jueves, 1 de mayo de 2014

Isuela


Río  Isuela (Huesca)

Un domingo de este Otoño de 1999,tan frío,tan lluvioso y tan nebuloso,a las diez de la mañana, no se ve gente por la calle, precisamente por el frío, por haber llovido los días anteriores y porque la Sierra está  nevada. Pero a pesar de estas dificultades, yo no puedo estar en la cama y me lanzo a oír misa en la Catedral y después de oírla, me bajo a la iglesia de San Miguel, observando como el río Isuela baja crecido y mientras lo observo, me encuentro con dos viatores, ya jubilados que han salido a pasear con el fin de contemplar la nieve de la Sierra de Guara. Les pregunto por Rafael, el oscense viatoriano que ha cantado misa estos días y me dicen que está  en la Parroquia de Santiago, lo que me mueve a constituirme en peregrino a Santiago, el titular de dicha Parroquia y al llegar a ella me encuentro con Rafael.

Cuando estuve en Santiago,un sacerdote me pasó a una oficina, desde la cual se escuchaban las campanas que sonaban pacíficas y piadosas,las voces de unos niños, que tal vez fueran monaguillos ahora ya casi desaparecidos, y el pueblo tal vez unido por lo eterno, permanece en su mayoría, en sus casas, mientras un notable número de fieles está  ocupando los bancos de la iglesia, para escuchar la misa. Entretanto los sacerdotes, cada vez más viejos, se preocupan del toque de las campanas, de los quehaceres ordinarios de la parroquia, de los bautizos, de los entierros, en tanto que la paz preside los locales eclesiásticos. Vi a Rafael escaso tiempo porque iba a decir misa y me fuí;al salir me di cuenta de que los monaguillos no eran tales, sino monaguillas, vestidas con sus albas blancas. Me fui pensando en que la escasez de sacerdotes, se fuera tratando de arreglar con la ayuda femenina en las obras piadosas de la Iglesia, porque desde ella se pide el bienestar del pueblo y la unión entre sus miembros y, por fin, la Unión Eterna con Dios.     

miércoles, 30 de abril de 2014

José Otín Nasarre, observa el arte en Jaca y en Barbastro

Ermita San Fructuoso (Bierge , Huesca)


Me he encontrado con José Otín Nasarre, Guarda Forestal Jubilado. Es originario de un paraje entre el río  Alcanadre y el Barranco de Mascún,  cerca del pueblo o más bien aldea,  ya despoblado de Otín, del que heredó su primer apellido y su segundo es el mismo que el del cercano pueblo de Nasarre, donde se conserva una hermosa iglesia románica. Este hombre además de convivir con una Naturaleza de una belleza primitiva y de poseer sus dos apellidos de esa zona, ha contemplado siempre la belleza del Pirineo, pues siempre la ha tenido delante de sus ojos. En esa tierra, donde nació, contemplaba el río Alcanadre y el Barranco de Mascún y veneraba la románica iglesia de Nasarre, de una belleza de acuerdo con aquel pintoresco paisaje. Pero no sólo amó esta iglesia de Nasarre, sino,  que en el pueblo de Alberuela de Laliena, donde vivió con su familia, entraba, desde luego con dificultades por estar abandonada, en la iglesia de San Nicolás de Bari, edificada en el siglo XII, que ya está restaurada, ya que era difícil entrar en ella porque para la Guerra Civil, la destruyeron. En ella se contemplan capiteles, que dicen corresponden a una influencia arquitectónica de Toulouse y que recuerdan el arte románico de Loarre.  Se encuentra a un lado del camino viejo que conduce a Bierge y al otro lado se eleva un antiguo castillo hospitalario de la Orden de Caballería del Temple.  Al lado de la ermita, José ha contemplado,  como Forestal, con especial cariño arbustos con granadas o en lengua aragonesa,  minglanas, que dejaron por allí los moros, cuando dominaron, por poco tiempo, los Pirineos. 
 En los pueblos de Otín y de Nasarre todavía no han desaparecido las casas, sino que todos sus dueños conservan las escrituras, como aquel que guarda las reliquias de su familia. Pero a partir de los años 1960, ya bastante pasada la Guerra, subían  turistas y comerciantes, que recogían las zoquetas, las albardas, los bastes, colleras, collerones y yugos. No sólo se han llevado  las colleras y “cremallos”  del hogar, con los que se cuelgan los calderos, en los que hierben el agua y preparan la pastura de los cerdos y gallinas, sino que José Otín me ha contado como en la ermita del siglo XII,  de San Fructuoso o San Fertus, en Bierge, donde vivió, sacaban las pinturas románicas de los muros. Usaban medios que José veía,  aunque no comprendía totalmente el fin con que se realizaban tales faenas. Me dice José Otín que veía actuar sobre esas costosas pinturas, que son antiguas  y de una belleza que conmueve los espíritus de los que las contemplan. Pero en la Guerra Civil parece ser que los milicianos jugaban a la pelota sobre las paredes, que mostraban  a San Fructuoso o San Fertus y a todos sus acompañantes, hasta el punto de que uno de los “deportivos jugadores”, se acercó al Cristo, que con su gran figura, presidía el altar mayor, subiendo por una escalera de mano y le  mutiló  el rostro, al parecer con odio.
Cuando, después de la Guerra Civil, Antonio, que todavía era casi un niño, miraba la faena que hacían los que querían sacar las pinturas de las paredes,  para colocarlas en distintos lugares. Me dice José,  que mojaban sábanas o lienzos, adecuados para sostener dichas pinturas, con leche de vaca, que yo ignoro como un niño,  podía identificar aquel líquido, que apretaban con fuerza sobre las pinturas de la pared y que habían calentado a cierta temperatura. Después de esa aplicación del líquido, se desprendían las pinturas de la pared y se veían en los lienzos.
José, al acabar la Guerra Civil, se acordaba de la destrucción de imágenes y objetos religiosos y no podía comprender como, después de dicha Guerra, dos Sacerdotes sabios,  podían participar  en el desprendimiento de las figuras románicas, de los muros de la ermita de San Fructuoso o San Fertus. El mayor de los dos sacerdotes era el Canónigo Don Antonio Durán Gudiol y el párroco  era  Don José María  Jabierre.  Don Antonio Durán Gudiol, que nació en Vic, Provincia de Barcelona en 1918. Estuvo viviendo en Aragón aproximadamente medio siglo, llegando a ser tan aragonés como catalán. En 1978, con la colaboración de Domingo Buesa y Julio Gavín, escribió la “Guía monumental de Serrablo”. Pero no sólo se dedicó a estudiar las iglesias del Serrablo, sino que lo encontramos en Bierge en la ermita de San Fructuoso, para trasladar las maravillosas pinturas que, gracias a Dios,  todavía se conservan en dicha ermita y evitar los despojos del arte, en las iglesias del Alto Aragón. Pero todo tiene una explicación, porque en aquellos tiempos en que escaseaba el dinero, recuperar las pinturas de Bierge, costaba una fortuna. Sacaron  los lienzos de toda la ermita, pero tuvieron que destinar los que se desprendieron de los laterales del Abside, para pagar a los técnicos, que realizaron una obra maravillosa. El otro sacerdote, es decir el Párroco de Bierge, que tuvo un hermano, nacido en Siétamo, Cardenal, pero él durante varios años, estuvo de Cura de Pueblo en la Diócesis de Huesca. Ese es el título de un artículo mío, escrito en el Ordenador y dice, entre otras cosas ,lo siguiente: ”Segundo Nasarre, nacido en Nocito, me confirmó el carisma que llevaba consigo, don José María, en el año de mil novecientos cuarenta y tantos, y  convocaron una rogativa a San Urbez, porque  la sequía era grave. En el Somontano reinaba tal “sequero”, que no podían abrevar los ganados de ovejas,  ni siquiera las caballerías. Empezaron a venir vecinos de Bentué, de Used, de Bara, de Angúés, de Rodellar  y de Bierge. Estaba el cielo raso,  pero aparecieron en la punta de Guara “as boiretas llovederas” y empezó a llover de tal forma, que muchos se tuvieron que quedar en Nocito……Don José María Javierre, que por entonces estaba de párroco no sé si en Angüés o en Bierge, dijo la misa y predicó”.
“Mi amigo  Nasarre, de más de ochenta años  no puede olvidar el sermón que escuchó pues hizo llorar a todas las mujeres asistentes a la misa y a muchos de los hombres. Empezó a llover cuando  volvía la procesión y estaba entrando en la iglesia. José María no podía olvidar sus tierras y comunicó al sabio canónigo Don Antonio Durán Gudiol, lo que ocurría con las pinturas de San Fructuoso de Bierge y de allí,  José me contó el proceso de quitar de los muros de la ermita las pinturas sagradas. En los lados del ábside de la ermita, se ven las sombras de hermosos dibujos sagrados, pero es que son los restos de las pinturas que tuvieron que pagar por obtener todo el resto de ellas, situados en el frente del ábside. Parte de esos restos se encuentran, según me dijo José Otín Nasarre, en los Estados Unidos, otros en Barcelona y otro en Zaragoza.
Las hermosas figuras que llenan de fe, al que las contempla, las veía Cándido Rufas, a veces con lágrimas en los ojos, en los lienzos,  que se encontraban en los porches de la Universidad, frente al Seminario, en el que estudiaba. Y aquí es donde hay que exponer el amor que hacia esos lienzos tenía el hermano mayor de la familia Rufas de Bierge, que se llamaba Agustín y era hermano de otros trece Rufas, que tiene su casa natal en  el pueblo de Bierge, debajo de la Sierra de Rufas.  Agustín recibía noticias de los lienzos sacados de la ermita de San Fructuoso y las lágrimas de su hermano, el seminarista Cándido Rufas, conmovieron el corazón de Agustín o Agustinico, que  se movió hacia la Dirección General de Aragón, que hizo volver los lienzos románicos a la ermita de San Fructuoso de Bierge.
Este mes de Abril de 2014, he contemplado un paisaje espiritual, dentro de la ermita, presidida por el Santo Cristo con su figura románica, y alrededor de él santos y santas de la corte celestial.¿ Qué pasaba en la ermita de San Fructuoso de Bierge?. José Otín Nasarre se ha quedado emocionado,  al contarle lo que yo vi en el ambiente de la ermita, igual que  él lo había contemplado cuando él era todavía un niño y observaba como despojaban los muros de la ermita de aquellas santas y maravillosas pinturas románicas.
En Bierge hay cuatro iglesias, pero en aquella ermita de San Fructuoso San Fertus en la que nos encontrábamos, muchos  amigos de la familia Rufas, resultó conmovedor, ver llegar a Agustín, sobre las espaldas de  parientes y amigos, a despedirse de este mundo, frente al Cristo románico, acompañado por hombres santos, que parecían negarse a despedirse de su protector, sino que lo recibían con amor para que entrara en el Cielo, que se había merecido, porque  a él se debía el regreso de los lienzos románicos a la ermita de San Fructuoso. En la parte alta del altar, celebraban la misa tres sacerdotes, entre los cuales se encontraba un sucesor de José María  Javierre, a saber el sietamense  José María Cabrero, y en la escala inferior, y junto a ellos estaba conmovido, Cándido Rufas, otro “sacerdos in Eternum”, como el sacerdote rumano, que estando casado, y celebra la misa en la iglesia de San Miguel de Huesca, ante sus paisanos inmigrantes.
Cerca de donde yo estaba, se sentaban un niño y una niña, sobrinos de Cándido Rufas, que estaban contemplando espectáculo de la vida del hombre ante Cristo, que estaba mirándolos en el Presbiterio.
Al salir de la iglesia, se contempla una carretera que sube hasta Rodellar y en cuyo inicio está escrito:  BARRANCO de MASCÚN. ¡Cuantas veces ha pasado por ella el Forestal José Otín Nasarre, que visitaba las iglesias de Otín y de Nasarre, que le recordaban su origen eterno como el de las iglesias antiguas, de las que se acuerda , como recuerda su visón del despojo de pinturas románicas en la ermita de San Fructuoso y que hoy,  he contemplado yo, dichas figuras con todo su esplendor,  bendiciendo al “amo” de Casa Rufas de Bierge, acompañado de toda su familia y de los vecinos de Bierge.
Estuve en cierta ocasión,  acompañado de mi esposa Feli y de mis hijos, en Bierge,  a ver a Agustín,   a su esposa e hijos, pero se habían marchado a una boda en Barbastro. Pero  en esta ocasión,  la última, he conseguido verlo frente al Cristo herido en su Pasión y en la Guerra Civil. Lo he visto a él rodeado de muchos de sus hermanos, nietos y sobrinos y me ha conmovido contemplar a Cándido, muy próximo al ataúd, derramando lágrimas, que le han lavado sus ojos y han alegrado su alma, al recordar, el interés que tuvo, para traer, de nuevo,  al pueblo de Bierge, las figuras de Cristo, de San Fructuoso y de todos sus hermanos en la santidad.

 Oye, José, ¿no te ha conmovido el hecho de que yo viera a Agustín difunto, donde tú lo viste otras veces, pensando en volver esas pinturas a Bierge?.

lunes, 28 de abril de 2014

El Casino y José Alonso el pobre



Mirando la fachada del Gran Casino,  desde el surtidor,  que preside la Plaza de Navarra, goza uno en contemplar, un edificio modernista, que semeja un castillo- fortaleza, de aquellos que impresionan en el Valle del Loira, al otro lado de los Pirineos. Es blanco el color de sus fachada y sobre esa pantalla, se destaca un cuerpo en su centro, sobre el que se alza una corona, con un reloj  que preside el tiempo del Casino,  de la Plaza y de los buenos y malos momentos, por los que ha pasado   la ciudad, desde los primeros años de su construcción. Cuando he podido escuchar el sonido nostálgico del reloj, me ha llenado de recuerdos de Huesca. Hasta dicho reloj está decorado por plantas clásicas y por otras partes, como en los lados de las ventanas, por columnas, todavía más llamativas que las corintias griegas, y los balcones por complicadas líneas curvas, que hacen soñar en la felicidad, que buscaron, entre otros muchos Manuel Camo, de cuya cabeza surgió la idea de que el arquitecto catalán Ildefonso Bonells, compusiera el  proyecto en año de 1901. El cuerpo central del Casino, está coronado con un frontón y desde lo más alto, lanza el reloj sus agradables sones. En sus tramos laterales tiene adosados dos cuerpos, que parecen retirarse hacia detrás y se acaban las dos esquinas por cuatro torreones octogonales. Está estudiada la perspectiva de la fachada con una decoración modernista, que se abre con una enorme terraza con la que no sólo adorna su aspecto,  sino que abre un lugar, para que el público, al mismo tiempo que toma el sol,   converse  sentado junto a sus veladores, del pasado y del futuro.
En esa terraza, los  ciudadanos que está sentados alrededor de los veladores, contemplan la elegancia de la decoración modernista de sus balcones y ventanas y sobre el frontón, suena el reloj. La gran superficie de la terraza, completa la misión lúdica o de alegría del público, como llena de gozo el ojear los adornos vegetales, que están tallados en la puerta de entrada al interior del Casino, por Francisco Arnal, que constituyen un modelo de ornamentación modernista, más conmovedores de Huesca. Atravesado el portal o enorme portón, en el vestíbulo, envuelto en cristales de colores y de bellas flores en sus muros,  se encuentra uno con la escalinata, con sus bellos pasamanos, y presidiendo desde un rellano de escalera, que se divide en dos, se alza la imagen de Manuel Camo, el que trabajó por Huesca, no dejándole a su esposa de   casa Baquer, ni un solo céntimo. Una vez en los salones del primer piso, se queda uno admirado por la decoración con pinturas  murales, la decoración de los salones y es preciso fijarse en el mobiliario, por ejemplo en las mesas en las que se leen los libros de la Biblioteca.  
Es llamativo el contraste entre el color blanco de las fachadas y en los salones interiores son las pinturas de tonos suaves, entre los cuales se encuentra el rosa, el naranja, el azul o el color de marfil, que exhiben los elefantes. Todos son colores suaves, sobre todo los que adornan la escalera, donde se encentra la figura de Manuel Camo.
En el año de 1900, se puso de acuerdo con los socios del Círculo Oscense, su presidente Joaquín Lalaguna Sanz para construir en edificio modernista que represente de algún modo, la ideología liberal. Inspirados por Don Manuel Camo Nogués, que fue fundador del Diario de Huesca, encargan al arquitecto Ildefonso Bonells, la realización del proyecto. Al contemplar la decoración pictórica de Pascual Aventín y las tallas en madera de Francisco Arnal, siente uno los deseos de contemplar el interior del Casino.
El año 2007, el Gobierno de Aragón declaró al edificio  del Círculo Oscense, que también conocemos por Casino, con categoría de Monumento.
Es el Casino o edificio del Círculo Oscense  una importante muestra del modernismo en la capital oscense, que gracias  a su elevación, se generó la Plaza, hoy de Navarra. Lo creó el Partido Liberal, fundado en 1877. Desde su elevación entre 1901 y 1904, a lo largo del siglo XX, recuerda luces y sombras en los ciudadanos oscenses. A lo largo del siglo XX, hubo un ímpetu acelerador del progreso de Huesca y por renovar costumbres, ya pasadas de moda. El analfabetismo era en Huesca del 80 por ciento y los que no sabían leer, buscaban aprender, tratando de interpretar los escritos del Diario liberal de Huesca.
¡Cómo cambiaron las costumbres desde el año 1349, en que se publicó un fragmento de la Ordenanza Municipal de Huesca!. En ella se lee “que ninguna mercadería se compre nin venda entre ningunas personas, faulando en algarabismia nin en basquens”.A principios del siglo XX, se fundó el periódico conservador “La Tierra” y en él Ramón J. Sender  fue redactor del mismo, durante unos años. Su hermano Manuel Sender, alcalde de Huesca, fue fusilado al comenzar la Guerra Civil.
En años pasados el analfabetismo era del 80 por ciento de la población, hubo una cruel Guerra Civil y ahora te encuentras con miembros del pueblo, amenazados por la necesidad, porque pasando por el torreón octogonal,  que se encuentra a la izquierda del Casino, sentado en un banco, me encuentro algunos días a mi amigo José Alonso. Tenía ganas de verlo, porque me dijo el vendedor de los Iguales, que tiene su garita frente al banco,  en el que se sienta José,  que había pasado el invierno en el Hospital. Pero ¡qué alegría sentí al encontrarlo, con cuatro carpetas, llenas de dibujos y entre ellos destacaba un águila, posada en un lugar elevado y mirando hacia la tierra baja. Es raro que José viese en los Pirineos un bucardo, de cuya visión se quedó admirado y no pudo menos que retratarlo con un bolígrafo. Pero sobre la belleza de los cuerpos de animal está la belleza de la mujer, que fascina en la Calle de Lanuza, que retrató con rapidez, pero no sólo presentaba la hermosura de esta mujer, sino que luego retrató a Dolores, de cabellos negros, que nos recuerdan los dolores pasados por las mujeres en el amor.
Al ver tanta belleza, producida por José, en cuyos bolsillos entran cada mes, unos trescientos euros, lo invité a tomar un desayuno, en el inmediato Bar, que se encuentra en el torreón octogonal del Casino y al que se sube por una semi escondida escalera. Quise completar la belleza de los dibujos del pobre José, con la que satura los espíritus del que entra en el Casino, invitándolo a satisfacer su estómago con un vaso de leche, acompañado por un pastel. Al subir la pequeña escalera, contemplamos la belleza de aquel espacio,  donde se posan los veladores y se divisan las  largas y luminosas ventanas, que permiten que el sol ilumine a los ciudadanos, cuyos rostros acaracia. Una vez dentro del Bar, algunos nos miraban y nosotros admirábamos los aparatos de luz, colgados del techo por unas cadenas doradas, que sostenían unos aparatos de cristal semiesféricos, de color blanco viejo y que eran semiesfericos.
En medio del mostrador hay un cuadro de relieve, que representa a una mujer, rodeada de flores artificiales y de sus cabellos pendían unas flores artificiales, que adornaban la testa de la dama.
José no tiene dinero y a Manuel Camo,  en 1711, cuando murió, no le quedó tampoco ningún dinero a su esposa de casa Baquer.
Camo nos da la lección sobre el dinero, “Porque, para Jesús, el dinero no es malo; lo malo es su acumulación abusiva; lo perverso es la avaricia y el ansia de tener, que  lleva  a acaparar. Y este es el mal que aqueja nuestra sociedad neoliberal”.
El otro ejemplo nos viene del pobre José, que parece que nos dice:”Fijaos como crecen los lirios. Ni hilan ni tejen, y os digo que Salomón en todo su fasto estaba como cualquiera  de ellos. Pues si a la yerba que hoy está por el campo y mañana se echa en el horno, Dios la vista así, ¿qué no haría por nosotros , hombres de poca fe?.



El gitanillo ahogado en Siétamo



¿Dónde se ha metido el niño ,capullo en flor de gitano?.
Por la orillita del río
Dicen que andaba pescando.
Ojos blancos, que brillan en tez morena,
Curiosos quieren saber
Qué se esconde en lo profundo de las aguas,
Bajo la piel cristalina del río donde acamparon
En otros tiempos sus padres.
Le han atraído las aguas, espejo de tu belleza
Y te han querido besar.
¡Dios, que beso tan traidor el de las aguas,
Que han querido hacerte suyo!.
Lloros gitanos, gritos se escuchan
A las orillas del río.
Ya vienen los hombres-rana a buscarlo por las balsas.
Es de noche y ya se han ido
Y así el niño podrá jugar con los peces,
A la luz de luna llena.
¡Cuantas veces los gitanos acamparon
Bajo la luna lunera, encendiendo sus hogueras,
Pero la hoguera de hoy, noche del dos de Septiembre,
Ha reunido gitanos, en velatorio fúnebre.
Y si no está bajo las aguas,
¿Dónde se ha metido el niño?
Por las laderas del monte, procesión de luciérnagas;
Son los gitanos que buscan y llaman al buen Juan Carlos.
¡Ay gitanico del alma, ay río Guatizalema!.



(Escrito a la luz de la luna y de la hoguera, la noche del uno al dos de Septiembre)

domingo, 27 de abril de 2014

Jocundo



A mí no me cabe duda de que hay palabras más bellas que otras. Unas lo son por su sonoridad, otras por su significado y otras por ambas cualidades. Dicen que sobre gustos, no hay nada escrito; yo creo que más bien no hay o no debe haber nada que los encadene. Unos se llenan la boca con la palabra triunfo; tal vez sea porque son triunfalistas o porque habiendo fracasado aspiran al triunfo. Triunfalista fue  Napoleón, cuando mandó levantar en París el Arco de Triunfo. Otros aman la palabra libertad porque es bella y es bello su significado. También tiene “La Libertad” sus representaciones estatuarias. Hay palabras que son biensonantes  en todos los idiomas, pero parece que se tornan más dulces en un idioma determinado: l’amour francés para algunos es más evocador. Algunos vocablos no  deberían ser aptos para la boca, al menos antes se evitaban y si salían de la misma,  eran rechazados por  aquellos que los escuchaban. ¡Oh los franceses como se llenan la boca con la “merde”, pero por desgracia aquí también lo sabemos hacer muchas veces con su homónima española! Y con otras muchas  en que se conjuga la sonoridad con la procacidad.
El gusto es libre, aunque a veces merezca palos.
Yo también tengo mi frase favorita y temo parecer pedante porque está en latín. Es la siguiente: Cuam  bonum  et  cuam jucundum, habitare fratres  in  unum, pero me trae loco eso de jucundum. Me suena a cachondo, regocijante, placentero y me llena de sugerencias   y me define exactamente ese estado de felicidad, que existiría si todos habitáramos el mundo como hermanos unidos.
Hay palabras que despiertan el deseo de poseer aquello que expresan, pero como por sí mismas no suenan, se redondean con otra, que a veces no responde a la realidad, por ejemplo: apartamento  “insonorizado”, gafas “polarizadas”. Las voces que no llena la boca  se tornan sonoras haciendo ciertas inflexiones: de “alah fohnah”,se deriva   alfombra  y de chalet,  chalete

Buscando “iucundus” en el diccionario, me sale la palabra castellana jocundo, que quiere decir alegre, placentero, apacible. ¡Qué palabra tan cachonda!.           

miércoles, 23 de abril de 2014

Cuando veo por las calles de Huesca a Don Antonio Baso…



 Me siento sincronizado con sus noventa y tantos años de edad y recuerdo toda la Historia de nuestra capital y provincia y no puedo hacer más, que saludarlo. Así escucho una voz de todo el siglo pasado, a la que no hacemos caso en el siglo XXI y al escucharlo me parece oír numerosas voces, desde la de Don Manuel Camo, hablando entre otros, con mi abuelo materno Ignacio López de Zamora, diputado  provincial, con los monárquicos adheridos a Amadeo de Saboya y los republicanos, abatidos en el año de 1936.
Y me acuerdo de lo que expresaba Antonio Baso en su escrito sobre el periódico oscense Diario de Huesca. Su  primer número lo lanzó al público en día 16 de Noviembre de 1875 y dejó de publicarse en el año de la Guerra Civil de 1936. Escribe Antonio Baso que en el diario justificaba su fundación ante  la necesidad de defender a su querida y POSTERGADA provincia, que estaba huérfana de un periódico diario, que expresara una preocupación por sus intereses generales, como la apertura del ferrocarril que uniría a España y a Francia y los locales, como el riego.
El fundador del Diario de Huesca fue Don Manuel Camo Nogués. Se tiraba el periódico en la imprenta de Pérez, que estaba situada al lado de Farmacia de Llanas, Yo tuve amistad con Marieta Pérez, que hacía sonar el piano de su casa y con la madre de los hermanos Saura, uno creador de películas de cine y de su hermano , que era pintor, se divertían haciendo sonar la música. Por aquellas ventanas,  que por su parte Este, recogían el sonido, que  podían escuchar, no sé si con éxito,  los difuntos de las Claustros de San Pedro. Se trasladó, más tarde  la tarea de redacción y de talleres al Coso Bajo, a una casa que era de Claver, originario de Sieso y pariente de los Almudévar del mismo pueblo.
Cita Antonio Baso a varias personas  que hicieron posible la vida de este periódico ,como Amado Pellicer, Anselmo Gastón de Gotor, a Mur Ventura, José Cajal, Ramón Acín, que acabó su vida llena de dolor para sus hijas. Silvio Kosti fue una figura literaria y López Allué escribió “Coplas y más coplas”, que divertían al pueblo. En el año de 1923 ,escribió: “Por el Diario fue a la cena Añoto, chico formal, periodista con melenas, avanzado en el  pensar, escéptico y humanista, algo pálido de tez, y, aunque está un poco “arguellau”, tiene un “saque singular”.
Ejerció Camo el caciquismo, pero era un defecto de muchos políticos de la época y no se aprovechó de los dineros públicos,  como ha ocurrido, en esta última democracia, que dejaron a España arruinada y a sus autonomías naciones casi independientes. Su esposa Benita Baquer y Ramón,  al morir su esposo en 1911, no heredó ni un céntimo.
El Diario de Huesca, se abrió  en 1875, un año después de la Restauración Borbónica, en que se inauguraron los partidos políticos. He conocido a José María Martínez, que era dueño de la Librería de su nombre y por él me enteré de que habían conservado la colección de escritos del Diario del Alto Aragón, hecho que alaba Don Antonio Banzo, en su escrito sobre el Diario de Huesca. Vicén Do Río, conserva una gran cantidad de escritos de aquellos tiempos, en que se habla de agricultura, de transportes y de industria. 
Tras de la fundación del Diario de Huesca, su lectura resultaba escasa,  porque el analfetismo era del ochenta por ciento de la población. Pero “Algunos de los que hicimos posible la vida del Diario, éramos unos  diminutos seres, que éramos nosotros,  en él aprendimos a deletrear,  al fijar nuestra vista sobre los caracteres gruesos de sus encabezamientos de noticias o llamadas de atención anunciantes”. Nos hace ver Antonio Baso la influencia positiva que tuvo el periódico en que el pueblo aprendiera a leer, pero añade que “Sobre todo el periodismo es un instrumento, un vehículo de algo que debe decirse y tiene que ser dicho con la mayor fidelidad y claridad en su comunicación”. Pone el ejemplo que con el teléfono daban los periodistas para comunicar las noticias y escribe que en algunas ocasiones tenían que emplear aquellas galenas, con las que de niños nos comunicábamos.
Fue Manuel Camo portavoz de los intereses republicanos de Emilio Castelar y que murió el citado Camo, en Huesca el año de 1911. El Diario de Huesca, por él fundado no tuvo competencia hasta el año 1919, en que se fundó La Tierra, que era conservador y defendía los intereses de una pobre profesión, a saber la de los agricultores y de la ganaderos. 
He dicho , al principio, que nos veíamos con Don Antonio Baso, por las calles de Huesca ,pero hace tres o cuatro días ,entré el San Pedro el Viejo, a preguntarle a la Licenciada en Historia, Antonia, donde se encontraban los esqueletos de dos Almudévar, cuyas esquelas ,están escritas en piedra,  en unos capiteles del Claustro. Estando en la iglesia,  ha entrado Antonio Baso, que no es extraño que entrara en un templo,  que recuerda toda la historia de Huesca, que conoce toda la antigua y la moderna. Y pronto empezó a contarme la historia del Colegio de Santa Rosa y todo lo que pasó en Huesca, para la República y la Guerra Civil. Con esa maravillosa edad de más de noventa años, su cerebro le funciona con una facilidad maravillosa y me explicó lo que pasaba en los años de 1930. Al preguntarle sobre el Colegio y Convento de Santa Rosa, me llenó la cabeza de historias sobre su pasado. ¡Cómo no se ha de acordar!, si su tío Don Antonio Baso Simelio, celebró en su iglesia , las Bodas de Oro Sacerdotales, puesto que  en el año de 1904,celebró además de su sacerdocio, su primera Misa. Igualmente,  con algunos niños de Huesca, aprendió las primeras letras en el parvulario de su colegio.
El Colegio de Santa Rosa, fue anteriormente un Beaterio de monjas dominicas, en que se instalaron las compañeras de mi tía la Madre Berride. El edificio se lo compró a las monjas el sacerdote de Santolaria, que fue tío carnal de mi abuelo Ignacio López de Zamora Blasco. Más tarde se instaló en él una enseñanza gratuita, como también existió en dicho Colegio una Escuela Normal de Maestras, donde, como me dijo Antoni Baso, estuvo estudiando una tía mía, Felisa Casaus Simelio, que era prima hermana de un antepasado mío por el apellido Casaus. Esta Felisa Casaus marchó luego al Perú de Misionera Seglar y estuvo en la Misión del Perú con la madre Ascensión Mied.
Con este sabio Don Antonio Baso, se queda enterado incluso de la vida de tu familia y te hace incrementar el deseo de verlo con más frecuencia, para que no nos olvidemos, de la historia de Huesca,  como dice el citado Baso en el pasado,  hay que abandonar ese plan de POSTERGACIÓN, con que definían a Huesca.

martes, 22 de abril de 2014

La señora María Mora o la “seña” María



Cuando  conocí  a la “seña “ María Mora yo tenía unos cuatro o cinco años de edad. Y admiraba a todas las personas que iba conociendo en mi corta vida. Pero a María Mora no sólo la admiraba, sino que la amaba, porque era cariñosa con todo el mundo y endulzaba la existencia de todos los que a ella se acercaban. Llegó la Guerra civil y la perdí de vista, porque  yo con mi familia huimos a Huesca y después a Jaca y por fin a Ansó,ya cerca de Francia, donde no tuvimos necesidad de entrar, porque ya se intuía el fin de la Guerra Civil. Cuando  ya se estaba acabando en  la provincia, retornamos a Huesca, donde nos quedamos a vivir con mi abuela Agustina. No podíamos regresar a Siétamo, porque esta Villa, parecía un pueblo desaparecido ,con sus calles llenas de “enruenas” y en nuestra casa habían caído unas sesenta bombas de artillería.  Pero yo,  aprovechaba las ocasiones, en que mi buen padre, me llevaba a Siétamo en la barra de su bicicleta y otras veces subíamos a un autobús. En el pueblo me encontraba con los niños de mi edad y recorríamos las ruinas que los aviones, los cañones y el fuego provocado por los que se apoderaron de Siétamo. Uno de ellos era Antoñito del Herrero y el otro era Rafael de Lasierra. No se encontraban objetos de provecho, sino únicamente  balines de fusil en abundancia como se encuentran los guijarros en la orilla de los ríos. Todo recordaba la Guerra, pues no había alimentos ni alpargatas, sino abarcas de caucho, procedentes de las  ruedas  de los camiones, y automóviles , que por allí se encontraban destrozados; pero en un muro de casa Cavero derribado ,en su base se encontraba un agujero  del que buscando algo útil, nos salió una antigua pistola. Estábamos en un ambiente repugnante, es decir en un solar de guerra, en que sólo quedaba el recuerdo de otras luchas anteriores. Mis amigos ,que habían  asistido conmigo a la Escuela, antes de la Guerra, comían pan negro , remojando la superficie de su miga con un poco de vino, que le echaban por encima de esa miga y que solían  acompañar, los que la tenían,  con un poco de azúcar.
En nuestra casa  Almudévar de Sietamo, vivía la familia del señor  Domingo Borruel y de la señora María Oliva, porque nosotros, como estaba mi buena madre enferma del corazón, nos acompañaba muy pocas veces a Siétamo y cuando podía hacerlo, nos  acogía la señora Isabel  de la Posada, en esta casa , que le tenía arrendada mi padre. Por cierto que esta gran casa se la cedió mi padre a  los señores Borruel, cuando yo me hice cargo ,después de haber estudiado la carrera de Veterinario, del cultivo del patrimonio, que la Guerra Civil , nos obligó a abandonar en 1939.
Yo no podía olvidar la vida en nuestra casa Almudévar de Siétamo, y encontraba el cariños de aquellas personas que tanto habían sufrido a causa de la Guerra, pero así como existían personas que lo pasaron mal en ella ,ya no nos querían ,como antes, cuando nosotros habíamos estado muy lejos de Siétamo. Pero yo encontraba la amistad de los niños, como Rafael , Fernando, Antoñito y de los mayores , como el señor Jorge, que guardó las caballerías en la Torre Casaus de Huesca y las volvió a Siétamo , donde siguió cultivando la tierra durante cierto tiempo. ¡Dios mío , qué buena persona era el señor Jorge!.También lo era el señor Silvestre, que era pastor de nuestras ovejas y ¡puro milagro! que al acabar la Guerra, volvió a Siétamo con el ganado, que hizo salir durante ella del peligro de la lucha.¡Cómo  con pozales de agua,bajaba corriendo a la fuente alta a buscar agua para apagar la paridera, que consiguió conservar utilizable.Eran hombres , que a pesar de sufrir esas luchas entre los ciudadanos, ellos no odiaban a nadie ,sino que defendieron la vida de las familias ajenas y de las propias. Jorgre , cuando vinieron a trabajar la tierra , se marchó a Sesa,  y  Silvertre, marchó a Fañanás, donde todavía vive su hijo casado y un nieto, que trabaja en Huesca. Las mujeres ,con su sentimiento maternal nos trataban muy bien a mis hermanos y a mí mismo. Isabel de la Posada era una señora buena , trabajadora y nos cuidaba muy bien. A María Oliva esposa de Borruel, no la vi jamás de mal genio, porque siempre nos cuidaba y procuraba darnos buenos alimentos, en unos tiempos, en los que comía lo que se podía. Me acuerdo que en una ocasión , tuvo que darnos a mi padre  a su esposo e hijos, bellotas cocidas. En otras situaciones nos guisaba guijas, que por cierto ya no se han vuelto a consumir. Bien se nos valió que el matrimonio de Borruel era muy trabajador y cultivaba la huerta de maravilla. A parte mataba algún cordero y criaba cerdos.
En aquel hogar de mi casa, que todavía se conserva, en aquellas dos mesas que se levantaban verticalmente , apoyadas en la pared y que se bajaban a una posición horizontal, en la que se colocaban los platos , vasos , el porrón y calentados por el fuego del hogar,se vivía con felicidad. Allí llegaba la señora María Mora, a ayudar a la señora María y todo era alegría en su rostro y en su comportamiento. Eran buenos los señores Jorge y Silvestre, pero la señora María, la señora Isabel y la señora María Mora, eran tres mujeres que trataban de hacer a los humanos felices en aquellos tiempos de desgracia e incluso de hambre.
María Mora , no recuerdo su apellido y el pueblo le añadía al nombre de María, el apellido de su esposo Mora. Yo no lo conocí y dicen que era limpiador de olivos y de almendros, pero tenía muy mal genio , pues abusaba del vino, tal vez porque no podría comer lo necesario.Se murió pronto ,  y María Mora se quedó sola. Pero a pesar de la miseria de aquellos tiempos,ella vivía feliz, porque cogía caracoles, que comía y que vendía, Era muy caritativa y si algún  hortelano le daba lechugas , ella las daba al Señor Maestro o a alguno que tuviera dificultades para comerlas. Mis dos hijos eran muy pequeños y siempre la iban a visitar , para gozar de su cariño y entregarle el suyo.Con un tirador cazaban gorriones y se los llevaba a ella, que los pelaba y los asaba, para después compleatar su merienda con  patatas cocidas. Mi hijo Ignacier se lo agradecía tanto , que cuando cenaba en casa, le decía a su madre ¡qué bueno está este plato , ¡cómo le gustaría a la señora María. Mi esposa Feli , no podía guantar tales sentimientos y le colocaba en una cacerola , los ricos alimentos que Ignacier,soñaba que los pudiera comer la señora María.

La buena señora, pasó épocas en su vida de dolor, pues en los últimos años de su larga vida, le dijo a mi esposa: a usted sola se lo voy adecir ,es que sufro tanto que si no por su cariño , me tiraría por algún terraplén.Mi esposa , no dijo nada , pero cada día la cuidaba mejor. Y cuando ya era muy vieja, con sus sayas largas hasta el suelo, la llevó a las hermanitas de los Pobres, donde no he conocido a otra mujer más feliz, que a la Señor María Mora. Murió el diá de San Vicente, patrono del pueblo de Siétamo. Carmen de Gaspar, viuda de Rafael Bescós, cuando va al cementerio le reza ,acordándose de aquella noche, en que el marido de María,llamado Mora,regresó muy tarde a su casa. Ella le abrió y él la dejó en la calle,helándose con su camisón. San Vicente ,patrono del pueblo , le guardó la vida.

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