbastro a Huesca. Pero el espíritu de los velillenses  se ha fundado siempre en la paz. Antonio Ballarín, hombre activo y creador de fincas productoras de frutas, que exporta a Alemania, recuerda cuando en Velillas funcionaba la Cofradía de San Bartolomé. Este recuerdo le llena el corazón de gozo espiritual, porque él participó junto a su abuelo en las subastas de la carne de cordero, que se hacía en la Plaza Mayor, dentro del hermoso frontón,  que ya no se usa,  porque no quedan jugadores o pelotaires, que impulsen fuertemente a la pelota, cerca del “lauburu”, que preside la fachada de  casa del herrero, que se encuentra, más abajo, en la calle de entrada al pueblo, desde la carretera. La Cofradía de San Bartolomé tenía como objetivo ayudar a las personas necesitadas del pueblo, como  a las de mayor edad y con pocos recursos. A ellas había que ayudar e incluso pagarles el ataúd para ser enterrados, cuando muriesen, además  del funeral y el entierro, teniendo en cuenta que eran como hermanos  todos los habitantes del pueblo. Con el fin de recaudar fondos para ayudas asistenciales, una vez al año, se reunían en la plaza Mayor del pueblo, allí donde se encuentra el frontón. La Plaza Mayor hay que distinguirla de la Paza Menor, a la que se sube por casa Ponz y  por casa de Luesia,  que tiene   enormes escaleras, que suben desde la calle a la puerta principal, sobre la que se encuentra un enorme y bello escudo. Una vez en dicha Plaza Menor  o Plaza de “Cerila”, se contemplaba  un bello balcón de hierro forjado, el cual luce escenas de danzantes, que no se sabe si serían de Velillas en viejos tiempos. Hoy se ve el balcón pintado en la fachada de una casa vecina, a la que se aproximaba el balcón de hierro forjado,  pero el balcón, hoy en día, se encuentra en el Ayuntamiento.

Era emocionante la subasta de la carne de cordero, que en aquella plaza se exhibía. Allí se reunían los abuelos del pueblo con sus nietos y todos gozaban de tal concurso. Los corderos se partían en distintas piezas cárnicas y se iban poniendo en lo alto de una caña, con la que uno de los abuelos, paseaba por la Plaza para que todos las admirasen. El portador de la caña con su pieza cárnica, proclamaba el precio de ella, gritando:¡ Cinco pesetas vale la pieza!, mientras alguno de los asistentes ,contestaba,  ¡pues yo pago cinco pesetas con cincuenta céntimos!. Así seguía la subasta y el entonces pequeño Antoñito, se sentía muy satisfecho por el buen precio obtenido en aquella tarde por su abuelo y por la calidad de la pieza, que él había elegido. A continuación cenaban  encantados,  haciendo corros, pues no se sentaban alrededor de ninguna mesa. Allí gozaban sobre todo los abuelos acompañados por sus nietos. Y con el dinero obtenido, después de pagar el cordero, ya disponían de caudal para ayudar a los más necesitados y más viejos.

Hemos visto como en Velillas hubo períodos de lucha y otros como la subasta de la carne de los corderos, que estaban gobernados pacíficamente, por la doctrina cristiana de San Bartolomé.

Pero estaban llegando los tiempos modernos, ausentes de paz y con aumento de las lucha de clases, que entre otras cosas ha traído la despoblación de pueblos como Velillas. Unos se hicieron de derechas y otros de izquierdas, aunque la mayoría buscaban la paz y que fueron los que más palos recibieron de unos y de otros.

Los de derechas eligieron la Plaza Pequeña o de “Cerila”,  para bailar en las fiestas del “lugar” y los de izquierdas optaron por la Plaza Mayor, donde se encuentra el frontón. Y a mí me da la impresión de la Guerra Civil tuvo su principio en esta apuesta, preparada para bailar unos en la Plaza mayor y otros en la Pequeña.

Tenían que dividirse en dos Plazas distintas los de Izquierdas y los de derechas. La pista de baile de las izquierdas estaba en el mismo centro del pueblo y para llegar a la pista de los de derechas , tenían que pasar los que querían ser felices bailando, por la calle Principal y subir hacia la Plaza Pequeña, por delante de la ermita de San Ponce y por casa de Ponz. Ambos nombres de santo, que son los del mismo San Ponce, ya no valían para calmar la violencia de aquellos hombres y mujeres. En aquel lugar se juntaban los miembros de ambos sexos, es decir hombres y las mujeres  que buscaban un bailador o una bailadora a su gusto, y no un hombre o una mujer de derechas  o de izquierdas  y se producían fuertes altercados entre los y las  que querían subir  a la Plaza de los de derechas o bajar  a la Plaza Mayor, donde iban a bailar los de izquierdas.

A Baltasar,  un albañil que subía al baile de las derechas, no se sabe si por ideas políticas o por atracción amorosa, lo cogieron entre unos cuantos mozos y lo emprendieron a empujones y patadas, para alejarle del odiado baile de derechas.

La buena madre de Antonio Ballarín, al contemplar esta escena, pidió a los endemoniados mozos, con sus gritos, que lo dejaran en paz. Y después de que lo liberaran, gritaba a los vecinos, que por allí   pasaban:  ”pobre Baltasar, que esos brutos han convertido en un Cristo, llevándolo por el Camino del Calvario”.

Ahora, el pueblo, representado por Baltasar está arruinado y camina por las calles de Jerusalén, es decir por las de sus ciudades y pueblos, esperando que unos políticos, que no se dediquen a cobrar dinero, sino a liberarlo.
Mientras tanto,  los países, en lugar de fijarse en el comportamiento de los abuelos y los nietos de Velillas, para ayudar a sus hermanos los necesitados, gritan y se lían a empujones  y patadas, esperando que las izquierdas o las derechas, sean quienes los hagan felices.

domingo, 10 de marzo de 2013

ANTONIO LOPEZ

Iglesia de Ortilla


En aquellos, ya, desparecidos años, estaba yo ejerciendo mi profesión veterinaria, en la Villa de Bolea, desde cuya altura, se dominaba Lupiñén,  Ortilla y Monmesa y debajo de esos pueblos, se extendían numerosos castillos- agrícolas, como el de Guadasespe. Por la izquierda de tal mirador se contemplaban el Gratal y la Sierra de Guara, con los pueblos que en sus laderas se asientan, para que sus alturas,  los guarden del Cierzo. Por abajo, hasta la Sierra de Alcubierre, se extiende la Hoya de Huesca, hasta los Monegros.

A mí,  me conocían muchos habitantes de  aquellos   pueblos  y  castillos y yo también los conocía a ellos. Muchos tractoristas, pastores y mozos de mulas, habían nacido en Bolea. Por   esas tierras vacunaba yo ganados de lana, lechones, reses vacunas y conversaba con las amables gentes, que rodeadas de soledad, gozaban conversando conmigo.

En Ortilla estaban los Ciprés, y de allí salieron el señor don Pablo Ciprés y su esposa, la señora Eulalia y en Huesca, con su hijo Laureano y su esposa Amanda, vivieron en la Torre Casaus, en Huesca. Se alzaba y todavía se alza, en Ortilla, la Casa de los López y en ella era recibido con amabilidad y cariño por la señora Carmen, madre de Antonio, por su  hermano  José María, entonces soltero, y por Josefina hermana soltera. Siempre estaban acompañados por José Otal Elrío de Huerrios. Estaba con ellos desde los doce años. Les comunicaba el estado de las cosechas y les hablaba sobre los vientos, que unas veces venían del Cierzo, otras del Bochorno y otras si se aproximaban las lluvias. ¡Esos eran los ambientes de aquellas tierras, de aquellas casas, que se escuchaban en las mismas, mientras se entretenían en hacer viejos a los hombres y a las casas, donde vivían. José Otal ordeñaba la vaca, regaba el huerto y recogía la verdura, que los alimentaba. Viejas tierras y viejas casas, que se ejercitaban no por ellas, sino por el tiempo, que las empujaba, para hacer viejos a los hombres.

Quedó, por fin sólo en casa López, José Otal Del Río, nacido en Huerrios de una muy lejana familia de los López de Ortilla, y se fueron muriendo Josefina y José María y él se daba cuenta de de como se iba acabando la población de Ortilla. Y él que pensaba que con el tiempo lo internarían en algún asilo de Ancianos, se convenció de que se moriría en Casa López de Ortilla. Y así ocurrió, que José Otal murió en la sagrada Casa de López y enterrado en el Panteón familiar de los López. Estos López tenían por su situación social buenas amistades en la sociedad y recibieron una carta, en la que a su hermano terrenal de Casa López, lo proclamaban Hijo Predilecto de la tierra de labranza.

Cuando en cierta ocasión me di una vuelta por el cementerio de Ortilla,  caí en la  cuenta de que José Otal Del Río, había sido nombrado Hijo Predilecto, como representante  de tantos hombres del campo, que habían entregado su vida al cultivo de la Tierra.

Allí se quedó el cadáver de José Otal, observando los cambios de tiempo, que se dan en el Monte de Ortilla. Y su hermano terrenal, uno de los pocos hermanos terrenales de José Otal, también sigue ocupado por el tempo atmosférico, que se da en las alturas. Cerca de su Casa de Huesca, se alza un cartel, en el que sucesivamente van apareciendo, en primer lugar el día en que nos encontramos, luego se nos indica cómo va evolucionando ese día, con sus grados de temperatura. Antonio, todas las mañanas, cuando se levanta, se acuerda en que día estamos y a qué hora. Y sonríe, cuando la temperatura es prometedora. 

jueves, 7 de marzo de 2013

Valle del Ara, por Jánovas, hasta Ainsa


Río Ara


El río Ara, que corre por el Noreste de España, por el Sobrarbe, de la provincia de Huesca, convierte el Valle por el que pasa, en una de las zonas más bellas del Pirineo. ¡Qué vistas más maravillosas ofrece al que tiene la curiosidad de contemplarlo!. Nace en la vertiente Sur del monte  francés de Vignemale, que alcanza los tres mil doscientos noventa y ocho metros de altura. Se une con el río Arazas, que viene de las Tres Sorores y corre por el Parque Nacional de Ordesa. Pasa por el destruido pueblo de Jánovas, por Lacort y Lavelilla, cuya visión hace llorar,  a veces, a los viajeros, porque esos hermosos pueblos, han sido destruidos  por el hombre. Quisieron crear un pantano a la entrada del Cañón de Jánovas, con el deseo de aprovechar el agua para regar los secanos de la Tierra Baja y para obtener energía eléctrica, pero no pensaron, que había que respetar el Pirineo, para que por su belleza, diera vida a aquellos pueblos,  que serían visitados por los españoles y los europeos, desde su Unión Europea. Los Pirineos son y han sido y tienen que volver a ser un gran País, pues hasta ahora, sólo  han sido víctimas de la separación y del contrabando, al privar a estos terrenos montañosos,  de  un comercio libre, entre ambas vertientes de la Cordillera.

Como escribí en mi artículo “El Pantano de Jánovas”: “en otros tiempos (1950), quisieron levantar dicho Pantano, pero pasaron aquellos tiempos y dicho embalse está, ni siquiera comenzado”. ”¿Devolverán las casas o más bien sus ruinas y las tierras que expropiaron a  aquellas buenas gentes?”. Este verano pasado subí a Lanuza, donde también acabaron con el pueblo, pero han hecho felices a los hijos de Lanuza,  ”que no han perdido tiempo en restaurar sus casas y en convertir el lugar en un centro turístico”. En mi artículo “La reversión de Jánovas”, afirmo: “ En este Valle del Ara, diez pueblos quedaron casi despoblados,  desapareciendo la identidad de aquellas gentes, que habitaban estas zonas, con el escudo de Aragón , erigiendo el Arbol de Sobrarbe, con su identidad, nacida hacía siglos, de los navarro-aragoneses. Se dejaron casi de escuchar jotas, de recordar a Lucien Briet, con las bellas fotografías, que obtuvo en Lavelilla, sus bailes folklóricos, los rituales del Carnaval, llevando figuras de viejos en los hombros, procesión carnavalesca, igual que la siguen haciendo en Torres de Montes, en el Somontano.

Mal trato recibieron los vecinos de esos tres pueblos, pues a la Maestra la sacaron de la Escuela agarrándola por los pelos, en tanto que a los niños los hicieron salir a patadas”. Contaba el valiente Emilio Garcés, que murió el día 17 de Septiembre del año de 2001, como bajaban los maderos, formando las “navatas”, hasta Tortosa. ¿Qué gente!, los del Valle del Ara, que estando limitando con Francia, tenía que llevar, las “navatas”, hasta el Mar Mediterráneo”. Y el año 1950, estuvieron a punto de hacerlos desaparecer.

Los vecinos de Jánovas,  Lacort y Lavelilla,  pintaron en la paredes de sus edificios, ”Jánovas no rebla”, pero la ronda de Boltaña cantaba: “Y aunque han pasado muchos años-no podré nunca olvidar, aquella mañana en que cantaba:”A Jánovas digo adiós,-a Laveliila y Lacort; adiós barquitos hundidos, adiós; mi pobre País, adiós”.”Mi pobre País,  adiós”.

Qué maravilloso es el Valle de Ara, ya que por su parte superior aparece el cielo de Sobrarbe, con los Parques Naturales de Posets-Maladeta, el Parque Natural de Ordesa y el Monte Perdido, y por abajo limita con la Sierra de Guara.”El río Ara de nombre vasco-ibérico, nace en la frontera con Francia, recibe en su orilla derecha el río Arazas, desciende por Bujaruelo, pasa por los pueblos de Torla y de Broto, sigue por Fiscal, Lacort, Lavelilla, Jánovas y Boltaña y desemboca por L´Ainsa en el río Cinca”.

Durante los primeros días de Febrero de esta año de 2012, me han mostrado la Urbe, más antigua y más bella, a orillas del río Ara, donde ese río besa al Cinca. L’Ainsa es el contraste entre Jánovas, Lacort y Lavelilla, porque en la Urbe de L’Ainsa, no podemos hacer otra cosa que acordarnos de la  destrucción de los pueblos, bañados por el río Ara. Al llegar a L’Ainsa, se aparca en una enorme llanura y al bajar hacia el Castillo, los fosos, las murallas, la Iglesia y la Plaza arqueada, mi nieto Luis, halló un coche Ferrarari, y se posó, ante él y le hicieron una fotografía. ¿De quién  era ese soberbio coche?, tal vez de un andorrano, pero más probablemente de un hijo de la Fueva, que se fue al Pirineo Andorrano a buscar el progreso, que habían matado en el Valle del Ara. En aquel paisaje urbano, tan seductor, estaban las gallinas y los gallos  de la Fueva, las vacas rubias y en  pequeños puestos, se servían sabrosos bocadillos, apañados con trufas de color negro, y sabor que encanta al que las consume. Estas trufas las cosechan valiéndose de perros, a los que ya tenían  acostumbrados a cazar liebres y conejos. En los fosos se veían líneas repartidas con material de plástico, para hacer ejercicios caninos. En la pintoresca Plaza, vendían de todo, en puestos repartidos por ella. Allí se exhibían chorizos y longanizas de distintas zonas de la Península, igual que variedades inmensas de quesos .

Me paré en un mostrador, donde un hombre  pequeño de estatura y largo en simpatía, vendía vino y que allí vivía en el número 21. Me empezó hablar  él y yo no pude menos que recordarle la Pasión y casi muerte de Jánovas, Lacort y Lavelilla y él reaccionó con un salto en su interior, porque me dijo “espere, porque le bajo una poesía de Jánovas”. Me dejó allí , sólo, gobernado las garrafas de vino y por cierto, que llegaron unos posibles compradores y estuvimos hablando de sus cualidades, porque era un vino producido en L’Ainsa, No tardó mucho en volver y dejó ante mis ojos, el recuerdo de cincuenta años de dolor y de retraso en Jánovas, Lacort y Lavelilla. Sentí en mí un disgusto enorme y un juramento en trabajar por qué  esa gente del Valle del Ara, en medio de los Montes Pirineos, por los que bajan  los ríos que llenan los pantanos, estaban demostrando una capacidad de creación, que volverán sus paisajes pirenáicos,  en Andorra. Yo he leído mucho sobre el Pantano de Jánovas,pero lo que no podía esperar,que cincuenta años más tarde, en una Feria de L’Ainsa, MANUEL ONCINS BUIL, en la Plaza Mayor, me recitara su poesía ”Jánovas”, que así se expresa:” ¿Qué tendrá este pueblo-que va tan de boca en boca?.¿Què tendrá este pueblo-que vuelve a la gente loca?.Toda España lo conoce- y lo quiere como el agua, para su boca. Aunque lo hayan  derruido, sus gentes sois como rocas. Por el maldito Pantano- las casas dinamitaron  a arrojaron de su pueblo- a quienes tanto lo amaron. –Pueblo de verdes praderas,-y con su colgante puente,- dio cobijo y vida- a su trabajadora gente. De la ribera del Ara- tu fuiste siempre el primero,-y aunque os rompieran las casas-en vuestro corazón leo,-todo el amor que sentís y que apoya el mundo entero.-¡Cuánto me gustan sus gentes!.- ¡Cuánto me gusta este pueblo!.- Las Fiestas que allí se hacían- no se pueden comparar.-Con los borricos, los pollos se ganaban a trotar.-En una percha colgados los guardaba el mayoral- y había que subir a ella-por lo alto el animal.

Antes de llegar aquí,-de a cien metros se salía,-con la albarda del revés- y sin atarle la cincha.-Corriendo iban los borricos con quienes los cabalgaban,- y en un pequeño descuido-en el suelo los tiraban, -luego al reemprender la marcha,-un par  de coces les daban.

Esto era como un Teatro,-siendo actor el animal.- Nacisteis tras de la roca,-gran ejemplo al mundo dais- del amor a vuestro  pueblo–que en el corazón lleváis.-Yo os admiro con mi alma y todo mi corazón,- por luchar como luchais,- al estilo de Aragón.

Dios quiera que pronto vea,- por qué mis día se acaban—ver reconquistado al pueblo,- por quienes tanto lo amaban.-Se espera un día de gloria,- y la tormenta domada,-para volver a Jánovas,- por toda la eternidad.-

Los que perdieron su vida,- por qué al otro mundo fueron,- -un poquito de Jánovas,- se llevaron hasta el cielo.

Con todo cariño: Manel Oncins Buil.

Siempre se ha tenido  a Aragón, fuera de los Pirineos y Cataluña y País  Vasco han sido privilegiadas en su industrialización. ¡Ya vale de que a Aragón se le mantenga separado de Francia y de España!.  Es preciso que Europa se dé cuenta del trato que ha recibido y que por Aragón entre el Tercer Paso desde Africa a Europa, desde Portugal por Madrid  y que desde Valencia a París, se transporten las naranjas y limones, que comuniquen a Europa, la sangre española, con la fuerza que le transmite la Vitamina C.

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