jueves, 3 de julio de 2014

La señora Carmen o la gaceta



Andrés Moreno nació en Torquemada, provincia de Palencia, donde escucharía alguna de las barbaridades que en ella se cometieron en tiempos de la Inquisición. Se casó Andrés con Natividad Villahoz, nacida también en Torquemada. Ingresó en los Ferrocarriles Españoles antes de la Guerra Civil y lo mandaron a Lérida. Allí esperaron a Carmen, que nació también en Torquemada,  pues allá se fue su madre, para dar a luz. Se querían Andrés y Natividad tanto que se adoraban, pues él era un hombre muy prudente y muy trabajador, tanto que cuando empujaba un vagón, no necesitaba a nadie más, para sacarlo del lugar donde se encontraba. Natividad gozaba de buen humor, que transmitía a Andrés y a sus hijos Carmen, Rosa y Andrés. Estos hechos ocurrieron antes de la Guerra Civil, de donde se deduce que Carmen, cuando estalló dicha Guerra, tenía catorce años y hoy alcanza los ochenta y cinco. Carmen heredó todas las cualidades de sus padres, pues ha resultado ser, en la actualidad, una mujer de un carácter bondadoso y de un humor extraordinario. Habla en catalán y en castellano y lo mismo en una lengua que en otra, hace reír a todos los que la escuchan. Dentro de su conversación cambia del idioma catalán al castellano y viceversa, con una facilidad que llama la atención. A veces exclama: ”Escolta, hem pasat moltes  penuries, pero gracias a Deu, estem tota la familia junta”. Tiene unas grandes cualidades para narrar historias que han sucedido, pero sin embargo no cuenta cuentos ni mentiras. Cuando era una niña y llegaba a su casa, delante de sus padres y de sus hermanos, contaba todas las aventuras que le habían ocurrido durante el día. Su padre, al verla llegar, exclamaba: ”¡ya viene la gaceta!”. El periódico  “La Gaceta del Norte” y todas las demás gacetas que en el mundo proclaman noticias, para la Guerra Civil escribían muchas batallas, pero Carmen, la “gaceta de Lérida”, sigue contando, no las batallas de la Guerra, sino que hoy, en el mes de Marzo del año 2009, cuenta las miserias y apuros que tuvieron que sufrir su familia, ella misma y casi todas las demás familias, con sus hijos, que vivían en Lérida. Pero no cuenta tales realidades llorando, sino que las relata en medio de un humor extraordinario y riéndose y haciendo reír a los que la escuchan, que no se alegran de esas tristezas, porque reaccionan agradeciendo al Señor, el poder haber salido con vida de tales situaciones.
Al estallar la Guerra, la modesta familia pasó de un bienestar también modesto, a una situación de hambre y de miseria. Y, ¿cómo ha comenzado Carmen a contar todo eso?, pues sencillamente cuando Palmira, compañera de mesa, al oír hablar de Tarrasa, exclamó: ¡ay, qué mal recuerdo tengo de Tarrasa por las penas que allí tuve que pasar!. Palmira, que nació en Torrente de Cinca, en la provincia de Huesca, en pocas palabras, reveló la tristeza que le producía el recuerdo de la Guerra. No pasó excesiva hambre, pues su madre y su abuela eran panaderas y vendían pan a tanta gente necesitada. Pero tuvo un disgusto terrible, pues acabada la Guerra, su padre que estaba luchando, se retiraba en un camión, sobre el que un avión disparó y lo mató.
Carmen, en lugar de lamentarse, empezó a contar las miserias que tuvo que pasar, pero riéndose y como recordando elegantemente, tal vez el haber podido superar esas circunstancias asquerosas, que producen las guerras.
En Tarrasa, precisamente, tuvieron que superar numerosas dificultades, pues a su padre, destinado a esta ciudad, le acosaban las dificultades que le iban a causar la carencia de los suyos y éstos, que lo amaban, lo mismo la esposa que los hijos, dijeron:”si Andrés  se va, nosotros nos iremos con él”. Y así lo hicieron. En Tarrasa vivieron en un “cuarto de agentes de la RENFE”, que consistía en una habitación de unos setenta metros cuadrados,  con cocina  y con un solo colchón en el suelo, en el que tenían que acostarse todos, es decir cinco personas.
Cuando acabada la Guerra, volvieron a Lérida y se encontraron el piso que tenían alquilado ocupado por otras personas, teniendo que luchar para poder habitarlo otra vez. Lo pasaron mal sobre aquel colchón, pues cuenta Carmen, que cierta noche, cuando sus padres y hermanos estaban dormidos, se acordó de que su madre tenía guardado un pequeño trozo de pan y como sentía hambre, lo cogió y con mucho miedo, cortó un trocito todavía más pequeño y lo devoró. Al día siguiente, preguntó su madre,¿quién ha tocado el pan que yo guardaba para alimentaros?. Carmen exclamó: yo no he cogido nada. Esta fue una mentira piadosa, pues como he dicho Carmen no mentía nunca en su gaceta.
Después de tantos años, Carmen vive con un respeto muy grande al pan, pues dijo: “yo no he tirado en mi vida ni un trocito de pan, o lo he rallado o he hecho sopas”.
Aquellas luchas por la vida, han hecho que sus nietos, cuando ven a su abuela, le digan:  ¡yaya, cuéntanos cosas de la Guerra!”. Entonces ella, les cuenta como tenía que ir con sus hermanos sobre los peldaños por los que se subía a aquellos vagones de tren ruidosos y sucios de carbón. Llevaban tabaco e iban a cambiarlo por leche condensada. Iban sufriendo en el tren ruidos y “chacachacas” y golpes que recibían en la cara dados por las cañas que estaban al lado de la vía. Cuando en cierta ocasión, habían conseguido la leche, los descubrió algún agente y los dejó sin tabaco y sin leche. Son innumerables las ocasiones en que tuvo Carmen que hacer “estraperlo”, pero cuando acabó la Guerra, se puso una mercería en unión con su hermana. A los veinticuatro años se casó con José Valero, un hombre muy equilibrado, que no bebía ni jugaba, porque sólo gozaba con el fútbol. Murió a los ochenta y cinco años y nunca estuvo enfermo, porque murió como los devotos de Santa Ana, que le piden a la santa:”¡Santa Ana, buena muerte y poca cama!”. Carmen vive muy atendida por sus hijos y es feliz. Reparte felicidad entre los que con ella conviven.
He escrito estas cosas, porque cuando cuenta sus lejanas aventuras a los nietos, les está instruyendo para que cojan ánimo, en estos tiempos,  a los cuales dicen que está llegando una terrible “crisis”.


Candelabro de hojalata



En una chatarrería se encontraron una cruz, para ser portada por un hombre, tal vez vestido de sacerdote o de sacristán, acompañada de varios candelabros. Todos esos restos de un conjunto de objetos de alguna cofradía, tenían su belleza, pero estaban rotos, aplastados y  abollados porque eran de hoja de lata y debían haber pasado muchos años de abandono. Debían estar creados en el siglo XIX  o en el XVIII. Llevé el candelabro, que me pareció mejor conservado a la Escuela de Enseñanza y Restauración de Huesca y allí, bajo la dirección de su Directora, los alumnos lo restauraron. Quedó con un aspecto venerable, como si esa obra estuviese efectuada con nobles materiales. Alguien opinó que se le podía haber superpuesto por su superficie, una capa de oro o de plata, pero la Directora pensó que sería mejor guardar un respeto a los ejecutores de tal obra de arte. Efectivamente su autor realizó una obra de tal categoría,  en medio de la pobreza de materiales de que disponía y tal vez  él mismo mantendría pobremente de cuerpo, cuando su espíritu se recreaba trabajando obras de arte. Así compensaría los padecimientos de su cuerpo con los placeres del espíritu.
Fui una mañana del mes de Mayo a buscar el candelabro, que había sido expuesto en la que fue antigua iglesia conventual de las Monjas Capuchinas, junto a retablos de otra iglesia, que se eleva a los cielos en Alquézar, cuadros, esculturas y otras numerosas obras de arte; me dieron el aparato y al salir,  yo no sabía donde colocarlo, pero tuve la idea de llevárselo a las monjas del Convento de San Miguel, que está cerca de la Escuela. Pensé que en dicho Convento, lo colocarían en algún altar o ante un cuadro que representase a un santo y allí alabaría al Señor, con un cirio encendido y daría también a que alguna de aquellas monjas se acordase de rezar por el pobre hombre y rico artista, qué lo creó;  ya no sé el número de años que su cuerpo descansa, pero su arte sigue despertando en las almas que lo ven, admiración y reciben una sensación de placer.

Así lo hice,  llevándolo al convento, donde ya está ante un altar de San José y me dijo la Madre Superiora, que cuando se dieran posibles tormentas,  encendería el cirio para evitar que los campos de los agricultores, resultaran dañados.     

miércoles, 2 de julio de 2014

VIAJAR EN TREN



¡Al compás del cha-cha-cha, del cha-cha-cha del tren, que gusto da viajar al son de este vaivén!, pero ya quedan pocos trenes en España, que circulen con esos ruidos y esos movimientos y es que ahora, son más rápidos y no suelen ir con carbón como combustible de sus motores.¡Cuantas veces hemos subido a Canfranc en aquellos trenes que circulaban lentamente y sus ocupantes, unas veces iban sentados en aquellos asientos de tablas cruzadas, que acababan marcadas  en sus posaderas, sobre todo en las de las personas más gruesas, pero, otras veces, cansados de ocupar las tablas, paseaban por los pasillos, se miraban por las ventanas y algunos, más adelantados, intentaban sacar fotografías al paisaje, muchas veces en los Mallos de Riglos!. En los túneles había que cerrar las ventanas para que el humo negro del carbón no se introdujera en el tren, llenando nuestros ojos de pequeñas partículas de carbonilla. ¡Qué viaje tan largo resultaba ir de Huesca a Francia, pero qué ilusión producía pasar por Alerre, Turuñana, Ayerbe, Riglos, Anzánigo, Caldearenas, Sabiñánigo, Jaca,Villanúa y llegar a Canfranc!. En Ayerbe se paraba el tren y bajaba de él la gente para beber y comer alguna torta, hasta que el  Jefe de la Estación gritaba ¡arriba, que marchamos!.
En las obras de construcción del túnel y de la Estación trabajaban hombres de Siétamo, que se sentían explotados porque, entre otras cosas, decían que habían tenido que trabajar el día de Año Nuevo y además nevando y cuando acudió a las obras Alfonso XIII, se lo dijeron pero su Majestad les contestó que hablaría con los ingenieros y se corregirían aquellas actuaciones injustas. También hablaban algo que los mantenía orgullosos, como el hecho de que la estación, que tenía más de trescientas ventanas, era la más hermosa de España.
Funcionó muchos años, pero en los  sesenta eran muy pocas las personas de esta tierra que necesitasen ir al País vecino y eran ¡tan pocos! los vecinos de ese País que quisieran venir al nuestro, que sus gobernantes ante una avería en un puente, tal vez como excusa, cortaron su circulación el año 1970. ¡Qué pena causó en los aragoneses tal cierre, opuesto totalmente a lo que les costó abrirlo!. ¡Qué pena que la voz de los altoaragoneses no se oyera en España, pues eran tan pocos y con tan poca autonomía,  que muchas veces se les reían, diciendo que en España estamos muy bien comunicados con Francia por Irún y por Port Bou y ¡para qué queremos pasar por Huesca!.
Menos mal que algunos franceses nos comprendían mejor que los españoles pues el Dr. Charles Vaillant, presidente del Sindicato Nacional de los Usos de Transportes, decía: ¡no hay que olvidar que Zaragoza se encuentra a 335 Kmtros. de Irún y a 540 Kmtros. de Port Bou, y a 218 Kmtros de Canfranc, vía Huesca". Por otra parte Aragón es un sector políticamente tranquilo. No ocurre lo mismo en el Pais vasco-español. Subiendo a Irún a lo largo de las estaciones de los barrios de San Sebastian,  se lee sobre las paredes: “RENFE= sabotage".
Ahora, en Aragón, unos quieren arreglar el Canfranc y otros iniciar la vía férrea que circule por debajo de Vignemale, pero, como dicen los periódicos "un informe financiado por el Ministerio de Infraestructura francés recomienda la reapertura de la línea ferrea internacional Canfranc-Oloron en un plazo máximo de dos años como complemento a la futura vía que transcurriría bajo Vignemale".
Cuando allá  en Urdós, ya en Francia, hemos recorrido la vía férrea, nos hemos dado cuenta de la vegetación que la ocupa; incluso hay árboles entre los rieles. Si restauran la línea sería un éxito para Aragón, que antiguamente era uno con el Bearn, como se puede ver en el cementerio de Urdós, donde se ven nombres como Lapetre, Lalane, etc. que son precedentes de Lapetra y Lalana, aragoneses.
Comenta el informe francés que "la línea Canfrac-Oloron, a uno y otro lado de la frontera podría llevarse a cabo en un plazo aproximado de tres años. Esta reparación apoyaría enormemente la construcción del Vignemale que dinamizaría la exportación de cítricos de Valencia y de automóviles y contenedores. Además de la vía se construiría una carretera para el paso de coches y camiones. Con todo ello, Aragón sería una vía de comunicación desde Levante y desde Madrid, por Zaragoza a Francia.
¡Entonces si que dará gusto viajar a Francia al son del cha-cha-cha!.


martes, 1 de julio de 2014

A la una salta la Mula.......



Una de esas mañanas,  en que la Feria divertía al pueblo con sus diversos aparatos de entretenimiento  para los niños,  en  una garita aparecían  unas pequeñas  cañas de pescar, para que los niños entraran  en la aventura de hacerse pescadores.  Del extremo del cordón de la caña, pendía un imán en lugar de un anzuelo y el otro imán, que llevaba el pez artificial en el extremo de su boca, se atraían y los niños y niñas, sacaban a sus manos, el pescado artificial que habían pescado. No se podían comer el pez, pero el dueño de la garita, les compensaba con algún pequeño juguete, que los hacía felices.
Otros muchos puestos de la Feria, divertían a su manera a los niños y los mayores que los acompañaban. Yo mismo era feliz, viendo dar vueltas por las calles y la Plaza Mayor del pueblo, a unos burros auténticos, en los que se   había   montado un jinete en cada uno de ellos.  Yo me sentía feliz, como ellos, al recordar tiempos pasados, en que era yo mismo con mis amigos y hermanos, uno de los que  montábamos en aquella burra torda, que  estaba atada en su pesebre, en la cuadra de mi casa, antes de la Guerra Civil. Después de ella, apareció otra vez en mi casa y siempre estábamos jugando,  ella conmigo y yo con ella. Para poder montarme, la aparejaba  a cualquier hora y la dirigía al abrevadero de la fuente, y ella bebía, si tenía sed, pero como eran tantas las veces que la llevaba a beber, muchas veces se negaba  y empezaba el juego en que ella se divertía conmigo. Una vez en la fuente, se daba media vuelta y emprendía una rápida carrera, que nos llevaba a la era, donde había montones de trigo o de cebada, en los que se saciaba. Al morder hacía un ruido, como de molino,  deshaciendo con sus muelas, los granos de trigo. En una de esas carreras, en que  me llevaba galopando desde la fuente hasta la era, un día me tiró en la cuesta que sube de la fuente a la Plaza Mayor y me dejó una cicatriz, que el Señor Jorge, barbero y practicante durante largos años de  Siétamo, en su barbería, que era el único resto que quedaba de su casa, me curó la herida.  Después, siendo ya mayor,  tuve otra burra, también torda, con que fui por el monte, acompañado por un galgo, a intentar cazar alguna liebre. Por fin  le vendí la burra  a un muchacho de Bierge, que era pastor y que todavía encuentro por las calles de Huesca.
Una de estas mañanas, al levantarme,  me acordé de ambas burras y de aquellos cantos o gritos alegres que hacíamos sonar los niños de Siétamo, cuando jugábamos  a la Pidola o Salto del Burro o de la Mula. Y recordando, volvía a pronunciar algunas palabras, que me causan un respeto,  parecido al litúrgico, decía “A la una anda la mula- a las dos el reloj, a las tres San Andrés, a las cuatro brinco y salto” y por más que estrujaba mi memoria, no me salín más versos. Entonces bajé al Bar y allí le pregunté a Luis Mora, eterno hortelano y tampoco se acordaba de ninguno de aquellos versos que de niños cantábamos, cuando saltábamos el burro o la mula, pero de repente siguió con el verso número cinco y exclamó: “A las cinco el mayor brinco”. Le recordé a Joaquina lo que me pasaba con esas frases y ella, rápidamente me dijo : “ a  las cinco el tío Jacinto”. A las seis: abrevando un “güey”. Esta expresión la dijo con una palabra aragonesa. “A las siete, coge la bota y bebe”, pero ya no se acordó de nada más.  Me acordé,  del juego del Salto del Burro o de la Mula, a que jugábamos en aquellos viejos tiempos  los niños, porque era un juego colectivo,  en el que participábamos todos los del pueblo, no cómo ahora,en que unos se ponen a jugar como pescadores, otros a tirar al blanco con escopetas de aire comprimido. Y el que no tiene dinero, se queda sin jugar. Entonces había mucha pobreza, pero sentido de la justicia ya lo tenían aquellos niños , que sorteaban la plaza de burro o de mula.  Entonces, los niños sin dinero se divertían todos unidos en el mismo juego. El atractivo de aquellos saltos de mulas o de burros, todavía hace sentir la ilusión de los niños por la Naturaleza, porque no faltan jinetes que se monten en los simpáticos burros, que caminan por El Arrabal y por la Plaza Mayor. Seguí preguntando a algunos vecinos de Siétamo, entre otros a las hijas del señor Avelino y me recitaron algunos pasajes que se pronunciaban en el salto de la burra, y algunos ya no eran iguales que aquellos de los que yo recordaba. No me extrañaron aquellas mutaciones de los versos del Salto de la Burra, porque el tiempo fue el origen de aquel juego, tan antiguo. No nos hemos fijado en la belleza de aquellos juegos, como se  fijó, el gran pintor Goya, que pintó   un cuadro, en que unos niños realizan el salto, no sobre una burra, sino sobre otro muchacho, que le ha tocado hacer de burro. El tiempo se ha pasado desde Goya hasta nosotros, pero durante él, se ha saltado sobre el burro por muchos países de mundo y esto se ve, mirando sellos de Correos de Holanda, de Bélgica y de países africanos y americanos. Se ha considerado el juego de los niños, como una actividad  sin valor, pero,  uno siente en su espíritu el valor de aquellos versos improvisados, muchas veces, por los niños, que saltando, desarrollaban sus facultades físicas,  queriendo convertir ese juego en un concierto físico e intelectual, cuidando a los niños de las posibles patadas, que podían recibir en sus saltos.  Saltando y pronunciando  los versos, que en ocasiones ellos mismos pronunciaban, eran solidarios y se divertían.  A Goya, yo creo que le impresionaron la poesía, la sátira, el humor y el amor  de esos niños, que saltaban el Salto del Burro.
Me acuerdo, como antes de empezar nuestros saltos, se echaba  en suerte quien tendría que ejercer de burro. Una vez elegido el burro, que no era humillante, sino que estimulaba al niño a salir de esa situación de asno o de mula, para convertirse en un  caballero, que saltaba sobre las dificultades,  que el mundo nos presentaba. Para ejercer de asno,  tenía que perder su verticalidad, que le permitía contemplar el cielo, para adoptar una postura horizontal,  como la de los animales cuadrúpedos. El que se había de convertir en burro,  para aguantar la marcha de saltos,  unas veces poéticos, otras satíricos,  se inclinaba hacia delante apoyando su curvatura, con los codos en las rodillas, ocultando su cabeza, para evitar accidentes.  
El jugador que le tocó  hacer de asno, se inclinaba  y lo hacía,  para que por encima de él, saltasen  los otros compañeros de juego,  con las piernas abiertas en el aire. Y cada uno acompaña el salto con una corta canción.  El primero dice al saltar sobre su compañero: “A la una anda la mula”. El segundo,  “a las dos el reloj”, cantaba el de Siétamo , pero en otros lugares, gritaban: “ a las dos la coz”. El tercero,   gritaba : “ A las tres San Andrés” y el cuarto gritaba: “ a las cuatro brinco y salto”, mientras en otros pueblos : “tres saltitos de San Andrés, daré y no me quedaré” . El quinto saltarín,  como me dijo Luis Moreta, el hortelano de Siétamo: “ A las cinco el mayor brinco”, o  “a las cinco doy un brinco”, exclamaban, en otros lugares.  Este salto, lo califican de el mejor, porque no tiene que apoyar las manos. En el sexto salto el  saltador,  anunciaba : ”a las seis,  salto del rey”.
Durante todo el juego, se ve como los saltarines, quieren ejecutar varias habilidades  a la vez,  pues este salto han de hacerlo, apoyándose  con una sola mano, porque dice:  “A las siete coge la mula y vete”. Una mano ha de tenerla preparada para sujetar a la mula y la otra ha de atender el perfecto apoyo de su cuerpo, cuando salta. El octavo salto resulta más difícil todavía,  porque el saltador dice:  “a las ocho, comemos bizcocho”, porque después de saltar apoyado con las dos manos, ha de llevárselas a la boca. En el salto número nueve, exclama el niño:” a las nueve no te mueves”, “a las nueve, papas al nene”. En el último  salto  “a  las diez, echo a correr”, porque tenía que hacer una carrera larga.  
He aprendido estos días que a este juego recordado por mí, lo llamaban además del salto del burro o de la mula, con la palabra  castellana, Pidola, de origen latino.
Como hemos visto este juego es tradicional, que consiste en saltar los jugadores, por encima de un compañero que hace el papel de un burro o una mula. Este muchacho, que hace de sostén del peso de todos su compañeros,  ha de doblar la cintura y esconder su cabeza entre las manos. En tanto los que han de saltar, forman una fila para saltar por encima del que hace de potro. Cuando saltaban,  apoyaban sus manos en la espalda del jugador que hace de potro, y abrían ampliamente sus piernas, para que al pasar por encima de su compañero,  no le dieran golpes en su cabeza. La humillación  entre los que saltaban y el que hacía de potro, no se imponía, sino que se sorteaba. Antes de dicho potro, se trazaba una raya en el suelo, que no debían pisar los que se lanzasen a saltar. El que pisaba la raya, había perdido y tenía que sustituir al potro, que había cumplido su misión y el que quedaba liberado,  pasaba a la cola de los saltadores. Si nadie  faltaba a las normas del juego, se aumentaba la distancia de la raya. Este juego, no sólo existe de esta forma, sino que hay variedades, como una que recuerdo, en que se ponía un niño, con la cabeza frente a una pared y sobre él, saltando,  se colocaban otros, que sentían la necesidad de colocar un  potro más, detrás del primero, pero a veces se cargaban tanto los potros, que aquella muchedumbre de niños,  acababa en el suelo. ¿ No sería este juego un aviso a los niños, de las dificultades que les iba a traer la vida para vivir, sin caer  y encontrarse revolcados por el suelo?.

 Pero en California , hacían las carreras más largas que se hacían en mi pueblo, pues un grupo de estudiantes, prolongaban el juego y hacía tan largas las carreras, que en una ocasión, estuvieron más de diez días, llegando a recorrer con sus carreras más de ciento seis kilómetros. No sé si este éxito deportivo fué hace años o ha tenido lugar uno de estos años, que me parece más creíble, porque el mundo se está lanzando a la conquista de la luna, que no logrará con el Juego de la Mula, pero, sin embargo la voluntad que ponen en correr kilómetros y kilómetros, les encienden su voluntad de alcanzar el espacio, con una poderosa Mula Mecánica.

domingo, 29 de junio de 2014

Aurora, la Maestra que vive la sabiduría



Algo especial tiene Aurora, pues esta mañana, la he visto sacar de su casa, unas espigas de trigo, que ella ha recogido por el monte de Siétamo. Estoy seguro de que dentro de su casa, y ella me dice que sí, que tiene otro ramo de espigas, en la cocina. Es que ella, que siente amor a su prójimo, no sólo se contenta, con gozar todo el año, que dura desde la Noche de San Juan, meditando sobre aquel cereal, que es un producto de la Naturaleza, acompañada por el trabajo de los sufridos labradores. Esa meditación sobre el trigo, le dan salud y alegría, y más cuando le entrega otro ramo de trigo a su vecina Vanesa, que también sonríe al recibir el regalo que Aurora le proporciona, exento de ideas de beneficios por el dinero, sino pensando en el pan nuestro de cada día. ¡Padre nuestro que estás en los cielos…!
Aurora,  la Noche de San Juan, se integra en la Naturaleza y comulga con la idea de gozar de salud, de paz y de trabajo. Hay quien conoce hierbas silvestres que ayudan a conservar la salud a las personas, pero ella ve en el ramo de trigo señales de paz, de trabajo y de salud. Yo me acuerdo de la Guerra Civil de 1936, en qué se perdieron las cosechas de trigo, fruto del trabajo y del clima natural, de que gozaba ese trigo, desde la cima de la sierra de Guara y se perdieron la paz, el trabajo y multitud de hombres y mujeres murieron por obra de las balas de fusil, que se proporcionaban entre sí, los enemigos de un lado y de otro.

Pero Aurora, no se acuerda ya, porque entonces no vivía todavía, pero hace muy pocos días ha viajado a Santiago de Compostela y escuchó las palabras de un peregrino,  que decía: cuando chocan dos automóviles, se oyen gruesas palabras entre ambos chóferes, cuando lo hacen dos bicicletas, los ciclistas se aborrecen mutuamente, pero cuando,  yendo a Santiago se encuentran dos peregrinos, entran en conversación y favorecen la paz y la alegría. 

sábado, 28 de junio de 2014

Matrimonio de Miguel Claver con Violante Almudévar, en 1511

Escudo de Almudévar (Sietamo-Huesca)


En la Infanzonía de los Almudévar de Sieso, Casbas y Barluenga con Siétamo, no se nombra a Violante Almudévar, que se casó con Miguel Claver por los años de 1511 al 1515, pues Miguel  llegó a Sieso del Valle de Tena por unos años antes de 1515. Tuvo que llegar antes de casarse para quedar fijo en Sieso, como dice en su obra mi amigo José Claver, que bajó a Sieso en 1502, para comprar el Casal donde tendría que vivir y trabajar el patrimonio, del que tendría que sacar el pan de cada día, y Miguel Almudévar marchó a Barluenga, donde sustituyó su casa de Sieso, vendida a Miguel Claver, por la que, en Barluenga, sigue hoy en día, mostrando el escudo de los Almudévar.
En dicha Infanzonía, se explica la evolución de los hermanos Mossen Salvador Almudévar, Beneficiado y Cura de la Seo de Huesca y natural de Sieso, donde fue llevado a enterrar el 24 de Julio de 1554. Sigue informando de D. Miguel Almudévar I, casado con Antonia Puértolas, de los que venimos los Almudévar de Barluenga, de Torres de Montes, de Blecua y después de Siétamo y de Zaragoza. El doce de Enero de 1502, se le llama Escudero, habitante de Sieso, en Escritura de Vendición otorgada a favor de Miguel Claver, ante el Notario Domingo López de Ceresuela, de Huesca. En la Prueba Instrumental Cronológica de El Arbol, (que se encuentra en la Infanzonía de los Almudévar), pone que esa afirmación se hace en el Fol.85. PIEZ.I.  Otro hermano es Martín Almudévar I, que se casó con Pascuala López de Zamora, que vivió en Sieso y un hijo suyo originó, los Almudévar de Castilsabás y de Loporzano. De la familia de Loporzano todavía quedan en Huesca personas con el apellido Almudévar. El último Almudévar que aparece en la Infanzonía de Loporzano, fue bautizado el cuatro de Febrero de 1769. Después se perdió la costumbre de guardar Infanzonías.
 La Infanzonía de Mossen Salvador Almudévar, de Miguel Almudévar I, y de Martín Almudévar I, residentes  en Sieso  y de sus descendientes, se publicó el diez de Mayo de mil setecientos sesenta y nueve. La línea de Don Martín Almudévar, se extendió por Castilsabás y Loporzano y en Sieso se terminó la de Martín Almudévar,  cuando “Joseph Almudévar, Posseedor del Casal”, murió sin descendencia  después de vivir ocho matrimonios, en el citado Casal.
 En esta Infanzonía falta el antecesor de los Almudévar, que vivieron en Sieso, llamado Juan, que subió de Almudévar.  En 1311, aparece en los Archivos de la Corona de Aragón, reg. 208, f. 115, un escrito en el que Jaime II, dio licencia a Juan Almudévar, para reedificar un Molino de viento en Almudévar. Los escudos de la Villa de Almudévar y los de los infanzones, demuestran que Juan Almudévar perteneció a los antecesores de los Almudévar en Sieso y se llamaba también Juan, que aparece en la “Prueba Instrumental Cronológica en el Arbol”, que está   en el impreso de la  actuaI  Infanzonía de los Almudévar del año de 1769. En la Prueba Instrumental Cronológica del Arbol,  pone lo siguiente:”La Abadesa de Casbas, Dueño Temporal de Sieso, reconoce por Hidalgo, y como tal essento de el pago de Maravedí a Juan Almudévar,  (que no va en el Arbol, pero lo nombra en un espacio aparte) nombrándolo entre los demás Infanzones, y Escuderos del  Pueblo: Notario Bernat de Motas, de Huesca: 14 de Junio de 1428.Fol.61”. En esta fecha de 1428, según el Notario Bernat de Motas, de Huesca, en el folio 61, lo nombra como uno más de los demás Infanzones y Escuderos del  Pueblo de Sieso.
En el escrito de José Claver López de Zuazo, que expresa lo mismo que el que aparece en la Infanzonía,  la Abadesa de Casbas, Dueña Temporal de Sieso, se expone, en la “Prueba Documental del Arbol que reconoce por Hidalgo, y como tal, exento del pago del maravedí  a Juan Almudévar, y lo nombra entre los demás Infanzones y Escuderos del pueblo. Aparece esta afirmación escrita por el Notario Bernardo de Motas, el 14 de Junio de 1498 (fecha seguramente equivocada, porque en el documento de Casbas (cuyo contenido se encuentra en la Infanzonía de los Almudévar), al Notario le resultaría  difícil que todavía viviera el año de 1498, setenta años más, que cuando, dijo que en el año de 1428,  estaba vivo todavía el Escudero Juan Almudévar. Parece difícil redactar con setenta años de diferencia las mismas palabras, en el folio 61, con la única diferencia de cambiar el año de 1428 por el de 1498. ¿Pudo morir por el año de 1498?, puede ser que sí, aunque lo más probable  es que no. Este hidalgo Johan, que figura en la Infanzonía y que la Abadesa Señora de Casbas, así llama, el día catorce de Junio de 1428 en el folio 61, era el padre de los hermanos Mosen Salvador,de Don Miguel y de Martín Almudévar, que encabezan el Arbol de la Infanzonía de los Almudévar el año de 1.769.También lo era de Violante Almudévar que se casó con Claver del Valle de Tena.
La cantidad de nombres equivalentes, como en este caso, Johan, hay que aclararlos. Este era pariente de Joan el Infanzón, reconocido por la Abadesa de Casbas. Era mercader, ciudadano de la ciudad de Huesca y padre de los hermanos Johan y Pedro d`Almudévar, como pone en la fotocopia de ambos en 1503. También usaba la familia el nombre de Miguel, como se ve en el capitel de San Pedro el Viejo de Huesca, del artista en la piedra, Michael de Almudévar, que coincide con el nombre de Miguel I, que de Sieso pasó a Barluenga.
En el Diario del Alto Aragón, el día 26 de Marzo de dos mil seis, escribe Santiago Broto Aparicio:”ALMUDEVAR.-Este apellido tuvo su origen en el nombre de la Villa así llamada, cuya designación procede del topónimo árabe Al- mudawar (El  Redondo). Las referencias más remotas del linaje lo sitúan en los finales  del siglo XIII en la ciudad de Huesca. Posteriormente aparecen en el siglo XIV en Sieso de Huesca y de este Casal, procedieron los fundadores de otras ramas en Barluenga y Catilsabás”.  A finales del siglo XIII, aparecen en la ciudad de Huesca, y en el siglo XIV, aparecen en Sieso de Huesca. Efectivamente en dos capiteles de los Claustros de San Pedro el Viejo de Huesca, aparece, picado en piedra el siguiente texto: “VIII idus iullii, obiit, Michael de Almudévar, civis oscensis.Is e MCCCXXI (mil trescientos veintiuno), cuis anima, requiescat in pace. Amen”. En el Capitel frente al  de Michael Almudévar, se encuentra el de su esposa. Michael de Almudévar, murió en Huesca el año 1321, de lo que hay que deducir, que antes de esos veintiún años del siglo XIV, apareció en la ciudad de Huesca en el siglo XIII, como dice Santiago Broto, que “en los finales del siglo XIII, apareció en Huesca o ya vivía Miguel Almudévar en esta ciudad”. No se conoce si Michael,vivó en Sieso, pero es indudable que era pariente de Joan el que subió a vivir a dicho pueblo En él murió en el siglo XIV y según   la Abadesa de Casbas, Juan Almudévar, entró a vivir en la Infanzonía de los Almudévar de Sieso y de Barluenga, en el siglo XV, ya que firma el Notario Bernat de Motas, de Huesca, el 14 de Junio de 1428, que lo nombra entre los demás Infanzones de Sieso, emitido por la Abadesa de Casbas, Dueño Temporal de Sieso.
La Infanzonía de los Almudévar no habla de Violante Almudévar, tal vez, porque ésta había entrado en el Arbol de los Calver. En el libro de José Claver de Sieso, ya tristemente fallecido, pone: “Violante Almudévar era de la familia antigua de infanzones notorios de Sieso. Su Casal, dice un escritor antiguo, está sito en la Plaza Baja, entre casa de Miguel Almudévar, hoy de la familia Claver  (que se la compró a Miguel Almudévar) y el huerto de Miguel Azara”. 
Miguel Almudévar, hermano de Mosen Salvador Almudévar, Beneficiado y Cura de la Catedral de Huesca, marchó de Sieso a Barluenga, por el año de 1502, fecha en la que bajó a Sieso, Claver y él se bajó a Barluenga y en la casa de este lugar, en que vivió, luce el escudo de los Almudévar. (Su seguramente hermana) Violante “se casó con Miguel Claver, alias VALETA, que era de Pueyo, del Valle de Tena, allá por el año de 1515”. El apodo de Valeta lo conservó, igual que  un hijo suyo,  pero acabó desapareciendo. Vicén Do Río, en su obra de infanzones aragoneses, escribe de “Los Claver de Sieso: D. Miguel Claver, (alias Valeta) trasladó su residencia, al lugar de Sieso de Huesca, para celebrar matrimonio con Doña Violante de la linajuda familia de los Almudévar, levantando Casal  en la Plaza Baja junto a la Casa- Palacio de los Almudévar y dando origen a esta nueva rama. Celebraron entronques con las linajudas familias de los Aniés, Seral, Alamán, Monter y Viñuales”. También escribe Vicén D´o Río, como un Almudévar de Sieso se casó con una Aniés en el Castillo de San Román de Morrano, muy próximo a Sieso. Más tarde vemos como se casa otra señora de apellido Aniés con un Claver.
Cierto día, en que conocí a José Claver  (ya, dolorosamente difunto) y a su esposa Pilar Betrán, un amigo mío me mostró el arco de la entrada a la entonces vieja casa, que se hallaba convertido en parte de la pared, que se encuentra delante de la antiquísima y desaparecida, casa  Claver. Esta casa que antes fue de los Almudévar, ya hemos escrito que la compró Miguel Claver. Este Miguel  el trece de Febrero de 1536, firma el testamento a favor de su esposa, Doña Violante  Almudévar y en 1540 “deja testificado como Señora mayorada y usufructuaria a la referida Violante,  su mujer”.
“ANTIPOCAR, según el Diccionario General de don Roque Barcia de 1880, es palabra aragonesa que quiere decir, reconocer un censo en Escritura Pública, obligándose a la paga de sus réditos. Volver a hacer alguna cosa que es de obligación y había estado suspensa por mucho tiempo”. Martín Almudévar, tercer hermano del Beneficiado Salvador de la Catedral de Huesca, que se quedó en Sieso, descubre su parentesco con VIOLANTE, pues su hijo Nicolás o Colau Claver, con el citado Martín, tercer hermano de la Infanzonía de los Almudévar “renovaron dicha ANTIPOCA como sucesores de los bienes de dicho Casal, que fueron Damián (que no aparece en la Infanzonía, porque en ella cita a los ocho sucesores de Martín Almudévar, pero no indica ningún sucesor de ellos) y VIOLANTE Almudévar”. Queda claro como los tres hermanos de la Infanzonía de Almudévar, eran seguramente hermanos de Violante,  pues gozaron el hermano Martín Almudévar y Violante de los bienes comunes.
En cuanto a los Claver  del Valle de Tena, escribe mi amigo, José Claver”: En el lugar de Pueyo,en el Valle de Tena, tuvieron heredamiento los hermanos Valentín y JERÓNIMO Claver, tenidos como legítimos infanzones en todo el Valle, asistieron a las Cortes de Zaragoza del año 1490. De esta rama salió a Verdú (que se encuentra en Cataluña), el tronco al que perteneció D. Pedro Calver y Sobocano y apóstol de las Indias Occidentales y que subiría a los altares con el nombre de SAN PEDRO CLAVER. Ambos hermanos, debido al privilegio que les concedió el REY Don ALFONSO V DE ARAGÓN, después de la batalla del Alcoraz, pusieron un escudo cortado con una CRUZ llana de Gules, con cuatro cabezas de moro, de sable, ceñidos con una cinta de plata. Debajo siguió el león rampante, que sostiene en sus manos una llave. A mi amigo, ya difunto, el Ingeniero Forestal, Claver, cuyo domicilio, ya vendido a una Caja de Ahorros, se encuentra en el Coso Alto de Huesca y lo encontré en la calle con un León antiguo , que llevaba entre sus patas delanteras o manos, una llave. El nombre latino de la llave es “clavis”, de donde se deriva el apellido Claver.
 “De la rama de Don Jerónimo saldrían los vástagos que entroncarían con el Conde de Aranda y el Conde de Berbedel”. De los Claver,  “De Don Juan Claver embajador de los Reyes Católicos y militar aguerrido, que gozó de la confianza del Gran Capitán, descendientes de un Embajador del Rey de Aragón, Don Fernando en Inglaterra, salió el que se casó con Violante Almudévar, es decir Miguel Claver, alias Valeta,que fue a residir a Sieso. De esta matrimonio nacieron cuatro hijos.el primero fue Don Nicolás Claver Almudévar,que continuó dirigiendo el Casal de los Claver de Sieso.Nicolás se unió enmarimonio con Doña Antonia Juncós y tuvieron seis hijos. Miguel Claver y Juncós se casó con Doña  Isabel de Aniés, trayendo al mundo seis hijos.  Miguel Claler y Juncós se casó  con Doña Isabel de ANIÉS, hija de los (opulentos) Señores de Aniés y tuvieron ocho hijos. Hoy en 2014, conozco, con sus más de noventa años a don Alfonso Buil Aniés, que ha sido Guarda Forestal y hombre de acción, que nació en el Castillo de San Román de Morrano, desde el que se ve el Monasterio de Casbas, donde fue Abadesa una hermana de Don Alfonso.  
Entre los sucesores de Miguel Claver y Aniés, Migel Claver y Monter, que parece seguía la tradición entre los Claver y los Almudévar, porque se casó con Doña Ana Almudévar, natural de Sieso, del árbol genealógico de Martín I Almudévar, que figura el el Arbol Genealógico del año de 1769.  Como el citado Miguel Claver y Monter,se había casado tres veces,tuvo a Miguel Claver y Viñuales, que se casó con otra descendiente de Martín I, llamada Teresa Almudévar y tuvieron a Miguel Calver y Almudévar, que se unió con Doña Jacinta Mancho. Ahora, el entonces Manco, se llamaba Lasierra. Pero todavía llaman Casa Mancho a esta Casa de Torres, que tiene genes de Violante y de su hermano Martín I Almudévar. Ya hemos escrito la firma de Violante y de Martín I de la Antipoca de bienes de origen común, entre ellos. Estuve en Torres de Montes en el chalet de la esposa de “Mancho”, que se llamaba doña Carmen Lasierra y a pesar del tiempo pasado y de la nueva construcción del chalet, yo sentía en la voz de su dueña, como una unión entre el pasado y la actualidad y el paso del portal de piedra de la casa –palacio de los hijos de Juan, a saber Salvador, Miguel, Martín y Violante, al chalet de mis lejanísimos parientes de Torres de Montes. El dueño de actual de casa Mancho, se llama Manolo Lasierra Lasierra.
En nuestra provincia de Huesca, aquellos antepasados nuestros participaron en grandes conquistas, pero ahora han desaparecido multitud de aldeas y de pueblos y ha aumentado la población de las ciudades. El porvenir no sabemos cómo se resolverá, pekro ahora, empieza a fallar la producción de alimentos en el mundo y nosotros, como hablaron Joaquín Costa con el Forestal Mayor de la provincia de Huesca, señor Buil , padre de mi amigo Alfonso Buil Aniés, perteneciente al castillo señorial de San Román de Panzano, emparentado con los Almudévar y con los Claver, que en la provincia de Huesca había más  agua que en el resto de España, con la que podrían originar multitud de alimento en el Alto Aragón, pero así como fallaron las líneas de los Claveres de Sieso y de los Almudévar del mismo pueblo, están fallando los planes de riegos del Alto Aragón. Para ver fracasos en los riegos, fijémonos en los de Angüés , Velillas y Siétamo. Históricamente, viendo la constante comunicación entre el Bearn francés, origen de los Buil y los Almudévar, con el Alto Aragón , Zaragoza y Valencia, ¡qué poco hemos avanzado, más bien nada entre Europa y España, viendo el Canfranc destruido!. Siempre se relacionaron los hombres a través del Pirineo, pues yo me acuerdo de mi abuelo don Manuel Almudévar Vallés, cuando a causa de unas guerras carlistas, huyó a Francia con Villas de Huesca y yo mismo, cuidado por mi familia, estuvimos en Zuriza, punto fronterizo con Francia, dispuestos a pasar al otro lado, lo que gracias a Dios,  no hizo falta. No hay que apurarse por no poder pasar a Francia, porque todos los Almudévar descendientes de Martín I Almudévar, ya han pasado al otro mundo y yo creo que allí nos esperarán.   



viernes, 27 de junio de 2014

Juventud, divino tesoro, ya te vas…

Ruben Dario.


Rubén Darío, poeta conmovedor, parece que veía venir un periodo triste para la juventud, como todos los que a lo largo de la Historia, han ido pasando, pero ahora, aplicando ese pasar a la juventud actual, se da uno cuenta que quizá ésta juventud,  se convierta en una generación perdida. Llorar por una generación perdida es lo mismo que llorar por la humanidad, pues decía Rubén: ”Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver. Cuando quiero llorar no lloro y a veces, lloro sin querer”. No sé si los jóvenes no querrían llorar, cuando se vieron rodeados por una construcción de chalets y de viviendas, que se expandía por toda España, pero ahora lloran sin querer. Mi amigo Alfonso Buil, con sus noventa años, cuando todavía era un niño de unos trece, desde la altura de la Sierra de Guara, se daba cuenta de los “filtros”,  que se abrían en las rocas y por los que desaparecían las aguas que enviaban las nubes, desde todavía más arriba. Aquellas aguas llovedizas, se filtraban e iban a parar a la Cueva de Solencio,  donde sólo servían para ahogar a algún explorador o para enterrar, en este caso “desaguar” a alguien que quería suicidarse. El miraba el horizonte y soñaba, al contemplar las tierras que se habían  de regar debajo de Santa Cilia de Panzano y de San Román de Morrano, por Sieso , Casbas, Angüés y Siétamo y al fondo se divisaba el fabuloso Moncayo, como si estuviera al alcance de la mano. En el Monasterio de Casbas, su Abadesa doña Ana Francisca Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda, Ministro de Carlos III, entre otras muchas ocupaciones civiles y militares, describió una Romería que en una ermita del Moncayo, se celebraba con actos religiosos seguidos de festejos, en los que las sanas y humildes pastoras del Moncayo, bailaban con los nobles que acudían a dicha Romería. Aquellas extensas tierras, había que regarlas, para que como le decía Don Joaquín Costa a su padre: con los riegos, la provincia de Huesca será la más rica en producción agrícola de toda España. Y él soñaba al ver las experiencias de su padre, de  obtener partos dobles de las ovejas de su casa de San Román de Morrano, que con las producciones vegetales de las huertas, los españoles se alimentaran con abundancia. Llegó la cruel Guerra Civil de 1936 y llegó el hambre a los españoles, tanto que Argentina, conmovida, nos envió toneladas y toneladas de trigo y los americanos leche en polvo, para alimentar a los niños en las escuelas. Allá arriba Alfonso no tenía motivos para llorar, sino para sonreír, pero al llegar la Guerra tuvo que llorar por los difuntos que caían abundantes, cerca de San Román, como el boticario de Casbas. Pero dominó el manantial de las lágrimas de sus ojos, porque lo que hizo, fue sembrar el patrimonio de su padre con sus jóvenes trece años, ya que éste padre estaba enfermo.  Pasaron desde entonces, muchos años y como me he expresado, los españoles se vieron rodeados por una construcción casi infinita, olvidándose de los pantanos y canales, que había que hacer correr por esas tierras. Y entre tanto la industria en Huesca aunque creció con muy poco vigor y muchas veces desdeñada por los “señores” de la administración, ha ido desapareciendo poco a poco y no quedó más que la construcción y a ella acudían a trabajar y a ganar dinero. 
Alfonso Buil, recordando aquellos viejos años, se expresaba así,  hace pocos días: me da la impresión de que la juventud, va a ser parte de una generación perdida, porque se ha quedado sin trabajo y sin estudios. Pero además muchos jóvenes quedaron endeudados para unos treinta  años, porque animados por el dinero que ganaban, se lanzaron a comprar viviendas y coches. Me dice Alfonso, que por lo menos una mitad de esa juventud, ha sido o puede verse hipotecada y despojada de sus pisos y esa deuda no les afecta sólo a ellos, sino también a sus familiares, ya mayores, que, muy optimistas no se negaron a firmar los contratos bancarios, que concertaban los jóvenes. Cuando aquellos jóvenes firmaban una hipoteca, se comprometían a devolver el dinero que les había prestado el Banco. Pero cuando se quedaban sin trabajo y no podían devolver los plazos del préstamo, el Banco no quería recibir ladrillos,  sino dinero. Cuando no pagaban, el Banco subastaba el piso y lo adjudicaban por un precio inferior a su valor real, pero si no podía dicho Banco  sacar todo el dinero que el joven debía, éste se quedaba sin piso y debiendo una cantidad, que cuando en ella pensaba, lloraba , no sé si queriendo o sin querer. Hay que arreglar en la sociedad, el asunto de los préstamos,  pues como me dice Alfonso Buil , hay personas que por deudas de dos millones de pesetas han perdido su fábrica o su maquinaria , que era más valiosa que su deuda. Aquí no hay cuidado por el bienestar de los hombres, que se ven sin ayuda, como en cambio la reciben,  los mismos Bancos del Estado. Aquí, ¿Quién tiene que llorar?.  Yo creo que el hombre,  unas veces sabiendo por qué y otras sin saberlo. Se han perdido todos los valores del hombre, incluido el deseo de estudiar, entre otras cosas porque en Huesca, si se necesitaban doscientas pisos al año,  se han construido, tal vez dos mil. En España  todo el mundo se ha dedicado a ganar dinero, desde los jóvenes hasta los ayuntamientos.
Han disminuido los estudiantes por  ambición, unas veces de ganar dinero y otras por la necesidad del mismo y dejaron los estudios para ir a la construcción e igual ha pasado con los jóvenes agricultores, que han dejado los pueblos abandonados,  a sus padres solos y muchas de aquellas tierras que Joaquín Costa amaba tanto, se han quedado de secano. Esas tierras, sin agua no podrán llorar ni llorarán los hombres que por ellas caminen, porque casi nadie las visita.

Hemos pasado por una época en que la enseñanza ha perdido la disciplina, y se  ha perdido respeto, porque se han perdido todos los valores.  Por la poca preparación en algunos centros de enseñanza, en Alemania dicen que de cada diez empleados, hay cuatro o cinco que no están bien preparados y cuando vieron venir el fallo de la construcción, prepararon puestos de trabajo en otros gremios. Aquí la política se olvidó de todos los problemas. En distintos lugares de España, declararon construibles muchos campos,  con lo que levantaron sus precios. Ahora sobran solares y viviendas que unas se han ocupado durante un cierto tiempo,  pero muchas no se han estrenado y otras ni siquiera se han vendido. Aquel gobierno levantó los precios,  ahora se los quieren cobrar, como si el dinero lo fueran a fabricar los ciudadanos. Con esa actitud van a colaborar en la ruina general,  sin tener que llorar, que ya llorarán los explotados por un gobierno y por el otro.     

Aún nos quedan las ranas

 La Grenota. No sé que tiene la rana, tan verde tan simpática, que cantando su cu-cú a las orillas del agua, hacía que el caballero con su c...