jueves, 31 de mayo de 2012

Zapatero remendón


Me he acercado a una zapatería, donde apañan o arreglan los zapatos, sandalias e incluso zapatillas. El zapato con que calzaba mi pie derecho, tenía una rotura en los hilos que lo tenían completamente abierto, y ahora, me acudían pensamientos de deshacerme de él y naturalmente de su compañero “zapatil”, que todavía conservaba su fortaleza,  para defenderme a mí,  como caminante, del frío,  del calor, de los golpes que generalmente, con el tiempo, se convierten en callos.

He llegado a la zapatería y el buen zapatero, me ha dicho que tendría que dejar el zapato en su taller, para poder arreglarlo y entregármelo, por la tarde. Yo me había despojado del zapato herido o enfermo y lo había depositado en el mostrador de la Zapatería. Dejé pasar a dos o tres señoras, a alguna de las cuales, en el acto les reparó el calzado que le llevaba para arreglarlo. Por lo visto, era un señor sensible, que le producía una pena, dejarme abandonado y ensartando un trozo de hilo en su máquina de coser, en pocos segundos, me dejó mi zapato nuevo.

Yo pensé, este señor no debía haber sido zapatero remendón, sino un político, dedicado a gobernar a su prójimo o próximo, porque demostró sensibilidad, tratando de eliminar molestias en sus clientes, que es este caso serían sus gobernados. No sería como ahora son muchos políticos, que miran sus propios intereses, despreciando la sensibilidad del pueblo gobernado. El zapatero también miraba sus intereses, que consistían en mantener a su esposa y en educar a sus hijos, pero no soñaba con obtener pingües beneficios para comer opíparamente o beber vino o licores, como lo hizo Noé, el del Arca. Y de acuerdo con lo que necesitaba para ser feliz,  sin abusar de nadie, me cobró una cantidad tan pequeña, que uno se quedó más feliz por su económico precio, que por el buen aspecto de su zapato. Tanta era su honradez y su generosidad, que a una señora, que le llevó una zapatilla, para hacerle una mejora, no le cobró nada. Pero hubiera sido un político amante del prójimo, porque al entregarme mi zapato, acercándome su mano, me dijo: ahí tiene mi mano para levantarse de la silla, porque si se apoya en esa tabla, tal vez se caiga.

Yo me sentía feliz de tan agradable comportamiento y ya me marchaba, cuando el Político en que se había convertido el Zapatero remendón, me recordó que en la silla me dejaba una bolsa, que contenía una máquina eléctrica de afeitar, que venía de arreglar, después de pagar un buen precio.

¿Por qué no elegimos políticos como el zapatero, que además de ser amables, gobiernan la economía con honradez y hacen ver al pueblo un porvenir próspero?.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Han caído derribados los arcos de los Porches


Han caído derribados los arcos de los Porches, que cual nuevos claustros civiles se elevaron en su tiempo, cabe y sobre, el viejo convento franciscano. Bajo los claustros conventuales pasearon, pasando las cuentas del rosario o meditando, aquellos frailes franciscanos que cubrían sus cabezas con capuchas y ocultaban sus manos en las anchas mangas de sus pardos sayales.

Al abrigo de los nuevos arcos, como claustros laicos, dedicados al prohombre Vega Armijo, pasearon a su vez, los ancianos, los mozos y las mozas; aquellos conversaban sobre tiempos pasados y aventuras amorosas, que renovaban simultáneamente los segundos, que en ocasiones se escapaban por parejas, al vecino Parque. Los adultos entraban en el  Flor, discutiendo de  negocios y  de  política, de guerras y de paces.

Bajo el suelo del bar, estaban escuchando las conversaciones, yaciendo en decúbito supino (resopinaus decía un viejo de mi pueblo), aquellos franciscanos que otrora pasearan.

Coincidía la capilla lateral, de la que fuera iglesia, donde los rumores de rezos se escucharon, con el espacio donde,  más tarde nosotros, acompañados de una copa o de un vaso, decíamos nuestras disparatadas o acertadas opiniones sobre los acontecimientos mundanales.

Aquellos muertos estaban bajo nuestros pies y al cerrarse la puerta y apagarse las luces del Bar Flor, comentaban en el silencio de la tumba y de la noche, la vanidad de nuestras vanidades. ¡Hoy ha venido el Rey!, decían unas veces, otras que el Jefe del Estado; en ocasiones comentaban como aquel ministro que tanto había prometido en el Palacio Provincial, tenía su cartera en peligro de perderla. Pasaron por sus calaveras todas las teorías políticas, el conservar de los conservadores, el progresar de los progresistas y antes las soflamas de los liberales y carlistas. Tal vez llegara hasta sus tumbas la humedad de lágrimas derramadas por cesantes y por viudas y huérfanos de las guerras. ¡Qué tristes sensaciones llegaban a sus huesos al percibir las ondas de la envidia, del afán de poder entre los políticos, del vicepresidente que aspiraba a robarle el escaño al presidente, de las promesas vanas a las gentes de pueblo, con el fin de conseguir sus votos!.

Después de muertos se enteraron que el amor, de que ello no gozaron, era una trampa que la Naturaleza preparaba a los hombres por perpetuar la especie y alcanzar beneficios materiales con las dotes. De sus dientes desnudos, al carecer de labios, no brotaban sonrisas pero les daban ganas de batir mandíbulas en ataque de risa, al escuchar de una mujer o un hombre, juramentos de amor, que hacían a diario a personas distintas.

Ha desaparecido la Diputación y con ella el Bar Flor y debajo de sus tumbas, tumbados, he conocido a dos frailes franciscanos. No llevaban cogulla ni rosario, tampoco se notaban los vestigios de su modesto hábito religioso. Los contemplé frente al cielo, desnudos no sólo de sus ropas y sus carnes, sino también de toda vanidad y de ambiciones.

Eran esqueletos con sus brazos cruzados como en vida llevaron tantas veces, pero estaban como felices y contentos porque estaban bañados por la luz de la que tanto tiempo carecieron. Me acordé del poeta cuando dice. “se ha de ver tu calavera al final de la jornada en las manos afiladas de un trapense o agustino y por donde hoy entran las locas alondras del pensamiento, por la fuerza del destino ha de entrar un día el viento. Memento”. Entraba el viento en sus órbitas y estaban desprovistos de vanidades. Volví a verlos varias veces porque me resultaban símpáticos, allí  “resopinados”. Eran mudos testigos de cuantas cosas pasaron y se dijeron en el centro de Huesca, durante largos años y yo me los miraba y ¿me miraban?, ¡no lo sé!. Las locas alondras del pensamiento entraban por mis ojos y el viento por sus órbitas y pensé que todo muere; miserere de carlistas, liberales, presidentes, diputados , generales y soldados.

Fui hace poco a saludarlos y la joven arqueóloga que grácilmente se movía investigando por las zanjas, los había recogido en sendas bolsas de plástico. Aquellos armazones de huesos tan armoniosos, que fueran sus tumbas, se habían convertido en cúmulos óseos, informes, encerrados en bolsas. La joven que respetuosamente los había recogido, me dio la sensación de que lo sentía, pero era necesario cumplir con su deber. Sonrió y tenía unos hermosos labios. Di gracias a Dios.


martes, 29 de mayo de 2012

La Gioconda y sus hermanas




El hombre es una copia de la realidad divina. Parece imitar las obras del Eterno, que desde el Cosmos inmenso creó al hombre en la Tierra. Y el hombre lo imita, desplazándose a la Luna    y está preparando su viaje a Marte.

El Mundo está creado y el hombre en esta vida está siempre buscando, desde niño, como mi nieto Luis, que no pierde de su boca, la interrogación del ¿por qué?, ¿por qué?... Van, desde su niñez hasta su madurez, los hombres, como Leonardo Da Vinci (1452-1519), preguntando el porqué de las cosas, que domaba lagartos, para convertirlos en dragones. Y con el arte,  y el estudio de tantos temas, como la anatomía entre un lagarto y un irreal dragón, quiere dar un sentido literal a las reacciones psicofísicas del hombre, en el que está representada la imagen de Dios y del bruto sin alma. Y la materia y el espíritu, el Bien y el Mal, hacen luchas encarnizadas, que Leonardo “representa en una batalla”, en la que, como escribía Piero de Cosimo,  “habían vomitado algunos, imaginando batallas entre jinetes, extrañas ciudades y los paisajes más extensos, nunca vistos”.

Con el estudio de tantos temas, las  reacciones psicofísicas, aparecen en el retrato que hizo a Mona Lisa, donde se adivinan o al menos se sospechan síntomas androides y sonrisas que se adivinan,  pero que no se ven y miradas que hacen dudar en si te amo, me amas o eres el porvenir en polvo de nuestra Naturaleza.

Vasari en 1550, escribió:  ”Por tal motivo formó en su alma un concepto tan herético, que no se acercaba a ninguna religión, acaso porque prefería ser filósofo que cristiano”. Esta opinión la siento cuando miro el retrato de Mona Lisa, desde abajo y muevo mi cabeza hacia la derecha o hacia la izquierda. De un rostro hermoso, me salen situaciones “heréticas”, como ojos con párpados caídos y un rostro, que no sé que extraña “herejía”, trata de transformarlo de femenino, en el de un hombre. En el Tomo V de Historia del Arte de J. Pijoan,  pone:  “En 1962 se logró una radiografía de esta tela (más bien acebo), que reveló la única e indiscutible firma del maestro. Inquietante como la Gioconda, es la imagen de un ser que oscila entre la feminidad varonil y una virilidad de sutiles languideces”. Al observar directamente la sonrisa de la Gioconda, ésta desaparece, pero vuelve a aparecer cuando uno se fija en distintas partes del cuerpo. Después de mi experiencia en mirar de distintas formas la Gioconda, me quedó la duda de si es una sonrisa la que sale de sus labios o no lo es,  pues reparte amargura. Yo pensé unir la belleza producida por Leonardo Da Vinci, con la ¿fea o bella? ingenuidad, que me causó la impresión de no ser fea, con los ¿feos o bellos? dragones del artista de Bolea.

¿Por qué Leonardo busca extraños animales, cuyo aspecto  terrorífico  contiende con la belleza de Mona Lisa?. Hay que mirarla en mi pequeño cuadro, con toda su belleza misteriosa, rodeada por Dragones, que me regaló mi amigo, hace cincuenta años, cuando yo ejercía en Bolea de Veterinario y  él  era un Músico, que esculpía sonidos y tallaba en la madera, un marco rodeado de Dragones, en cuyo interior yo expuse un retrato de la Gioconda.  Me causaba Ingenuidad, el aspecto  de los dragones del artista de Bolea, hasta que aprendí a  mirar el retrato de Mona Lisa, que me dio la impresión, al ver la figura  boca abajo,  de ser un hombre en lugar de una mujer.

 Y el agudo pintor Duchamp el año 1919, sacó otra Gioconda o Mona Lisa, mujer de Francesco dl Giocondo, con bigotes y barba. ¿Quiso aclarar los tenebrosos problemas de Leonardo Da Vinci, aclarándolos?; para unos con “cachondeo” y para otros con realismo. 

¿No le pasaba lo mismo a Leonardo,  en proporciones inmensas?. Porque Leonardo resultaba un hombre raro en su manera de vestir  y de ser. Se sentía a veces sólo y melancólico y en una homosexualidad,  que le originaba conflictos. Siempre estaba buscando contestación a los ¿por qué?, al presentarse problemas en su cerebro.

Estaba impregnado por los problemas de la Naturaleza y fue arquitecto, escultor y pintor. Y se preguntaba ¿por qué no podemos volar los hombres como las aves?, convirtiéndose en un precoz ingeniero de la aviación, pensando en las alas con plumas de la aves y en las láminas epiteliales de los murciélagos. Pero ahora me pregunto yo ¿por qué pensó,  al principio volar con las plumas?, porqué siendo niño y estando acostado, un ave tocó sus labios con la cola y a partir de ese contacto, el niño Leonardo soñó con poder volar. ¿Viene de esta aventura, su condición de androide?, porque no se casó y sin embargo tuvo amores con Mona Lisa. ¿Es  que cambió las plumas por alas cutáneas?.

Es inmensa  su ”belleza y la rodean múltiples misterios en los  ¿por qué?,  los hombres se preguntan si la Gioconda es una mujer , un hombre o las dos cosas a la vez. El mismo Leonardo escribió: ”Si tenéis un compañero, sois dueño de la mitad de vuestra persona”.

 Es el cuadro más famoso del Mundo. Se expone en el Museo del Louvre, ya que lo adquirió Francisco I de Francia. 

Tuvo el cuadro de la Gioconda otros hermanos, como el que antes he citado del pintor Duchamp, que realizó en 1919, en que la dama o caballero o mezcla entre ambos, aparece con barba y con bigotes.

En el Museo del Prado se ha redescubierto una copia de la Gioconda, que parece haber sido realizada en el mismo taller de Leonardo, por Francisco Melzi.

En este cuadro no he mirado “si la sonrisa desaparece al mirarla directamente y reaparece cuando la vista se fija en otras partes del cuerpo”.

viernes, 25 de mayo de 2012

El pueblo chino sale de sus ”Murallas”, por el Mundo




Siendo todavía un niño e incluso durante mi juventud y parte de mi madurez, no conocía a los escasos chinos, que convivían con los españoles, un tanto apartados unos de otros. Pero ahora los ves por la calle, por sus tiendas y repartiendo papeles de propaganda comercial, por las Escuelas e incluso por los pequeños pueblos. Mis nietos ya los han conocido siempre, porque van por sus almacenes, donde venden juguetes, ropas,  libros, pinturas y toda clase de objetos para trabajar  o para adornar a las personas. Los chinos van aprendiendo, muy poco a poco, nuestra lengua, pero nosotros no aprendemos el chino. En un almacén,  que yo frecuento, no consigo apenas hablar ni con el chino ni con la china, pero encima del mostrador de su tienda, contemplo, con una pena, por no comprender su texto, un periódico chino, que no sé si es del  día o de la temporada.


Yo conocía los chinos por algunas obras de arte, que trajeron algunos paisanos, de su estancia, a veces militar y otras civil, de las Islas Filipinas, en las que ya no queda casi el idioma español. Pero, por ejemplo en el artístico pueblo de Fonz, en alguna casa-palacio de algún infanzón aragonés, que allí había residido, y en casa Cavero de Berbegal, se conservan pinturas chinas, que tienen un gran encanto,  pero que son de un estilo diferente al occidental. Yo mismo tengo un guerrero chino, montado en un pequeño caballo, que alguien labró en madera, en China, tal vez en el siglo XVII. Se ven,  a veces abanicos o batas de seda de múltiples colores. No hace muchos años se descubrieron en China,  bajo tierra, una multitud de soldados, todos distintos. ¿Por qué, en esos cuadros, son diferentes aquellos palacios, con sus jardines y sus flores, de los nuestros?.  Algunos dicen que será por una distinta forma de mirar y de ver la luz, que tienen los rasgados ojos de esos hombres, llamados por nosotros  amarillos, de nuestros ojos. Yo creo que la diferencia no se encuentra en el órgano de la visión,  sino en el espíritu o en el cerebro de aquellos hombres y mujeres amarillos.


Los niños, en occidente, admirábamos los cuadros, las tallas y los kimonos, pero a los chinos les resultaba difícil contemplarlos, fuera de China, porque vivían en esa Gran China, rodeados por su Gran Muralla, también China. Y a penas salían de ella, cuando sus hermanos del Norte, es decir los también de ojos rasgados y de ojos amarillos, al ser nómadas, salieron de Mongolia y de China y dominaron la nación más grande que ha habido en la Tierra.


Estaban concentrados en su enorme nación y salían poco de ella, pero ahora que está aumentando su dinero, entre otras razones por su dedicación al trabajo y su espíritu comercial, se han dado cuenta del gran poder que están alcanzando y salen por el mundo y crean en los países más lejanos de Asia, comercios,  industrias y como se dan cuenta del problema de la futura alimentación de los de piel amarilla y ojos rasgados, dicen que están comprando grandes extensiones de tierra, por ejemplo en Africa y la podrán cultivar o encontrarán en ellas minas,  petróleo y alimentos, para desenvolver su raza por el mundo,  no sólo en el Asia Oriental. Buscan  los alimentos, igual que sus hermanos, los mongoles, emprendieron sus invasiones para buscar alimentos.


Fue Marco Polo, el veneciano, el que realizó sus viajes a Catay, como llamaban entonces a la China. En 1271, a la edad de 17 años, salió de Venecia en compañía de su padre Nicolás y de su tío Mateo, hacia el Extremo Oriente. Tardó unos 17 años en volver y entre tanto tuvo la oportunidad  de hablar con astrólogos chinos y con magos y lamas del Tibet. ¿Cómo no iba a cambiar impresiones con los chinos, si llegó a formar parte del gobierno de  uno de los emperadores del País?. Se recreó en la arquitectura, pues vivió  en palacios y visitó templos. Escribió el Libro de las Maravillas y comerció con la seda, introduciendo en Europa la pólvora, que se utilizó por primera vez en España en la batalla de Niebla, en la provincia de Huelva, en 1262. Hasta Cristobal Colón tuvo escritos de Marco Polo. Es marco Polo, el hombre  considerado como el fundador de la Ruta de la Seda.


Los mongoles, de raza de ojos rasgados, es decir de la raza amarilla, igual que los chinos, forman parte de la Historia de China. Aun ahora en que  Mongolia Interior es un Estado Autónomo dentro de China y conservan el idioma Mongol, favorecido por ella. Así como Marco Polo escribió sobre las invasiones mongolas,  ahora el gran cerebro de  Eduardo Punset, además de ser escritor, abogado y haber sido ministro de Relaciones para las Comunidades Europeas, expuso sus antecedentes mongoles, que originaron éstos, en los Montes Pirineos, cuando invadieron Europa Central, buscando nuevas tierras para sacarles provecho agrícola. Invadieron también Bulgaria en 1236, parte de la India y Afganistán. De tal forma conquistaron nuevas tierras que llegaron a ser el estado más grande de la Historia. Gengis Kan, volvió a la vieja costumbre de atacar con frecuencia a China, para conseguir alimentos. Pero éste se dedicó no sólo a entrar en China, sino  que invadió medio Mundo. Para conseguir la victoria en tantas batallas,  fue el primer militar que utilizó la pólvora, como arma en sus guerras. No conquistaron más tierras, porque no buscaban el dominio de muchos más territorios,  sino la producción de productos agrícolas. Tal vez por esa búsqueda llegaron los mongoles a los Pirineos y al ver tierras montañesas, sin apenas producción agrícola, se volvieron,  pero dejando rasgos mongoloides en algunos habitantes de los Pirineos. Este es el caso del “Gran” Eduardo Punset, que explica su condición, de ser fruto de los europeos con los mongoles.


Pero no fue sólo en los Pirineos donde los mongoles asimilaron las culturas de los países que conquistaban, sino que fueron absorbidos en El Caucaso, en Hungría, en Bulgaria e incluso en –Alemania. Desde que Gengis Kan en 1206 fue el Jefe de los Mongoles, durante casi un siglo dominaron en Asia y en gran parte de Europa, incluida, Italia.


Los Mongoles del Norte de China y de la misma China, eran nómadas, montaban sus pequeños caballos y comenzaron  a invadir,  casi todo el mundo conocido,  ya mediado el siglo XIII y durante casi cien años, hasta que llegó Marco Polo. En cambio los chinos eran más permanentes en su tierra con su civilización, que desde 1539 hasta 1606,  prosperaba, con grandes adelantos en Ciencia y en Arte, que culminó con la terminación de la Gran Muralla. En aquellos años no dejaban entrar a nadie,  ni a San Francisco Javier,  que se acercó tanto a los chinos, que murió el año de 1552 en la isla china de Sanchón.  En 1585, entraron los dos primeros misioneros.


Así como los mongoles del Norte de China y de la misma China, conquistaron una gran parte del mundo conocido, para buscar los alimentos, ahora, repito, son los chinos  los que se expanden por todo el mundo, buscando también los alimentos para su enorme población. Se están haciendo con el comercio y con la industria. Les falta hacerse cargo de la agricultura, pero en Africa están comprando extensiones de tierra, que aprovecharán, para explotar el  petróleo,  los minerales y después los productos de la Tierra. Son, en general gente trabajadora, pacífica y no sé si asimilarán la cultura europea, como hicieron los mongoles, pero que ya no saben algunos que son mongoloides; es decir que tienen ciertos rasgos genéticos del pueblo mongol.   


Es raro que los mongoles, de color amarillo y ojos rasgados como los chinos, se lanzaran en el siglo XIII a conquistar el mundo, impulsados por sus costumbres nómadas y entre tanto sus hermanos, amantes de su tierra no quisieron abandonarla. Aunque tienen sus diferencias, son una misma raza de hombres, con sus variedades entre otras de sus costumbres, pues los mongoles necesitaban ser nómadas y sus hermanos no sentían necesidad de desplazarse de su tierra.


Pero, ahora, “el pueblo chino, sale masivamente de sus Murallas, por el Mundo” y el pueblo de siempre, los conoce en sus comercios y los ve caminar o circular en vehículos por las calles, pero no es frecuente verlos en los espectáculos. Dicen algunos que entre ellos, los hay que son esclavos de juego. Otros, como ven al pueblo chino igual que un pueblo aislado y sin trato con los habitantes antiguos de las ciudades, imaginan que son autores de actos de mala índole. Se preguntan si los chinos no se mueren, pues no han visto nunca enterrar a uno de ellos. Relacionan su búsqueda de alimentos con la afirmación de que muelen sus cuerpos para añadirlos a los platos que sirven en sus restaurantes. Pero no se dan cuenta de que no son de mal corazón, sino que yo he visto a una china, acudir corriendo a ayudar a un ciudadano, que yendo en una silla móvil, había tenido un accidente. Pero el chino que más he admirado estos últimos años, ha sido un señor, ya mayor, que lo encontrabas frente a algún árbol, alto y voluminoso, que daba la impresión de estar manteniendo un diálogo con el vegetal. Así era, porque acercaba sus manos a su corteza y con los ojos cerrados, parecía comunicarle sus inquietudes , no sólo sobre cómo alimentar su cuerpo,  sino como alimentar su espíritu. El chino unas veces estaba al lado del árbol,  pero otras estaba ausente. En cambio el árbol, siempre miraba el horizonte desde la alturas de sus ramas, no tenía problemas para alimentarse  ni para refrescarse con el agua que del cielo caía. Se reproducía con los piñones que lanzaba el aire desde arriba hasta el suelo. Estaba siempre tranquilo y feliz y al chino, con su frente apoyada en su corteza, le recordaba su milenaria permanencia en China y tenía que seguir meditando y trabajando en Occidente, como le comunicaba el árbol con su también centenaria permanencia en el mismo lugar del Parque.


Las teorías chinas sobre el descanso y la reflexión eran contempladas por muchos oscenses y se acercaron al árbol  y a su amigo el chino y todos los días, por la madrugada, acudían y se movían con tranquilidad, doblando sus cinturas y alzando sus brazos, como el árbol agitaba sus ramas en lo alto. Todos los oscenses bailaban el humano y cerebral baile, que dirigía el Chino, del que yo, no he podido pronunciar su nombre. No sé si se ha muerto o ha regresado a su país de origen porque ya tenía muchos años, pero un grupo de oscenses siguen en silencio, meditando las lecciones del chino. Igual que los mongoles dejaron a Eduardo Punset, con su sabiduría,  casi plena, el chino oscense ha dejado en Huesca a un grupo de ciudadanos, que meditan.


He salido a dar una vuelta y me he encontrado al Doctor Daniel Carmen, uno de los primeros seguidores del profesor Chino. Hemos hablado y al preguntarle si había muerto su buen profesor, me ha dicho que sí. Acudieron al tanatorio de donde lo llevaron a enterrar al Cementerio de Huesca. Estaba en su ataúd vestido de Mandarín con ropas de color azul, que es el color de los hombres, mientras el de las mujeres es azul. Los hijos y nietos de Ba Yang, equivalente a Juan, llevaban en sus brazos un corazón, también de color rojo .¿Cómo me enteré del nombre del Chino Ba Yang?. Me lo comunicó su discípulo el Doctor Daniel Carmen. Sus familiares pidieron permiso al encargado del Tanatorio para quedarse durante la noche a velar por su antecesor, amante y amado profesor. Por la mañana,  al despedirse para ser conducido al Cementerio leyeron su vida primero en castellano y luego en la lengua de los Mandarines. Lo llevaron al camposanto,  donde descansa en su tumba, con su nombre, escrito en chino. Sus discípulos oscenses quieren pedir al Ayuntamiento permiso para poner una placa en castellano. Cuando volvieron del entierro dieron a todos, chinos y discípulos oscenses un ágape en el Restaurante Chino de uno de sus hijos.


¡Ojalá que dure la amistad, el respeto y la cultura entre blancos y amarillos!, porque mi amigo Escar, sentado en un Bar de los Porches me dijo: ”Yo creo que dentro de doscientos años,  poco más o menos, habrán invadido los chinos todo el Mundo y se habrán hecho dueños de las tierras, como ya las han comprado en Africa”. Yo,  deseo que reine entre unos y otros la misma armonía que reinaba en los ejercicios gimnásticos que dirigía Ba Yang en el Parque y el respeto y emoción que se guardaron en su entierro. Igual que en España luce el talento de Eduardo Punset, con sangre mongola en sus venas y en su cerebro, será preciso que luzca el talento chino en sus cerebros. En el Colegio entran muchos niños y niñas chinas adoptadas por ciudadanos españoles.    
Pero para que exista la paz entre unos y otros, tendrá la humanidad que trabajar como los chinos. 

domingo, 20 de mayo de 2012

Los pueblos se acaban


La vida de los pueblos se va acabando poco a poco, porque en el Ayuntamiento de Siétamo quedan en el núcleo de Arbaniés muy pocos habitantes, ya ancianos y muchos se han muerto, como la señora Carmen, dueña de una hermosa casa con unas rejas de forja artística. Le dio al pueblo un céntrico y hermoso lugar para construir una piscina. En Castejón de Arbaniés, que prácticamente se está acabando, pero a pesar de su terminación, van acudiendo castejonenses, a la vieja Escuela, que convirtieron en un hermoso salón, donde acuden a conversar algunos antiguos habitantes, que se marcharon a Huesca y no pueden olvidar su hermoso pueblo, Castejón, desde el que se contempla la Sierra de Guara. Allí va con mucha frecuencia la que fue buena Alcaldesa de Siétamo, Marina Viñuales. Hacia el Este de Siétamo se alza el noble pueblo de Liesa, que en siete pórticos de siete casas, se exhiben siete escudos infanzones. Dentro de una iglesia, en la que se ven hermosas pinturas, tal vez románicas y saliendo hacia Ibieca, se pasa por debajo de la Ermita de Santa María, de donde se llevaron un cuadro románico, que representaba el juico y martirio de San Vicente, a Huesca capital. He conocido en Liesa a muchos, entonces ancianos, que se fueron a otro mundo y hoy, cuando llegas al pueblo, ya no tienes con quien recordar tiempos pasados.

En Siétamo, con el Castillo-Palacio desaparecido, se hicieron numerosos chalets de los que unos están poblados, pero muchos vacíos de vecinos. Son dos las partes de su población, una la antigua y otra la más moderna, que compraron sus numerosos chalets y a ellos van a dormir muchos y otros acuden a comer o a cenar y a llevar sus hijos a la Escuela. La población clásica, va como la de Arbaniés, Castejón y Liesa, desapareciendo poco a poco, en tanto la población nueva, una parte de ella, sigue viviendo en Siétamo con constancia, en tanto otra parte va desapareciendo, en algunos casos vendiendo sus recién compradas viviendas. La gente antigua se trata, conserva la amistad, pero a pesar de sus costumbres, tiene cerradas las puertas de sus casas, que antes siempre mantenían abiertas, y han hecho desaparecer las gateras, por las que entraban y salían los gatos. Los nuevos habitantes, en su mayoría, han hecho amistad con los clásicos moradores de Siétamo, en tanto bastantes no se comunican ni con los viejos ni con los nuevos. Les parece que están poblando un pueblo dormitorio. Ya van quedando menos labradores y ganaderos, que sienten que los nuevos digan que sus animales ensucian y hacen que huela mal el ambiente.

Yo,  en esta tarde lluviosa y oscura, he acudido a ver a la señora Joaquina de Bruis, de apellidos Larraz y Latre. He venido a verla porque se ha caído y se ha roto un brazo. Al entrar en el patio de casa, he encontrado un gato que quería salir de casa, pero no podía por carecer de gatera para hacerlo. Los gatos necesitan entrar y salir, pero sin gatera ven su vida entristecida. He subido a la sala, donde se nota un agradable calor, producido por un hogar en el que arden tizones de carrasca, como ardían en esos hogares, ya hace siglos. Pero alrededor del hogar, que con el fuego de la leña, reparte el calor y en su alrededor, estaban mujeres y hombres con apellidos de toda la vida, a saber, Borruel Caborbaya, Lobateras Arnillas, Carmen de Gaspar y yo con el apellido Almudévar Zamora. Los viejos pobladores de Siétamo nos necesitamos los unos a los otros  y Joaquina es la mujer de Siétamo más ligada con la amistad de todos los habitantes, los antiguos y los nuevos. Es una mujer que ha trabajado toda su vida, unas veces conduciendo la “tocina” a Castejón a cubrirla con el verraco, que allí mantenían, otras veces trabajaba en el Molino Viejo, cogiendo verduras y frutas. También recogía dulces, litones, fajos de leña por el monte, cuidaba las gallinas y los pollos, que todavía conserva y cuando iba a la playa, se traía pichones blancos, que en dicha playa le regalaban los guardias municipales. Joquina ha sido aficionada a la literatura del pueblo, pues sabe un romance compuesto por su padre, de los bueyes que llevaban a “apajentar” por cerca del río. También se acuerda de las letras de numerosas jotas que cantaba su padre. Es pariente del cantor humorístico Carlos Latre, que en Barcelona cultiva lo que Joaquina ha cultivado toda su vida. El padre de Joaquina compuso y cantaba este romance: ”El oficio de boyero es un oficio muy chulo/ toda la semana labra y el domingo, lo primero./ Lo primero es ir a misa, lo segundo es almorzar/lo tercero es el pensar, dónde hay que ir a hacer mal./ allí en las huertas del Piojo, hay un alto panizar. / ¡Entra negro y entra blanco!, porque allí,  os podréis hartar./Nos sacamos la baraja, nos ponemos a jugar./Mora se jugaba un duro, Labarta sólo un real,/ Moreta el pan de la alforja, por no llevar capital.

Ahora en que los pueblos van cayendo poco a poco, se podría volver a cantar la misma jota, con la que se quejaban, después de la Guerra Civil: ”Siétamo ya no es Siétamo/Siétamo de mucha fama,/ un labador sin cubierta/ y una torre sin campanas”.

viernes, 18 de mayo de 2012

Los claustros de San Pedro el Viejo

Claustros  San Pedro

Hoy he vuelto a los claustros de San Pedro el Viejo, a contemplar de nuevo los labrados capiteles preñados de figuras de ingenuidad inmensa,  claustrales  y meditado sobre las urnas sepulcrales, he pisado las losas holladas tantas veces por babuchas morunas y sobre todo por abarcas mozárabes. He soñado con los pasos levitantes del Rey Monje, que pasea, salmodiando por las noches, recordando las liturgias de San Ponce de Tomeras y escuchando las campanas de las doce calaveras, me he adentrado en las Capillas Sepulcrales donde yacen los esqueletos de los niños, de los Reyes, de abades y caballeros, ahora todos de igual suerte y guardados por la muerte.

Tras inscripciones góticas duerme nuestro Rey Alfonso, llamado el Batallador.¡Ay, cuanto de silencio se ha escuchado en tus claustros desde siglos pasados!.los ritos mozárabes y el canto gregoriano no rompen el silencio, lo acompañan solamente.

Tras un largo reposo hay hoy fiesta en San Pedro, el pueblo vuelve, suenan violines, cuyos arcos de paz contrastan con los arcos que tensaran otrora los fieros guerreros.

El Rey David, bajo su dosel, suena un arpa de piedra y el son del violín, en mi loco soñar, creo oírlos surgir del mudo capitel. La bailarina de los pechos erectos, retuerce el cuerpo, recobrando la vida lascivamente por un momento.

Los acordes del arco en el violín, se ven interrumpidos por un ruido estridente y cornudo de los borrachos, que van pasando por la calle.

Las notas que duermen en las cuerdas del arpa de David, así son cercenadas por el grito horrísono, que parece que lanzan los gritos violentos, lenguaraces y obscenos del otro capitel.

Vuelve el silencio al Claustro, pero al cerrar los ojos, los sones más arcanos se pueden escuchar.

La Virgen de Nunca.-


Dicen que quieren llevar el agua del Ebro a lejanas regiones. Tal proyecto aturde a los  aragoneses, que desde hace muchos años quieren regar sus tierras y no lo han  conseguido. Por ejemplo en mi pueblo de Siétamo, los vecinos hemos intentado en tres ocasiones regar nuestras tierras; la primera en 1823, intento que se canta en la jota  siguiente: ”Los señores de Siétamo- pusieron el monte en huerta- y “pa” la Virgen de Nunca- pasa el agua por la acequia”. La segunda tuvo lugar en 1915,cuando veintitantos pueblos de la cuenca del  Guatizalema acordaron levantar el pantano de Vadiello, pero no lo levantaron ellos sino, que   después de la guerra civil, lo levantó el Regimen  y les llevó el agua a la capital, dejándonos de secano a los que dos veces habíamos planeado regar con aguas de nuestro río. La tercera vez,  para evitar gastos, cruzaron el canal que venía del pantano del Grado, por la carretera n-240,a la altura de  Peraltilla, perdiendo el nivel de las aguas  hacia arriba y olvidándose  de regar Angüés, Siétamo, Loporzano y por fin Huesca.

Y,  ahora, tal vez sea para “consolarnos”, vemos como se quieren llevar el agua, sin saber seguro si vamos a poder usarla, cuando sabemos, como nos dice el viejo sistema de riego “por boquera”, que se empieza a regar por arriba y se acaba por abajo.

En muy poco tiempo han abandonado en Aragón la Agricultura 1.600 agricultores y luego dejarán la Ganadería, quizá otros tantos. Ya lo profetizaba la canción de Siétamo: ”Los señores de Siétamo - pusieron el monte en huerta- y “pa” la Virgen de Nunca –pasa el agua por la acequia”.

Con profecías como esta y con la triste experiencia vivida por los agricultores parece imposible esperar otra solución. 

En estos primeros días del siglo XXI, en la trastienda de Don Federico Balaguer, he escuchado la conversación entre dos señores, ya mayores. Uno Nicolás Bagüeste, nacido en Buera y el otro Hilario Mateo, nacido en Pertusa. El primero recordaba las palabras de su padre sobre Joaquín Costa, cuando decía a los muchachos de Graus: ”Escucháis  el ruido que hace el río, pues es el agua la que lo provoca y que puede convertirse en oro, porque haciendo presas y canalizando el agua correría y regaríamos toda la provincia”.

Hilario Mateo, al escuchar estas palabras, contestaba con las que su padre había escuchado a Joaquín Costa:”¿Veis la nieve que blanquea aquellos Puertos?, pues se podrá aprovechar par regar todos los campos de secano de la provincia”. Intervino de nuevo Nicolás Bagüeste, diciendo que el Canal que nace en el Pantano del Grado, se concibió en otros tiempos, según afirmaba su padre, para regar todos los campos de secano de la Provincia. Intervino de nuevo Nicolás Bagüeste, diciendo que el Canal que nace en el pantano del Grado, se concibió para regar, en otros tiempos, según afirmaba su padre, entre otros lugares a  Buera, donde tenía una finca llamada Bachimaña, donde había hablado con unos ingenieros que por aquella zona determinaban los lugares donde había que clavar estacas. Después regaría por Abiego y su comarca, luego por Angüés y la suya, más tarde por Siétamo y pueblos próximos, por Loporzano, por Quicena, por Huesca, etc. etc. Añadió Nicolás que, en Berbegal, un señor desvió una acequia (la de Terreu) para no regar su enorme finca, para evitar expropiaciones, dejando de paso de secano a varios pueblos, entre ellos a Terreu y al Tormillo. Hilario Mateo al oír hablar de dicho caso, se acordó, pues él había trabajado en Auxini en la citada zona de Berbegal (Monesma y Morillo) y dijo como habían hecho un descenso del agua de unos seis o siete metros, por no regar la enorme finca que he citado de dicho señor. Dijo que el salto de agua lo podían haber empleado para producir energía eléctrica para poder regar por aspersión. Y se acordó de que en su Pertusa natal también se oye el ruido del río Alcanadre que pasa por su profundo cauce, mientras riegan con el Canal de el Grado. En tanto dicho río tal vez se dedique a regar Murcia o Almería, en tanto que aquí nos quedamos viviendo en un desierto. Este Hilario me salió con una jota, parecida a la de Siétamo, que cantaba con sus compañeros por la calle, cuando eran niños, que decía así: ”El canal de los Monegros-ni lo han hecho ni lo harán-porque los ricos no quieren-que los pobres coman pan”.

Al salir a la calle me encontré con otro hombre ya mayor de Mipanas y hoy vecino de Huesca que me dijo que viajando por San Lorenzo de Flumen, Frula, Montesusín y Orillena se ven tierras, que antes eran desiertos y ahora están convertidas en vergeles.

jueves, 17 de mayo de 2012

José Buenventura Durruti, ( 1896 a 1936)

Plaza Mayor de Sietamo

Yo, en el año 1936, iba a la Escuela con el Maestro Don José Bispe, que al entrar en ella, nos ordenaba, apoyados en la pared, mostrarle nuestras manos, y  si estaban limpias las manos del primer alumno, pasaba al siguiente, pero si no lo estaban, golpeaba con su regla en las palmas de sus manos. Allí estábamos Rafael Bruis y yo, vecinos de casa y de la misma edad, jugando en el patio de recreo, con tierra a la que mojábamos con nuestra orina y construíamos, no sé si eran casas o acequias de riego. Éramos felices con nuestros juegos, con la Fiestas, en las que entre otros como Bastaras, tío de Mosen Cabrero, actual Párroco de Alquézar y Escartín,  que me regaló una onda, con la que de niño mataba gorriones, jugaban a la pelota en la fachada del Ayuntamiento. El destino, entre tanto preparaba la Guerra Civil. A Bastaras lo fusilaron los rojos y Escartín ha muerto hace escasos días, este año de 2012.En las elecciones, nos llevaban nuestro padres, al aula donde el Maestro nos enseñaba a leer y a escribir. Unos votaban y algunos jóvenes, como Graseta, escalaban las columnas de hierro pintadas de negro, subiendo alguno, hasta el techo de la Escuela. Allí se veían caras de hombres que soñaban subir al poder local y otros, que, acaso, temían  bajar fusilados, debajo de la superficie de la tierra.

Llegó el mes de Julio de 1936 y yo no temía nada, pero veía a mi familia preocupada. Mi tío José María, siempre soltero, sentado en la cadiera del hogar, bromeaba poniendo su rostro, inclinado y apretando sus labios, imitando la figura del fascista Musolini, como pronosticando una lucha múltiple entre conservadores, fascistas y anarco-comunistas. Si, se presentó una Guerra cruel, no entre dos ejércitos, uno real y otro republicano. Con el Ejército, colaboraron  los falangistas y los requetés, acabando por la Dictadura de Franco, unidos.  Contra el Ejército sublevado, se alzó la Revolución, formada por los comunistas  y los anarquistas con los que el Ejército en la zona roja, fue dominado por los comisarios.

Pero aquella vida feliz, se acabó uno de los últimos días del mes de Julio de 1936. Entraba yo en casa de mis padres y de repente se oyeron ruidos producidos por cañonazos acompañados por continuos silbidos de balas de fusil. No pude entrar en casa porque desde el patio, me aterrorizó el derrumbamiento de la habitación de mis padres, al Este, de donde caían los cañonazos. Sería la media mañana y a los pocos minutos, ya estábamos mi madre con mis otros cinco hermanos y por varias familias de la que recuerdo a la de Bruis, con mi amigo Rafael, que lloraba, en un cuarto bajo de la iglesia. De vez en cuando, mi tía Luisa, hermana de mi padre, salía hacia casa para buscar alimentos y bebida para aliviarnos aquella cruel prisión. Duró aquel bombardeo hasta que empezó a caer la tarde. Salimos del refugio y bajamos a la carretera, al lado de casa Ribera, donde nos subieron en un camión, que nos llevó a Huesca. Paró el camión en la Plaza de Santo Domingo,  a la entrada de Huesca, Allí nos esperaba mi primo hermano de quince años, José Antonio Llanas Almudévar, que se llevó a su casa a mi tío José María y mi tía Luisa. Con sólo quince años, José Antonio se presentó voluntario en el Ejército, pero lo mandaron a su casa, porque estaba débil y veía muy poco, aunque la dignidad y el valor le sobraban. Nosotros fuimos al Coso Alto a casa de mi abuela materna, Agustina Lafarga  Mériz, viuda de Zamora. Este fue el principio de una fuga de la muerte, pues fuimos primero a Jaca, después a Ansó y mi padre y mi abuela, estuvieron en Zuriza, para ver la posibilidad de emigrar a Francia. No hizo falta.

Cayó Sietamo el día 31 de Agosto y el dos de Septiembre lo recuperaron los nacionales. Siguió Siétamo resistiendo hasta el día trece de Septiembre, en el Castillo del Conde de Aranda y en la torre de la iglesia, de donde escaparon por una ventana enrejada y pequeñísima. El Sargento de la Guardia Civil, apellidado Javierre, se vio negro para salir, pero al fin lo hizo, quitándose incluso la ropa interior. Marchó a Huesca,  pero a los pocos días había vuelto a seguir defendiendo el pueblo de Siétamo, donde murió por los balazos de una ametralladora. Fue este señor,  padre del Cardenal Javierre y  de su hermano, sacerdote y gran escritor. Del Castillo,   una tarde noche se retiraron, hasta el Estrecho Quinto. En lo alto del Estrecho Quinto, lo pasaron muy mal los refugiados. Allí estaba el médico Coarasa, nacido en el pueblo de mi esposa, Torralba de Aragón, Pepita de Casa Sipán y queriendo los revolucionarios que se rindieran, les mandaron a la señora Concheta Ferrando, que fue andando por medio de la carretera, que de Siétamo va a Huesca, con una bandera blanca. Llegó al lugar donde estaban los que no podían salir de tal punto, pero no volvió,  sino que se quedó con ellos, hasta que escaparon como pudieron a Huesca. A Concheta le debe mi familia la conservación de nuestra casa de Siétamo, porque un día vio  a varios revolucionarios, que iban quemando los figuras de madera de la iglesia e iban a abrasar nuestra casa de al lado de la iglesia. Entonces Concheta, les gritó: ¿para que quieren destruir esa casa, si no tendrán donde cobijarse?. Se llevaron todo lo que había dentro,  pero gracias a Concheta, todavía está la casa en pie.

¿Quiénes eran los revolucionarios?. Hay que fijarse en el escritor inglés George Orwell, que vino a España a escribir artículos sobre los acontecimientos que estaban ocurriendo en ella, pero se impresionó con el clima revolucionario que ardía en Barcelona. Escribe: “Yo había ido a España con la vaga idea de escribir artículos para los periódicos, pero había ingresado en la milicia casi inmediatamente después de llegar, porque en aquella época y en aquella atmósfera parecía que esto era lo único concebible. Los anarquistas aún dominaban virtualmente Cataluña y la revolución se encontraba en su apogeo”. Efectivamente Orwell, veía colectivizados hasta los cafés y en las fachadas se veían bandera rojas y negras, la hoz y el martillo y todas las iniciales de los partidos revolucionarios. Se veían iglesias destrozadas, porque eran demolidas por bandas de obreros. Todos decían: ”Salud en vez de Buenos días”. Ante aquel ambiente Orwell se quedó absorto o tal vez conmovido y se apuntó al POUM (Partido Obrero Unificado Marxista). Aquel ambiente no podía ser duradero, porque el pan estaba muy escaso y después de luchar como miliciano en el pueblo de Monflorite, muy próximo a Huesca, fue herido y recogido en un Hospital de Urgencias en Siétamo, que era de madera,  pero todavía queda parte de su suelo de cemento. A última hora, tuvo que escapar de España, después de haber luchado,  por las amenazas recibidas del Partido Comunista, que no admitía “herejes”, escapados del auténtico Comunismo.  De Siétamo  lo llevaron a Tarragona y después desde Barcelona huyó a Francia, porque entonces los del Poum eran perseguidos por los comunistas puros.

La Dolores Ibarruri, dijo que el setenta por ciento de aquellas gentes que dominaban Barcelona eran anarquistas. Los distintos partidos y sindicatos antes de organizar el Ejército Popular, lo hicieron con las milicias, siempre buscando la igualdad, cobrando la misma paga los oficiales y los soldados, con los mismos uniformes y sin saludos especiales.

Los anarquistas fueron los primeros que formaron columnas internacionales. La primera que salió de Barcelona hacia Aragón y fue dirigida por Buenaventura Durruti, el veintitrés de Julio de 1936. 

Fue Durruti un anarquista famoso, por su espíritu revolucionario anarquista. Nació en León y murió en Madrid. Salió de Barcelona la primera Columna  de Milicianos, el 24 de Julio de 1936, formada por unos dos mil hombres. Eran anarquistas y revolucionarios como su Jefe Durruti. Este era casi adorado por las muchedumbres anarquistas,  en Barcelona, y su deseo  era ir a Huesca, a Teruel y a Zaragoza. A esa  primera Columna de Milicianos, la llamaron Columna Durruti, en la que iban unos dos mil y pico  hombres. Salieron otras columnas,  como por ejemplo la de Ortiz Ramírez, a la que llamaron más tarde Columna Sur del Ebro y después salió otra dirigida por el altoaragonés  Ascaso, que se orientó hacia Huesca. Los Ascaso eran del pueblo de Almudévar y allí me contaron que después de acabada la Guerra, uno de ellos, estuvo en su pueblo de Almudévar, durante una Semana Santa y desde un balcón frente a la Iglesia, la mente y su  corazón de uno de los hermanos, pues el otro había muerto en Barcelosa, se llenaban de tristeza, viendo el paso de Cristo acompañado por la Dolorosa. En Ibieca, pueblo muy próximo a Siétamo, enseguida se fundó en España, la primera Cooperativa de la tierra, en que trabajaban los que sabían antes manejar el lapicero, y actuaban en los expedientes, aquellos que no sabían a penas escribir,  por manejar hasta ese día los arados. Iban orgullosos, viendo como trabajaban los antiguos “ricos”, exhibiendo sus pistolones. Los anarquistas de Durruti habían hecho una realidad, la propiedad colectiva en el Somontano de Huesca. Uno de los hermanos Arilla de Ibieca, que ha permanecido soltero toda su vida, escribió una historia de este negocio ruinoso. Me lo dio,  pero no lo encuentro.

Todas las Columnas estaban compuestas por hombres que pertenecían a la C.N.T. anarquista. Durruti era una persona que se oponía a la militarización de dichas columnas.  Estas teorías se comprobaron, cuando llegaron los revolucionarios a la entrada de Siétamo y estaban acompañados por tropas del Ejército. Aquellos querían a toda costa conquistar el pueblo de Siétamo, en tanto las tropas de una compañía de soldados, descansaban,  acostadas en las orillas del río Guatizalema,  gozando de las sombras de los árboles ribereños. Los campos estaban ya segados y sobre ellos yacían las fajinas. Yo recuerdo que unos días anteriores a la llegada de tropas y de anarquistas, me llevaron a contemplar la buena cosecha que se esperaba recoger. Yo cogí un “cuco” grueso y lo metí en mi pañuelo, para llevarlo a mi casa. El “cuco” manchó mi pañuelo y yo lo abandoné, metido en dicho pañuelo. Al mediodía traían a mi familia el abandonado pañuelo. ¡Qué contraste de vida entre el caso del “cuco” y del hombre que me  recuperó el pañuelo y la violencia de los revolucionarios y de las tranquilas tropas que a los pocos días, estaban a la orilla del río. Estas tropas estaban mandadas por el Coronel Villalba de Barbastro, que tuvo la intención de sublevarse con el Ejército contra aquel ambiente Revolucionario. Después de ver el ambiente anarquista que dominaba en Barcelona, debió pensar en guardar su vida y a orillas del río Guatizalema, a su paso por Siétamo,  no atacaba, sino que dejaba a los revolucionarios que se las arreglaran. Hemos visto como Durruti se oponía a la militarización de las columnas.  A la entrada de Siétamo, se representó la siguiente anécdota: un Comisario le preguntó al capitán de los soldados: ”Qué hacen ustedes aquí?; le contestó: “Tomando el fresco”. El Comisario le dijo: “El coronel Villalba (de Barbastro), me ha encargado transmitirle la orden de tomar el pueblo. Respondió el militar: ”Nosotros estamos aquí para proteger a los paisanos. El Comisario, en plan irónico le dijo: ”Y ¿cómo piensa hacerlo?, ¿durmiendo a la vera del río?. El capitán le aseguró: “Yo no recibo órdenes de un paisano”. Y el comisario le contestó: “Este paisano se limita a transmitirle las de su jefe”. Continuó el capitán diciéndole: “le repito que no recibo órdenes de un paisano” y acabó el Comisario diciendo: ”Pues aténgase a las consecuencias”.

Después de este diálogo, el Comisario ordenó a los milicianos  atacar al pueblo, pero el Capitán: ”Mandó formar a la compañía, aparentemente para cooperar a la acción de los milicianos, en realidad para irse con los suyos, para desertar”. El Comisario fue organizando a sus milicianos, pero les disparaban desde lo alto del Castillo” y de “los huecos de la torre de la iglesia, convertidos en troneras”. Al comisario le pegaron un tiro. Lo trasladaron a Sariñena, a Lérida y después a Barcelona. ”El consejero doctor Alguader parecía el designado para despedirnos sanos y recibirnos estropeados. Estaba en la estación y al verme, dijo: Ja, Robusté?. Ja –respondí-M´estaven esperant”.

Algo parecido ocurrió con el famoso escritor mundialmente conocido, a saber Orwell, que herido en Monflorite,  lo trajeron a Siétamo y de su hospital provisional, lo llevaron a Lérida, luego a Tarragona y por fin desde Barcelona, huyó de los comunistas que lo querían hacer desaparecer. Igual que estaban distanciados los militares y los milicianos, Orwell, que se había apuntado en las Milicias anarquistas, se vería más tarde perseguido por los comunistas.

Durruti fue un “profeta” de su fanática doctrina, pues afirmaba que “al capitalismo no se le discute, se le destruye”, “nuestro campo de lucha es la Revolución”. Parece el caso del militar profesional, discutiendo con el comisario Robusté, el cumplimiento de su profecía. Siempre se opuso Durruti a la militarización de las milicias, y sus discípulos fueron cumpliendo su doctrina que decía: ”la única iglesia que ilumina es la que arde”, como ardieron tantas en Barcelona y la única que presidía la Parroquia de Siétamo, en la que abrasaron todos los santos que se veneraban en ella. Sacaban a la Cruz central de la Plaza Mayor, a Cristo Crucificado, lo quemaban, para después derribar esa Cruz que presidía la Plaza Mayor del Pueblo. Su oposición a la militarización de sus milicianos, hizo posible, mientras el capitán militar, que con sus soldados descansaba a las orillas del río Guatizalema,  que hirieran al comisario Robusté, en el ataque a Siétamo. Pero no fue éste el último herido ni el único muerto, pues  al “ Padre Jesús”, de unos veintitantos años, que siguiendo las ideas de Durruti, lo fusilaron, sobre el Río Guatizalema.  Durruti debía de tener un sentido práctico, pues tuvo en su compañía al cura de Aguilaníu,  Mosen Jesús Arnal, que en lugar de fusilarlo como hacían con todos los curas, que caían en sus manos, pensó que le sería,  como le fue, más útil como escribiente. Este sacerdote en 1971, escribió un libro, en el que cuenta esa aventura sangrienta de Durruti, manifestando sin una crítica fuerte, su opinión desfavorable a su revolución y una amistad hacia aquel, que le había salvado la vida. Me hubiera gustado conversar con el sacerdote, pero ahora no podría, porque hace bastante tiempo que se ha muerto. Durruti en el cuarto de costura de mi casa, instaló su oficina, que por cierto debió permanecer en el mismo, muy poco tiempo. Cuando entró en tal oficina, me entra la tristeza, que se sufrió en España en aquellos tiempos.

Mi doble pariente Jesús Vallés Almudévar, de Fañanás, se hizo sacerdote en Huesca y no habló jamás de la Guerra, en que mataron a su madre y a su hermano, pero poco tiempo antes de morirse, me regaló sus memorias. En ellas escribe:” El 31 de Julio se escuchaba en Fañanás, un tiroteo impresionante. Estaba producido por los cañonazos que cañoneaban el pueblo cercano de Siétamo, para seguir siendo bombardeado por la aviación”. A Jesús le gustaba “oír esos pájaros grandes que dominan el espacio”, “pero oír las descargas sobre Huesca y Siétamo, pensando que mis hermanos y tanta familia y conocidos están allí, aguantando, esperando a que les hieran o les maten sin poder defenderse, sin poder hacer nada”, eso no lo podía aguantar. Entre tanto su madre  “se pone a rezar, palidece y tiembla, con un sufrimiento callado e intenso”. Hace coincidir el estado del tiempo físico con la tragedia que se aproximaba, cuando dice: ”El cielo está cubierto de pesados nubarrones de verano y empiezan a caer algunas gotas gordas”.

A Jesús le decía el capitán Moreno, que tendría que ir a Rusia a formarse para ayudar al gobierno comunista. Jesús se escapó de Ola y se libró de pasar lo que han sufrido los entonces niños que a Rusia llevaron. Ahora no comprenden aquellas doctrinas comunistas, en las que ya no creen, ni siquiera en Rusia. El día trece de Agosto de 1936 entraron los rojos en Siétamo y enseguida organizaron “peregrinaciones” para ver las ruinas de aquel pueblo. Y en mi artículo sobre Jesús Vallés Almudévar, sigo : “Y Jesús que había sufrido las pérdidas de su madre y de su hermano, el día 20 de Septiembre, con trece años cumplidos estuvo en Siétamo, de donde habíamos huido sus dobles parientes”. ”Cuando llegamos a los alrededores de Siétamo, oímos graznidos de cuervos, que levantaban el vuelo al oír nuestros pasos y volvían de nuevo al festín, después que habíamos pasado….Había todavía cadáveres sin enterrar, tostando sus huesos, casi mondos al sol. Las calles estaban como un museo en día de fiesta… lo recorrían todo, contemplando, preguntando,  admirando. Se fijaba uno en las casas, de las que no quedaba ni una casa entera, estaban todas comunicadas por dentro por medio de boquetes, hechos por los “fascistas” para no tener que salir a la calle”. Recuerda Jesús que “un enjambre de muchachos, revolvían entre los escombros, buscando cápsulas,  balines, trozos de metralla. Cogiendo aquellos aparatos, a Pepe Ferrando, que fue durante muchos años cartero después de la Guerra, le explotó un explosivo y lo dejó con dos dedos solamente en su mano derecha,

No acabaron de recoger todo, porque cuando ya había terminado la Guerra, allí estaba yo con Rafael Bruis buscando aquellos malditos restos.

Ya  habían  conquistado las Milicias principalmente el pueblo de Siétamo y quedaba la ciudad de Huesca, cercada casi completamente, pero no pudieron con ella y no cayó en manos de las tropas provenientes de Barcelona. Aquellos milicianos querían ocupar Aragón y se puede conocer por la enorme cantidad de libros publicados, la historia de los acontecimientos que tuvieron lugar cerca de Zaragoza, que como Huesca, tampoco  cayó en su poder, cuando Teruel tuvo que sufrir una guerra y una ocupación terribles. Pero yo encontré unas hojas de papel, que en su cabecera estaba escrito el título de “Rojos y blancos” y a su lado, aparecía escrito a mano por un desconocido; no sé que desconocido sería cuando  pone en el escrito a mano,que se  llamaba, Francisco Vitalla de Lupiñén. Faltan,  al principio de esta historia, trece o catorce hojas de papel y otras muchas a lo largo de la misma. Con estos escritos se acaba el cerco de la ciudad de Huesca. En su relato dice que “la unidad a la que pertenecía, estaba en la Sierra de Gratal ( que se ve desde Huesca),donde con mis compañeros permanecimos juntos hasta el final de la Guerra”. En el pueblo de Arguis, por donde hoy pasa la autovía que sube a Jaca, a Francia y a Pamplona, recibió una carta de unos paisanos suyos, de Lupiñén, que estaban prisioneros en Barcelona. Acudió Vitalla y los liberó.

Como faltan hojas en esta historia, no sé si fue con motivo de esta liberación, de la que comenta Vitalla: “Fui recibido por Durruti y me hizo entrega de las credenciales como Jefe de la Centuria y Mando de la misma, así como me entregó él, un plano de como y por donde se tenía que iniciar una operación como contraofensiva. A mi lado destinó (siguiendo su teoría anti militar) a un Teniente Profesional, como técnico,  pero sin mando y la operación estaba dirigida por el propio Durruti, yendo él mismo en primera línea”. Llegaron los milicianos a las proximidades de Zaragoza, donde “sus posiciones se hicieron perpetuas hasta el fin de la Guerra”.

No pone fechas en su historia de cuando ocurrieron aquellos avances hacia Zaragoza de Durruti, pero se deduce que como dice Vitalla “sucedió en Madrid, la trágica muerte de Durruti”. Esas fechas las deduzco de aquella reunión de la C.N.T., que se celebró el día nueve de Noviembre de 1936,en que se pidió a Durruti que fuese a Madrid, para que hiciera que la resistencia se animara , así como la moral de los combatientes.

¿Coincide la muerte de Durruti con el cambio de las fuerzas políticas y  sindicales, en fuerzas del todo militares?. El cura Arnal, que fue su escribiente, investigó mucho sobre si la muerte de su Jefe, se debió a un accidente o a un asesinato. No sería de extrañar una u otra forma de morir, en aquellas circunstancias. En la Hoja 14, escribe Vitalla :”ya en Madrid había empezado el enfrentamiento entre fuerzas leales a la Junta de Casado y principalmente los de filiación comunista, que se declararon contrarios a la misma. Desde Madrid y por orden del Estado Mayor del Ejército y por supuesto de la Junta, hicieron un llamamiento a todas las unidades que quisieran unirse a la defensa de esa Junta como Ejército Popular y en contra de los Comunistas, que en algún momento estaban decididos a la total destrucción de Madrid, mediante la dinamitación del mismo, sino corregían sus desastrosos planes”. Ante la lucha tan elevada entre el Partido Comunista y los Milicianos, incorporados en el Ejército Popular no es de extrañar que dudaran en asesinar a Durruti, enemigo de la militarización de las Milicias.  Este acto sería cruel, pero no tanto como el propósito comunista de dinamitar todo Madrid.

Julián Casado era un militar del Ejército Republicano. Fue un gran enemigo de los comunistas y se hizo cargo de organizar las Brigadas Mixtas del Ejército Popular Republicano. Al acabar la Ofensiva de Cataluña, se dio cuenta de que estaban a punto de perder la Guerra y reflexionó que no era justo que  se prolongara, porque morirían muchos civiles y soldados. Si seguían luchando, el beneficio sería para la Unión Soviética. En marzo de 1939, se había dado cuenta de que el presidente Negrín deseaba la toma del poder por los comunistas. Entonces se unió con los moderados del Partido Socialista Obrero Español, a los que dirigía Julian Besteiro y también pactó con los desilusionados líderes de los anarquistas (desilusionados entre otras mucha causas por la muerte de Durruti) y con la mayor parte de los Jefes del Ejército Popular Republicano. El día diez o el doce de marzo de 1939, huyeron a Francia los líderes del P.C. E.

Aquella Guerra Civil, repito,  no fue una lucha entre dos bandos, sino que lucharon en ella, la Monarquía con la República, el capitalismo y el comunismo, el orden y el anarquismo, la religión y la indiferencia, el orden y  el desorden, el egoísmo con la generosidad. Se encuentran en esta Guerra, las múltiples guerras secundarias, que derraman la sangre de los españoles, pero se ven ejemplos de buen comportamiento en el casi desconocido miliciano Vitalla, el Maestro republicano de Siétamo y el Coronel Casado, al que el pueblo español le debe el ahorro de sangre y de angustia, que todavía les esperaban.
Siétamo le debe a Durruti la pérdida de cientos de vidas, la pérdida de viviendas y del Glorioso Castillo Palacio del progresivo Conde de Aranda, que en el siglo XVI, ya les dio retiro a los obreros que en Valencia, le fabricaban mosáicos. El Castillo del Conde de Aranda no fue respetado ni por los rojos, por ser noble ni por los nacionales, porque decían que era masón.

Curro Jiménez, Diego Corrientes y el Cucaracha

Sierra de Alcubierre


Todos hemos visto en la televisión la vida de Curro Jiménez. Fue éste uno de tantos bandidos, llamados por el pueblo, generosos, porque decían que robaban al rico y socorrían al pobre. Algunos de ellos, como Diego Corrientes, no cometieron delitos de sangre, pero cuando cayeron en manos de la justicia, murieron descuartizados. Los bandidos que  más fama alcanzaron en España fueron andaluces, pero en el Alto Aragón tuvimos al Cucaracha, cuyo recuerdo permanece en la memoria de las gentes de nuestros pueblos.

Los aragoneses no somos dados a airear nuestros propios asuntos y, sin embargo, con la vida de nuestro bandolero se podría filmar una película que no le tendría envidia a la de Curro Jiménez. Casi hemos destruido la jota y la fabla, hemos olvidado a nuestros hombres famosos por sus valores intelectuales, literarios  o por su mito. Bien se vale que mosen  Rafael Andolz ha  publicado su libro sobre la vida de nuestro personaje.

El Cucaracha tenía sus escondrijos en la Sierra que va de Tardienta a Alcubierre y otras veces se ocultaba en las cuevas de la Serreta que va desde Piracés hasta Alberuela, pasando por Tramaced, Fraella y Marcén. Grañén en el llano, quedaba casi en el centro geográfico del mapa de sus correrías. Alguna vez se alejaba de esta comarca, llegando hasta Colungo, donde con su cuadrilla asaltó una casa muy rica. Dicen que todavía alguien de la “redolada” conserva una clueca de oro con sus polletes. Si es verdad, yo creo que ya habrá prescrito el delito, porque estas fechorías tuvieron lugar a fines del siglo pasado.

En Senés, la víspera de San Bartolomé, se puso un bandolero en cada boca de calle y el Cucaracha se llevó lo que quiso sin ninguna violencia.

En Torralba los pinos bajaban de la Sierra hasta el  Pilar y escondiéndose entre ellos, llegó un secuaz hasta una casa, en que llamó, miraron desde una ventana y viendo de quien se trataba, le tiraron una gruesa piedra, le dieron en la cabeza y lo dejaron muerto. En Callén dicen que el Cucaracha mató al amo de casa Bercero, pero el pueblo dice que fue un criado infiel, buscando descargar su crimen en el bandido.

En toda película tiene que salir una bella mujer amada por el protagonista y el que nos ocupa dicen que tenía una amante en Torres de Barbués. También los bandidos tienen su corazoncito. Si, el Cucaracha tenía buen corazón y a los labradores pobres les daba dinero para comprar dos, tres o cuatro cahices de trigo para sembrar. También demostró su generosidad con “Siña Olaria”.

“Cuatro titinas teneba a viella Olaria n’o  corral. Una con a gorguera pelata, sin plumas, con a pelleta muy roya, muy roya y cotaza de tanto aparar a frigor d’a nuey al raso, penchada en una figuera. ”Otra tenía la cresta granada como una granada; otra era negra como la toca, la toquilla, las sayas y las alpargatas de su dueña y la más pequeña era enana, pero la que más gozo le proporcionaba. Se le ponía en los hombros cuando se acomodaba en la silleta de ir a misa y le picaba en las cabecicas negras y redondas que le sujetaban el moño. Estaba viuda  y como no tenía dinero, no podía pagar la contribución. El recaudador, que tenía la conciencia más negra que la gallina del mismo color de la señora Olaria, se le llevó la negra, la pelada, la de la cresta granada y la enanica.

El Cucaraca que se enteró, le regaló ocho gallinas y dos sacos de trigo para que les diese de comer.

Pero el bandido generoso estaba condenado a muerte y estando asando un cordero en una paridera, mandó al “repatán” a buscar vino. Cogieron al muchacho y en su bota le pusieron un soporífero, para que se durmiera el Cucaracha. Estando durmiendo llegó la justicia y le dispararon.  Aún tuvo tiempo de incorporarse y de disparar un trabuco de boca de campana, antes de caer muerto. Sus enemigos muy contentos, cantaban: “La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar”.

“Siña Olaria”, a pesar de sus escasas posibilidades, le mandó decir una misa y le rezaba por las noches el rosario y lloraba, lloraba.