lunes, 13 de enero de 2014

La jubilación de Eliseo Carrera



He contemplado tu Cortometraje,  no sé si tuyo, o que te lo ha proporcionado un buen amigo, sobre la jubilación, y que tú,  creo que habrás hecho tuyo, igual que yo lo he convertido  en mío, con humor, con el fin de pasar bien, el fin de mis días.  ¡Perdona!, yo no sé si te has jubilado  o estás a punto de hacerlo, pero en tu programa veo que entiendes profundamente, ese comportamiento,  que se apodera de un hombre jubilado. Y me doy cuenta de que el problema  te preocupa y estás meditando sobre tu situación en la jubilación y estás preparándote como un novicio, para vivir  tu porvenir con alegría y conformación con los problemas que se presentan al hombre, cuando ya no tiene nada que hacer, o más bien, estudia la forma de ocupar el tiempo que le queda de vida, para  vivirla con júbilo, durante  el  tiempo  que le queda de estar vivo. Desarrollas   con un gran sentido del humor, diversas situaciones que se te presentan  y no tienes más remedio que exclamar: “Santa Ana, buena muerte y poca cama”. Y si no conocías esta jaculatoria, de ahora en adelante, la recordarás. Es un deseo, que cuando me encuentro con alguna persona mayor, que pertenece a la gente educada o con algún viejo, como  yo, con nuestra  educación problemática, siempre te manifiestan su deseo de ¡buena muerte y poca cama!.
Está claro que las personas que salen en tu  cortometraje,  lo pasan bien y tienen unas enormes  ganas de vivir con alegría, sentados en buenos  sillones,  o pasando un buen rato en un tresillo, dándose algún beso con su amada esposa, mejor  que acostados en una cama pasando largos días, meses o años sufriendo los dolores previos a la muerte. ¡Qué alegre es la escena en que la pareja de jubilados, están sentados y mientras ella se va tomando poco a poco, un café con leche, el abuelo la va mirando!.  Parece que en el viejo jubilado resurgen llamadas de amor, mientras el pequeño perrito, los está acompañando, sentado en el suelo, junto a los pies de la pareja. Suena una alegre música, para hacernos ver con su sonido, a los que nos hace ilusión la escena de amor de los jubilados, que  ¡tararí, tarará!, soñaremos pero no nos podremos comer ¡una rosca de amor!. ¿Qué le pasa al jubilado?, pues sencillamente lo mismo que canta, puede ser que otro jubilado, que dice acompañado por la bella y alegre música: “¿Qué le pasa, qué le pasa a mi camión, qué le pasa,  que no arranca?”.
El camión, por lo visto,  ya no puede rodar, como el jubilado, tampoco puede correr, a pesar de gozar de descuentos en numerosos locales, en transportes y vacaciones en la playa. De su torpeza en los movimientos surge el mayor fastidio para el jubilado,  que consiste en carecer de tiempo suficiente  para usar cualquier cosa, por ejemplo los cordones de sus zapatos, para atarlos bien.
¡Qué fácil me resulta  escribir la vida de un retirado, simplemente copiándole al autor  del cortometraje, las aventuras de un  jubilado!,  porque su mejor definición de un jubilado, la hace el autor de dicho cortometraje, diciendo, que es ”Eterna persona para el café”. ¡Qué razón tiene cuando uno observa como toma su café un hombre que no tiene otra cosa que hacer!. Porque efectivamente, ¿cuál es la faena que ha de cumplir, un jubilado en toda una semana?. Sencillamente, porque el sábado y el domingo, como todo el mundo guarda fiesta, para descansar, el resto de la semana ya tiene bastante tarea, con tomarse sus cafés, atarse sus zapatos y pensar en lo que hará cuando tenga tiempo. Pues en efecto, durante toda la semana bastante trabajo tiene con mirar la televisión y estar tumbado en el sofá, durante más de tres horas, cada día.
Eliseo, yo  no sé si te has jubilado, pero ¿estás pensando en jubilarte o en esperar que pasen varios años, trabajando, para ser feliz?. Ten cuidado pues a los que les gusta trabajar, no quieren jubilarse y todos los que lo conocen, dicen de él que es un “tonto del haba”.
Eliseo, eres un hombre de un cerebro activo y de una generosidad espléndida, porque ,tienes una cualidad selectiva , para recoger los artículos interesantes en el ordenador, pero tu generosidad te inclina a hacerlos llegar a mi ordenador y compruebo tu inquietud intelectual y artística, que quieres que vuele entre los hombres. 


Para ti la felicidad radica en viajar con tu moto por el mundo, no está basada en un destino y yo me alegro de imaginarte montado en alguna de tus motocicletas, haciendo viajes que te llevan a ser feliz. Pero me acuerdo de otro de tus cortometrajes, que dice:” Había una pareja de ancianos, que se fueron al cielo”. Allá arriba el esposo, se encontró tan feliz, que,  por no perder la costumbre, que tenía en la Tierra, de echar broncas a su esposa, le dijo: ”Sin  ti y tus cereales de mierda, podríamos haber estado aquí hace unos diez años”.  ¡Qué bien se encuentran los jubilados de la Tierra,  en el Cielo!.

Hablando contigo, me di cuenta de que además de inteligente y generoso, eres feliz montando tus motocicletas, pero sobre todo que tu espíritu siente dentro de sí mismo, una llamada profética. Tú mismo fuiste el que me habló del profeta Elías y de su segundo discípulo y también profeta ELISEO. El profeta Elías, fue recogido en presencia de su discípulo Eliseo, por un carro tirado por caballos, que eran de fuego o tal vez que se desplazaban por la energía solar. No se sabe dónde, ahora,  se encuentra el profeta Elías, si en el cielo o en el espacio eterno, pero dejó  a su discípulo Eliseo triste,  compungido y preocupado. Y esa preocupación la ha heredado ELISEO CARRERA, porque me ha revelado que igual que Elías , subió tal vez al cielo, en un carro de energía de fuego, él se siente feliz, sobre su moto MONTESA, que por el tubo de escape, lanza pequeñas llamaradas, y, puede hacerlo mucho más feliz, cualquier día, abandonando este mundo, con el fin de   ser eternamente feliz allá arriba.

domingo, 12 de enero de 2014

Enrique Capella


Enrique Capella, año tras año, en el periódico de Huesca y en el Programa Oficial de Fiestas de San Lorenzo, ha venido recreándonos con sus humorísticas e irónicas coplas, que recopiladas darían tema a un antropólogo para una tesis sobre el comportamiento humano de nuestras gentes y a los lingüistas para comprobar el uso de nuestras palabras aragonesas por el pueblo.
Capella se ha ido y yo sin más investidura que la que me da mi admiración a un oscense tan puro y tan neto, pretendo hacerlo presente un año más en este Programa, a pesar de que ya no está físicamente presente entre nosotros. Ustedes mismos pueden reavivar su presencia, repasando los programas festivos y los periódicos del día de San Lorenzo de años anteriores y se encontrarán con su obra; léanla porque difícilmente podrán volver a leer a un costumbrista que nos defina a los altoaragoneses con el mismo realismo y sentido de la ironía.
¿Dónde nació Capella?. Sólo podía haber nacido en nuestra capital y para saberlo no hay que ir a mirarlo en su partida de nacimiento; Basta recordar la letra del Himno de Huesca, con partitura de Montorio, que dice”: Huesca querida, mi sertoriana, con  alma  y vida te quiero yo cantar”. Pocos Oscenses podrán inmortalizar como Capella su declaración de amor a Huesca, que lo vio nacer y que acompañada con esa música pone la carne de gallina a los oscenses. El espectro humano de nuestro hombre era amplio y así como ascendía a las alturas líricas para decirse oscense, descendía al lenguaje del pueblo llano para manifestarse “Huesqueta”: El que nace por Huesqueta, no sería güen baturro si carece de nobleza, que al nacer ya lleva dentro”.
Su afición por la música heredada de su padre, la cultivó desde niño, pues cuando fue a estudiar a Zaragoza, la utilizó entre otras cosas para pasárselo bien al estilo de los estudiantes de la famosa “Casa de la Troya”. No debió mirarse mucho los libros, pues eso de la inspección, percusión, palpación y auscultación que se aprende en Medicina lo debió aplicar a inspeccionar partituras, percutir en bombos y tambores, palpar cuerdas de mandolina y “rasquetas” de violín; en lugar de auscultar cajas torácicas con ruido de olla cascada, auscultaba las cajas de los instrumentos de cuerda para que no desafinasen. Lo hacía bien eso de la música, pues, con sus compañeros, era llamado a las fiestas de los pueblos, donde con su facilidad para versificar, hacía las glorias de sus vecinos. Los vascos aún conservan sus versolaris, con una gran capacidad de improvisación, que era característica en Capella.
Volvió a Huesca y fue durante muchos años funcionario municipal. No eran entonces los sueldos muy generosos y él para sacar adelante a su familial tuvo necesidad de dedicarse al pluriempleo; por la tarde iba al periódico y cuando tenía ocasión acudía a acompañar con su violín los espectáculos que venían a Huesca. No es extraño que ante tal tensión, la reciedumbre de su carácter aragonés de que presumía, se manifestara en alguna ocasión un “poquer masiau” recia. Se relajaba de sus preocupaciones cultivando ese su amplio espectro mental, que llegaba en música desde la altura del violín hasta la popular bandurria, pasando por la mandolina; en la expresión literaria llegaba también a la lírica en la letra del Himno de Huesca, ya citado o en la de”Dicen que muere la jota”. Hasta las letrillas las escribía sobre el primer papel que le venía a la mano. Para seguir la trayectoria de su vida, hubiera sido interesante que un duende hubiera ido recogiendo de las papeleras, las innumerables coplas que en ellas arrojó. Ironizaba en ellas de todo y algunas veces como en la copla que le dirigió al funerario Bernués, parece sarcástico, pero hay que darse cuenta de la amistad que los unía y de la casi diaria visita al periódico de Bernués, para encargar las esquelas. La copla decía así”: Este mundo es un sufrir y mira tú si lo es, que es preciso morir todos para que viva Bernués”. El primero en reírse fue el mismo aludido. No se escapaba nadie de sus alusiones, incluyendo a las mismas mairalesas, de las que destacaba su belleza y cualidades, al tiempo que ponía en evidencia sus pequeños defectos.
Estando en una ocasión, en la redacción del periódico, tratando de temas heráldicos, me dijo el buen Lorenzo Celada, que le creó un escudo nobiliario, en los siguientes términos: “El escudo de Celada es solamente un porrón, pues así va sobrau de bota y ésta le pesa un c…”
Las letras de los cuplés las utilizaba, así como las de las canciones sentimentales para provocar la risa de los oyentes. A mí, no sé si estaré equivocado, me da la impresión de que lo que más feliz lo hacía, era la música, pues igual acompañaba a Camila Gracia en sus jotas, debajo de los arcos de los Porches, como me contó Carretes, que iba con el Doctor Barrón a casa de Marieta Pérez, que tocaba el piano, el Doctor el violoncelo y nuestro hombre el violín. Esa entente musical no debió de durar mucho tiempo, pues al ser los tres artistas de recia personalidad, no coordinaban muy bien, ya que nadie podía a nadie.
Una costumbre perdida, que yo todavía recuerdo, consistía en acompañar las imágenes del cine mudo con música y en ella era Enrique un maestro.
Acudí hace unos días al homenaje musical de la Nueva Sertoriana a Don Enrique Capella. Pedro Lafuente resaltó el “trémolo” que con la mandolina interpretaba Capella. Me lo imagino haciendo “tremolar” o “tortular” en aragonés, vibrar, aquellas cuerdas.

La noche de San Lorenzo, que suele ser tan clara para mirar a las estrellas, me miraré haber si titilan o “tremolan” más que otros años, por si a través de ellas adivino que Capella está allá arriba, tocando la mandolína.

jueves, 9 de enero de 2014

Conciertos en la iglesia parroquial



El veintinueve de Junio de este año de 2002, he acudido a las seis de la tarde a la
Parroquia de Siétamo, donde se nos ha hecho gozar de un concierto de piano, guitarra, flauta, clarinete, fagot y acordeón.
Nos reunimos en la iglesia iluminada, donde llamaban la atención los santos, los “Santocristos”,  los relicarios y en una vitrina lucían y todavía lucen su sagrada antigüedad una custodia, un cáliz, una cruz parroquial que en otros tiempos presidió las procesiones, junto con un pequeño y elegante manto infantil, que procede del castillo de los Abarca de Bolea, Condes de Aranda.  Hay en una columna colgado un cuadro, con el viejo retablo de antes de la guerra y cuyas esculturas o motivos que  presidían antes el culto de la iglesia, ahora son los santos de yeso,  que acompañan al cáliz, la custodia y el manto, que el cura de entonces Don Marcelino Playán, guardó escondidos en un rincón de la bóveda.
Van a sonar el piano de cola junto con la flauta,  el clarinete y el acordeón, como en tiempos ya pasados de la Guerra del año de 1936, sonaron en los oídos de los sietamenses, escondidos en la bodega de la iglesia, los cañonazos, los tiros de fusil y las ametralladoras, que nos hicieron durante unas diez horas, a unos llorar, como a Rafael Bruis, a otros rezar y a todos esperar salir con vida de la bodega.
En aquella reunión el concierto fue terrible y tuvo lugar el año 1936.Aquella tarde salimos y huimos a Huesca, pero días más tarde hubo otra reunión de combatientes, que siguieron escuchando y produciendo ruidos bélicos. En la capilla del Santo Cristo, estuvieron heridos y murieron varios hombres y cuando fueron expulsados y salieron de la iglesia por una diminuta ventana, a la que a tiros le quitaron la reja que impedía la salida de los hombres. Los que venían,  desenterraron en la capilla del Santo Cristo  a varios Azaras y Almudévares, que en otros viejos tiempos hicieron la citada capilla. 
No eran entonces los conciertos como los de ahora que suenan  con dulzura, con solemnidad y con alegría y esos sonidos me recuerdan a aquellos hombres que allí murieron; ya no suenan esas melodías guerreras y los niños que ahora las hacen sonar
dulces, ya no se acuerdan de aquello .Los  cuerpos ya no gozan del arte musical, que hacen sonar aquellos niños, pero los espíritus de aquellos héroes gozarán de su encanto y más en tal lugar, porque la dulzura de los paseos musicales de la flauta, recuerda los paseos voladores de los espíritus de los difuntos y acompañados por las teclas del piano de cola, le añaden solemnidad,  mientras los cuerpos unidos a la tierra ya no sienten nada.
Una joven hace sonar su guitarra y su música me recuerda la canción que dice :”Manbrú se fué a la guerra –Mambrú se fué a la guerra-No se cuando vendrá –No se cuando vendrá”. ¡Que no vuelva la guerra!.

Antes la historia era interpretada providencialmente, pero ahora somos nosotros los que debemos cuidarla, para que no vuelvan más guerras. Hay que evitarlas con la moral y la moral social, con el arte, como el maravilloso arte que hemos escuchado en la iglesia de Siétamo y como dice Baltasar Gracián con la discreción de los políticos.

sábado, 4 de enero de 2014

GIGANTES VIEJOS Y NUEVOS


De todos es sabido que los gigantes de Huesca son los mismos de siempre y sin embargo son otros.Tal vez ellos padezcan problemas de esquizofrenia,ya que su personalidad es doble,la antigua que ha pasado al rincón de los recuerdos y la actual mas leve,mas ligera porque sus huesos no son de madera,sino de materiales plasticos.En cambio el pueblo no tiene con respecto a tan altas personalidades, problemas de identificación porque siendo otros, son los de siempre.
Fuí el día de San lorenzo a conocerlos y estaban alineados de espaldas al muro de su templo,esperandolo.
Como en el chiste a los dos hombres los reconocí enseguida, en cambio ellas me parecieron nuevas,sin duda que precisamente por ser nuevas o modernas,se escaparían a la playa y su cutis se diferenciaba del de sus "sosias",de sus otras "yo" por estar moreno,que es lo que ahora se lleva,ya que antes el canon de la belleza exigía,para las altas damas una piel blanca como la leche.Eran las damas de baja cuna las que tenían derecho a estar morenas,aunque procuraban evitarlo con velos,pañoletas y sombreros de paja de ala ancha y de ello nos da testimonio la baja dama llamada por el pueblo"la ageleta,cabeza de mosqueta" que se cubría con pañoleta,optimista ella,de colores.Cuando me aproximé a ellos ,para darles la bienvenida y conocerlos,no me dijeron nada pero en su nombre me dieron explicaciones dos señores de Loporzano que allí se encontraban;lo sabían todo porque habían vivido toda la gestación y nacimiento de tan nobles personalidades.Como el agua que viene a Huesca nos llega del Somontano,los gigantes han nacido en Loporzano y esos hombres estaban orgullosos de haber colaborado con el artista creador que no "ye"(en aragonés)de Loporzano sino que "ye"(en bable) de las Asturias de Oviedo.
Decían los somontaneses que el artífice no había buscado el dinero,sino la perfección de la obra para la que miró los mejores marteriales y las mas bellas telas.
Se encontraba también en la tertulia de gigantes,cabezudos,gitanos portadores y somontaneses, el Doctormateos, félizmente jubiladoy tan amante de nuestra Tierra que cada día comulga con ella por medio de un litón(almez).Como ya conocía la fisonomía y exterior de los gigantes y aprovechando su presencia lo invité a realizar una endoscopia a lo que con su amabilidad característica ,accedió gustoso,no hizo falta bisturí porque ,sencillamente con abrir la enorme bragueta sin cremallera ni nada pudimos contemplar ese gigantesco mundo interior.Lo que mas nos llamó la atención a ambos fué lo que le dijo la zorra al busto:"tu cabeza es hermosa ,pero sin seso".Eso no constituye problema para los gigantes pues los gitanos portadores,entusiasmados con su caballo de Troya,suplían la carencia;ese problema es grave cuando la carencia afecta a algún responsable del bien común.
En esa endoscopia me enteré,  también de lo que antes he dicho;que los huesos eran de plástico.El doctor Mateos y este humilde veterinario quedaron muy satisfechos al contemplar tan original anatomía.
Los gigantes viejos dicen que sirvieron cien años al pueblo de Huesca ,ojala  que estos duren otro tanto y que ustedes los puedan ver.





Liturgia, en la Exposición de Juguetes


En la exposición de juguetes que ha presentado Eduardo Naval en el Centro Cultural del Matadero, se da uno cuenta de la vida social de la ciudad. Hay que tener en cuenta que los juguetes que nos recuerdan nuestra vida humana, unos son efectivamente reproducciones de seres humanos, casi todos infantiles, sin olvidar a los soldados y a los chóferes y maquinistas, que aparecen en las distintas escenas, que vitalizan la exposición. Más que vitalizar a los seres humanos, nuestros cerebros revitalizan, sus anticuadas figuras, pues cuesta convertir aquellos antiguos muñecos y máquinas en seres humanos actuales y en máquinas modernas. Estos juguetes los ha recogido Eduardo desde el año de 1907, hasta el de 1960. Las niñas que nacieron y vivieron contemporáneas con estas muñecas o han muerto o tendrán ya  muchos años, que las van alejando de la vida y aquellos trenes de vapor,  que muchos oscenses han conocido, circulando de Zaragoza a Canfranc, estará  alguno de ellos adornando  alguna Exposición de Ferrocariles, o se habrá ya,  convertido en chatarra.
Esta exposición es una visión antropológica de la vida humana, que hace reflexionar sobre esa vida, tratando de educar a los niños, contemplando en esa vida, su aspecto político, económico,  deportivo,  musical,  turístico,  festivo,  y el religioso. Hace contemplar la niñez con sus muñecos y muñecas, la juventud con sus Lámparas Mágicas, sus cines Nic primitivos, sus juegos, su madurez, en que los mayores conducen los ferrocarriles y los autobuses, para llevar a la muerte a los hombres y a la destrucción en chatarra de las máquinas. Algunos al ver tantas escenas de la vida pasada, exclaman: ¡cualquiera tiempo pasado fue mejor!, pero a muchos les hace añadir: ¡pero esos tiempos ya no volverán!. Es que ahora, la sociedad europea, se ha acostumbrado a vivir como si Dios no existiera y está olvidando la religión, para sustituirla por la superstición y los echadores de cartas. Los niños que se ilusionan con los juguetes, como ya no se les enseña la religión, están preparados para creer todo lo que sea.
Por estos motivos, da un consuelo a los que visitan la exposición de Eduardo Naval, que ha colocado  en una vitrina un juguete original consistente en muñecos y objetos litúrgicos, necesarios para celebrar, jugando, entre otras actividades piadosas, la Santa Misa. No está el altar, pero en la vitrina se encuentran las figuras de San José, de la Virgen, de un Angel, que está custodiando la figura del Niño Jesús. Se ve el cáliz, los candelabros, la campanilla y el incensario, pero destaca la Custodia, para llevar en procesión la Sagrada Forma. Un muñeco-sacerdote porta una casulla negra, que será de tal color para celebrar el entierro de una muñeca, que se encuentra echada en una caja, en tanto se ven casullas blancas o de color dorado, que se ponen los sacerdotes en las misas de Pascua o en las bodas, como se ve una muñeca, vestida con traje de novia, que tal vez quiera realizar su propio matrimonio. El monaguillo tocaría la campanilla, con cuyo alegre sonido se alegrarían los niños que gozaban de ese juguete litúrgico.  No me sorprendió un conjunto religioso tan agradable, porque me acordé, al verlo, que yo había jugado con uno que poseyeron mis primos hermanos Pablo, José Antonio, que llegó a ser Alcalde de Huesca, unidos a su hermano Lorenzo.    
Al marcharme del salón, donde se exhiben tantos niños y niñas, viviendo ( o pareciéndome, que vivían) seres felices con sus juguetes, con los que estaban preparando el equilibrio en su edad madura, se me apoderó un enorme momento de tristeza, porque todo aquello había desaparecido. Sin embargo el ambiente del salón me producía un respeto imponente, como a Don Ramón Del Valle Inclán, en su “Sonata de invierno”, su imaginación le hizo escribir estas palabras : ”Terminada la misa, un fraile subió al púlpito, y predicó la guerra santa en su lengua vascongada, ante los tercios vizcaínos que , acabados  de llegar, daban por primera vez escolta al Rey, Don Carlos. Yo, sentíame  conmovido: aquellas palabras ásperas, firmes, llenas de aristas como las armas de la edad de piedra, me causaban impresión indefinible: Tenían una sonoridad antigua. Eran primitivas y augustas, como los surcos del arado en la tierra  cuando cae sobre ellos la simiente del trigo y del maíz. Sin comprenderlas,  yo las sentía leales, veraces, adustas, severas. Don Carlos las escuchaba en pie, rodeado de su séquito, vuelto el rostro hacia el fraile predicador”. Así me ocurría a mí, terminada mi visita al salón, al contemplar o “escuchar como el fraile en el púlpito predicaba la guerra”, igual que el salón predicaba la vida y la muerte. El predicador predicaba en  lengua vascongada, como en Aragón en la iglesia de San Miguel de las Cinco Villas, educaban a los niños en lengua vascongada, enseñándoles el Padre Nuestro y el Credo. En el salón, aquellos juguetes “tenían una sonoridad antigua, como los surcos del arado en la tierra, cuando cae sobre ellos, la simiente del trigo y del maíz”.

He dicho que el salón predicaba la vida y la muerte, pero Eduardo pensaba en la vida, ya que los juguetes que él siempre ha guardado, nos han hecho meditar, sobre la labor de los mismos con los niños, que los hace integrarse  en las costumbres del mundo, a relacionarse con otros niños y a pensar en un futuro alegre y pacífico.

jueves, 2 de enero de 2014

Antonio es un hombre, que ama a los gnomos


Antonio es un amigo mío, desde ya hace muchos años. Es un caballero, porque desde el pueblo en que vive con su esposa y con sus dos hijos, de vez en cuando, se monta en un caballo y unas veces sólo y otras acompañado, cabalga por el Somontano de Huesca y llega, a veces, a la antigua y reparada iglesia de Nasarre, en el Norte de la Sierra de Guara. Pasa por terrenos maravillosos como los profundos caudales del río Alcanadre.  Un día durmió, acompañado por un compañero en dicha iglesia y soñó cosas bellas, quizá para compensar la ausencia de habitantes en Nasarre y su comarca. En otra excursión, subió, acompañado por su esposa al Pantano de Belsué y allí pasaron,  marido y mujer, un espacio de tiempo, maravilloso. Gozaba aquella excursión  de la suerte de que el panorama era grandioso y bañado en una temperatura, que hacía que sus cuerpos alcanzasen el equilibrio con sus espíritus, logrando una paz, que los hacía felices. Se tumbaron en el césped primaveral y sacaron fotografías de aquella tierra por la que se va a Nocito. Una de aquellas fotos, me la enseñó y yo quedé admirado, porque en ella, no sé si se verían rostros de gnomos y al mismo tiempo acudían a mis oídos, o a mí  me lo parecía, dulces sonidos musicales, que yo no conocía, pues endulzaban mi espíritu y me cegaban la razón. Le dije que cuando pudiera me sacase una fotocopia de tal ambiente. Me dijo que sí, pero no he vuelto a ver tal panorama. 

Al encontrármelo hace escasos pocos días, lo vi, con el cabellos ya canos, como si hubiesen pasado ya varios años desde aquella promesa de que me prestaría su maravillosa fotografía. Nos alegramos enormemente de nuestro encuentro y al preguntarle por aquel paisaje,  que había retratado, me dijo, dolorido, que la había perdido.
Yo,  que estaba pensando en ver algún gnomo o enano fantástico de los que dicen que cuidan la Tierra en sus adentros, en los que viven, vigilando los tesoros subterráneos y los valiosos metales y piedras preciosas. Dicen que igual ocupan lo alto de una montaña, que las orillas de los ríos.  Paracelso los nombra en el año de 1566, pero unos afirman que gnomo viene del latín gnomus y otros que del griego, con el significado de “conocer”. Yo, ya los conocía, porque siempre me habían llamado la atención los siete enanitos de Blanca Nieves, cuando como buenos gnomos vivían en una casita pequeña y ecológica, siendo su conducta bondadosa y con amor al trabajo. Pero el origen más válido es el que los atribuye a los cabalistas hebreos, que los hicieron los reyes del interior de la Tierra y viviendo en cada árbol, en cada planta y en cada flor. Cuando moría un árbol,  una planta o una flor, el gnomo que las habitaba,  desaparecía y se iba a otro lugar bello o esotérico. ¡Qué triste no poder contemplar a los gnomos,  que además con instrumentos musicales, fabricados por ellos mismos, recreaban no sólo la vista,  sino también el sonido de los bosques. Porque la Cabala es una descripción de la Naturaleza, que nos la hace ver como una realidad espiritual y física. La cabala fue cultivada por los sefarditas, judíos españoles.
 Los gnomos masculinos llevan un sombrero puntiagudo de color rojo, en tanto los gnomos femeninos lo llevan verde. Basta con fijarse en los siete enanitos de Blanca Nieves, para darse cuenta del aspecto de estos seres sobrenaturales. Esta categoría no se la da la mitología sino la superstición de los pueblos de Norte, de los Cárpatos y de muchos otros pueblos por lo que se extendido su simpatía.
Hay quien les da a los gnomos, como he dicho, un origen en  los filósofos judíos, estudiando la Cábala. El Universo obedece a principios poderosos, que hacen que la vida  vaya mejorando a través de los tiempos. Es como si la Naturaleza estuviera entrelazada entre las leyes  fisicoquímicas y una realidad espiritual. Los gnomos serían unos espíritus, parecidos al alma de los hombres y según dicen en algunas zonas, viviría un gnomo en cada árbol, en cada planta, en cada mina de piedras preciosas. Unos creen en un origen mitológico de los gnomos y otros en un desarrollo supersticioso. Antonio y su mujer estaban tendidos ante aquel panorama de la Sierra y no veían a los gnomos, pero algo les fascinaba, porque en cada árbol, se estaba asomando, sin ser visto ninguno de ellos, que influía  en su estado de optimismo, sin que ellos se dieran cuenta.
Aquella fotografía que perdió Antonio, parece ser que podía aclarar algo de los gnomos, pues se veían en ella, alguno de sus  gorros, de sus barbas, de su bigote y de sus calzados también puntiagudos.
La Cábala con sus gnomos investiga los sentidos misteriosos, relacionados unos con las Escrituras y otros con lo que no comprendemos de la Naturaleza.

Dios se humaniza en el hombre, como lo hace con Cristo y el hombre puede divinizarse en Dios.

Pastores y ovejas monegrinas


En la parte norte de Aragón abundaban los rebaños de ovejas, casi siempre acompañadas con ganado cabrío. En los Pirineos occidentales, en la comarca de Nocito, proliferaban las cabras, que destrozaban la maleza, como rosales silvestres, cardos y no dejaban crecer árboles pequeños que con su crecimiento impedían el paso por las arboledas. También pastaban cabras en los Monegros, pues, como dice Francisco, el señor Beltrán, en el Sisallar, tenía mil trescientas cabezas. Añade el pastor monegrino Francisco, que una vez que bajaba por Ayerbe en un autobús, vió cerca de este pueblo un rebaño de unas doscientas cabras. El Estado prohibió el pastoreo de las cabras, con lo que hizo desaparecer a las ovejas y  el monte de la comarca de  Nocito, quedó intransitable. Entre las ovejas dominaban las  ovejas ansotanas, redondas y bien lanadas, pues esa lana les cubría incluso el vientre. El ganado ansotano proviene de Ansó, Echo, Campo de Jaca, Canal de Verdún  y de Las Cinco Villas Altas. En el Valle de Tena tiene su origen la raza churra tensina, que vive principalmente por Sallent de Gallego, en cuyos puertos de Formigal, se ven, en determinados periodos, pastar las dichas  ovejas tensinas. Son de capa blanca, con manchas negras en general alrededor de los ojos, por la boca, orejas y por la cara. También tienen manchas por las extremidades. El vellón de lana,  deja libre la cabeza, el cuello, el vientre y las patas. La fibra de lana es gruesa, larga y poco ondulada.   En la Sierra de Guara, por Rodellar y demás pueblos, esas ovejas tensinas, habían disminuido de tamaño, pero criaban sus corderos de maravilla, en medio de una vegetación áspera, más propia de cabras. Un vecino de San Saturnino de Rodellar, aldea de tres casas, orientada al oeste y desde donde se contemplan el Cabezo de Guara y el Cubilar, segunda cima de la Sierra,  me trajo a mí,  unas treinta ovejas de esa clase, para guardárselas todo el invierno. Eran churras como las tensinas, pero como hijas de un monte de Sierra, no eran de tanto tamaño, pero  criaban de maravilla. En la orilla derecha del Alcanadre, muy cerca de San Saturnino, se encuentra el pueblo de Pedruel, desde el que se ven los Pirineos por el Norte y enormes extensiones del Valle del Ebro. Por todo ese terreno proliferaba el ganado lanar, acompañado de ganado cabrío. Desde  Pedruel se sube al pico Cabezo de Guara de 1870 metros de altura y en este pueblo se pensaba preparar un pantano, para echar las aguas del Alcanadre al inferior río Formiga, por el que se regaría el Somontano de Huesca. Pero el río Alcanadre separaba la raza ansotana y rasa en su orilla derecha de la tensina o churra, en su orilla izquierda, como, como las que yo custodié, procedentes de San Saturnino de Rodellar.

 Siguiendo el curso de este río, se llega a la aldea de San Román de Morrano y en ella nació Adolfo Buil Aniés, guarda forestal e hijo de un señor, que fue encargado provincial de todos los guardas forestales, hombre de una gran cultura, que con Joaquín Costa, cultivó una gran amistad. No es extraño que a Joaquín Costa, “profeta del agua en la provincia de Huesca”, le agradase conversar con un hombre, que en su casa-palacio de San Román de Morrano, experimentaba con ovejas navarras, cruzándolas  con unos grandes mardanos turolenses, haciendo en aquellos años la búsqueda de obtener partos de las ovejas de dos o más corderos. De esto, hace ya muchos años, porque él murió por los años treinta y nueve a cuarenta y su hijo Alfonso Buil, ya tiene noventa años de edad. Este hombre, joven de espíritu, ya de niño subía con los rebaños a las simas de la Sierra de Guara y corría hasta el Barranco de Mascún, muy cerca de San Saturnino de Rodellar .
  En el Somontano las ovejas eran una mezcla de rasas y ansotanas y con ellas, como en todos los rebaños, convivían cabras que daban paso por medio de las malezas, como aliagas, cardos, hojas de carrasca y de  robles, que producen bellotas.
Un día de Septiembre del año 2011, conocí al pastor jubilado, Francisco Elcacho, nacido en los Monegros,  en el pueblo de Ontiñena en 1933 y criado en Villanueva de Sigena, es decir hace ya setenta y ocho años. No pudo ir a la Escuela, porque se murió su padre y tuvo que trabajar ¡ya  desde niño!, para poder comer. Hasta los once años llevaba vacas a consumir broza por los sotos del río. Después lo incorporaron de “repatán “  o  rabadán en un ganado de ovejas. Poco tiempo ejerció tal actividad, pues como el amo lo vio activo, éste que era Francisco Naya, lo incorporó de pastor. Este señor, era carnicero  y poseía unas quinientas cabezas de ganado lanar. Pero al poco tiempo entró con los hermanos Murillo, naturales de Villanueva, que llegaron a tener unas cinco mil ovejas con varios pastores, que a veces se emborrachaban y se trataban “ a baqueta”, es decir violentamente. Francisco era pacífico y procuraba ir sólo con el rebaño y no juntarse con los demás pastores, lo que le permitió alcanzar una personalidad señorial, como si fuese un auténtico señor, sin saber ni siquiera leer y escribir. Sus “amos”, como se llamaba a los empresarios, eran los tres hermanos Murillo y su madre, a veces lo trataban bien y otras lo trataban mal, aunque Francisco con espíritu señorial, sin saber leer ni escribir, procuraba no darles motivos para que le riñeran, pero aún así, a veces le gritaban  y Francisco no les hacía caso ni les aguantaba los malos tratos y tenían que callarse.
Para la Guerra Civil tenía catorce años y estaba en Ontiñena y no se acuerda de ver arder el Monasterio de Sigena, pero al acabar la Guerra, lo vio y le produjo  una impresión desagradable, porque dice “que estaba aquello que daba pena”.
Se casó en Villanueva y tuvo seis hijos y cinco hijas, habiendo muerto alguno,  pero los demás todos tienen trabajo. Ahora vive en Huesca con su hija mayor. Y yo le digo, que usted   no sé si tiene algo que agradecer a la sociedad española y él me contesta que “agradecer al Estado, nada”, pero a pesar de eso no le ha faltado faena y pan para él y para sus hijos.
Este pastor monegrino,  con su fe en el trabajo y su comportamiento siempre honesto,  me hace recordar a otros pastores, que como Francisco, han sido un ejemplo en la vida. En mi artículo “Los pastores”, escribi  lo siguiente: “Yo tengo un recuerdo sagrado de los pastores con los que he convivido y es que Silvestre Bara (que descanse en paz), que estuvo de pastor en mi casa, antes de la Guerra Civil, y durante la misma, tuvo que separarse del dueño del ganado. Aunque separado del dueño, no se separó del rebaño, para que una vez acabada la trágica lucha, pudieran reunirse otra vez, en Siétamo, el dueño,  el pastor y las ovejas……¿Qué hizo a Silvestre volver, después de una guerra, a la antigua “tiña” o paridera de su amo, rodeado de ovejas?. ¡Qué fidelidad le tenía a su “amo” y qué amor a sus ovejas, pues siempre tenía una oveja “panicera”, a la que cada vez  que él comía, sentado debajo de una carrasca, le daba algún trozo de pan!. He conocido a otros pastores y todos ellos eran unos auténticos caballeros, no ricos en dinero  pero sí, en virtudes. Por ejemplo a Segundo Trallero de Nocito, a Antonié de Rafaeler y a tantos otros.
Francisco en casa de Naya estuvo un año, pero con los hermanos Murillo, estuvo veintiséis años de pastor. Naya era carnicero y tenía quinientas ovejas y sesenta cabras y dice que a los cabritos los sacaba pronto porque se subían por los “comederos” de las ovejas se cagaban y se meaban por la alfalfa que les echaba para que comieran. Francisco era todavía un niño,  pero ya sabía que un choto tiene ocho dientes en la mandíbula inferior. Francisco iba adquiriendo experiencia del “amo” Naya,  porque éste era capaz de contar el número de ovejas y de cabras, cuando ya estaban sueltas por el monte. Francisco en casa de Naya estuvo un año, pero en casa de los hermanos Murillo, estuvo veintiséis años,  desde el año mil novecientos sesenta y dos hasta el año mil novecientos noventa y dos. Siendo ya mayor la columna vertebral le fallaba, porque resultaba perjudicial pasar tantos años cogiendo cabras y ovejas, muchas veces para esquilar. El último año ya no le dejaron cogerlas. Vacaciones no tuvo ninguna. Se arregló el día cuatro de Agosto, se tomó cuatro días de permiso y ya no volvió a gozar de vacaciones. De los hermanos Murillo, que llegaron a tener siete mil ovejas, se fue a trabajar a una cerámica, pero le dejaron de pagar un millón ochocientas mil pesetas.
Los Monegros, la tierra donde pasó su vida Francisco, nos recuerda a muchos la sequía y la falta de árboles, pero Francisco me replicó que en los Monegros  abundan los pinos, de los que una señora presente en nuestra conversación, exclamó ¡ y muy bonitos!.Pero además existen las sabinas en los Sisallares, monte de Villanueva de Sigena, árboles que conoce muy bien Francisco, que dice que en los Sisallares, las sabinas tienen la corteza de color ceniza y algunas,  si son jóvenes la tienen blanca, pero al llegar a viejas destaca el color más rojo de su corteza. La sabina dice que tiene la hoja parecida a la albahaca y aguanta la sequía. En Villanueva, en “la valle” Juan  Ana, hay una sabina que tiene más de doscientos años y Francisco quería a esa sabina, y ésta le contestaba con su noble presencia,  ofreciéndole su sombra, pero sin palabras. Esta sabina se conserva muy bien, pero muchas sufren por las labores de los tractores, que cuando pasan cerca de ellas, cortan con los arados  sus raíces y al fin,  mueren. Pero  el que casi acabó con las sabinas fue la Escuadra Española, que luchó en la Batalla de Lepanto, pues con su fuerte poder,  sacó  de los Monegros, multitud de ellas, para combatir a los turcos.
Francisco tenía ganas de hablar de las ovejas y de las cabras, en cuya compañía pasó tantos años y me explicó que las ovejas que él cuidaba,  fueron casi siempre de raza monegrina, una variedad de la raza rasa aragonesa, que carece de lana en el vientre y son recias y  grandes de cuerpo. En los partos,  un amplio número parían dos corderos. En cierta ocasión una oveja parió cuatro corderos, uno de ellos negro y los otros tres blancos, pero esta oveja era de raza ansotana y no monegrina. Tenían varias parideras, una en el monte de Villanueva, arrendado y llamado  “El Moro”, pero tenía otro debajo de Lanaja y otro en el monte de “Los Negros”, que era de la señora Bastaresa, a la que así llamaban por derivación de su apellido Bastaras  de Lanaja, poseedora del gran Monasterio, que tiene una fresca fuente y dentro cuadros de Goya, que Francisco preocupado por el ganado, no entró nunca a verlos, aunque pasaba muchas veces por sus lados. Ese Monasterio, según había oído decir Francisco, lo tenía reservado para ella misma.
Arrendaban pastos de Colonización, porque el número de ovejas era enorme. Esquilaban a fin de Abril o a primeros de Mayo. En aquellos tiempos acudían esquiladores de Teruel, que ataban tres patas a las ovejas, aunque después llegaron los esquiladores polacos, que sin atarlas, casi no se movían y esquilaban con más rapidez que los esquiladores de Teruel. A veces le hacían algún corte a la piel de alguna oveja, pero les echaban polvos de carbón mineral y se curaban rápidamente. Lo peor era que se “cagase la mosca” en la herida, como les ponían huevos a los mardanos, a los cuales Francisco siempre les miraba la “guía”, para echarles Zotal rebajado. En las carnicerías, si no se les mataban las larvas que había puesto la “mosca”, se tiraban trozos de carne porque los mardanos se habían arrascado la “guía” y su zona, a causa de los parásitos. La vacunación se la administraban en la primavera contra la basquilla y otras contra el carbunco, que era la más eficaz, sobre todo para el ganado cabrío. En ocasiones se reunían tres o cuatro pastores para comer juntos y preparaban una caldereta, para almorzar y para cenar. Cocían en la caldereta patatas con pan, trozos de carne y algo que traían cada uno de los comensales.

Cuando voy por los montes, ahora ya casi no se ven rebaños de ovejas y de cabras. Se las han vendido porque ya los “amos” no encuentran pastores como Francisco. Alguien  les decía que no iba a quedar carne y ¿qué íbamos a comer?. Le contestaban: ¡ya compraremos!, pero ahora para comprar carne en el mundo, hace falta mucho dinero y éste, ¿dónde está?.    

Pedro Saputo, el Quijote aragonés

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