sábado, 5 de abril de 2014

Cavero y sus escudos



Yo siempre  he tenido un gran amor a este apellido, entre otras razones porque forma parte de mi genealogía. Efectivamente, mi bisabuelo Don Manuel Almudévar Cavero era hijo de una mujer de casa Cavero de Siétamo y yo desde antes de la Guerra me miraba el escudo noble y con corona, no sé si condal, en su parte alta. Tenía ocasión de mirarlo dos veces porque la casa de Cavero, estaba en la Calle Baja y otra en la Calle Alta en casa de Felipe Cavero, que fue la primera casa que se hicieron éstos en Siétamo. Ahora, después de pasados sesenta y seis años de la terrible Guerra Civil, sólo tengo una ocasión de mirarme en el noble escudo aragonés, en la cerrada casa de Felipe Cavero, pero restaurada por la hija de Ramón Puyuelo Cavero. ¡Hermoso escudo, en el que tras mirar sus distintos cuarteles, me esfuerzo en leer sus últimas palabras, que dicen: Armas de los Caveros de Siétamo!.  Este escudo parece ser que representaba las armas originarias de los Cavero y éste era el escudo del Conde de Sobradiel. Ramonito me dijo que cuando los Cavero vinieron por primera vez a Siétamo, quisieron hacer honor a su apellido y al Conde le pidieron permiso para copiar su escudo. Eran una familia próspera, porque venía de buena casa; unos decían que de La Perdiguera y otros que de Berbegal y debieron de traer buena dote, pero al ser grandes labradores, prosperaron más y se encontraron con la necesidad de aumentar el tamaño de su casa e hicieron la de la Calle Baja, dejando la de la Calle Alta para un hermano, que puede ser que se llamara Juan, según dicen algunos o Felipe, según otros, con cuyo nombre hablan de dicha casa Yo tengo una Infanzonía de los Cavero, porque cuando algún miembro de su familia se casaba, le entregaban una copia. Para la Guerra destruyeron en Siétamo todos los documentos, pero el  señor Trisán de Fañanás que venía con los nacionales, estuvo en nuestra abandonada casa y metió en un saco todos los papeles y escrituras que encontró y lo llevó a la farmacia de Llanas de Huesca, que eran parientes de los Almudévar.
Esteban Almudévar y Escabosa se casó con Francisca Cavero y Abad. Su primera hija María Teresa nació en Mayo del año 1803.  El heredero Manuel Almudévar Cavero nació el ocho de Diciembre del año 1805 y fueron sus padrinos, sus abuelos maternos Don Marcos Cavero y doña Ignacia Abad. Tuvieron tres hijas más, a saber Manuela en 1808, María Francisca, nacida el día 9 de Julio del año 1815 y Agustina, nacida el 23 de Abril del año 1818, de la que fue madrina su tía Agustina Cavero. El último hijo fue José María, que nació el día 9 de Febrero del año 1821. cuyos descendientes viven en Cataluña y vienen a veranear a Siétamo a una casa, que poseen. Hoy, día dieciséis de Septiembre del año dos mil seis, está mi esposa acompañada de mi hija Pilar y de su novio, en Gerona, asistiendo a la boda de una descendiente de José María; igual que vosotros los Cavero de Berbegal celebrais la boda de un sobrino vuestro en las alturas de Berbegal. Don Manuel Almudévar y Cavero falleció en Siétamo el día cinco de marzo del año 1873. 
En la casa principal de los Cavero de Siétamo, era el dueño don Domingo Cavero, casado con  doña Pascuala  Peña y no tuvieron hijos y convivían con un hermano soltero. Su casa, para la Guerra, la destruyeron, pero él siguió cultivando las tierras, teniendo mulateros e incluso yo me acuerdo de que compró, cuando no se veía ninguno todavía, un tractor. Me acuerdo que estando enfermo, lo fue a visitar mi hermano médico Manolo; se quedó agradecido y le dio dos objetos de lujo antiguos, de los que todavía recuerdo una especie de petaca de puros. Esos objetos todavía los guarda su mujer en Canadá.
Se acabó su vida y todavía le dejó a un Cavero Cavero, unas fincas. Este Juan Antonio era hijo de un Maestro Nacional de Novales y de una hermana de Domingo. Yo me acuerdo de ver a un primo suyo de Laluenga que se apellidaba Planas, apellido que parece ser era el segundo de Domingo. Una vez vino a Siétamo el Jefe del Servicio Nacional de Cereales, Don Miguel Cavero de Berbegal, a sacar una fotografía del escudo que todavía preside casa Felipe Cavero. La fotografía  que Miguel sacó del escudo de casa Felipe Cavero la hizo conversando con su pariente Doña Carmen Cavero, señora cuya imagen recordaba la de una abadesa de un convento, por ejemplo, del de Casbas. Dicha respetable señora era la madre de Ramonito. No se encontraba ya el escudo de la arruinada casa grande de Cavero, que había guardado Domingo Cavero y al morir lo recogió su sobrino Juan Antonio Cavero Cavero.
Ramón Puyuelo Cavero, es ahora el representante en Siétamo de la noble estirpe de los Cavero, porque además de ser un hombre alegre y conversador, ama la casa de Felipe Cavero y no quiere que se venda y tiene varias fotos y dibujos de su escudo. Dicha casa, con su noble, con su corona en la parte superior, ha pasado a la hija de Ramonito Montse, casada con José Luis de Antillón.
En el escudo de los Cavero aparecen las campanas de Ahonés, de las que en otros escudos pone debajo de ellas: “Campanas de Ahonés, ya non sonarés més”. En Siétamo desde luego que sólo suenan en el corazón de “Ramonito de Felipe Cavero” y en el mío y se podrán ver sin oírlas,  mientras esté ese escudo de Cavero a la vista de la gente. Pero esta noble familia procedente de Jaca, se extendió a Zaragoza en el siglo XV y después fue a Casbas   y a La Perdiguera y a Ortilla y a Siétamo Se extendió por todo Aragón y luego por toda España. Tuvieron tal apellido los Condes de Sobradiel y Gabarda.
Basta leer la Historia de España para comprobarlo. Y si nos interpretaran el escudo, daríamos muchas vueltas a nuestra imaginación, porque como dice la Enciclopedia Aragonesa: “Las armas de los Cavero eran un escudo de gules con un castillo de oro y en jefe dos campanas de oro sin badajo”. Alguien se los cortaría porque ya no sonaron más. Sigue la Enciclopedia diciendo: “ pero ulteriores parentescos complicaron este escudo, que se acuarteló: primer cuartel una cruz de gules con media luna en el centro y en los cuatro espacios de la cruz de cuatro alas de plata perfiladas de oro y todo el campo de sinople; segundo cuartel partido en faja arriba el escudo de la familia Ahonés y abajo, sobre sinople, una cabeza de sultana destilando sangre”.   Esta cabeza por alguien fue cortada, como los badajos de las campanas de Ahonés y en estos tiempos en que se reivindican los musulmanes a sí mismos, cualquier día reclamarán que se retire esa cabeza del escudo. Sigue la descripción del escudo, diciendo: “ tercer cuartel partido en faja arriba el escudo de la familia  Ahonés y abajo sobre sinople un ramo de oro, y cuarto cuartel en gules cinco escuditos de oro colocados en cruz”.
La vida en este mundo va cambiando y de la misma forma que en el escudo vemos una cabeza cortada, a todos nos la cortará la vida y desde las alturas de Berbegal, desde aquella pequeña meseta rodeada por una especie de balcón, se está muy cerca del cielo, como parece recordarlo aquella antigua y bella iglesia parroquial. Uno se da cuenta de tener la oportunidad de pensar en el pasado, pero para preparar el futuro de Aragón. Parece que los corazones se tienen que entristecer al pensar en la vida que han llevado muchos hombres y mujeres de apellido Cavero, como mi tío Domingo, que murió arruinado y la triste historia de muchas casas de aspecto histórico, como la Casa de Felipe Cavero de Siétamo, hoy sin habitar por ningún pariente de los  Cavero, como señala en su fachada un noble escudo. En la Casa de Cavero de Berbegal uno se recrea viendo aquellas salas, con cuadros colgados de caballos con sus jinetes, las imágenes de Cristos y de Vírgenes, los juegos y los libros, en que uno podría reconstruir muchos capítulos de la historia de la agricultura, de los tributos,  de los abonos, de las caballerías y de los aperos agrarios. Siente uno la nostalgia de los tiempos pasados, pero ahora contempla como no sólo se acercan los Caveros a esta casa en el verano, sino que acuden con frecuencia desde Madrid. Están los Caveros por todo el mundo, trabajando en todas las actividades humanas o jubilados, como “Ramonito de Felipe Cavero”, que conserva en su corazón la tradición que aprendió de su buena madre doña Carmen Cavero.
Pero no basta con pensar en el pasado, porque hay que tener además de memoria, inteligencia para resolver los problemas actuales y voluntad para trabajar en esa noble tarea. En el pasado tenemos que fijarnos en el hermano heredero del patrimonio Cavero de Berbegal, que viviendo en Madrid acudía frecuentísimamente a dirigir las faenas, que necesitaba el patrimonio que le hiciesen y en uno de esos viajes murió de accidente. Hay que buscar luz en su vida y en su muerte, para preparar el porvenir de Aragón  y me acuerdo de  que en la descripción del escudo no se nombra la linterna, que figura en la parte alta de la derecha de dicho escudo y ahora es cuando más necesitamos su luz, para que nos ilumine las numerosas faenas, que debemos emprender para hacer progresar a Aragón.
Se puede pensar en las alturas de Berbegal, mirando todo el Somontano, desde Siétamo a Binéfar y desde el Pueyo de Barbastro hasta los profundos Monegros y hay que pensar no sólo en la agricultura, sino en la industria, como han hecho los catalanes y ocurre ya en Binéfar , en Monzón y en Barbastro y ahora que va a pasar la autopista de Lérida a Pamplona, habría que crear actividades industriales y veríamos, subidos al alto balcón de Berbegal, como aquellos valles estaban habitados y recorridos por personas, que da igual que se llamen Cavero o tengan un apellido de origen extranjero.
Hay que intentar crear industria en aquel paisaje inmenso, porque los catalanes, que tienen ya casi ocupado todo su territorio, aspiran a comprar el nuestro, para descongestionar su Cataluña. Cataluña formó parte del reino de Aragón, pero la nacionalidad aragonesa no debe pasar a formar parte de la catalana.







viernes, 4 de abril de 2014

Los purines del cerdo, enemigos de su producción de carne



Yo, como nacido en una casa agrícola, he conocido el sacrificio  de cerdos en el corral o en una cuadra. Aquel sacrificio era como la fiesta de los toros. Había alegría en la casa donde se “mataba el tocino” y corría el porrón lleno de vino entre los asistentes al sacrificio del mismo, de los que unos acudían a colaborar en la captura del cerdo con un gancho, que se le clavaba en el cuello y se le sujetaba en el otro extremo con las manos. Había que derribarlo en el suelo, para con un cuchillo desangrarlo abriéndole las venas yugulares, para que derramara su sangre, que alguna mujer bien preparada para el caso,  la recogía en una vasija, mientras le daba vueltas con una mano, para evitar que se coagulara.  Unos gozaban de la habilidad de los matarifes y otros sufrían al  ver la inútil defensa de la víctima del sacrificio. En el pueblo de Siétamo el matarife Vicente Benedé, llegó a matar en un año ciento cincuenta cerdos. Entonces el tamaño del cerdo alegraba a los dueños  tanto más, cuanto mayor era su tamaño. Pesaban desde doce arrobas  para arriba de dieciséis kilogramos cada una. Solían matar un cerdo cada vez que entraban en matacía, pero a veces mataban dos.  Para obtener ese peso de ciento cuarenta kilos, tenían que haber cumplido dos Agostos Una vez muerto el cerdo, se echaba agua casi hirviente sobre su cuerpo y los colaboradores del dueño, con sus cuchillos y sus “lozas” o “arrascadores”, le iban despojando de los pelos y de  las partes  queratinizadas  de la epidermis, que defendían su piel contra el medio en que vivía.  Se facilitaban estas tareas, unas veces derramando por toda su piel agua escaldada o, en la Montaña se pasaban por ella aliagas encendidas. Aquellos pelos, conocidos con el nombre de cerdas, los guardaba el matarife y al fin de la campaña de sacrificios de cerdos, se las vendían a industrias, que utilizaban esas cerdas para fabricar brochas, con  el fin de darse jabón los hombres en el afeitado y cepillos para limpiar la ropa o para fabricar cepillos de dientes.
George Orwell escribió “Rebelión en la Granja”, en que ocupaba a los cerdos en dirigir las faenas del matadero, llegando a oponerse   al  consumo de la carne de los cerdos, cuyas carnes se consumen cada día con más frecuencia, y establecer el vegetarianismo.
Eran  muchos los productos que se fabricaban con los cerdos sacrificados, para consumir las grasas de su tejido adiposo,  al que llamaban tocino, pero además, guardaban para el resto del año chorizos, longanizas, butifarras, tortetas y morcillas y el sabroso jamón. En todas estas operaciones intervenían los veterinarios, que por aquellos pueblos y aldeas inspeccionaban la sanidad de aquellos productos cárnicos y en cada sacrificio porcino recogían unas fibras musculares, en los que intentaba ver aquel parásito,  llamado Triquina, que producía muertes y parálisis en algunos consumidores. Había que colgar ese cuerpo en una anilla, que todavía se ve en los maderos altos de la cuadra, para ser despedazado en las diferentes partes, de las que unas, como las tripas con el fin de limpiarlas y otras para consumir la carne, cuya proteína nos hacía crecer y estar fuertes.
Este era el panorama del consumo de carne de cerdo en España, pero a partir del año dos mil, en pocos años ha cambiado, podemos decir que totalmente, el sacrificio familiar  por el industrial, cuyo objetivo es el mercado mundial. Están creciendo, cada día, el número de granjas en las que se crían los lechones y se engordan los mismos, con una alimentación semejante para todos ellos y unas infraestructuras parecidas en todos los países. Se ha producido en el mundo un crecimiento del consumo de carne y de la misma forma que ha crecido la cría de pollos,  ha aumentado la de cerdos, de los que se han seleccionado los de crecimiento más rápido, que dan un alto índice de conversión de alimentos.
España ha llegado a producir carne de cerdo en una cantidad notable, ya que está cercana a los tres y medio millones de toneladas, de tal manera que el sesenta por ciento de la carne consumida  en España es resultante del sacrificio de los cerdos. Sacrifican al año cuarenta millones de cerdos, lo que le hace a España la  segunda nación productora de carne de cerdo en Europa y la cuarta en el mundo. Pero China,  ese País que ha progresado estos últimos años, produce  uno de cada dos cerdos en el mundo.   
 En la historia de los hombres, se han visto progresos sanitarios, como por ejemplo las alcantarillas que pusieron en uso los romanos. Hemos pasado épocas en que el hombre se dedicaba a obtener el placer por un lado, mientras por otro esclavizaba a otros seres humanos. Hemos pasado de las épocas de abundancia de alimentos  a las épocas de hambre. Ahora vuelven a ocurrir épocas de abundancia en el consumo de proteínas, pues nos basta observar la cantidad y calidad de granjas para la cría de los cerdos, pero ya se ha dado cuenta la humanidad de que los purines, pueden  causar el cierre de muchas granjas y ese cierre irá aumentando, quizá hasta crear una necesidad de producir carne, que no podremos llegar a conseguir.
¿Cuál es la causa de la posible paralización del uso de las granjas?, es simplemente el problema medioambiental de los residuos, porque con el sistema actual de eliminación de los purines, no se consume el nitrógeno ni el fósforo, con lo que  se contaminan los suelos, que con su riego se producen, pero no sólo éstos sino que contaminan también, además de los suelos, los acuíferos y la atmósfera.
Cuanto mayor es el número de cerdos que ocupan una granja y menor es la extensión de tierra sobre la que arrojar el purín, más se contaminan los suelos y más se aproxima la hora de cerrar las granjas, o de instalar lagunas de oxidación o maquinaria que neutralice con ácido sulfúrico o que realice un proceso de oxidación con ozono. Los criadores de cerdos se encuentran con unos gastos que no pueden llevar. En la zona del Matarraña y del Maestrazgo,  están a punto de cerrar una quinientas granjas. Sería una solución del problema, que una empresa pública o privada se encargue de utilizar los purines  para su traslado a zonas agrícolas, que se encuentran cercanas en Teruel a las zonas de Valencia y allí fertilizar las fincas de mejor producción. Próxima a Teruel se encuentra la tierra valenciana, donde un grupo de técnicos, al darse cuenta de la dificultad del uso de los purines, que contienen una elevada carga de nitrógeno y de fósforo, pueden llegar a contaminar los suelos, los ríos y la atmósfera. Están estudiando un tratamiento común de purines y subproductos agrícolas, para producir biogás de un modo rentable. Están estudiando cuales son los productos de huerta más apropiados a esta operación, con los pimientos, tomates, melocotones, etc. Por ejemplo los pimientos están aumentando en un cuarenta y uno por ciento, la producción de metano, que se puede comercializar. Este sistema ya lo practican los chinos en un pueblo del centro de su país, donde utilizan el metano, que procede de los purines del cerdo. En la película de “Mad Max, más allá  de la cúpula del trueno” de 1985 da a entender, que un futuro post nuclear es el más seguro método para convertir los purines del cerdo en gas metano.
Hay ocasiones en que los excrementos naturales se pueden incorporar al ciclo vital del suelo, si existe un equilibrio entre el excremento y la extensión del terreno, que pueda soportar el proceso biológico de la adaptación entre los excrementos y la tierra.
A propósito de esta teoría, un ingeniero oscense, que trabajó en Extremadura, me ha dicho que, en esa tierra, la extensión de sus campos era notable, y que arrojando en ellos,  el purín  si notaban una pequeña “quema por el amoniaco”, al año siguiente se dejaba de echar purín. Se nota que en los lugares donde es escasa la tierra cultivable y  enorme el número de granjas de ganado porcino, aumenta el porcentaje de nitrógeno, que anula la validez de las granjas, con la contaminación de las corrientes fluviales.
Hay variados sistemas para lograr limpiar el ambiente de los excesos del purín,  el primero es el que ha observado el oscense, nacido en Sarvisé, de nuestra Montaña, allá en Badajoz.
Viene luego el uso de Lagunas de Oxidación, que tienen por objeto, a partir de los purines, generar y conservar la biomasa, arrojada a la Laguna, sin consecuencias tóxicas. Estas lagunas están  constituidas  por otras tres lagunas, a saber la primer anaeróbica, a continuación facultativa y la última aeróbica. No sólo es preciso mantener la limpieza, sino que es necesario conservar la biomasa correcta. No es precisa en este proceso mucha mano de obra, pero hace falta una formación del encargado de la Laguna para controlar la biomasa contenida en la misma. Estos encargados de la granja han de controlar la biomasa, trabajando con el uso  del pH, del oxígeno disuelto de la temperatura y de otros detalles para deformar la biomasa existente, en otra, que compagine  con la salud de los cerdos en  la granja y  con el sano consumo de su carne.
Pero a la humanidad se le presenta un grave problema para transformar los purines del cerdo, a saber cadáveres, orines y defecaciones, en energía eléctrica, calor y agua. Y ahora  se siente la necesidad de hacer un tratamiento integral para evitar la contaminación del suelo y de las aguas, con el objetivo de obtener un agua pura para regar o para consumir y por otro lado obtener de los purines, un abono orgánico, que haya perdido amoniaco y fósforo.
Después de someter a los purines a la ausencia de oxígeno (anaerobiosis), con la adición de unas bacterias se produce un biogás,  rico en metano, que sirve para obtener un eficaz combustible, que produce energía y calor. Hay que conseguir acabar con el sobrante del nitrógeno y del fósforo, que son los crueles contaminantes de los suelos.
Por tanto hay que llegar a la  desnitrificación  y  desfosfatación  del purín, para obtener agua y abonos, que colaboren con el ecosistema.
Hay una dificultad enorme para obtener estos propósitos y es la economía, pero ante dificultades tan enormes como el fósforo y el amoniaco, es imposible mirar otro objetivo, con el consuelo que hace pensar que en unos cinco años, con el agua,  el abono y la energía del gas metano, se pagará la innovación de las granjas con posibilidad de desarrollo.
Los cerdos, como cuenta Orwell en su obra “Rebelión en la Granja”, se sublevaron contra el poder del hombre. Esta fue una sátira contra el estalinismo, pero que trasladada al tema del purín, hace desanimar al hombre para modernizar las granjas, entre otras cosas por la crisis monetaria, que nos ahoga. Dice Orwell en “Rebelión en la granja: “El hombre es el único ser que convive sin producir. Sin embargo es dueño y señor de todos los animales. Los hace trabajar, les da el mínimo necesario para mantenerlos y lo demás, lo guarda para él. Nuestro trabajo es laborar la tierra, nuestro estiércol la abona y sin embargo, no existe uno de nosotros que posea algo más que su pellejo”. Eso dicen los cerdos y el hombre si quiere compatibilizar con el medio ambiente, ya  posee la tecnología suficiente para transformar la industria de las granjas porcinas, pero el enorme gasto económico  que la dificulta, sobre todo en estos periodos de crisis, le frena su actividad.
A mí me ha inspirado Georges Orwell en este asunto de los purines de los cerdos, porque en la Guerra Civil española, después de ser herido en Monflorite, lo trasladaron a un huerto de propiedad de mi padre, situado en Siétamo. De aquí lo trasladaron a Tarragona y desde esa ciudad huyó de España,  por temor al comunismo. Siempre que voy al huerto, me acuerdo de Orwell.
La sociedad debe preocuparse de estos problemas de la alimentación del hombre, pues en ella se encuentran ciudadanos, en este caso de noventa años, que hace unos treinta, en un viaje a Alemania, se trajo unos veinte libros de producción industrial, en los que encontró varios aparatos, para producir gas metano y rebajar,  al mismo tiempo, la toxicidad del amoniaco y del nitrógeno. Me enseñó esos dibujos productores de metano hace ya varios años y estos día del año 2014, al leer los periódicos, que comunicaban el problema de la subsistencia de las granjas de cerdos, me los ha vuelto a mostrar.

Si la Sociedad se hubiera ocupado del problema de los purines, de la misma forma que el Guarda Forestal Jubilado Alfonso Buil,  nacido en San Román de Morrano, en el Señorío de Aniés, estaríamos tranquilos,  consumiendo jamón

jueves, 3 de abril de 2014

Del cero al infinito



Hay personas que por su profesión tratan continuamente con los números, tanto que a veces se les “bailan” en el cerebro haciendo su huelga particular, perdiendo la frialdad que les caracteriza y entrando en juerga, hartos de ser manipulados en contantes sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. Están los pobres números hartos de cuadrar y de ser cuadrados y se sublevan y se “rebailan” con gran regocijo para ellos y enorme confusión y enojo para el cerebro, ya mecánico,  ya humano que trata de someterlos a la exacta e implacable disciplina de las matemáticas.
Hay profesores que pueden mantener disciplinados a veinte o treinta alumnos, y hay líderes y dictadores que someten a disciplina a millones de personas. De la misma manera hay cerebros que con la ayuda de los dedos de las manos controlan hasta el número diez; los hay más aventajados que pueden llegar a dominar veinte números, ayudándose, además, con los dedos de los pies, y algunos  a veintitrés contando las dos orejas y la nariz. De la misma manera que hay dictadores que con la colaboración de máquinas infernales dominan una turbamulta de números con la ayuda de máquinas  electrónicas, que también llevan el camino de ser  nuestras  dictadoras.
A mí los números no me engañan, porque  no he intentado nunca hacerlos trabajar; para mí son amigos, como las letras y cuando los veo no me pongo serio, como todo el mundo, al entrar en contacto con ellos, sino que me causan gracia y mi imaginación se pone a jugar con ellos. El I romano, es para mí, un niño o un soldadito, y si pongo uno detrás de otro,  son dos niños o tres o cuatro o una fila de niños en procesión o una línea de soldados en formación. Si hago el uno corriente es como si todos los niños o soldados se hubiesen colocado una visera. Si veo un 2, me parece ver un cisne, y aunque sé de memoria que “dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis”, yo veo un cisne, dos cisnes, tres cisnes, un ballet de cisnes. El tres me hace pensar en un trío musical, en una troika rusa, en un triunvirato romano, en un triángulo de percusión, en un triángulo masónico, en el de las Bermudas; en Pitágoras, en un fraile trinitario, en la Trimurtí  india y en el Misterio de la Santísima Trinidad.
Hubo en tiempos pasados alguien que quiso desacreditar al tres y sacó aquello de que “tres eran tres, las hijas de Elena; tres eran tres y ninguna era buena”. No sé cómo serían las hijas de Elena, pero yo no veo al tres implicado en su buena o mala conducta. El cuatro es una “silleta” de iglesia o el marco de un cuadro y además, con un seis y un cuatro, se saca “la cara de tu retrato”. Para los niños el cuatro es muy simpático, pues a todos  les han cantado “cuatro esquinitas tiene  tú  cuna y un angelito en cada una”.
El cinco representa el equilibrio, porque es el más centrado, no en vano hay un “cinco malo”. Además es el más fácil de multiplicar y muy fácil de sumar. Además hay una canción infantil que a Rodríguez de La Fuente le hubiera encantado y que dice “cinco lobitos tiene la loba, cinco lobitos detrás de  la escoba, cinco tenía y cinco  crio y a los cinco lobitos, de comer les dio”.
El seis tiene la frente muy amplia y un ojo muy despejado; representa la media docena y en el juego del Dominó y de los Dados, es un número señor.
El siete parece un uno con pajarita, para disimular su humilde aspecto, pero es el número que  encierra más arcanos y el que más sorpresas depara. Es el número de mi devoción, pues nací en un pueblo que se llama Siétamo o Sieteno  (que en fabla aragonenca es séptimo). Dios hizo el mundo en siete días y setenta veces siete es el número de los elegidos. El candelabro del Templo de Salomón tenía siete brazos, tantos como  cabezas tenía la bestia del apocalipsis, sobre la que se sentaba la prostituta que ofrecía veneno en una copa de oro. Siete vidas tiene un gato, ¡marramamiaú, miau, miau!, siete vidas tiene el gato, siete vidas tiene el gato,  que resucitó al olor de la sardina.
Ha habido varias  guerras de los Siete Años, entre ellas la nuestra, la primera guerra carlista. Y me acuerdo de la  Leyenda de los Siete Sabios y del cuento de “Blanca Nieves y los siete enanitos” y de los “Siete cerditos y el lobo feroz”. El que quiera jugar puede hacerlo al Siete y Medio. La Biblia nos habla de siete años de vacas gordas y siete de vacas flacas. Si ahora nos encontramos en este último período, nos queda el recurso de encomendarnos a los Siete Dolores de la Virgen y el de contraponer a los siete pecados capitales, otros siete virtudes. Si Castilla tenía el Código de las Siete Partidas, Aragón tenía el Consejo de los Siete de la Rota, que colaboraban con el Justicia Mayor. Y así como Joaquín Costa le echaba siete llaves al sepulcro del Cid, yo le echo siete llaves al número siete.
El número ocho tiene su cabeza mirando al cielo y su abdomen en el suelo, mira igual a un lado que a otro, es un número muy equilibrado, muy rechoncho, muy señor y muy satisfecho de sí mismo, pues la gente dice que aquel que está ufano,  está “más hueco que un ocho”
El nueve, por ser el más elevado, tiene muy desarrollada su cabeza y el cuerpo de asceta.
Pero todos los números viven en perfecta democracia; no hay ninguno que se quiera imponer a los demás, porque saben que colocándose el uno, un cero a la derecha, sobrepasa al nueve, y si éste hace lo mismo, el uno se coloca dos ceros y esta lucha por el poder saben que es absurda, porque no acabaría nunca, como pasa entre los hombres. Así que cada número representa su papel; cada uno hace lo que sabe,  y de esa conjunción perfecta y contando con la colaboración del cero, aspiran a alcanzar el infinito.
De esta forma el cero, que para algunos no representa nada, es el meollo  de la cuestión numérica;  es el más despreciado, pero el más centrado, el que se ha encontrado a sí mismo, el más redondo y el más colaborador.

Los números son mis amigos y por eso no quiero hacerlos trabajar. Si buscan un contable, no cuenten conmigo, aunque ahora, con eso de la Declaración de la Renta, todos somos contables por decreto.

miércoles, 2 de abril de 2014

Ramón y Cajal y el Obispo de Huesca, Don Zacarías



Memoria, entendimiento y voluntad. A mi memoria se han acercado recuerdos un tanto confusos. En los cementerios, en las lápidas en que está escrito el nombre de algún ser humano, se añaden una multitud de recuerdos al Creador, a la vida pasada de los hombres y mujeres, a las estrellas y planetas, que tanto nos hacen meditar. Yo pensaba en tres tumbas soñadas, en las que estaban escritas en cada una de ellas,   empezando por la primera, la palabra Memoria, otra en la que ponía Entendimiento, y una tercera que estaba acompañada por la palabra Voluntad. Ya no las encontré, porque no me acuerdo cuando soñé semejantes tumbas. Pero mi memoria se apegó a su recuerdo y soñé lo que pasaba en una pequeña iglesia parroquial en la que unos rezaban y se lamentaban, llegando incluso algunos a llorar, delante de las tumbas que llenaban el pequeño cementerio, entre tanto otros, debajo de la bóveda, que no era muy elevada, llegaban a cantar “De profundis” populares, acompañados por sonidos de unas pequeñas campanas, que colgaban de los techos y que hacían sonar tirando de una cadena que ponía en movimiento un aparato de engarces de hierro, que corría, hasta hacer escuchar el din…don, din…don, din …don de las pequeñas campanas, porque no eran ni grandes ni del tamaño de las campanillas. Uno de los que tiraban de  una cadena, era alto, de media edad y soñé su nombre, que era el de Marquer y a su lado estaba su hija de unos dieciocho años, y yo les oía cantar una letra semejante a la de aquella jota de Leciñena, que dice así: ”Si con lágrimas pudiera, resucitar a mi madre- iría a la sepultura- a llorar gotas de sangre”. En medio de aquellos sueños, creí ver las tres tumbas en las que ponía Memoria, en la primera, Entendimiento en la segunda y Voluntad en la tercera. Al despertarme un tanto extrañado, acudieron a mi memoria muchos recuerdos de nuestros pueblos, porque éstos, pareen escuchar el “memento homo, quia pulvis es”, ”¡acuérdate, ¡oh! hombre, de que eres polvo!. Y el hombre lo recordaba porque estaba organizado para recordar, ya que con él convivían plañideras “ploraderas”, que asistían a los difuntos, para llevarlos a enterrar y asistían a las familias que se quedaban sin compañía. Ahora ya casi no se sabe nada de ellas, porque se han creado sociedades, que se encargan de recoger a los muertos y de enterrarlos,  pero yo conozco a una de esas plañideras. Un día me contó como vestía los difuntos y lo difícil que era poner la chaqueta a uno de ellos, me relató también los cuatro casos en que los difuntos le crearon alguna dificultad. Y, ¡cómo lloraba, cuando alguien moría!, pero no eran lágrimas hipócritas, sino sentidas. Yo me acuerdo del Día de las Almas o Día de difuntos, en que el sacristán,  Antonio Bescós, tocaba las campanas cada hora y con su sonido lento, hacían trabajar las memorias de los vivos. ¿No serían los sonidos de las campanas en esa pequeña iglesia, como  recuerdos de aquellos que hacía sonar Bescós, cada hora, el Día de Difuntos?. Iban los vecinos del pueblo y los que venían de fuera, a pedir por algún pariente suyo, al cementerio y allí reunidos rezaban el Rosario y por todas partes, cuando subían y cuando bajaban, encontraban calaveras, construidas con calabazas y por sus ojos salían los rayos de la luz de velas encendidas. Un Día de difuntos, por la noche, pasaba yo por la carretera que de Novales sube a Huesca y en medio de ella, vi una luz extraña, paré y cogí una calavera de calabaza, con su vela dentro. Todavía se siguen colocando recuerdos a los muertos, hechos vaciando calabazas e iluminándolas con velas. En Sariñena cantaban. “En la tumba de unos padres- no hay una flor que se seque-mientras que tenga unos hijos-que con su llanto la rieguen”.
Parece que he encontrado el sentido de la Memoria de la primera tumba, pero ahora debo buscar el Entendimiento, que exponía la segunda. La Memoria me ha dado material para poner en marcha ese Entendimiento; ahora “el morir tenemos, ya lo sabemos”, pero el entendimiento piensa no sólo en el fin de la vida, sino también en su origen. No muere todavía la especie humana sino que van muriendo sus componentes, que son sustituidos por vidas nuevas y es por tanto el momento de que el Entendimiento, piense en el origen de esas nuevas vidas, pero la vida es múltiple de formas, ya que existen multitud de seres vivos, unos, plantas, y otros animales. Aquellas tienen una vida botánica, en tanto los animales obedecen a sus instintos, mientras que los hombres están preparados para ser libres, ya que unos creen en Dios, otros no lo hacen y tienen un pensamiento y un entendimiento libre. Teilhard de Chardin ha escrito sobre el origen del hombre y éste usa el entendimiento para buscar su origen, y para alcanzar una vida mejor. Muchos no piensan y se entretienen con el baile, con el fútbol, con el juego o tratando de enriquecerse para vivir mejor, pero no para ayudar a su prójimo y para que éste piense. En tanto existen hombres que piensan y que han descubierto que aparte de la materia está la antimateria, cuya existencia y misión no han podido aclarar.Es un gran misterio para los hombres de la calle, que no sabemos cómo un Ser Todo poderoso nos gobierna y nos deja libertad para investigar modestamente la Luna, Marte, las Novas, etc., etc. Estos estudios  son sólo el principio que nos conducirá a conocer el infinito, con la ayuda del Señor, y después de prolongados tiempos. Pero así como con la palabra Memoria he soñado, estoy haciendo lo mismo con el Entendimiento. ¡Soñar!, es tan complicado el pensar sobre el origen de la vida, que uno tiene necesidad de hacerlo.
Parece ser que lo intentaron el burgalés, que fue obispo de Huesca en 1818, Fray Zacarías Martínez. Fue un agustino, que estudió ciencias Físico-Naturales en la Universidad de Madrid y el sabio aragonés Ramón y Cajal, amigo suyo, que se habían conocido en la Universidad. En una carta, que el histólogo escribió al obispo, le dice: “No le interese a usted demasiado lo que los histólogos imaginan para dar  del sueño una  explicación físico-química o histo-fisiológica. En realidad, nada se sabe de seguro sobre el tema…”Pero Cajal no pensaba sólo en el sueño, sino que reclamó a la Real Academia la aclaración de las diferencias entre sueño y ensueño. Cajal era científico puro, pero igual que yo he buscado la investigación por el sueño, él la buscaba también en el ensueño.  Es una lástima que no se publicara un solo libro sobre “el sueño y los fenómenos del ensueño”, porque dicho manuscrito se extravió durante la Guerra Civil; Ramón y Cajal, como escribe Virgilio Pérez en el Diario del Alto Aragón del día de San Lorenzo: “anotaba regularmente el contenido de sus propios sueños y los de las personas que tenía alrededor”. No sé si Cajal creía en Dios, pero sentía el Evangelio, porque en una carta, le escribe a don Zacarías Martínez: “le diré, aunque hiera su modestia, que resplandecen en su libro tres méritos sobresalientes: talento oratorio cautivador, sólida preparación filosófica y científica, y profunda unión evangélica, sin la cual las dos primeras, con ser tan altas, serían cual brillantes flores sin aromas”.
La tercera potencia del alma es la Voluntad, acto con el que se quiere algo o se aborrece o rechaza y que equivale al libre albedrío. Después de haber recordado tantos episodios de nuestra vida y de ocupar el Entendimiento en su análisis, es la Voluntad la fuerza motriz que mueve  el cuerpo  y por esa voluntad, queremos y por el deseo amamos. He visto como el Creador llama al hombre para que investigue el origen de la vida y los caminos de la luna y de las constelaciones y es que quiere al hombre, para encontrarse con él y le da las facultades para que prospere en sus conocimientos y que esa facultad de la Voluntad, que le ha dado, coincida con la del Señor, cuando decimos en el Padre Nuestro: ”Hágase tu voluntad así en la Tierra, como en el Cielo”.



martes, 1 de abril de 2014

Lorca y su poesía



A García Lorca, que nació el año desastroso para España de 1898 y murió, fusilado, el año de 1936.
Mes de Junio, el de la siega de 1936, en Siétamo. Yo tenía cinco años.
Salía el sol por el Oriente,
Brillaba  el horizonte y el cielo estaba azul,
los  hombres vestidos con la pana
y  armados con sus hoces
segaban,  segaban y segaban...
Mirábame   hacia el monte y se veía,
Una  enorme ventana
Con  la Sierra en el Norte, como fondo,
Olivos  al Oeste y al Oriente el Pueyo  de Barbastro,
y delante los campos amarillos, amarillos...
A caballo en la burra torda me llevaron a los segadores,
Que  segaban, segaban y segaban las mieses amarillas,
E, ingenuamente como niño, seguía yo
El movimiento de los pequeños animales;
Cacé un insecto verde y lo guardé, envuelto en mi pañuelo;
Lo miraba abriendo mi moquero, y lo cerraba,
Hasta que vi en él un color verde,  como de sangre verde
Del verde y misterioso insecto, que sangraba verde
En el pañuelo, el cual abandoné manchado de color,
De color verde, de sangre verde y me fui a casa,
Sin pañuelo, porque mi corazón latía, latía, repitiendo:
"! Verde,  que no te quiero verde!, !verde, que no te quiero verde!"
Un segador encontró el pañuelo verde
Y  "¡verde que te quiero verde!",
Lo trajo hacia mi casa, donde parece
Que también sonaba, "!verde que te quiero verde!".
Mes de Julio de 1936.-
Ahora ya quiero al verde, porque "Mi manzano
Da  a lo verde sus brazos" (Huerto de Marzo de García Lorca"
Pero en el mes siguiente, el mes de Julio, nos esperaba
El cambio del color verde al rojo y al azul. 
El rojo era de sangre humana, y muchos se ponían a gritar:
"! Rojo, que te quiero rojo!".
Otros gritaban lo contrario : !Azul que te quiero, azul!".
Como en una olla hirviente por el calor del mes de Julio,
Se impusieron los dos colores, el rojo y el azul.
El rojo acechaba al color azul y el de color azul,
Acechaba al color rojo.
Y los pañuelos y camisas, antes blancas,
Iban tomando el color rojo de la sangre humana,
Porque los hombres y mujeres,
Se mataban y se odiaban.

La luna miraba extrañada la siega
Que hicieran los segadores del pueblo,
Y quería el color de las mieses amarillas
Y el color anaranjado de las naranjas y las flores
Y el verde de los prados, de las vegas de los ríos,
Y del insecto verde al que ahora, ya no encuentro,
Pero amo, porque he vuelto a amar su color verde.
Y "En las gentes iban", escribe Federico
"Las gentes iban a lo verde,
El otoño venía
Amarillo de estrellas,
Pájaros macilentos
Y ondas concéntricas.
Sobre el pecho almidonado,
La cabeza!. Párate,
Corazón de cera!.
Las gentes iban
Y  el  Otoño  venía.

Yo no soy andaluz, soy aragonés pero admirador del genio de los andaluces, que están siempre en contacto con la Naturaleza como pasa en Jaen, donde "sobre el olivar se vio a la lechuza volar y volar, entre los olivos los cortijos blancos", y a Córdoba la canta Federico García Lorca en su Canción del jinete, diciendo :"Jaca negra, luna grande,-y aceitunas en mi alforja.-...Por el llano, por el viento,-jaca negra, luna roja.-La muerte me está mirando -desde las torres de Córdoba. "Sevilla, la Reina mora sobre las orillas del Guadalquivir a cuya torre de la Giralda canta Gerardo Diego : "Giralda en prisma puro de Sevilla,-nivelada del plomo y de la estrella,-molde en engaste azul, torre sin mella,-palma de arquitectura sin semilla". En el último terceto alude a los  árabes, que formaron y forman parte de Andalucía, al decir: "Resbala el tacto su caricia vana.-Yo mudéjar te quiero y no cristiana. Volumen nada más: base y altura". Y ¿qué pasa con Huelva?, pues sencillamente Pedro Salinas nos hace soñar con el Parque de Doñana, allá  en Huelva, cuando dice de los pájaros: "Y son ellos,-fatal plural inmenso, como el mar,-bandada innúmera, oleaje de alas,-donde la vista busca y quiere el alma-distinguir la verdad del solo pájaro,-de su esencia sin fin, del uso hermoso?.-
Y a Cádiz, ¿"quién podría  cantarle mejor que Rafael Alberti, en su tierra nacido? y poeta de sus mares, como cuando dice así:"!Si yo hubiera podido, ¡oh Cádiz! a tu vera,-hoy, junto a tí, metido en tus raíces,-hablarte como entonces,-como cuando descalzo por tus verdes orillas-iba a tu mar robándole caracoles y algas!. Y es Federico García Lorca, quien canta, en la Baladilla de los tres ríos a Granada, diciendo: "El río Guadalquivir -va entre naranjos y olivos.-Los dos ríos de Granada-bajan de la nieve al trigo...Guadalquivir, alta torre-y viento en los naranjales,- Darro y Genil, torrecillas-muertas entre los estanques. "Y Federico García Lorca, que fue profeta de su muerte, lo es en esta poesía de Málaga, de su condición turística: "Suntuosa Leonarda. -Carne pontifical y traje blanco,-en las barandas de Villa Leonarda.-Expuesta a los tranvías y a los barcos.-Negros torsos bañistas oscurecen-la ribera del mar. Oscilando-concha y loto a la vez-viene tu culo- de Ceres en retórica de mármol."

Almería, la provincia más seca de toda Andalucía, donde como dice Federico en su poesía "La luna asoma": "Nadie come naranjas-bajo la luna llena.-Es preciso comer-fruta verde y helada". Siendo la más  árida, es hoy un enorme huerto bajo plásticos y regado por el agua de profundos pozos. Almería ha sabido pasar de la soledad  al gazpacho. 

lunes, 31 de marzo de 2014

OLIVITO Y OLA

Restos de una construcción de Olivito.

Hay personas, unas aragonesas y otras procedentes de esta zona aragonesa, que se apellidan Olivito. Todos queremos saber de donde venimos y a donde iremos a parar o a vivir eternamente. Yo soy nacido en Siétamo y siempre (mi pequeño siempre) he conocido los campos que en otros tiempos formaban parte del desaparecido  pueblo de Olivito. Y yo observaba que en un campo, que se encuentra debajo del principio de la carretera, que baja desde Siétamo hasta Caspe, pasando por Alcalá del Obispo, Argavieso y Novales, donde se une con la carretera Huesca a Sariñena, se encontraban trozos de  mosaico, y partes de objetos de barro, destinados a utilizar en las casas de aquel entonces por las familias. En dos veces, encontramos con mi vecino y amigo Carmelo Puyuelo, ya difunto, las dos piezas de piedra, de forma redonda, de un molino de mano, que en tiempos primitivos, usaban para moler cereales, para hacerse el pan con que se mantendrían. También molieron bellotas, pero no creo que con este molino tan pequeño, se pudieran triturar. En ese campo, me parece, que  estuvo asentado el pueblo o más bien aldea de Olivito, porque está al lado  del camino o más bien cabañera, por su anchura, que baja desde Siétamo hasta el Barranco de La Ripa, para subir después a la meseta del Saso, que por el Este limita con Ola, con el Monte de Monflorite y con el monte de Tierz. Quedaba Olivito encima del Barranco, como se conoce ahora a este río poco caudaloso, que tiene otros dos nombres, uno de los cuales es río Botellac. Viene de Bandaliés, cruza la Carretera General N-240, donde acababa el monte del pueblo, también desaparecido, de Quinto, baja después por el hoy monte de Siétamo,  antes de Olivito, para pasar por Ola, donde se ven dos cauces, porque en el siglo XVIII,  se desvió el barranco debido a unas enormes tormentas. Por la cabañera o camino que va de Siétamo al Saso, se ha levantado y se contemplaba, hasta hace unos seis o siete años, en el límite entre dicho camino y el solar,  un poco más elevado de Olivito,  una pared pétrea, muy bien levantada,  pero que al recibir Domingo Borruel la finca de Olivito por la Concentración Parcelaria, optó por derribarla. Era una buena tierra, llana y encima de ella todavía queda un pequeño tozal, poblado de carrascas, donde yo creo que estuvo situado Olivito. Con el arado redujo el pretendido solar, pero todavía se puede, sobre él, reflexionar de la larga historia de tan pequeño pueblo. Cuando se llega por la cabañera al fin, entonces de la pared de la finca, al lado del Barranco, he bebido varias veces agua en un manantial, que surgiendo de la pared, desaguaba en el Barranco. Aquella fuente no era fija, como tampoco el curso del Barranco,  que unas veces se desbordaba y otras en cambio se secaba. Mirando desde el valle, al Norte, se contempla el Monasterio-Castillo de Montearagón, cuyas campanas, cuando las hacían sonar, se escuchaba su sonido desde Olivito.Al Sur se encuentra Ola, al Este unos prolongados y elevados tozales, que acogen, al otro lado,   a Siétamo y al río Guatizalema y por el Oeste se eleva un Saso, del que Olivito tenía su parte.
El cauce del Barranco es un tanto profundo y de sus orillas se desprende de vez en cuando algún trozo de tierra arcillosa. Se nota que no hace muchos años el cauce del agua era más elevado. Y esta visión me la confirmó mi padre, diciéndome que esto ocurrió,  cuando en Ola se hizo en dos el cauce del Barranco, por una enorme tormenta que excavó mucha tierra. Antes regaban cuando bajaba agua, pero desde que ocurrió la enorme tronada, se ha hecho difícil elevar el agua hasta los campos,  para regar.
En la Historia de Aragón de Ubieto Arteta dice de OLIVITO, que es un despoblado cerca de Siétamo. Fue Lugar en 1495, perteneciente a la Sobrecullida de Huesca. ”En 1646 de encontraba en la Vereda de Huesca. En Marzo de 1099 Pedro I de Aragón dio al Monasterio de Mortearagón la iglesia de “Olevito. El 22 de febrero de 1389 era de Miguel de Gurrea”. “Fue fuego (1543); 1 fuego (1609); 1 fuego ( 1646). Después despoblado”. Se sabe que Ola estaba poblada por moros, que fueron expulsados por el año 1613. Se supone que lo mismo debió ocurrir en Olivito, donde al expulsar a los moriscos en aproximadamente los mismos años que en Ola. Estos  datos los da Ubieto  Arteta diciendo que en 1609, sólo existía en Olivito un fuego.
Pero fue por aquellas fechas con ligeras diferencias, cuando fueron expulsados los moriscos de Ola. ¿Se fueron marchando de Olivito sus habitantes antes de dicho año de 1613?, o es que ya Olivito estaba casi despoblado.  
Encima de la autovía romana, que de Huesca iba a Siétamo, se encontraba una casa de campo, en el antiguo término de Olivito y ahora en la partida del monte de Siétamo, también llamada Olivito. Se encuentra cerca del miliar sexto, antes de llegar al séptimo, que coincidía con Siétamo, cuyo nombre deriva del latín Septimus. Era de la familia de Emiliano Boira y su dueño, al acabar la Guerra Civil, vivió en Madrid, desde donde venía por Siétamo,  cada año. Cuando murió venía su elegante esposa. Fue destruida dicha casa y todavía se encuentra sus ruinas en la finca,  que compró Sebatián Grasa, que bajó de Salinas de Jaca, el antiguo, a vivir en Sietamo. Es difícil dilucidar si Olivito estaba al Sur de Siétamo, al lado del Barranco y con una fuente, como yo creo y como dice Ubieto Arteta, al lado de una vereda.  Yo creo que Olivito estaría mejor con su barranco,  con el que regaría y con su fuente, además muy cerca del pueblo de Ola, que parece ser que algo tienen que ver entre sí, la raíz de Ola y la de Olivito. En el Pirineo por el río Gallego, se encuentra Oliván, cuyo nombre también tiene que ver con los de Ola y Olivito.
En la provincia de Huesca se ha hablado el vasco, el latín, lenguas visigóticas y árabe. Entre otras terminaciones de las palabras, se encuentran las de eto-eta, unas veces y en ocasiones se transforma eto en ito; y yo he experimentado en la Sierra de Guara, encima de Siétamo, que al Fragineto lo llaman también Fraxinito. Y al Olivito, lo llaman en Navarra Oliveto. (Conde Oliveto).    
Se llama antropónimo el nombre de una persona al cual se  añaden por ejemplo sus apellidos. Esto ocurre con el latín, pero no siempre las raíces de las palabras definen apellidos, por ejemplo Ola es el nombre de pila de Olit, Olite, Oliva, Oliván y Olivito, que no corresponde a un apellido, sino que en vascón significa herrería. En el Valle de Echo se encuentra un nombre de Olidola, en que –ola en lugar de empezar la palabra, la termina, empezada por –oli, que es el comienzo de Olivito. En vasco se encuentran palabras que empiezan por Ola, como Olabarría y otras que acaban por –ola,  como Esnaola. Con Olivito parecen tener relación los nombres de Olit, Olite, Olive, Oliván.
Son muchas las palabras, que en la Provincia de Huesca acaban en –ito  o en –eto, por ejemplo Nocito, Aineto, Cercito, Cheto y Echeto y Fragineto, según unos o Fraixinito,  según otros.
Fraxín es una planta, pero yo ignoro los nombres adjudicados a las demás palabras. Tú,  que te llamas Olivito, busca con paciencia y constancia el significado exacto de tu apellido.
Post data: Calle del Conde Oliveto en Pamplona, donde está el Despacho de mi hija Elena Almudévar Bercero.

En la hoja del Ordenador: Ignacio Almudévar Zamora-Olivito.pdf. Conde Olivet, Navarra, pone lo siguiente: ”Pedro Navarro (¿Garde?), Navarra 1460-Napoles 1528, Conde de Oliveto, fue un noble marino, militar, ingeniero navarro, célebre por su actuación durante las Guerras de Italia y en el norte de Africa”.

domingo, 30 de marzo de 2014

Disminuidos psíquicos, pero felices


Después de varios años, en qué visité este Centro de seres humanos, con capacidad psíquica disminuida y que Atades levantó al lado de la carretera de Jaca, junto al Santuario de Nuestra Señora de Cillas, he vuelto al vivero de que disponen para buscar plantas de pequeños cipreses para ponerlas en un jardín. El día veintidós de Noviembre de este año de 2006, llegué a dicho vivero a las nueve de la mañana, pero no lo abren hasta las diez. Entonces pasé a recordar aquella inauguración del monumento, que se levanta cerca de la entrada del edificio redondo, que fue el primero que se edificó en el Centro de Atades, pero ahora  se alzan varios edificios, algunos también redondos, separados por verdes prados y en ellos se alzan altivos pinos y redondos olivos y todos ellos, a saber, los edificios , los prados y los árboles, forman como un pueblo de esos que se representan en los cuentos de enanos y en el que viven los disminuidos psíquicos, cuidados por Atades.
Parecen estos árboles criaturas de Dios, como lo somos los hombres y mujeres, porque al mirar la afilada copa de los pinos, éstos nos señalan del cielo; en cambio los olivos con sus retorcidos troncos y el color verde-blanco de sus hojas, están coronados por unas copas esféricas, que nos recuerdan los trabajos que realizan los hombres y mujeres en el mundo y nos invitan a visitar los varios edificios, también redondos muchos de ellos, que imitando al Doctor Don Manuel Artero, que tiene colgado su retrato en el vestíbulo, otras personas, en escasos años han ampliado la extensión del Centro, desde el día en que se levantó el monumento hasta el día de hoy.
Es que esas personas se preocupan  de todas las necesidades de las otras personas necesitadas, porque sus facultades han recibido algún recorte. Pasé por el comedor, donde estaban los disminuidos desayunando con apetito y con comodidad en un ambiente agradable, al que contribuía la calefacción. Estuve esperando que abrieran el vivero, en el recibidor, por el que pasaban algunos mozos de enorme volumen y también mozas diminutas de cuerpo, pero que creo que tenían un alma gigantesca. Un grupo de mozos y de mozas estaban esperando que los llevaran a la piscina municipal para bañarse, en este mes del Otoño, en tanto que otros con sus bolsas esperaban la hora para empezar sus diarias prácticas de trabajos manuales. Yo, como ellos, también estaba esperando que abriesen el vivero a las diez de la mañana, para coger alguna  planta, como algún muchacho esperaba para, en el mismo vivero, prestar sus servicios a la belleza de sus jardines.
En resumen, todos estábamos allí esperando, como están todos los hombres y mujeres en este mundo, pero los inquilinos  habitantes de este pueblo, no de enanos sino de disminuidos psíquicos, que se creó en Huesca sólo para ellos, también esperaban solamente pasar los ratos felices que se les iban a proporcionar a lo largo del día. En tanto la gente de la calle espera también pasar ratos de felicidad, pero tienen que aguantar desgracias, que surgen espontáneamente a lo largo de la vida.

Hay que agradecer a las personas que han creado este Centro y que trabajan por los disminuidos psíquicos, para que sean felices, ya que si ellos faltaran seríamos enormemente desgraciados sin su obra.

El gato sobre los hombros de una joven

Paseando entre las ajardinadas balsas del Parque de Huesca, paisaje en el que se contemplan los cisnes negros, los patos grandes y pequeños,...