jueves, 15 de septiembre de 2016

La música de pueblo hace pocos años


" Articulo traducido del libro Beyendo chirar o sol"

Lamento no saber cantar aquella música que se hacía sonar en las iglesias de los pequeños pueblos. Reconozco que para todo es preciso valer y yo no valía para hacer sonar esos cantos en mi garganta. Pero reconozco que escuchar esa música me procuraba un gozo infinito.
Ahora se escuchan muchas canciones, pero cantos de música de aquellos pueblos pequeños, nada.
Me acuerdo de escuchar el canto llano gregoriano, que ha volado por las bóvedas de las iglesias, cuando la humanidad tenía una gran necesidad de escucharla. Ahora esa necesidad ha aumentado, para contrarrestar, la ruidosa música moderna y los desagradables sonidos industriales.
Todavía están vivos algunos monasterios,  rincones monásticos, a los que es necesario ir a pasar algunos días, sobre todo a los ejecutivos y a los trabajadores,  para luchar contra las agonías, que produce el “mundanal ruido”.  ¡Oh, si se tuviese vivo el Monasterio de Montearagón, con sus frailes¡. Se podía subir a escucharlos y de paso echarse una “gotica” de esos líquidos benedictinos.
Conocí a unos muchachos que se compraron una casette de música relgiosa de Solesmes, para escucharla, cuando fumaban “codetes”. Hasta a los drogadictos les gusta el canto gregoriano, pues este canto le da un acompañante dulce, es decir  el humo de las drogas. Los frailes cantaban todos a una, todos igual, no resaltaba la voz de uno de ellos sobre la de los demás: “un fraile, dos frailes, tres frailes , en un coro, hacen sonar la misma voz que un fraile sólo”.
Pero los cantantes de la parroquia del pueblo, no cantaban como los coros de los frailes, sino que cuando cantaban el Dies ira- Dies ille, cada uno cantaba a su compás y unos subían su voz más que la los otros. Me parecía que estaba escuchando “radio moros”. Pero después de recordar otros coros, me pareció, que lo que escuchaba, eran  cantos de la liturgia mozárabe.
Mi hermana María oyó en Montreal unas canciones folklóricas judías y me dijo que le sonaban como cuando oía al Señor Lobateras y al señor Mariano Cabrero.¡Qué sentimiento añadían a su sonido!. Yo me puse en una ocasión a cantar con ellos y Marianer de Cabrero me riñó porque daba las notas improvisadas, como los negros las dan en la música de Jazz. Hoy Mariano canta en la Coral Oscense. Yo soy un fracasado, no tengo perdón.
Hay estudiosos de la música y hay gente deseando escuchar esta música. Yo ruego que se hagan discos o casettes en algún lugar que todavía se cante de esta forma. En mi pueblo, acabaron con esta música y yo no he escuchado comentarios sobre esta música prohibida. El pueblo no entendió este destrozo, pero dejó de subir al coro y ¡y en paz!.Pero cuando los cantores,fueron echados de la iglesia, escuché algún comentario. Fue la siguiente: un mosen , modernizado ,destrozó en la lonja de la iglesia un santo de yeso,de poco valor en dinero, a fuerza de martillazos. Un hombre que pasaba por allí, exclamó : ¡qué vueltas da el mundo!, mi padre las pasó moradas por hacer lo mismo. Y se fue con su azada colgada en un hombro y pensando en el destrozo del santo.
Yo creo que todavía se puede rescatar la música religiosa del pueblo, El que la rescate, rescatará  al mismo tiemo , la música del pueblo.¿Quien será?. Creo que todos los aragoneses le deberán respeto,  admiración y  música celestial.



sábado, 10 de septiembre de 2016

Blecua y las Vías a Alquézar y a Tarragona

Ermita de Santa Ana Blecua (Huesca).


Hemos visto los aragoneses el crecimiento de Zaragoza, que se ha convertido en la ciudad más importante del Valle del Ebro; hemos contemplado también el aumento de población de pequeñas capitales, como Huesca, pero para que estos hechos tuvieran lugar, hemos experimentado la despoblación de nuestros pueblos, como por ejemplo los del Somontano oscense.
Yo me acuerdo de mi pueblo, es decir Siétamo, antes de la Guerra Civil, en el que todas las casas estaban habitadas, la fuente siempre con personas recogiendo el agua para su consumo y al mediodía y por la noche las caballerías quitándose la sed, abrevando en el abrevadero, que todavía se conserva.
Trabajaban en las casas de labrador, ciudadanos de otros pueblos y en la Fábrica de Harinas ejercía su oficio, entre otros forasteros, aparte de los hijos de Siétamo, Domingo Cabrero y de Avelino Zamora, un molinero que había nacido en Blecua el año 1911. Tuvo entre otros un hijo que se llama Jesús Ferrando Adé, que nació en Siétamo el día cinco de Junio del año 1944. Fue bautizado el primero en la parroquia, después de la restauración de la Iglesia, cuando otros sietamenses lo fueron, durante la Guerra en algún pajar.
Vivió en Siétamo seis años,  pues en esa edad,  su padre compró una casa en Blecua y se hizo cargo de la panadería, siguiendo su trabajo en la Fábrica de Harinas.
Estuve el día veintinueve de este caluroso mes de Julio en Blecua y allí el Sr. Gota, entre cuyos antepasados se encuentra Jacobo Almudévar Villacampa, que provenía de Chibluco, donde se había establecido un miembro de la familia Almudévar de Barluenga, me enseñó documentos, entre otros, uno que decía de Blecua: “Somontano de Huesca, que antiguamente perteneció al Señorío de los Bolea”. Fueron sus señores efectivamente los Bolea, pero eran los Abarca de Bolea, que eran Marqueses de Torres simultáneamente. No fueron Condes de Aranda hasta que Don Pedro Abarca de Bolea, recibió tal título   de los Condes de Aranda, en la provincia de Zaragoza y que nació en el Castillo de Siétamo y murió en su palacio, que tenía como Conde de Aranda en Epila. Fue enterrado en San Juan de la Peña.
Su parroquia es la de la Asunción. En cuanto a población tenía el año de 1857, trescientos veintiocho habitantes. En 1930 no pone el número de pobladores, pero Jesús Ferrando Adé me dijo que su número en el año de 1940, era de unos doscientos y con ganas de crecer, porque eran treinta los niños y niñas que acudían a la Escuela, pero el año de 1981, ya había bajado a unos 114 habitantes.
Ayer es decir en Julio del año 2016, me dijeron que son veinte los que durante el invierno, viven en el pueblo. Yo he conocido a lo largo de estos pasados años a muchos de sus hijos, como por ejemplo al Señor Guiral, que vivía en una casa fechada en 1790; era un auténtico caballero y con un porte elegante en su comportamiento y en sus ropas, que no eran nuevas, pero que las vestía, como he dicho, con elegancia. Aquel señor parece que estaba anunciando el escaso porvenir de aquellas grandes casas, que suben formando dos hileras, una frente a otra, con un aspecto noble, pero que ahora, están cerradas casi todas, sobre todo las que se encuentran a la derecha de esa misma calle, al subir por ella hasta la plaza, donde vive Jesús Gota. Este Gota es un hombre rubio, como su esposa y debe provenir de los celtas visigóticos y siempre está soñando con el pasado, recogiendo libros, fotografías, infanzonías, escritos, cartas de todos sus antepasados, entre los que se encuentra  un pariente mío, a saber Jacobo Almudévar Villacampa, que se casó con Crescencia Gota Santolaria. La madre de esta señora era hermana de la abuela de don José Allué, que tiene su casa al lado de la del Señor Guiral; ya tiene Allué más de ochenta años y en invierno vive en Huesca; fue alcalde hace ya años y  se trata de uno de esos hombres en los que sólo se ve la buena fe. El citado Don Jacobo Almudévar tenía su origen en casa Almudévar de Chibluco, que se formó como la mía de Siétamo, con un Almudévar venido de Barluenga. Este primo  hermano del padre de José Allué, que por segundo apellido tenía el de Villacampa, está retratado en un cuadro, que conserva el hermano de don Jesús Gota, en su casa que se encuentra al principio de la calle Mayor.
Conozco y soy amigo de Claver, que también en invierno reside en Huesca y es asiduo lector de la Biblioteca Municipal, donde lee sin cansarse jamás y es pariente de los Claver de Huesca, que tenían posesión de una casa noble, con sus labores en su puerta de piedra, en el Coso Alto de la Capital. También he alternado con los Bara, con los Benabarre y con los Bellostas, etc. Que me perdonen aquellos amigos a los que no he puesto su apellido, porque apellidos de hombres ilustres los ha habido en Blecua, como son los de Codera, Ezmel, Gabardiella, Sangüesa y otros más.
Dice Claver que el apellido Gabardiella, tal vez proviniese del citado pueblo y era el apellido de un infanzón, antepasado de los Guiral, apellido que entró en dicha casa con Antonio Guiral en 1820.Hace pocos años los Bellostas se hicieron cargo de la antigua casa de Gabardiella  y después de Guiral, portándose muy noblemente con él y con su esposa; al morir ésta, procedieron a la restauración de la casa, respetando todos los detalles antiguos y restaurándolos.
En aquellos años, después de la Guerra de la Independencia contra los franceses, lo pasaron mal en Blecua, pues los franceses durante aquellos años de 1808 y sucesivos iban exigiendo grano y los de Blecua tuvieron que hipotecar las fincas del Ayuntamiento. En el desaparecido pueblo de Bacules, encontró Jesús Ferrando numerosas cías, unas con una gran entrada y algunas comunicadas entre sí. Tal vez fueran excavadas en la piedra para recoger el agua de lluvia o acaso para contener aceite o vino, cosa que no sería consentida por los árabes, de los que dice Ferrando que tal vez fueron los que construyeron dichas cías. Pero si ellos las realizaron, no hubiesen permitido el cultivo y la conservación del vino. Mi amigo me añade que hay cías que están realizadas como si hubiesen cortado un huevo por su parte más ancha, que equivaldría a la base y por la parte de arriba hay una pequeña abertura, tapada con una piedra, después de haberla llenado de cereales. Desde la piedra a la superficie, habría unos cincuenta centímetros, y que solían  rellenar con tierra. Estas cías o pequeños silos, servían para esconder el trigo, y cuando venían los bandidos o, como he dicho antes los soldados franceses, no sabían donde  se encontraba. En mi pueblo de Siétamo, cuando se pusieron las tuberías del agua, se encontraron por las calles y plazas, numerosas cías iguales a la que acabo de describir, encontrándose en alguna de ellas residuos del viejo trigo, a modo de hojas de salvado. En una de ellas se encontró un pequeño botijo, que al serle pedido al que lo recogió por otro vecino, áquel se lo lanzó y en lugar de recogerlo, cayo al suelo y quedó deshecho. Nos introdujimos en alguna de ella, pasando por la “boca” con un poco de apuro y puestos de pie en el fondo, tenían una altura de alrededor de un metro y ochenta centímetros. También se descubrieron algunos silos en el interior de alguna casa, como en la de Sanchón.
En Blecua, en casa del Señor Gota, conservan una cía, dentro de ella y que según las palabras de sus padres, sirvió para esconder a una joven y hermosa mujer, para defender su integridad, durante una de las Guerras Carlistas.
Recuerdo que en cierta ocasión, fui a Blecua a hacer, ya hace de esto una multitud de años, una visita a una caballería y no encontraba la casa, desde la que me habían llamado, cuando alguien me indicó que se trataba de casa Almudévar. Yo me acordé de que tres hermanos Almudévar de Barluenga se habían casado uno en Torres de Barbués, otro en Blecua y el tercero en Siétamo. Se lo dije al entonces  joven muchacho, heredero de casa Almudévar de Blecua, que me dijo que se había perdido el apellido, porque algún antepasado suyo no tuvo hijos sino una hija. Y me añadió que tenía la infanzonía de su antepasado Almudévar y, sin pedírsela, me dijo que me la daría. Y así ocurrió, después de tal vez dos años, cuando volvió del Servicio Militar, pues un día se presentó en mi casa el descendiente de Almudévar de Blecua y me entregó dos copias de la Infanzonía, iguales a las  que yo tengo en mi casa. Me quedé emocionado porque éste, entonces  muchacho, demostró ser un caballero noble y sincero. Ahora después de tantos años le doy las gracias, porque se las merece.

He hablado de la larga calle, que según Jesús Ferrando debe tener alrededor de un kilómetro de longitud, desde casa de Latre  hasta casa de Casabón y de la que decía su abuelo que en otros tiempos no había balcones. Es cierta la afirmación del abuelo de Ferrando, porque los balcones es difícil verlos en las pocas casas de mil setecientos, que quedan en los pueblos. Empezaron a colocarlos en el siglo dieciocho. Bajando por la parte de arriba hasta el “cobajo” o parte baja del pueblo, se encuentra un pozo, del mismo estilo que el de Ola. Se baja hasta el agua por unas escaleras de piedra. Me dice Jesús Ferrando que hace ya quizá siglos, bajaban agua del pozo por gravedad, hasta alguna de sus cías, en dirección a Bespén, al lado del camino, a unos setecientos metros de Blecua. En su barranco había un lavadero de sillares de piedra y todavía quedan por la zona, piedras enterradas. Un poco más arriba había unos manantiales pero ahora se encuentra el terreno inaccesible, por estar lleno de vegetación de cañapitas, zarzas, etc. Ya no se va de “concejada” como antes, en que unos y otros convivían, hacían aprovechables sus aguas, sus caminos, sus iglesias, su cementerio, sus escuelas, etc.,etc. Jesús Gota y Angel Ferrando tienen cada uno, un tubo de arcilla, que formaba una tubería por la que bajaba el agua desde Blecua, durante unos setecientos metros hasta el pueblo citado.  (Cual es el pueblo citado y desaparecido?.
Pero además desde lo alto de dicha calle, se ve a lo lejos, no demasiado lejos el pueblo de Berbegal y al decírselo a Jesús Ferrando,  me recordó que por Blecua pasaba un antiguo camino, que iba de Alquézar a Zaragoza, que desde Alquézar seguía por Angüés y por el sur de Blecua y luego iba a  cruzarse con la Vía Romana, que desde Ilerda iba a Osca.
Este camino lo descubrió Francisco Claver, porque ya no se utilizaba desde hacía muchísimos años y coincidía con el camino que siempre se siguió usando, que era el de Angüés. Desde Alquezar, se iba a Abiego, pasando por Adahuesca y por el puente del Alcanadre; después se pasaba por la fuente de Tamariz de Angüés, donde la gente de este pueblo iba a buscar el agua y de Angüés se pasaba a Blecua al lado del Castillo de Santa Ana y después siguiendo una línea bastante recta, iba a Sesa y desde dicho pueblo los de Blecua ya no sabían por donde llegaría a Zaragoza. Añade Claver que el camino de Huesca a Alquézar o vía romana pasaba por el miliar tercero por Tierz, después por el tozal de Quinto, donde yo vi un miliar de piedra con el número cinco en latín, es decir con una V mayúscula, a continuación llegaba a Siétamo o miliar séptimo. Al pueblo de  Siétamo en otros tiempos lo llamaban Sietemo y antes Sieteno. A continuación llegaría a Foces y de allí a Bascués, desde donde se iría a Abiego, donde empalmaría con la vía que también desde Alquézar bajaba hacia  Angüés. y de aquí se iría a Blecua.
Claver descubrió que el camino que pasaba por Blecua era el de Alquézar –Zaragoza, porque en casa Colás le enseñaron una escritura en la que ponía que un campo de dicha casa limitaba con el camino Alquézar a Zaragoza.
Don Angel Bienvenido, comandante retirado del Ejército y gran aficionado a las Vías romanas, dice: ”Era bastante normal en el mundo romano, hallar dos vías que llevaban la misma dirección, discurriendo más o menos paralelas a una distancia variable una de la otra”.
 También pasaba por Blecua la Vía Romana que iba de Ilerda a Huesca, que pasaba por Almacellas, seguía por la ermita de la Alegría de Monzón, pasaba por cerca de Berbegal  y por medio de Laperdiguera, donde hay otro pozo como el de Blecua, Angüés y Ola  y luego pasaba por Pertusa, donde había un puente romano de un solo ojo, tal vez el más grande de España, a continuación seguía por el sur del monte de Blecua y salía a Pueyo de Fañanás y por medio de Alcalá del Obispo, se comunicaba con Salas de Huesca y luego por la actual Ronda Sudeste, donde se encuentra el monumento a los  danzantes y empalmaba con la calle Lanuza o San Martín.
¿Dónde se cruzaban las vías a Zaragoza y a Huesca?.La Cabañera de primer orden que baja de la Montaña y que pasa por Siétamo, deja Blecua al Este  y sigue por debajo del tozal de la ermita de san Gregorio y más abajo de Blecua, se cruza con el camino o vía que baja desde Alquézar a Zaragoza y en un territorio en que coinciden el monte de Blecua, a la derecha el de Antillón y más abajo el de Sesa,  pasa la Vía Romana que de Ilerda va a Huesca y la cruzan, al oeste el camino de Alquézar a Zaragoza, dirigiéndose a Sesa y a unos doscientos metros más al Este, cruza la Vía Ilerda –Osca, la Cabañera Real, que va al monte de Armalé. 
En la Cabañera ocurrieron hechos bélicos entre el Ejército y la Guardia Civil contra los guerrilleros maquis, que infiltrados desde Francia, caminaban hacia Robres. Estos hechos me los contó Maximino Mora, natural de Pueyo de Fañanás, el día 14 del mes de Enero del año 2002,cuando tenía 75  años de edad. Se acordó con cariño de un joven, que era quinto en Jaca y estaba entonces de permiso, porque era hijo del caminero de la carretera de Blecua, donde vivía. Este mozo murió  a tiros  y por error.
Maximino estaba con su padre apacentando ovejas y corderos, al lado de la Cabañera, cerca de la ermita de San Gregorio, que está situada entre el monte de Blecua y el de Pueyo de Fañanás. El veía como se iban juntando guardias civiles al lado de la entrada de San Gregorio, tozal grande y en su cima se encuentra erigida la ermita. Unos venían de Huesca en dos camiones cerrados por la carretera de Pueyo, mientras los de Pertusa entraron por el monte de Antillón y los de Angüés por Blecua. Los militares que eran unos ciento veinte estaban a unos cuarenta metros de San Gregorio, donde estaban observando los maquis en número de unos cuarenta y ocho.
El Jefe de los maquis, que era hijo del carpintero de Grañén, hablaba con Maximino, que era un niño para obligarle a  él y a su padre a acompañarlos a las canteras de Robres, enseñándoles el camino. Y además le decía que tenían que hacerlo por “narices”. Estos maquis odiaban a la Guardia Civil con mayor intensidad que a los militares y el segundo jefe de los maquis manifestó su deseo de disparar contra los civiles, pero el Jefe se lo impidió, aparte de la situación difícil que para ellos se hubiera creado, le dijo el Jefe que no, que tenían que irse enseguida. Efectivamente intentaron salir por donde se veían menos fuerzas armadas y era por donde estaban los seis civiles de Pertusa y entonces fue cuando se entabló el combate, llegando a coger dos soldados a los que devolvieron y un maqui, que se escondió en un nicho de Salillas…Los civiles lanzaban bombas de mano por el aire y por error murió el hijo del caminero de Blecua y un mulo de los militares en la Sarda de Blecua, por donde pasaba una columna de mulos acompañados por militares. ”Las bombas de mano volaban por el aire y las lanzaban los civiles, cortándole casi el cuello a la mula”.
Cuando los maquis vieron tanta cuadrilla, cada diez metros un hombre, pensaron en escaparse, no querían enfrentarse con los militares sino con la Guardia Civil, de la cual con mucha prudencia, se retiraron los seis civiles de Pertusa, por ser tan pocos y lo hicieron como si fueran a Blecua.
El jefe de los maquis le dijo a Maximino: escóndete en esa mata y ellos se fueron hacia el monte de Almalé( entre Sena y Pertusa). El buen Maximino se quedó con un bastón abandonado por el Jefe, que era de Lurdes y que ya lo ha perdido. Cuando se levantó de la mata, salió con un pañuelo blanco, pero se tuvo que echar dentro de un marguinazo de tierra, porque todos disparaban. Cuando estaba allí echado, llegó un cabo de las fuerzas de Huesca y Maximino salió para decirle que ya se habían retirado, añadiéndole que él estaba ahí con su padre cuidando las ovejas.
El cabo de Huesca lo hizo ir a Blecua para comunicar a sus vecinos que había que matar dos corderos para cenar. Mientras ellos cenaban, los maquis se marcharon por Almalé a Robres, con sus subfusiles y sus bombas de mano. 
He comenzado a hablar de Blecua nombrando a Zaragoza y a Huesca y al llegar al dicho pueblo de Blecua  me explicaron las comunicaciones que el pueblo de Blecua tenía, no solo con ellas, sino con Lérida, Monzón, Alquezar y en una palabra con todo Aragón. ¡Qué pena que un pueblo en aquellos tiempos tan bien comunicado, vaya cayendo poco a poco!.
Pero no debe ser extraño, porque alrededor de Blecua dicen que han existido seis pequeños pueblos, entre los que se cuentan  Sazatornil en El Plano y Arnillas, que dieron el aviso a Blecua de que también desaparecería, pero yo creo que el Gobierno de Aragón debe tratar de evitarlo, creando industrias en las cabeceras de comarca y enlazando a los pueblos del Alcanadre con la Autovía que dicen que van a hacer de Lérida a Pamplona, como en aquellos antiguos tiempos ya pasaba por ahí el camino a Zaragoza y cerca la Vía Romana a Huesca. Además de Sazatornil, Arnillas y Bacules  se encontraban el de Sabán, el de Conte y la Aldea Montañesa, cuya montaña o tozal todavía conocen los vecinos donde se encuentra. El pueblo de Conte está ahora en el monte de Angüés y pertenecía a Claver, pariente de Claver de Blecua.
Hay que seguir luchando, no sé  de  qué  forma, porque en  muy viejos tiempos  ya existieron peleas entre el Señor de Pertusa con el de Blecua,  en los años de mil quinientos sesenta y siete. La historia de estas luchas “narra los hechos acontecidos en 1567 entre Pedro Jiménez de Sarvisé infanzón de Blecua, dueño y señor del castillo de Blecua y Francisco Lecina, vecino y familiar del Santo Oficio de Pertusa: En la fecha citada, Francisco Lecina, acompañado de tres hombres más, y todos a caballo, decidieron acudir a Blecua para reiniciar los enfrentamientos con un intento de matar a Pedro Jiménez de Sarvisé “si Dios los ayudase”. La realidad es que Dios le ayudó por medio de un aviso que le dio un vecino de Blecua que observó la llegada de los cuatro jinetes de Pertusa y se escabulló para entrar en el castillo y dar la voz de alarma al Infanzón. Como era de esperar, una vez descubiertos, huyendo hacia Pertusa, pero Francisco el de Pertusa no olvidó su intención. Unos días más tarde, Pedro Jiménez debía viajar a Huesca y, enterado su enemigo, le esperó oculto. Como era lógico, el infanzón no hizo el camino solo sino que fue acompañado con gente a caballo, tras lo cual desestimó el ataque. No podía consentir otro fallo, y más por su credibilidad que empezaba a caer en picado. Por ello, realizó un plan encaminado no solo a eliminar a Pedro Jiménez, sino también a recuperar su credibilidad. Buscó a seis hombres a caballo que lo acompañaran y preparó un plan para atacar una noche el castillo de Blecua, asesinar a Pedro Jiménez y apoderarse de la fortificación. Para conseguirlo contaba con un pequeño ejército de seis hombres a caballo, lo que da una idea de magnitud de las defensas de estas pequeñas fortificaciones. Naturalmente contaban con el factor sorpresa, pues lo lógico era pensar que nadie se atrevería a atacar el castillo del infanzón. Todo estaba calculado y al fin salieron una noche con poca luna los siete jinetes dispuestos al asalto. Los hombres de Pedro Jiménez debían estar dormidos y desprevenidos pues el ataque era algo impensable y descabellado en la mentalidad de la época, pero Francisco Lecina estaba realmente furioso. Y todo hubiera salido como él lo había planeado si no fuera porque uno de sus hombres, al llegar a los aledaños del castillo, se arrepintió y no quiso entrar en el castillo. Francisco Lecina le reprendió y ordenó seguir adelante, pero tenía mucho miedo para ser el asesino de Pedro Jiménez. La realidad es que se inició una discusión entre el arrepentido y el cabecilla que muy pronto se convirtió en griterío, y el resto de los asaltantes, temerosos de que la discusión hubiera despertado a los hombres de Pedro Jiménez, marcharon sin ni siquiera haber iniciado el asalto al castillo de Blecua. Así terminó el ataque, pero el de Pertusa aún corrió un rumor por toda la comarca amenazando que había pagado a unos asesinos para que cuando el infanzón fuera a Zaragoza le matasen. Como nada de esto surtía efecto, al final, recurrió al poder de la Inquisición y denunció a Pedro Jiménez de Sarvisé por amenazas a un familiar, por lo que fue encarcelado inmediatamente en los calabozos del castillo de la Aljafería. Pero el enfrentamiento no quedó así y el infanzón denunció a Francisco Lecina, y presentó testigos que lo acreditaban, por intento de asesinato, por lo que la Inquisición una vez probado, lo encarceló y lo encerró también en la Aljafería”. Este texto, por información de Ferrando Adé, salió en el Diario del Alto Aragón el día dieciocho de Mayo de 1997 y está sacado del Archivo Histórico de Zaragoza.
En Navarra tratan de regar por toda la provincia y de crear industrias, como he dicho en las cabeceras de comarca y aquí, pueblos como Blecua, en otros tiempos bien comunicada, como demuestran los puentes “de buena cantería", en las carreteras de Antillón y de Torres de Montes y cerca del grandioso puente de un ojo de Pertusa. Ahora, en cambio,  la gente tiene que irse porque no tiene trabajo y aquí habría que hacer como lo hacen los navarros, que cogen un pueblo cabecera de Comarca y lo llenan de industrias a las que favorecen. ¿Qué sería Angüés, lleno de Fábricas?, por que la gente va a vivir a los pueblos próximos a las capitales, donde hay trabajo e igual ocurriría en Angüés con los vecinos de Blecua, de Torres de Montes, de Antillón, etc.,que irían a trabajar allí.
Por Siétamo a Blecua, desde Huesca hay veintitrés kilómetros y por Pueyo de Fañanás unos veintidós. Cuando bajas por Siétamo, se contempla un paisaje totalmente somontanés, lleno de vallonadas con depresiones. Si nos vamos por Pueyo de Fañanás se encuentra uno con una dilatada topografía, que escasamente interrumpen algunos tozales, recordando más a la Hoya de Huesca, sin dejar de ser tierra del Somontano. Por esta zona debía estar el monte del Marqués de Ariño, más tarde de Blecua. En aquellos viejos tiempos, el hermano de mi antepasado directo José Almudévar Altabás, se casó en Blecua, procedente ,como mi antepasado de Barluenga; debía  tener una gran afición a la caza y a ella se dedicó en el Monte de Ariño, que estaba acotado. Lo cogieron cazando y le pusieron una multa tan grande, que le hizo pasar apuros económicos durante cierto tiempo. Entre la Calzada Romana y el carrascal de Blecua, quizá procedentes de tiempos anteriores a los que vivió el marqués de Ariño, hay unas “huegas” o límites que tienen esculpidas en piedra unas cruces.
La autovía debían hacerla por la Calzada Romana, porque es un territorio más económico para construir y más llano, como demostraron los romanos, excepto en el Alcanadre, en el que los romanos ya hicieron aquel puente de un solo ojo enorme y monumental. Creo que entre las distintas opciones que presentaron, estaba la de Angües por Liesa, la de Angüés y Siétamo y otra más abajo que seguiría la Via Romana.
No constituiría una novedad la creación de la Autovía por Blecua, pues ya hemos visto como uno de los tres planes que se tuvieron en cuenta, contaba por el paso de la misma por los terrenos próximos a la Vía Romana de Lérida a Huesca, lo que hubiera evitado inconvenientes, que traerán consigo los terrenos que se encuentran más al norte.
Podemos ver como Blecua estuvo siempre muy bien comunicado, como hemos visto con la Vía Romana que iba de Ilerda a Osca, con la Vía ,también romana que iba de Alquézar a Zaragoza, la Cabañera de primera que bajaba de la Sierra de Guara por Siétamo y pasaba por el oeste de Blecua,  por el pie del tozal donde está elevada la Ermita de San Gregorio y más debajo de Blecua se cruza con la vía que baja de Alquézar, llegando a la Vía Romana que viene de Lérida en un  punto que se encuentra entre los montes de Blecua ,de Antillón y más debajo de Sesa, a donde va la cabañera, para llegar al monte de Armalé; desde allí bajaría hasta los Monegros y hasta el río Ebro. Pero además podían llegar hasta Francia ,siguiendo el camino que iba a Alquézar, porque en Abiego se juntaba con la cabañera que baja de la Sierra de Sevil, cerca de Ainsa, baja por la ermita de San Román cerca de Panzano, pasando por Barbuñales,después por La Perdiguera, llegando a Berbegal. Pero si en Abiego se subía hacia arriba se pasaba por la Sierra de Sis, por donde circula una cabañera, que llegaba a Francia, pasando por Tolva y por Bonansa.

El carrascal es el que domina en el Somontano, que tiene un clima mediterráneo y continental con temperaturas invernales de 4’6 grados en lo más frío del invierno y de 22’9 en el mes de Julio, sacando una media anual de unos 18 grados. En Huesca llueve unos 551 litros de agua anuales y en Barbastro se reduce 495 litros. Es una tierra menos árida que las zonas centrales del  Ebro y menos barrida por el cierzo. El carrascal ha disminuido por las roturaciones, pero ha aumentado por su reproducción natural, ya que ahora no se emplea su leña casi para calentar las cocinas y las casas; además las carrascas en estas tierras no se limpian como en Extremadura o Salamanca. 


Lugar de 114 habitantes en el año 1981,pertenece al municipio de Blecua-Torres(Huesca).465 m. de altitud. Escuela y teléfono público: Ya no tiene escuela. A 23 kilómetros de Huesca, tomando desvío en Angüés. (No es cierto porque a Angúés desde Huesca hay 24 kilómetros. Sobre un altozano y agrupado básicamente a lo largo de una calle, las edificaciones  tienen las características de las de Pie de Sierra. En el extremo del pueblo se encuentra una fuente subterránea, similar a la de Ola y Angüés. Puentes de buena cantería en las carreteras de Antillón y a Torres de Montes. Castillo –ermita de Santa Ana, de espacio reducido, con ábside semicircular y nave de dos tramos cubierta con bóveda de cañón. Iglesia parroquial de plante de cruz latina con capillas  en  los laterales. Torre de cuatro cuerpos, de sillería y ladrillo(siglo XVI-XVII).
Está situada Blecua en la llamada Hoya de Huesca, pero que no es realmente  La Hoya, sino el Somontano, a cuya realidad está ligado, a que es un nexo o unión entre el Pirineo y la depresión del Ebro, con características diferentes en la auténtica Hoya y en el Somontano. Pero en realidad son dos zonas íntimamente unidas porque la población de ambas es la misma, ya que el aumento de Huesca se debe en gran parte a la disminución de pobladores de los pueblos del Somontano, con los que durante siglos ha sostenido un gran comercio, en parte el proveniente de las zonas altas que eran la leña y la carne del ganado y el aceite y los cereales en los valles de la auténtica Hoya de Huesca. La población vegetal más numerosa es en el Somontano la carrasca y el roble o caixigo.
Más tarde ha surgido la industrialización, que todavía ha expoliado la población de los núcleos agrícolas, que han ido descendiendo sus habitantes. Vemos como Blecua tenía 114 habitantes en el año 1981 y según Jesús Antonio Ferrando Adé, nacido en Siétamo, pero que vivió su juventud en Blecua habla de una población, en 1936 de unos 200 habitantes, con treinta niños que acudían a la Escuela. Ahora quedan tan sólo veinte, sin ningún niño
Cuando ya quedaba poca gente en Blecua, Jesús Gota, asesorado por su hijo y Francisco Claver, sintieron dentro de sí la inquietud por conocer profundamente el pasado de su pueblo y Gota que tiene una gran finca a la entrada del pueblo y que por el oeste limita con casa de Claver, que le compró a Jesús un pequeño trozo de tierra, para engrandecer su corral. Al picar para hacer las paredes debieron darse cuenta de que Blecua, además de su situación, que recordaba a un pueblo ilergete o íbero, tenía una necrópolis ,como descubrieron al descubrir tumbas ,donde hicieron la pared y Gota recordó la cantidad de piedras labradas ,que salían cuando labraba la finca hacía ya años.
Sintieron necesidad de descubrir el pasado de los hombres y se pusieron a buscar sus restos materiales. Se convirtieron, tal vez sin darse cuenta, en arqueólogos. 
  
Pasando por la antigua Escuela Municipal ,cerrada ya hace muchos años, se ve en lo alto de su pared una porcelana blanca en la que dedica el pueblo un recuerdo de agradecimiento a un señor, que fue su Maestro,llamado Cabero.

martes, 6 de septiembre de 2016

Casa Salvador Puy de Siétamo



Esta antigua casa, de gran volumen doméstico y rural, se encuentra haciendo ángulo en la acera derecha de la  Calle Baja, que se dirige al Sur, desde donde contemplaba el Gran Castillo-Palacio de los Condes de Aranda. El otro lado del ángulo, mira a  la actual Plaza de Deportes, que se dirige al Oeste, desde el Este. Así como la fachada principal de Casa Salvador mira al Este, la fachada lateral, se enfrenta con el Norte. Y entre el Ayuntamiento que presenta hacia el Sur su fachada posterior, que mira hacia el Norte de la antigua Casa Salvador, se presenta, un espacio, que  antes de la Guerra Civil, estaba ocupado por un Barrio de Casas y de enormes bodegas, que Josefina Puy, recuerda, igual que yo, haber visto destruidas por la Guerra Civil y que al ser derribado por el fuego y los bombardeos, dejó un solar, que los mayores recordamos con tristeza y que ahora llena de alegría a los niños y jóvenes que en tan pasado y olvidado Barrio, hoy Parque de diversión, se divierten con alegría. Incluso en él, hay columpios y juegos infantiles. Pero en el conjunto del antiguo  barrio, hoy campo de juego,  rodeado de árboles,  presenta dos porterías, para el juego de los niños y jóvenes. El Edificio-Ayuntamiento, levantado por Regiones Devastadas, dirige sus banderas hacia el Norte,  es decir a la Plaza Mayor. Y por el Sur se pueden contemplar los juegos de los niños y sus columpios, en el gran solar, contra el que lanzaron las bombas. En un agujero de una pared caída, encontré yo una pistola, que tenía su origen en años anteriores a la Guerra Civil. Con Rafael Bruis y Antoñito el Herrero, estábamos contemplando las ruinas de la última Guerra. Estaba el suelo de la calle, lleno de balines de balas de fusil. Nosotros que éramos niños, no recordábamos, que por aquí, antes, hubo Guerras Carlistas y que siempre ha habido aficionados a las armas.
No todo eran recuerdos de luchas, porque allí se alzaban una Confitería, donde vendían “lamines o laminerías”, y mirando hacia la Plaza Mayor, estaba la casa de la señora Juana, natural de Santolaria y madre del señor Ferrando, conocido por el “Zurdo” y de su hija, la señora Concha, que para la Guerra Civil, recorrió desde Siétamo por la carretera nacional 240, hasta el lugar en que ahora se alza la Cruz de los Caídos, levantada en memoria de la defensa que hicieron los soldados, y los paisanos, entre los que se encontraba el Doctor Don Luis Coarasa, de Torralba de Aragón y el hijo de Siétamo, Salvador Puy, que tendría treinta y cuatro años. Estaba Salvador Puy en el Castillo, defendiendo la única posición que quedaba en el pueblo de Siétamo y al acabarse los alimentos y las municiones, decidieron salir hacia Huesca. Al pasar por los huertos de Siétamo, el agua corría, por haber sido soltada por los rojos y Salvador Puy, se retrasó en su fuga para ayudar a la gente a pasar la acequia, que bajaba llena de agua. Para ello,  se puso en medio del agua de la acequia, para pasar a todas las personas que con él escapaban. Fueron por Ola y por el Saso y tuvieron que parar en la Tejería que estaba en la parte baja del Estrecho Quinto, que se encontraba a la derecha de la carretera que iba desde Siétamo hasta Huesca. Cuando tuvieron que marchar a Huesca, se refugiaron en varias bodegas de la Calle del Padre Huesca. Josefina Puy,  hija de Salvador y de Rosario Bibián, tenía entonces seis meses y ya no se acuerda,  pero su padre se lo contó en multitud de ocasiones. Salieron  protegidos por los soldados, los paisanos,  huidos de Siétamo, como la madre de Pepita Sipán, con su pequeña hija y otros vecinos huidos de Siétamo, como Rosario Bibián , esposa de Salvador Puy y su hija de seis meses, llamada Josefina. Por cierto que esta Josefina, ya es mayor y su marido ha muerto en el año de 2016. Se llamaba José María Jordán y nació en la Montaña, yendo a Pamplona, en el pueblo de Aso-Veral, donde hay unas aguas medicinales, que huelen a “huevos podridos”. Es una pena que no se haga en dicho pueblo un Sanatorio. Era un hombre piadoso, porque cerca de su casa hay una Cruz, a la que él la pintaba y cuidaba con cierta frecuencia.
Los Republicanos quisieron tratar con el Ejército y con los vecinos de Siétamo y de otros pueblos y les enviaron una carta, para que se rindieran. La llevó desde Siétamo al Estrecho Quinto, la señora Concha o Concheta Ferrando, hija de la señora Juana de Santolaria. Caminaba erguida y con una bandera blanca, encargada por los republicanos de entregar una carta a los nacionales, en el Estrecho Quinto. Concha llegó a tal Estrecho Quinto, presentó una carta al Jefe de los Nacionales; estos no se rindieron y ella  ya no quiso volver a Siétamo. Esta señora Concha y su madre, vestían con una cubierta que les tapaba su tórax  y unas faldas que les llegaban hasta el suelo. Su cabeza iba cubierta con una blusa negra del mismo color que el resto de su ropa, unas faldas que le llegaban hasta el suelo y una pañoleta que cubría su cabeza. A la “siña” Juana, antes de la Guerra, la veía yo rezar, desde la puerta del fosal abandonado, detrás de la Iglesia, por su familia, que vivía en Santolaria, pueblo que se veía desde aquella entrada al fosal.
Estaba también en la actual fachada del Ayuntamiento, la familia de Puyuelo, en su casa que miraba a la Plaza Mayor. De esta familia, compró el hermano mayor una casa en la Paul y su hermano, amigo mío, que ya difunto, vivía en Barcelona, compró un soberbio piso en la Plaza Mayor.
En el actual Parque deportivo, en la parte Este se encontraban dos Casas de Cavero, con un escudo con corona noble, de más rango que la corona de Infanzón, el cual lo posee un sobrino  de los Cavero con dos apellidos de esta familia, que lo llevó a su casa de Huesca. Este Cavero de Huesca era hijo de un Maestro Nacional, que ejerció en Blecua, donde todavía se alza en una pared una Placa, en que pone gravadas  sus virtudes.
El señor don Domingo  Cavero se casó y murió sin hijos y descendía del Palacio de Laperdiguera, donde se eleva una casa noble, cuyos miembros viven en Zaragoza. Queda otra Casa llamada de Felipe Cavero  en  la  Calle Alta, que ha sido restaurada por Monsita  Puyuelo Arnal y Cavero y que fue la primera casa que los Caveros abrieron en Siétamo y que venían de Laperdiguera. En esa casa nació Monsita, que ahora recordando el linaje de su familia, la está reconstruyendo.
La que todavía algunos pocos, llaman Casa de Salvador, es hoy propiedad de un señor joven, con el apellido Crespo, que conoce entre otros el oficio de carpintero, pero que sobre todo conoce su honradez y su sentido común. Tiene un apellido castellano, pues se llama Crespo. Tiene un buen gusto, porque la Casa de Salvador, llena de nobleza, estaba un tanto triste, por haberse visto rodeada de ruinas. Unas del Barrio de debajo del actual Ayuntamiento y otras también tristes (¿las sillerías de piedra, que ennoblecían  el Castillo, pudieron tornarse tristes?). Pobre  Castillo del Conde de Aranda. Pero en la  fachada de su casa, se levanta una parra, que parece brotar de sus cimientos, que es como una bandera del porvenir, una nota de optimismo con respecto al futuro. El señor Crespo ve en el color verde el optimismo y no acabó con la parra, que asomaba en la fachada de su casa, sino que la animó a seguir, dando una nota del esperanzador color verde, que hace que todavía se vea el porvenir del pueblo con  optimismo.
Encima de casa de Crespo, antes de Salvador se exhibía el escudo de Cavero. Al desaparecer su Palacio, desapareció también el noble escudo de los Cavero, de los que queda todavía uno en la Calle alta, en la llamada Casa de Felipe Cavero, pero debajo Crespo ha alzado su escudo, que tiene dos Flores de Lis y debajo de ellas una hermosa Cruz y en el lado derecho del escudo, se eleva un Castillo con otro más pequeño y sobre éste, un guerrero alza su espada al aire. ¡Qué tradición conserva Crespo en su corazón!, porque parece haber sido enviado por el Señor a conservar el honor de las personas, por medio de los antiguos escudos de armas. Este escudo está acariciado por las hojas de la parra que en la fachada asciende hacia arriba. Toda la Casa da la impresión de una noble vivienda, asentada sobre muros de piedra, a partir de los cuales salen unas columnas hacia arriba, de piedras de sílice de un color amarillento. Tiene un arco de piedra en la entrada de la casa, en la Calle Baja y en la que se mira al Norte, con el Ayuntamiento al fondo y el campo de juegos en medio. La puerta falsa o de entrada en el corral  la ha convertido en la entrada de coches y encima, hay una terraza, donde el hijo de Crespo plantó una bandera que se resiste a la derrota, a pesar del cierzo que la empuja y que ya deja sólo parte de ella. En la barandilla de la terraza, están, haciendo vigilancia cuatro caballos de madera, que son como un recuerdo de la nobleza de aquella Casa.
Estos son recuerdos de la vida, en mi pueblo de Siétamo, Si,  porque recuerdo los tiempos de paz y de guerra, de los militares y de los paisanos, de los mayores y de los niños, de los hombres y de las mujeres, de los Barrios y de sus ruinas. También recuerdo la conversión de esas repugnantes ruinas en centros pacíficos de deporte. Me acuerdo también del antiguo Palacio de los Barones de Siétamo, Duques de Torres de Montes y últimamente Condes de Aranda. Mea cuerdo también de Ciencia que poseían aquellos nobles, de su amistad con la Familia Azara de Barbuñales y de Siétamo, de sus poesías relacionadas con Lope de Vega, sus conversaciones agradables y sus comidas y bebidas,que les alegraban los corazones. En aquella maldita Guerra del año de 1936,abrasaron el Castillo-Palacio y hoy es “lastimosa reliquia solamente de su invencible gente”.
Me acuerdo también de Salvador Puy, obrero que se dedicaba a limpiar las semillas de los labradores con su Porgadora, que se encontró en medio de una Guerra y que tuvo que emigrar a Huesca capital, para volver a morir a Siétamo. Recuerdo también a mis parientes los Cavero, provenientes de Laperdiguera, con sus nobles escudos, más elevados que los de los infanzones
Conmovido pienso en la mujer que amaba con amor puro a los hombres conquistadores, que hacía la vida alegre a sus amigos.
Y por fin me descubro ante la capacidad de trabajo y de arte del amigo Crespo, que ha hecho olvidar por algún tiempo, las miserias pasadas por el pueblo. El ha embellecido la antigua Casa de Salvador, le ha dado un aspecto noble y trabaja y trabaja con arte, por el mundo.

jueves, 1 de septiembre de 2016

¡O Volador, o Volador!.-





Ya hace muchos años, que en las Fiestas de Aniés y cuando la juventud estaba bailando, en la plaza Mayor, aquella pieza que decía:”¿Dónde estará el avión,chis, chis el avión?, el hijo de Ascaso,  gritó: ”¡o volador, o volador!.Todos giramos  nuestras cabezas y echamos una mirada hacia lo alto del firmamento. Se paró la música y por tanto el baile. Aquel volador era el satélite, que se veía como una estrella, que daba vueltas por el cielo, por el camino que le habían señalado los técnicos americanos. Por unos instantes, tuvimos los pies en el suelo y la cabeza en el cielo. ¿Dónde se encuentra aquel hombre que siendo un intelectual, pise la realidad del suelo tenazmente ?.  Acuden a mi memoria las figuras de San José de Calasanz, de Ramón y Cajal y de Joaquín Costa,  que trabajaron por la Salud, la Despensa y la Escuela. Me enteré que Joaquín Costa, cuando estudiaba en Huesca y al mismo tiempo en el Castillo de San Juan, trabajaba de peón de albañil. No pueden engañarnos las ideas de Costa porque tenía los pies en el suelo y la cabeza en el cielo. En tanto los sabios y técnicos piensan en tornar los secanos en regadíos, tanto que dicen que cuando los astronautas llegaron a la luna, se encontraron con un hortelano de Huesca, que estaba regando. Hay que luchar por  el aprovechamiento total del río Ebro y evitar otras pérdidas como las del río Gallego o del Guatizalema. Los planes prometidos sobre las aguas del Guatizalema son necesarios no sólo para regar, sino para levantar industrias a lo largo de la autopista que va de Barbastro a Huesca, como ocurre en Navarra con sus ríos y pantanos. Deben caminar juntos los que cultivan su inteligencia con la cabeza en el cielo y  los que trabajan y tienen sus pies en el suelo. 

miércoles, 31 de agosto de 2016

La caseta de los pobres de Siétamo

                     
     

   Artículo traducido de mi libro en aragonés:”Beyendo chirar o sol
Se ha derrumbado una noche de este invierno lluvioso de los años de 1980, la Caseta de los Pobres. Fue levantada hace ya ¿más de cien años?, para que los caminantes pobres y los que no querían gastar dinero, se cobijasen por las noches, bajo su bóveda. No les faltaba paja, en la que se echaban, y que con su envoltura, despachaban el frío de su anatomía y de su fisiología, combatiendo  ese frío, que dominaba el ambiente sobre todo, por las noches.
Por dentro de la Caseta, dominaba la oscuridad, pero por fuera se veía su pared de piedras, no muy bien picadas y unidas unas con otras, en lugar de con cemento, con barro o cemento del pobre, no sólo del pobre mendicante,  sino usado también en la construcción de muchas casas y pajares. ¡Qué ingenio tenían aquellos albañiles en tiempos tan lejanos!, porque el tejado de dicha caseta, no tenía maderos ni tejas. Evitaban el buro o arcilla que entrase el agua de lluvia, en el interior de dicha Caseta, un ábside de piedras, que formaban una bóveda, tapadas con los citados  buro o arcilla, que sin estar cocido, como se hace con los ladrillos y las tejas, hacía resbalar el agua de lluvia, del tejado al suelo.
Durante siglos acogía a los pasajeros pobres y a otros que no lo eran tanto, pero querían evitar el gasto. En el verano era una buena “mosquera” y en el invierno encendían hogueras en el interior de la Caseta pues el humo, salía por una pequeña chimenea, que manifestaba la presencia, en su interior, de caminantes. Cuando esto ocurría, bajábamos los niños a la caseta para ver con curiosidad a los pobres. Entre estos había tipos de diversas formas: unos eran pobres solitarios e insociables, otros que caminaban por el mundo agrupados, para hacer más soportable su miseria. Unos eran poetas alocados, otros violineros sin fortuna y  otros comediantes acompañados por canes domados…Los niños, si hacía frío, les traían algún fajo de leña y alguna toza, pero si había niños pobres en aquella cuadrilla, les daban además su merienda, que solía ser un trozo de pan mojado con vino y azúcar, en algunos casos.
Cada vez que se marchaban de su Caseta o refugio, aquellos pobres,resultaba más negra por dentro,tan negra como su fortuna. Se iban amontonando dentro de la Caseta,deformes botas y zapatos,que ya tenían separada su suela por la punta , que parecía que abrían sus bocas como si tuviesen tanta hambre, los zapatos como los que los habían abandonado. Dejaban en la Caseta , latas, en las que habían cocido patatas, pero que a última hora, como el cántaro que va a la fuente,se quebraban.
Los vecinos del pueblo no solíamos entrar, porque allí no había nada útil que sacar,pues allí sólo se podía sacar alguna “mascarada negra”,botas abiertas y latas viejas.
Pasó, no sé cuando,que se cayó la chimenea y el agua de lluvia, a fueza de días,noches, meses,  estaciones y meses, en una palabra de años, hizo su labor destructiva.¡Quien no acude a la gotera, acude a la casa entera!.
Pocos días antes de derrumbarse la Caseta,se refugió en ella el último pobre , que se rfugió en ella. Ya acudían a refugiarse en ella muy pocos y a veces se les pagaba el autobúas, para que acudiesen al Refugio Municipal de la capital , que reunía mejores condiciones.pero había pobres a los que gustaba más,quedarse n el ambiente de la Caseta de los Pobres,que era más libre porque  estos pobres amaban más la libertad.
Ya no podrán permaneces aquí. Por esto tengo tristeza, pero mi gozo hubiera sido infinito, si con la Caseta de los Pobres,se hubieran acabado totalmente loas miserias de la pobreza.
Me parece difícil, pues ya hace muchos años,escuché decir a un pobre.”Se han empeñado en matar a los pobres, pero se “choderán”, porque cada vez abundarán más”.

Si no se equivocaba, será una desgracia para todos los hombres y mujeres.

viernes, 26 de agosto de 2016

MONTEARAGÓN Y EL FUEGO



"Traducido de la Fabla Aragonesa al Castellano".


Fuentes de Marcelo y Jara,
Ruinas de Montearagón,
Sierras de Gratal y Guara,
Huesca de mi corazón.
Todos los días contemplo las ruinas de Montearagón.  Sí, todos los días las veo, porque todos los días, las miro. Desde niño le preguntaba a Huesca, a Loporzano y a Siétamo, que forman parte de la Tierra de mi corazón, quien fue el que le prendió fuego a este Monasterio, que mira al cielo. Todos me respondían que el comprador del expropiado Monasterio, le prendió fuego y las llamas de tan amado monumento, que miraba y siguen sus ruinas mirando al cielo, en una enorme hoguera, subían danzando hasta el cielo. Danzaban no en forma de Jota, sino en un dance diabólico hasta el cielo. Todas  las cimas de las Sierras de Gratal y de Guara, estáticas contemplaron el fuego rodeado de horribles manchas de humo. Se veía la tenebrosa luz de sus llamas desde Huesca, por todo el Abadiado, como me contó mi padre, nacido el 28 de Febrero de 1885, al que se lo había contado su padre.   
El Abad se quedó,cuando ya era viejo,secularizado en Siétamo,hoy capital del Arciprestazgo de Montearagón. Después de muerto dicen que se aparecía a la gente desde una ventana de Casa Lobaco.Los tirantes y el rosario del Abad se conservaron  hasta el año de 1936,en casa Almudévar del pueblo.¿Fetichismo?. No, yo creo que era por agarrarse a un pasado, a las raíces de un Aragón que en cien años ha perdido su sentido histórico y su personalidad.Una señora,llamada de apellido Ballarín,tenía en su casa unos relicarios, de los que uno decían que contenía sangre de Cristo; no se  si la contenían o no, pero se puede saber porque los tienen los herederos,que los guardan en un pueblo , próximo a Siétamo.
Muerta la Abadía,muerto el Abad, el Abadiado caminó también hacia la muerte. El esqueleto del castillo- monasterio se resiste a caer, parece no ceder pero , ¿hasta cuando?.
Cuando la Desamortización de Mendizábal, Huesca perdió la oportunidad de rescatar Montearagón, en tanto que Barbastro se esforzó en conservar el Monasterio del Pueyo, de donde los benedictinos se marcharon, pero vinieron frailes de otra orden. ¡Qué lección, qué vergüenza para Huesca! nos dio Barbastro en aquella ocasión,recuperando el Monasterio del Pueyo. Con muchos motivos, la zona donde se asienta dicho Monasterio, se sigue llamando el Somontano de Barbastro.
Los frailes de Montearagón huyeron, descolgándose por una soga y buscaron acomodo e otros lugares. El Abad estuvo de ayudante del párroco de Loporzano, hasta que se quedó a vivir en Siétamo, alguno de cuyos habitantes todavía se mira a la ventana, que se orienta al Este en casa de Lobaco,con la lejana esperanza de verlo asomado a ella.
El comprador del Monasterio subastado, se vendió lo que pudo y después le prendió fuego. A este hombre los labradores de aquellos montes, pudieron  llamarlo : “aliagueta, encendallo”. Los somontaneses de Montearagón, deseaban al comprador incendiario del Monasterio “un grano tan grande como de Huesca a Loporzano”
Castillos en el aire ,dice el refrán que hacemos los españoles, pero los que tiene sus cimientos en nuestra  tierra, los dejamos caer. Un día y no fue un sueño, vi el castillo de Montearagón, volando por el aire, la niebla rastrera llegaba  justo debajo de sus muros y por algunos momentos creí en milagro.Pero cuando volví a la realidad, deseé que las boiras se lo llevaran para quitarnos esa vergüenza.
¿ Cuando se empezará de verdad la reconstrucción de Montearagón?. Hoy muchos dicen que estas cosas son tonterías caras, porque no son rentables. Si el Castillo-Monasterio estuviese en Cataluña, donde se mira la rentabilidad, ¿estaría así?.
Pero parece que los oscenses han cambiado de opinión y piensas que el Castillo de carácter a la Comarca, a Huesca y a Aragón y se han unido para reconstruirlo, labor que ya empezaron, pero que ha parado. Si estuviera reparado el Castillo- Monasterio, como los frailes plantarían árboles en sus laderas.
Si ahora las ruinas muestran historia con su elevada presencia, ¿qué enseñarán el día que Montearagón esté reconstruído?.

Entonce dejará de ser “lastimosa reliquia solamente de su invencible gente”.

martes, 23 de agosto de 2016

“Oh,when the Saints-Go marching in!.



(Artículo traducido del aragonés al castellano).
Siempre ha sido la música una evasión del espíritu, un huir, un ausentarse hacia los espacios. Pero además, una forma de buscar lo transcendente y de hacer sentir a los oídos de los seres humanos, los sentimientos que expresa esa pieza musical, cuyos sonidos se ensanchan por el aire.
En estos días la presencia de la muerte, a muchos los aterra, intentando algunos evadirse de su presencia y al pueblo,  lo congrega en los cementerios.
¡Oh, cuando los pueblos marchan hacia su muerte, contemplando la muerte de muchos miembros  que vivieron!. ¿A dónde van?. Caminan por la vida en busca de luz y haciendo sonar música. Si son pueblos negros, van cantando cantos “spirituals”, que tienen en su interior una lumbre,  que tornan bella la negrura de sus cutis. Si se trata de latinos, cantan canciones, cantan misereres y Dies ira-Dies illae y ¿cómo no?, encendiendo “cerilletas” y candeletas. Su problema es encontrar el instrumento musical que nos ilumine el espíritu.
 Bécquer decía en la poesía de la Niña Muerta: “Ante aquel contraste de luz y tinieblas, medité un momento : ¡Dios mío, qué sólos se quedan los muertos!”.
Voltaire, cuando estaba en trance de muerte, gritó : ¡luz, màs luz!. No es preciso dramatizar, porque tal,  lo único que quería era una luz más racional. Pero,  ¿por qué el pueblo busca un contraste, entre la muerte y la luz y las lucetas?. Pero yo creo que tal vez sea porque ese pueblo cree que hay una luz, más allá de este mundo.
Los niños se introducen rápidamente en los juegos relacionados con la muerte. Los muchachos más atrevidos caminan por las noches hacia el cementerio, para ver las ´´lumbretas” o fuegos fatuos y todos en unión, vacían calabazas, de su materia interior y tallan sus cortezas con aguieros que recuerdan los ojos y unos dientes que representan la boca. Preparada la calavera, encienden dentro de ella una vela y la colocan en lo alto de una fuente, para asustar a las mujeres que van a por agua.
Pasando por Novales vi, desde el coche, una luz en medio de la carretera. Paré el coche y me di cuenta de que se trataba de una calavera, de las que preparan los niños. Me la llevé. La habían colocado el hijo de Valeriano y de sus amigos.
Una australiana veía con extrañeza la costumbre de alumbrar velas. Pero estos días de atrás otra australiana, se ha prendido fuego con una tea, en protesta del materialismo de la vida. ¡Contrastes que se dan en la vida!,  como  mi joven amigo que no cree en Dios y oye por la noches las voces de unos desconocidos. Este amigo mío no cree que la palabras que escucha por la noche sean de Dios, pero admite que tal vez sean de los duendes nocturnos, que por las noches, salen por el espacio a gritar y a pronunciar sus palabras.
Algunos sienten terror ante la muerte y Lord Byron trataba de combatirlo , bebiendo vino, en una calavera de muerto,en los claustros de un viejo monasterio. Quería sacudirse el miedo, pero no veía luz. La gente de los pueblos, que desde que son niños, encienden la luz, respetando a la muerte, no se aterran.
En los viejos cementerios plantaba flores, que daban vida a los muertos o colocaban ramos de flores naturales, de los huertos cultivados en los pueblos. Las flores son luminosas, pero no me parece tan luminoso el tráfico que se organiza con las flores a costas de la muerte. Unas veces son las flores de un día,  que después se tornan secas y deprimentes, porque hacen el fosal más deprimente que esperanzador.
Oh,  cuando el pueblo se va marchando hacia la muerte…Oh ,cuando la gente se marcha hacia la …

¿Hacia donde?. Piensa, que una cosa es que el pueblo marche hacia la… y otra que lo lleven hacia … 

Un momento de San Lorenzo

10 de agosto, San Lorenzo. Estoy en el pueblo y siento un hormigueo dentro de mí; es la llamada de los danzantes. Subo al automóvil, conecto...