jueves, 10 de abril de 2014

Santa Eulalia del Gállego o “Santolaria do Galligo”

Santa Eulalia de Gallego.

Cuando subo a Pamplona por la carretera de Jaca, al entrar en la noble Villa de Ayerbe y recorrer el cauce del río Gállego, siento dentro de mí el orgullo de ser aragonés, pues unas veces estás en la provincia de HUESCA y otras en la de Zaragoza, viendo aquellas tierras del río Gállego, acompañadas por  las Sierras de Estronad y por la de Santo Domingo que,  se introduce en las Cinco Villas. En la provincia de Huesca está cortada la continuación de la Sierra de Guara con la de Santo Domingo. A un lado, el de Huesca, se elevan los Malllos de Riglos y al otro,  se alzan, los Mallos, iguales a los anteriores, en Agüero. En la Sierra de Santo Domingo se contemplan, las zonas más vírgenes de Aragón; se encuentran inmensos bosques, sobre los que se ven volar los buitres, y las brujas no se dejan ver,  pero la gente dice que están llenas de ellas, pero para que no entren en sus casas, en las ventanas cuelgan la planta que las ahuyentan,  es decir enebro o “chinebro”.  La mayor altura es la de Santo Domingo,  de 1.500 metros de altura. En su cumbre se venera a Santo Domingo y en la ladera, se encuentra en ruinas el castillo de Liso.   En el pueblo situado, en otros tiempos en la Sierra de Estronad, sólo se ven las yerbas que pueblan sus ruinas, como pasa en Salinas de Jaca,  la vieja, que ya no queda nada de ella. Cuando subiendo a Jaca, diriges el coche a  Villalangua, pasas por las orillas de un río rodeado de bosques cerrados y al llegar al pueblo, observas una “osqueta”,  por la que bajaban los pastores hasta Agüero. “Osqueta” es un diminutivo de “Osca”, como llamaban a Huesca, en la que se entraba bajando de la Montaña, por el Salto de Roldán. Esa Osca fue abierta por el río Flumen. Osqueta es una apertura natural en el monte, que la convierte en camino. La soledad de aquellos bosques hace decir a las gentes que en ellos proliferan las brujas. Por eso, en las ventanas y balcones, los habitantes de Santa Eulalia, colocan ramos de “chinebros” o enebros y de sabinas.
 Pasada la Villa de Ayerbe, después de un hotel de aspecto noble, edificado ya hace unos años con piedras, al Oeste se entra por una carretera que a unos seis kilómetros  entra en  el pueblo de Santolaria de Galligo. En muy poco espacio de metros, hemos salido de la provincia de HUESCA,  para entrar en la de  Zaragoza. Estamos a seis kilómetros de la Villa de Ayerbe, nombre vascongado y a la misma de Biscarrués y a ciento ocho de la capital de Aragón,  Zaragoza. En lo alto de un cerro se divisa la ermita de San Pedro y la parroquia iniciada en el siglo XII, que fue de estilo románico  puro  y   dedicada,   a Santa Eulalia. Se encuentra Santolaria al Este de Ayerbe, al Norte y al Este limita con Murillo de Gallego, también zaragozano, como se encuentra Luna en las Cinco Villas al Oeste y con el oscense Agüero. Al Sur limita con Murillo y con Ardisa con su  Presa.  
Santa Eulalia se encuentra en un cerro de 508 metros de altura, con la ermita de San Pedro en la altura y la parroquia de Santa Eulalia  en el mismo pueblo. Tiene unos 130 habitantes. Se encuentra a seis kilómetros de Ayerbe y a 108 de la capital de su provincia, Zaragoza. Se encuentran casas de noble arquitectura,  como Casa Arbués. En resumen, es un pueblo con la magia del pueblo y de su ambiente, además del misterio de sus brujas. En Huesca capital,  conocí a un muchacho, que estaba hablando con la hermosa rubia, que vende los iguales, en los Porches de Galicia y al marcharse, le pregunté a la mujer rubia, que de donde era tal muchacho. Me dijo que de Santa Eulalia de Gállego, a donde iba con frecuencia a ver a su padre, pues su madre ya había abandonado la vida hacía años. Subía al pueblo donde nació para recordar a su madre, consolar a su padre y recordar la vida mágica y misteriosa de ese pueblo aragonés. Se acordaba de sus juegos de niño, que le dieron ilusión para toda su vida y que le hace sentir curiosidad por todo  y por todos los hombres de este mundo.     
 Santa Eulalia de Gallego, está situada frente a la ribera de ese río, que,  como indica su nombre desciende de Francia o de Las Galias y que por sus orillas bajaron a unirse a nuestros montañeses y navarros, desde el Bearn. Tomaron primero la Villa de Almudévar y más tarde conquistaron la capital de Aragón, es decir Zaragoza. Es agradable contemplar,  desde las calles elevadas de Santolaria de Galligo, las agradables vistas de este río, a veces surcado por barcas deportivas, impulsadas por la corriente y por los remos. Desde esas calles, mirando al Norte, abren una perspectiva, marcada por la torre de la parroquia de de Santa Eulalia y la elevada ermita de San Pedro, que presenta los Mallos de Agüero, que se miran en los de Riglos.
Por Santa Eulalia bajaban frailes medievales procedentes de las Cinco Villas, que debieron de levantar ermitas por aquellas zonas, donde proliferaban las brujas. Entre aquellas ermitas, se encuentra cerca de Ayerbe, de Agüero y de pueblos como el Frago, Fuencalderas y Luesia y a ella subían y siguen subiendo los fieles aragoneses de Huesca y de Zaragoza a la ermita de Santa Quiteria, en romería para la Pascua de Resurrección. Se celebra una Misa solemne y se repartía pan blanco bendecido. Llevan los asistentes “comida de alforja”,  pero ya no comen sólo el pan bendito, sino que se recrean con melocotón con vino. El día de  Viernes  Santo, peregrinan por sus calles rezando el Vía Crucis, con un espíritu interior que les lleva a  procesionar  por la noche, apagando todas las bombillas, que suelen cada noche iluminar dicha calles. Sólo dejan iluminadas,  además de sus espíritus, bombillas y velas que encienden en las ventanas y en los balcones de sus casas. El dieciséis de Agosto se celebra la Fiesta de San Roque, que era francés, pero intervino en España en la mejora del Camino de Santiago. Es curioso como San Francisco de Asís fue amigo de los animales, pero San Roque amaba a un perro que le salvó la vida, y del que se guarda un recuerdo cariñoso en Cataluña y entre los devotos de San Roque, incluso en Santa Eulalia de Gallego. En Casa López se conserva un oratorio, donde se venera a Santa Lucía e imponen a los fieles los “ojos de plata”.
Desde sus calles se pueden contemplar las barcas que, haciendo deporte, bajan por el río y al alcanzar a Murillo de Gállego,  se pueden ver y se puede hablar con los remeros., como también se puede hacer lo mismo en Santa Eulalia de Gállego.
¡Qué zona aragonesa tan bella y tan noble como aquella en que se encuentra Santa Eulalia de Gállego!, pero ¡qué tristeza se apodera de nuestros espíritus al contemplar la escasa población de seres humanos, con la supuesta abundancia de brujas por aquellos bosques!.
El río Gallego baja desde Francia hasta Zaragoza y por aquellos caminos bajaban los bearneses, que unidos a los aragoneses, crearon esta tierra aragonesa. Estuvimos unidos a Francia por el ferrocarril de Canfranc, pero ahora están unidas las regiones nacionalistas de Vascongadas y Cataluña por los más modernos ferrocarriles. Y esta tierra del río Galligo o Francés, tiene que vivir aislada de Europa.

lunes, 7 de abril de 2014

La Cruz de la Paul, aparecida en Siétamo



Manolo Calvo tiene cincuenta y ocho años y pasó gran parte de su niñez en Siétamo, desde los cuatro años hasta los nueve, cuando a su padre, guadia civil, lo destinaron a Huesca. Su padre era rubio en su edad juvenil y Manolo Calvo salió rubio platino, aunque ahora, después de haberse tornado moreno, le aparece la parte de la cabeza,  plateada, porque su enorme calva recuerda una pista por la que resbalan las ideas. Su voz recuerda el sonido, como grave, que  producen los oradores, unos cuando predican y los políticos cuando lanzan sus consignas al pueblo. Saliendo de clase, un profesor lo cogió por el hombro y le dijo: tienes una voz muy fuerte, pero un poco venenosa. Manolo no se calla nunca, le gusta decir verdades, aunque con esa actitud le aumentan los problemas. Su madre ya le decía: el que dice las verdades, pierde las  amistades. Es Manolo muy hablador y en una ocasión se puso a hablar en un bar y entró en él,el alcalde de Huesca, pero él siguió hablando. Entonces alguien le dijo que callase y él exclamó: ¡los bares son un foro de opiniones!. El comprobó, como le decía su madre, que el que dice las verdades, pierde las amistades, porque lo echaron del bar. 
Tiene muchos recuerdos de su niñez, pasada en Siétamo y esta niñez le ha dado recuerdos para pasar la vida en la capital oscense.
Su recuerdo más impresionante,  le viene de una vez, que iba en una procesión por la Paul, entonces un simple camino sin pavimento, formando con los monaguillos parte de una procesión, presidida por el cura, don Alejandro y secundada por  el sacristán Antonio Bescós, conocido como Trabuco. De pronto Trabuco se paró y  se quedó extasiado mirando al cielo y los fieles pensaban si miraba a la luna, cuando se dieron cuenta que su atención la dirigía a una gran Cruz de ángulos rectos, de color un poco más oscuro que la luna. Y entonces los fieles con tal visión, se quedaron extasiados mirando al cielo para  contemplarla,  pero continuaron dando sus breves pasos procesionales, por la Paul, que ahora llaman la Arboleda. Me dice Manolo que entre otros testigos está el vecino mío de  Siétamo, Rafael Ciria Bruis, que iba en la procesión de compañero,  de Manolo  y vestido como él, de monaguillo.
Cuando terminó la procesión, su padre y su madre, se retiraron al cuartel de la Guardia Civil, donde, estaba en aquella fecha, de puertas, un joven Guardia Civil, llamado Rafael Campos Martínez, que durante la procesión también había visto la Cruz de ángulos rectos, sobre la luna. Se estaba preparando para ingresar en la academia General Militar de Zaragoza. Ingresó en la Academia y llegó a ser General de la Guardia Civil. Algunos dicen que su fe en la Cruz, le dio la ocasión de llegar a ser General.
Al día siguiente el Observatorio Meteorológico de Monflorite, dijo que aquella Cruz estaba formada por gases. Manolo impulsado por su continua afirmación de verdades  dijo que los gases no hacen ángulos rectos. Manolo ante aquella experiencia mística de la aparición de la Cruz, se decidió a ingresar en el Seminario de Huesca.
Este caso recuerda lo que ocurrió en la guerra entre los romanos Constantino y Majencio, el año 312 d.C.,  cuando el emperador  Constantino, iba a luchar en una batalla en que se jugaba el porvenir del Imperio Romano. En aquella batalla apareció una gran Cruz blanca sobre fondo de púrpura, en el cielo, con una leyenda que decía. In hoc signum, vincis, que quiere decir “con este signo vencerás”. Estaba Magencio acorralado en el puente Milvio, sobre el río Tiber el 27 de Octubre del año 312.Miró al cielo y vio la señal de la Cruz, con su leyenda “In hoc signum vincis”. Se acabó la batalla y empezó a extenderse  el cristianismo por el Imperio Romano. Magencio fue arrastrado por el río Tiber y Constantino recibió cuando iba a morir, el bautismo. “Constantino fue advertido en sueños para que grabase en los escudos de sus soldados, el signo de la Cruz y grabó el nombre de Cristo en los escudos”. Siétamo hizo lo mismo, colocó una Cruz camino de Castejón, otra en el centro del pueblo, en la Plaza Mayor y una tercera la Cruz de San Pedro.

El emperador  Constantino y la Villa de Siétamo fueron premiados con la aparición en el cielo de una hermosa Cruz.

domingo, 6 de abril de 2014

Mosen Martín Cavero, Retor de Siétamo



Esta carta fue escrita en el mes de Febrero y día once del año 1807, por el párroco de Siétamo, Mosen Martín Cavero, retor de Siétamo,  al Excelentísimo Señor Duque de Ijar (Hijar),Conde de Aranda mi Señor. Este mosen Martín Cavero de Siétamo fue tío de don Manuel Almudévar y Cavero, padre de don Manuel Almudévar Vallés, abuelo de mi padre don Manuel Almudévar Casaus y bisabuelo de Ignacio Almudevar Zamora y de sus hermanos y hermanas.
“Exmo.Señor:
Voz del Señor deben ser los Párrocos, y ésta, en acabando de sonar, dexa de ser. Digolo, porque VXª.  me  honre con la clemencia de oírme sin causarle admiración, verme introducido en asuntos seculares, que   sabe Dios, si soy capaz de cumplir con los eclesiásticos, como los más sagrados de mi estado y obligación.
Algunos meses há,  que encierro dentro de mi corazón el sentimiento que me cuesta la crítica y triste situación de estos vasallos de V.Xª. y  feligreses míos; pues es tan grave, por las funestas consecuencias que amenaza, que huyéndose de mi juicio, solo se concede a mi dolor. El amor de próximo, y la obligación de Pastor, me precisan ya a romper el silencio, suplicando a V.Xª. se digne atenderme, porque también es equidad  en los Grandes Señores permitir al dolor algún desahogo. No es posible, Exmo. Señor, que la amable clemencia de V.Xª. esté verdaderamente noticiosa del trabajos y persecuciones que padece este  Pueblo por su Administrador Don Josef de Irigoyen; porque a saberlo, no podía suceder el consentirlo, y mucho menos V.Xª.,que siempre amante de la equidad y justicia, jamás supo volver los ojos a la razón de mandar executarlo.
Todo observante y nada compasivo, pretende Irigoyen labrar sus aciertos a costa de rigurosas y atropelladas execuciones, hijas de su poca edad y fogosidad de su genio. Si la indigencia de un pobre jornalero le obliga al socorro de un fajo de leña del Carrascal, y sin causar daño alguno en él, inmediatamente lo delata al Subdelegado de Huesca, y tiene que contribuir con la pena rigurosa que le impone, muy superior a sus débiles fuerzas. Este y otros hechos que omito a V.Xª., por no serle molesto, han dado motivo a una juventud inconsiderada, con el mayor sentimiento de lo principal del Pueblo,  y señaladamente del Exponente, que conoce, y sabe mejor que otro alguno, las funestas  consecuencias, que de necesidad se han de seguir, a hacer demostraciones de venganza contra el dicho Irigoyen con piedras y con el escaño a las puertas de palacio. Yo, que soy testigo de estos desórdenes, lo soy también del  Recetor y cuatro Fusileros que acaban de llegar a este Pueblo de orden de la Sala, y a instancia del dicho Irigoyen, con tolerancia  o consentimiento de su Cuñado Don Pedro Bezares, Administrador General de V.Xª., para la justificación de los hechos que acabo de exponerle, y para proceder a las prisiones respectivas de los Reos, que de ella resulten Yo no sé, si los citados Bezares e Iigoyen pretenderán hacerse singulares, conseguir la duración de sus empleos y la perpetuidad en sus interese propios, hablando y obrando del modo que agradan, y no como sienten.
Si esto pudieran lograr sin conocida destrucción y alboroto de estos vasallos de V.Xª. y  feligreses míos, yo sería el primer coronista de sus aciertos: Pero, Señor Excelentísimo ¿puede ser en ningún tiempo buen servicio de Dios, ni de V.Xª.,  la total desolación que amenaza a este Pueblo?. ¿La evidente ruina de sus vecinos y la común congoja de las familias?. ¿Con qué animo podrá trabajar un Labrador sabiendo que su sudor le fatiga y no aprovecha? ¿Qué amor a VXª podrá engendrarse en el corazón de un Vasallo, que diariamente experimenta tributos penales de una leve culpa, y las persecuciones de un Administrador dominado de un espíritu vengativo?. Señór Excelentísimo, es evidente, que la antigua nobleza de Vuestra Casa, y las pingües rentas que goza, dependen del sudor del jornalero, pues ¿por qué habiéndole de limpiar  la piedad, le ha de sofocar el rigor?.
Bástale al infeliz su desdicha, sin quererla duplicar con el desprecio y abatimiento: y así, Excelentísimo Señor, espero firmemente, que la piedad de V.Xª., ha de dar crédito a a estas experiencias de mi reverente buena  ley, y humilde amor a VXª, tomando las providencias que fuere servido para el remedio: y que mediante él, quedó tranquilo el piadoso y magnánimo corazón d  e V.Xª.,  el de estos sus amados vasallos y feligreses míos, y el de Irigoyen.  V.Xª. no tenga por desembarazo la realidad de mi explicación, si no créala, por eco preciso de la voz, de quien más le reverencia y desea el mejor servicio de Dios, la mayor gloria de V.Xª., y menos fatiga de estos sus cadentes vasallos: A este fin aplico mis oraciones y sacrificios , y en todos pido a Nuestro Señor guarde a su Exma.persona muchos años.
Siétamo y Febrero 11 de 1807.
Exmo. Señor  A. L. P. de VXª
Martín Cavero Retor de Sietamo.
Excelentísimo Señor Duque de ijar, de Aranda, mi Señor


sábado, 5 de abril de 2014

Cavero y sus escudos



Yo siempre  he tenido un gran amor a este apellido, entre otras razones porque forma parte de mi genealogía. Efectivamente, mi bisabuelo Don Manuel Almudévar Cavero era hijo de una mujer de casa Cavero de Siétamo y yo desde antes de la Guerra me miraba el escudo noble y con corona, no sé si condal, en su parte alta. Tenía ocasión de mirarlo dos veces porque la casa de Cavero, estaba en la Calle Baja y otra en la Calle Alta en casa de Felipe Cavero, que fue la primera casa que se hicieron éstos en Siétamo. Ahora, después de pasados sesenta y seis años de la terrible Guerra Civil, sólo tengo una ocasión de mirarme en el noble escudo aragonés, en la cerrada casa de Felipe Cavero, pero restaurada por la hija de Ramón Puyuelo Cavero. ¡Hermoso escudo, en el que tras mirar sus distintos cuarteles, me esfuerzo en leer sus últimas palabras, que dicen: Armas de los Caveros de Siétamo!.  Este escudo parece ser que representaba las armas originarias de los Cavero y éste era el escudo del Conde de Sobradiel. Ramonito me dijo que cuando los Cavero vinieron por primera vez a Siétamo, quisieron hacer honor a su apellido y al Conde le pidieron permiso para copiar su escudo. Eran una familia próspera, porque venía de buena casa; unos decían que de La Perdiguera y otros que de Berbegal y debieron de traer buena dote, pero al ser grandes labradores, prosperaron más y se encontraron con la necesidad de aumentar el tamaño de su casa e hicieron la de la Calle Baja, dejando la de la Calle Alta para un hermano, que puede ser que se llamara Juan, según dicen algunos o Felipe, según otros, con cuyo nombre hablan de dicha casa Yo tengo una Infanzonía de los Cavero, porque cuando algún miembro de su familia se casaba, le entregaban una copia. Para la Guerra destruyeron en Siétamo todos los documentos, pero el  señor Trisán de Fañanás que venía con los nacionales, estuvo en nuestra abandonada casa y metió en un saco todos los papeles y escrituras que encontró y lo llevó a la farmacia de Llanas de Huesca, que eran parientes de los Almudévar.
Esteban Almudévar y Escabosa se casó con Francisca Cavero y Abad. Su primera hija María Teresa nació en Mayo del año 1803.  El heredero Manuel Almudévar Cavero nació el ocho de Diciembre del año 1805 y fueron sus padrinos, sus abuelos maternos Don Marcos Cavero y doña Ignacia Abad. Tuvieron tres hijas más, a saber Manuela en 1808, María Francisca, nacida el día 9 de Julio del año 1815 y Agustina, nacida el 23 de Abril del año 1818, de la que fue madrina su tía Agustina Cavero. El último hijo fue José María, que nació el día 9 de Febrero del año 1821. cuyos descendientes viven en Cataluña y vienen a veranear a Siétamo a una casa, que poseen. Hoy, día dieciséis de Septiembre del año dos mil seis, está mi esposa acompañada de mi hija Pilar y de su novio, en Gerona, asistiendo a la boda de una descendiente de José María; igual que vosotros los Cavero de Berbegal celebrais la boda de un sobrino vuestro en las alturas de Berbegal. Don Manuel Almudévar y Cavero falleció en Siétamo el día cinco de marzo del año 1873. 
En la casa principal de los Cavero de Siétamo, era el dueño don Domingo Cavero, casado con  doña Pascuala  Peña y no tuvieron hijos y convivían con un hermano soltero. Su casa, para la Guerra, la destruyeron, pero él siguió cultivando las tierras, teniendo mulateros e incluso yo me acuerdo de que compró, cuando no se veía ninguno todavía, un tractor. Me acuerdo que estando enfermo, lo fue a visitar mi hermano médico Manolo; se quedó agradecido y le dio dos objetos de lujo antiguos, de los que todavía recuerdo una especie de petaca de puros. Esos objetos todavía los guarda su mujer en Canadá.
Se acabó su vida y todavía le dejó a un Cavero Cavero, unas fincas. Este Juan Antonio era hijo de un Maestro Nacional de Novales y de una hermana de Domingo. Yo me acuerdo de ver a un primo suyo de Laluenga que se apellidaba Planas, apellido que parece ser era el segundo de Domingo. Una vez vino a Siétamo el Jefe del Servicio Nacional de Cereales, Don Miguel Cavero de Berbegal, a sacar una fotografía del escudo que todavía preside casa Felipe Cavero. La fotografía  que Miguel sacó del escudo de casa Felipe Cavero la hizo conversando con su pariente Doña Carmen Cavero, señora cuya imagen recordaba la de una abadesa de un convento, por ejemplo, del de Casbas. Dicha respetable señora era la madre de Ramonito. No se encontraba ya el escudo de la arruinada casa grande de Cavero, que había guardado Domingo Cavero y al morir lo recogió su sobrino Juan Antonio Cavero Cavero.
Ramón Puyuelo Cavero, es ahora el representante en Siétamo de la noble estirpe de los Cavero, porque además de ser un hombre alegre y conversador, ama la casa de Felipe Cavero y no quiere que se venda y tiene varias fotos y dibujos de su escudo. Dicha casa, con su noble, con su corona en la parte superior, ha pasado a la hija de Ramonito Montse, casada con José Luis de Antillón.
En el escudo de los Cavero aparecen las campanas de Ahonés, de las que en otros escudos pone debajo de ellas: “Campanas de Ahonés, ya non sonarés més”. En Siétamo desde luego que sólo suenan en el corazón de “Ramonito de Felipe Cavero” y en el mío y se podrán ver sin oírlas,  mientras esté ese escudo de Cavero a la vista de la gente. Pero esta noble familia procedente de Jaca, se extendió a Zaragoza en el siglo XV y después fue a Casbas   y a La Perdiguera y a Ortilla y a Siétamo Se extendió por todo Aragón y luego por toda España. Tuvieron tal apellido los Condes de Sobradiel y Gabarda.
Basta leer la Historia de España para comprobarlo. Y si nos interpretaran el escudo, daríamos muchas vueltas a nuestra imaginación, porque como dice la Enciclopedia Aragonesa: “Las armas de los Cavero eran un escudo de gules con un castillo de oro y en jefe dos campanas de oro sin badajo”. Alguien se los cortaría porque ya no sonaron más. Sigue la Enciclopedia diciendo: “ pero ulteriores parentescos complicaron este escudo, que se acuarteló: primer cuartel una cruz de gules con media luna en el centro y en los cuatro espacios de la cruz de cuatro alas de plata perfiladas de oro y todo el campo de sinople; segundo cuartel partido en faja arriba el escudo de la familia Ahonés y abajo, sobre sinople, una cabeza de sultana destilando sangre”.   Esta cabeza por alguien fue cortada, como los badajos de las campanas de Ahonés y en estos tiempos en que se reivindican los musulmanes a sí mismos, cualquier día reclamarán que se retire esa cabeza del escudo. Sigue la descripción del escudo, diciendo: “ tercer cuartel partido en faja arriba el escudo de la familia  Ahonés y abajo sobre sinople un ramo de oro, y cuarto cuartel en gules cinco escuditos de oro colocados en cruz”.
La vida en este mundo va cambiando y de la misma forma que en el escudo vemos una cabeza cortada, a todos nos la cortará la vida y desde las alturas de Berbegal, desde aquella pequeña meseta rodeada por una especie de balcón, se está muy cerca del cielo, como parece recordarlo aquella antigua y bella iglesia parroquial. Uno se da cuenta de tener la oportunidad de pensar en el pasado, pero para preparar el futuro de Aragón. Parece que los corazones se tienen que entristecer al pensar en la vida que han llevado muchos hombres y mujeres de apellido Cavero, como mi tío Domingo, que murió arruinado y la triste historia de muchas casas de aspecto histórico, como la Casa de Felipe Cavero de Siétamo, hoy sin habitar por ningún pariente de los  Cavero, como señala en su fachada un noble escudo. En la Casa de Cavero de Berbegal uno se recrea viendo aquellas salas, con cuadros colgados de caballos con sus jinetes, las imágenes de Cristos y de Vírgenes, los juegos y los libros, en que uno podría reconstruir muchos capítulos de la historia de la agricultura, de los tributos,  de los abonos, de las caballerías y de los aperos agrarios. Siente uno la nostalgia de los tiempos pasados, pero ahora contempla como no sólo se acercan los Caveros a esta casa en el verano, sino que acuden con frecuencia desde Madrid. Están los Caveros por todo el mundo, trabajando en todas las actividades humanas o jubilados, como “Ramonito de Felipe Cavero”, que conserva en su corazón la tradición que aprendió de su buena madre doña Carmen Cavero.
Pero no basta con pensar en el pasado, porque hay que tener además de memoria, inteligencia para resolver los problemas actuales y voluntad para trabajar en esa noble tarea. En el pasado tenemos que fijarnos en el hermano heredero del patrimonio Cavero de Berbegal, que viviendo en Madrid acudía frecuentísimamente a dirigir las faenas, que necesitaba el patrimonio que le hiciesen y en uno de esos viajes murió de accidente. Hay que buscar luz en su vida y en su muerte, para preparar el porvenir de Aragón  y me acuerdo de  que en la descripción del escudo no se nombra la linterna, que figura en la parte alta de la derecha de dicho escudo y ahora es cuando más necesitamos su luz, para que nos ilumine las numerosas faenas, que debemos emprender para hacer progresar a Aragón.
Se puede pensar en las alturas de Berbegal, mirando todo el Somontano, desde Siétamo a Binéfar y desde el Pueyo de Barbastro hasta los profundos Monegros y hay que pensar no sólo en la agricultura, sino en la industria, como han hecho los catalanes y ocurre ya en Binéfar , en Monzón y en Barbastro y ahora que va a pasar la autopista de Lérida a Pamplona, habría que crear actividades industriales y veríamos, subidos al alto balcón de Berbegal, como aquellos valles estaban habitados y recorridos por personas, que da igual que se llamen Cavero o tengan un apellido de origen extranjero.
Hay que intentar crear industria en aquel paisaje inmenso, porque los catalanes, que tienen ya casi ocupado todo su territorio, aspiran a comprar el nuestro, para descongestionar su Cataluña. Cataluña formó parte del reino de Aragón, pero la nacionalidad aragonesa no debe pasar a formar parte de la catalana.







viernes, 4 de abril de 2014

Los purines del cerdo, enemigos de su producción de carne



Yo, como nacido en una casa agrícola, he conocido el sacrificio  de cerdos en el corral o en una cuadra. Aquel sacrificio era como la fiesta de los toros. Había alegría en la casa donde se “mataba el tocino” y corría el porrón lleno de vino entre los asistentes al sacrificio del mismo, de los que unos acudían a colaborar en la captura del cerdo con un gancho, que se le clavaba en el cuello y se le sujetaba en el otro extremo con las manos. Había que derribarlo en el suelo, para con un cuchillo desangrarlo abriéndole las venas yugulares, para que derramara su sangre, que alguna mujer bien preparada para el caso,  la recogía en una vasija, mientras le daba vueltas con una mano, para evitar que se coagulara.  Unos gozaban de la habilidad de los matarifes y otros sufrían al  ver la inútil defensa de la víctima del sacrificio. En el pueblo de Siétamo el matarife Vicente Benedé, llegó a matar en un año ciento cincuenta cerdos. Entonces el tamaño del cerdo alegraba a los dueños  tanto más, cuanto mayor era su tamaño. Pesaban desde doce arrobas  para arriba de dieciséis kilogramos cada una. Solían matar un cerdo cada vez que entraban en matacía, pero a veces mataban dos.  Para obtener ese peso de ciento cuarenta kilos, tenían que haber cumplido dos Agostos Una vez muerto el cerdo, se echaba agua casi hirviente sobre su cuerpo y los colaboradores del dueño, con sus cuchillos y sus “lozas” o “arrascadores”, le iban despojando de los pelos y de  las partes  queratinizadas  de la epidermis, que defendían su piel contra el medio en que vivía.  Se facilitaban estas tareas, unas veces derramando por toda su piel agua escaldada o, en la Montaña se pasaban por ella aliagas encendidas. Aquellos pelos, conocidos con el nombre de cerdas, los guardaba el matarife y al fin de la campaña de sacrificios de cerdos, se las vendían a industrias, que utilizaban esas cerdas para fabricar brochas, con  el fin de darse jabón los hombres en el afeitado y cepillos para limpiar la ropa o para fabricar cepillos de dientes.
George Orwell escribió “Rebelión en la Granja”, en que ocupaba a los cerdos en dirigir las faenas del matadero, llegando a oponerse   al  consumo de la carne de los cerdos, cuyas carnes se consumen cada día con más frecuencia, y establecer el vegetarianismo.
Eran  muchos los productos que se fabricaban con los cerdos sacrificados, para consumir las grasas de su tejido adiposo,  al que llamaban tocino, pero además, guardaban para el resto del año chorizos, longanizas, butifarras, tortetas y morcillas y el sabroso jamón. En todas estas operaciones intervenían los veterinarios, que por aquellos pueblos y aldeas inspeccionaban la sanidad de aquellos productos cárnicos y en cada sacrificio porcino recogían unas fibras musculares, en los que intentaba ver aquel parásito,  llamado Triquina, que producía muertes y parálisis en algunos consumidores. Había que colgar ese cuerpo en una anilla, que todavía se ve en los maderos altos de la cuadra, para ser despedazado en las diferentes partes, de las que unas, como las tripas con el fin de limpiarlas y otras para consumir la carne, cuya proteína nos hacía crecer y estar fuertes.
Este era el panorama del consumo de carne de cerdo en España, pero a partir del año dos mil, en pocos años ha cambiado, podemos decir que totalmente, el sacrificio familiar  por el industrial, cuyo objetivo es el mercado mundial. Están creciendo, cada día, el número de granjas en las que se crían los lechones y se engordan los mismos, con una alimentación semejante para todos ellos y unas infraestructuras parecidas en todos los países. Se ha producido en el mundo un crecimiento del consumo de carne y de la misma forma que ha crecido la cría de pollos,  ha aumentado la de cerdos, de los que se han seleccionado los de crecimiento más rápido, que dan un alto índice de conversión de alimentos.
España ha llegado a producir carne de cerdo en una cantidad notable, ya que está cercana a los tres y medio millones de toneladas, de tal manera que el sesenta por ciento de la carne consumida  en España es resultante del sacrificio de los cerdos. Sacrifican al año cuarenta millones de cerdos, lo que le hace a España la  segunda nación productora de carne de cerdo en Europa y la cuarta en el mundo. Pero China,  ese País que ha progresado estos últimos años, produce  uno de cada dos cerdos en el mundo.   
 En la historia de los hombres, se han visto progresos sanitarios, como por ejemplo las alcantarillas que pusieron en uso los romanos. Hemos pasado épocas en que el hombre se dedicaba a obtener el placer por un lado, mientras por otro esclavizaba a otros seres humanos. Hemos pasado de las épocas de abundancia de alimentos  a las épocas de hambre. Ahora vuelven a ocurrir épocas de abundancia en el consumo de proteínas, pues nos basta observar la cantidad y calidad de granjas para la cría de los cerdos, pero ya se ha dado cuenta la humanidad de que los purines, pueden  causar el cierre de muchas granjas y ese cierre irá aumentando, quizá hasta crear una necesidad de producir carne, que no podremos llegar a conseguir.
¿Cuál es la causa de la posible paralización del uso de las granjas?, es simplemente el problema medioambiental de los residuos, porque con el sistema actual de eliminación de los purines, no se consume el nitrógeno ni el fósforo, con lo que  se contaminan los suelos, que con su riego se producen, pero no sólo éstos sino que contaminan también, además de los suelos, los acuíferos y la atmósfera.
Cuanto mayor es el número de cerdos que ocupan una granja y menor es la extensión de tierra sobre la que arrojar el purín, más se contaminan los suelos y más se aproxima la hora de cerrar las granjas, o de instalar lagunas de oxidación o maquinaria que neutralice con ácido sulfúrico o que realice un proceso de oxidación con ozono. Los criadores de cerdos se encuentran con unos gastos que no pueden llevar. En la zona del Matarraña y del Maestrazgo,  están a punto de cerrar una quinientas granjas. Sería una solución del problema, que una empresa pública o privada se encargue de utilizar los purines  para su traslado a zonas agrícolas, que se encuentran cercanas en Teruel a las zonas de Valencia y allí fertilizar las fincas de mejor producción. Próxima a Teruel se encuentra la tierra valenciana, donde un grupo de técnicos, al darse cuenta de la dificultad del uso de los purines, que contienen una elevada carga de nitrógeno y de fósforo, pueden llegar a contaminar los suelos, los ríos y la atmósfera. Están estudiando un tratamiento común de purines y subproductos agrícolas, para producir biogás de un modo rentable. Están estudiando cuales son los productos de huerta más apropiados a esta operación, con los pimientos, tomates, melocotones, etc. Por ejemplo los pimientos están aumentando en un cuarenta y uno por ciento, la producción de metano, que se puede comercializar. Este sistema ya lo practican los chinos en un pueblo del centro de su país, donde utilizan el metano, que procede de los purines del cerdo. En la película de “Mad Max, más allá  de la cúpula del trueno” de 1985 da a entender, que un futuro post nuclear es el más seguro método para convertir los purines del cerdo en gas metano.
Hay ocasiones en que los excrementos naturales se pueden incorporar al ciclo vital del suelo, si existe un equilibrio entre el excremento y la extensión del terreno, que pueda soportar el proceso biológico de la adaptación entre los excrementos y la tierra.
A propósito de esta teoría, un ingeniero oscense, que trabajó en Extremadura, me ha dicho que, en esa tierra, la extensión de sus campos era notable, y que arrojando en ellos,  el purín  si notaban una pequeña “quema por el amoniaco”, al año siguiente se dejaba de echar purín. Se nota que en los lugares donde es escasa la tierra cultivable y  enorme el número de granjas de ganado porcino, aumenta el porcentaje de nitrógeno, que anula la validez de las granjas, con la contaminación de las corrientes fluviales.
Hay variados sistemas para lograr limpiar el ambiente de los excesos del purín,  el primero es el que ha observado el oscense, nacido en Sarvisé, de nuestra Montaña, allá en Badajoz.
Viene luego el uso de Lagunas de Oxidación, que tienen por objeto, a partir de los purines, generar y conservar la biomasa, arrojada a la Laguna, sin consecuencias tóxicas. Estas lagunas están  constituidas  por otras tres lagunas, a saber la primer anaeróbica, a continuación facultativa y la última aeróbica. No sólo es preciso mantener la limpieza, sino que es necesario conservar la biomasa correcta. No es precisa en este proceso mucha mano de obra, pero hace falta una formación del encargado de la Laguna para controlar la biomasa contenida en la misma. Estos encargados de la granja han de controlar la biomasa, trabajando con el uso  del pH, del oxígeno disuelto de la temperatura y de otros detalles para deformar la biomasa existente, en otra, que compagine  con la salud de los cerdos en  la granja y  con el sano consumo de su carne.
Pero a la humanidad se le presenta un grave problema para transformar los purines del cerdo, a saber cadáveres, orines y defecaciones, en energía eléctrica, calor y agua. Y ahora  se siente la necesidad de hacer un tratamiento integral para evitar la contaminación del suelo y de las aguas, con el objetivo de obtener un agua pura para regar o para consumir y por otro lado obtener de los purines, un abono orgánico, que haya perdido amoniaco y fósforo.
Después de someter a los purines a la ausencia de oxígeno (anaerobiosis), con la adición de unas bacterias se produce un biogás,  rico en metano, que sirve para obtener un eficaz combustible, que produce energía y calor. Hay que conseguir acabar con el sobrante del nitrógeno y del fósforo, que son los crueles contaminantes de los suelos.
Por tanto hay que llegar a la  desnitrificación  y  desfosfatación  del purín, para obtener agua y abonos, que colaboren con el ecosistema.
Hay una dificultad enorme para obtener estos propósitos y es la economía, pero ante dificultades tan enormes como el fósforo y el amoniaco, es imposible mirar otro objetivo, con el consuelo que hace pensar que en unos cinco años, con el agua,  el abono y la energía del gas metano, se pagará la innovación de las granjas con posibilidad de desarrollo.
Los cerdos, como cuenta Orwell en su obra “Rebelión en la Granja”, se sublevaron contra el poder del hombre. Esta fue una sátira contra el estalinismo, pero que trasladada al tema del purín, hace desanimar al hombre para modernizar las granjas, entre otras cosas por la crisis monetaria, que nos ahoga. Dice Orwell en “Rebelión en la granja: “El hombre es el único ser que convive sin producir. Sin embargo es dueño y señor de todos los animales. Los hace trabajar, les da el mínimo necesario para mantenerlos y lo demás, lo guarda para él. Nuestro trabajo es laborar la tierra, nuestro estiércol la abona y sin embargo, no existe uno de nosotros que posea algo más que su pellejo”. Eso dicen los cerdos y el hombre si quiere compatibilizar con el medio ambiente, ya  posee la tecnología suficiente para transformar la industria de las granjas porcinas, pero el enorme gasto económico  que la dificulta, sobre todo en estos periodos de crisis, le frena su actividad.
A mí me ha inspirado Georges Orwell en este asunto de los purines de los cerdos, porque en la Guerra Civil española, después de ser herido en Monflorite, lo trasladaron a un huerto de propiedad de mi padre, situado en Siétamo. De aquí lo trasladaron a Tarragona y desde esa ciudad huyó de España,  por temor al comunismo. Siempre que voy al huerto, me acuerdo de Orwell.
La sociedad debe preocuparse de estos problemas de la alimentación del hombre, pues en ella se encuentran ciudadanos, en este caso de noventa años, que hace unos treinta, en un viaje a Alemania, se trajo unos veinte libros de producción industrial, en los que encontró varios aparatos, para producir gas metano y rebajar,  al mismo tiempo, la toxicidad del amoniaco y del nitrógeno. Me enseñó esos dibujos productores de metano hace ya varios años y estos día del año 2014, al leer los periódicos, que comunicaban el problema de la subsistencia de las granjas de cerdos, me los ha vuelto a mostrar.

Si la Sociedad se hubiera ocupado del problema de los purines, de la misma forma que el Guarda Forestal Jubilado Alfonso Buil,  nacido en San Román de Morrano, en el Señorío de Aniés, estaríamos tranquilos,  consumiendo jamón

jueves, 3 de abril de 2014

Del cero al infinito



Hay personas que por su profesión tratan continuamente con los números, tanto que a veces se les “bailan” en el cerebro haciendo su huelga particular, perdiendo la frialdad que les caracteriza y entrando en juerga, hartos de ser manipulados en contantes sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. Están los pobres números hartos de cuadrar y de ser cuadrados y se sublevan y se “rebailan” con gran regocijo para ellos y enorme confusión y enojo para el cerebro, ya mecánico,  ya humano que trata de someterlos a la exacta e implacable disciplina de las matemáticas.
Hay profesores que pueden mantener disciplinados a veinte o treinta alumnos, y hay líderes y dictadores que someten a disciplina a millones de personas. De la misma manera hay cerebros que con la ayuda de los dedos de las manos controlan hasta el número diez; los hay más aventajados que pueden llegar a dominar veinte números, ayudándose, además, con los dedos de los pies, y algunos  a veintitrés contando las dos orejas y la nariz. De la misma manera que hay dictadores que con la colaboración de máquinas infernales dominan una turbamulta de números con la ayuda de máquinas  electrónicas, que también llevan el camino de ser  nuestras  dictadoras.
A mí los números no me engañan, porque  no he intentado nunca hacerlos trabajar; para mí son amigos, como las letras y cuando los veo no me pongo serio, como todo el mundo, al entrar en contacto con ellos, sino que me causan gracia y mi imaginación se pone a jugar con ellos. El I romano, es para mí, un niño o un soldadito, y si pongo uno detrás de otro,  son dos niños o tres o cuatro o una fila de niños en procesión o una línea de soldados en formación. Si hago el uno corriente es como si todos los niños o soldados se hubiesen colocado una visera. Si veo un 2, me parece ver un cisne, y aunque sé de memoria que “dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis”, yo veo un cisne, dos cisnes, tres cisnes, un ballet de cisnes. El tres me hace pensar en un trío musical, en una troika rusa, en un triunvirato romano, en un triángulo de percusión, en un triángulo masónico, en el de las Bermudas; en Pitágoras, en un fraile trinitario, en la Trimurtí  india y en el Misterio de la Santísima Trinidad.
Hubo en tiempos pasados alguien que quiso desacreditar al tres y sacó aquello de que “tres eran tres, las hijas de Elena; tres eran tres y ninguna era buena”. No sé cómo serían las hijas de Elena, pero yo no veo al tres implicado en su buena o mala conducta. El cuatro es una “silleta” de iglesia o el marco de un cuadro y además, con un seis y un cuatro, se saca “la cara de tu retrato”. Para los niños el cuatro es muy simpático, pues a todos  les han cantado “cuatro esquinitas tiene  tú  cuna y un angelito en cada una”.
El cinco representa el equilibrio, porque es el más centrado, no en vano hay un “cinco malo”. Además es el más fácil de multiplicar y muy fácil de sumar. Además hay una canción infantil que a Rodríguez de La Fuente le hubiera encantado y que dice “cinco lobitos tiene la loba, cinco lobitos detrás de  la escoba, cinco tenía y cinco  crio y a los cinco lobitos, de comer les dio”.
El seis tiene la frente muy amplia y un ojo muy despejado; representa la media docena y en el juego del Dominó y de los Dados, es un número señor.
El siete parece un uno con pajarita, para disimular su humilde aspecto, pero es el número que  encierra más arcanos y el que más sorpresas depara. Es el número de mi devoción, pues nací en un pueblo que se llama Siétamo o Sieteno  (que en fabla aragonenca es séptimo). Dios hizo el mundo en siete días y setenta veces siete es el número de los elegidos. El candelabro del Templo de Salomón tenía siete brazos, tantos como  cabezas tenía la bestia del apocalipsis, sobre la que se sentaba la prostituta que ofrecía veneno en una copa de oro. Siete vidas tiene un gato, ¡marramamiaú, miau, miau!, siete vidas tiene el gato, siete vidas tiene el gato,  que resucitó al olor de la sardina.
Ha habido varias  guerras de los Siete Años, entre ellas la nuestra, la primera guerra carlista. Y me acuerdo de la  Leyenda de los Siete Sabios y del cuento de “Blanca Nieves y los siete enanitos” y de los “Siete cerditos y el lobo feroz”. El que quiera jugar puede hacerlo al Siete y Medio. La Biblia nos habla de siete años de vacas gordas y siete de vacas flacas. Si ahora nos encontramos en este último período, nos queda el recurso de encomendarnos a los Siete Dolores de la Virgen y el de contraponer a los siete pecados capitales, otros siete virtudes. Si Castilla tenía el Código de las Siete Partidas, Aragón tenía el Consejo de los Siete de la Rota, que colaboraban con el Justicia Mayor. Y así como Joaquín Costa le echaba siete llaves al sepulcro del Cid, yo le echo siete llaves al número siete.
El número ocho tiene su cabeza mirando al cielo y su abdomen en el suelo, mira igual a un lado que a otro, es un número muy equilibrado, muy rechoncho, muy señor y muy satisfecho de sí mismo, pues la gente dice que aquel que está ufano,  está “más hueco que un ocho”
El nueve, por ser el más elevado, tiene muy desarrollada su cabeza y el cuerpo de asceta.
Pero todos los números viven en perfecta democracia; no hay ninguno que se quiera imponer a los demás, porque saben que colocándose el uno, un cero a la derecha, sobrepasa al nueve, y si éste hace lo mismo, el uno se coloca dos ceros y esta lucha por el poder saben que es absurda, porque no acabaría nunca, como pasa entre los hombres. Así que cada número representa su papel; cada uno hace lo que sabe,  y de esa conjunción perfecta y contando con la colaboración del cero, aspiran a alcanzar el infinito.
De esta forma el cero, que para algunos no representa nada, es el meollo  de la cuestión numérica;  es el más despreciado, pero el más centrado, el que se ha encontrado a sí mismo, el más redondo y el más colaborador.

Los números son mis amigos y por eso no quiero hacerlos trabajar. Si buscan un contable, no cuenten conmigo, aunque ahora, con eso de la Declaración de la Renta, todos somos contables por decreto.

miércoles, 2 de abril de 2014

Ramón y Cajal y el Obispo de Huesca, Don Zacarías



Memoria, entendimiento y voluntad. A mi memoria se han acercado recuerdos un tanto confusos. En los cementerios, en las lápidas en que está escrito el nombre de algún ser humano, se añaden una multitud de recuerdos al Creador, a la vida pasada de los hombres y mujeres, a las estrellas y planetas, que tanto nos hacen meditar. Yo pensaba en tres tumbas soñadas, en las que estaban escritas en cada una de ellas,   empezando por la primera, la palabra Memoria, otra en la que ponía Entendimiento, y una tercera que estaba acompañada por la palabra Voluntad. Ya no las encontré, porque no me acuerdo cuando soñé semejantes tumbas. Pero mi memoria se apegó a su recuerdo y soñé lo que pasaba en una pequeña iglesia parroquial en la que unos rezaban y se lamentaban, llegando incluso algunos a llorar, delante de las tumbas que llenaban el pequeño cementerio, entre tanto otros, debajo de la bóveda, que no era muy elevada, llegaban a cantar “De profundis” populares, acompañados por sonidos de unas pequeñas campanas, que colgaban de los techos y que hacían sonar tirando de una cadena que ponía en movimiento un aparato de engarces de hierro, que corría, hasta hacer escuchar el din…don, din…don, din …don de las pequeñas campanas, porque no eran ni grandes ni del tamaño de las campanillas. Uno de los que tiraban de  una cadena, era alto, de media edad y soñé su nombre, que era el de Marquer y a su lado estaba su hija de unos dieciocho años, y yo les oía cantar una letra semejante a la de aquella jota de Leciñena, que dice así: ”Si con lágrimas pudiera, resucitar a mi madre- iría a la sepultura- a llorar gotas de sangre”. En medio de aquellos sueños, creí ver las tres tumbas en las que ponía Memoria, en la primera, Entendimiento en la segunda y Voluntad en la tercera. Al despertarme un tanto extrañado, acudieron a mi memoria muchos recuerdos de nuestros pueblos, porque éstos, pareen escuchar el “memento homo, quia pulvis es”, ”¡acuérdate, ¡oh! hombre, de que eres polvo!. Y el hombre lo recordaba porque estaba organizado para recordar, ya que con él convivían plañideras “ploraderas”, que asistían a los difuntos, para llevarlos a enterrar y asistían a las familias que se quedaban sin compañía. Ahora ya casi no se sabe nada de ellas, porque se han creado sociedades, que se encargan de recoger a los muertos y de enterrarlos,  pero yo conozco a una de esas plañideras. Un día me contó como vestía los difuntos y lo difícil que era poner la chaqueta a uno de ellos, me relató también los cuatro casos en que los difuntos le crearon alguna dificultad. Y, ¡cómo lloraba, cuando alguien moría!, pero no eran lágrimas hipócritas, sino sentidas. Yo me acuerdo del Día de las Almas o Día de difuntos, en que el sacristán,  Antonio Bescós, tocaba las campanas cada hora y con su sonido lento, hacían trabajar las memorias de los vivos. ¿No serían los sonidos de las campanas en esa pequeña iglesia, como  recuerdos de aquellos que hacía sonar Bescós, cada hora, el Día de Difuntos?. Iban los vecinos del pueblo y los que venían de fuera, a pedir por algún pariente suyo, al cementerio y allí reunidos rezaban el Rosario y por todas partes, cuando subían y cuando bajaban, encontraban calaveras, construidas con calabazas y por sus ojos salían los rayos de la luz de velas encendidas. Un Día de difuntos, por la noche, pasaba yo por la carretera que de Novales sube a Huesca y en medio de ella, vi una luz extraña, paré y cogí una calavera de calabaza, con su vela dentro. Todavía se siguen colocando recuerdos a los muertos, hechos vaciando calabazas e iluminándolas con velas. En Sariñena cantaban. “En la tumba de unos padres- no hay una flor que se seque-mientras que tenga unos hijos-que con su llanto la rieguen”.
Parece que he encontrado el sentido de la Memoria de la primera tumba, pero ahora debo buscar el Entendimiento, que exponía la segunda. La Memoria me ha dado material para poner en marcha ese Entendimiento; ahora “el morir tenemos, ya lo sabemos”, pero el entendimiento piensa no sólo en el fin de la vida, sino también en su origen. No muere todavía la especie humana sino que van muriendo sus componentes, que son sustituidos por vidas nuevas y es por tanto el momento de que el Entendimiento, piense en el origen de esas nuevas vidas, pero la vida es múltiple de formas, ya que existen multitud de seres vivos, unos, plantas, y otros animales. Aquellas tienen una vida botánica, en tanto los animales obedecen a sus instintos, mientras que los hombres están preparados para ser libres, ya que unos creen en Dios, otros no lo hacen y tienen un pensamiento y un entendimiento libre. Teilhard de Chardin ha escrito sobre el origen del hombre y éste usa el entendimiento para buscar su origen, y para alcanzar una vida mejor. Muchos no piensan y se entretienen con el baile, con el fútbol, con el juego o tratando de enriquecerse para vivir mejor, pero no para ayudar a su prójimo y para que éste piense. En tanto existen hombres que piensan y que han descubierto que aparte de la materia está la antimateria, cuya existencia y misión no han podido aclarar.Es un gran misterio para los hombres de la calle, que no sabemos cómo un Ser Todo poderoso nos gobierna y nos deja libertad para investigar modestamente la Luna, Marte, las Novas, etc., etc. Estos estudios  son sólo el principio que nos conducirá a conocer el infinito, con la ayuda del Señor, y después de prolongados tiempos. Pero así como con la palabra Memoria he soñado, estoy haciendo lo mismo con el Entendimiento. ¡Soñar!, es tan complicado el pensar sobre el origen de la vida, que uno tiene necesidad de hacerlo.
Parece ser que lo intentaron el burgalés, que fue obispo de Huesca en 1818, Fray Zacarías Martínez. Fue un agustino, que estudió ciencias Físico-Naturales en la Universidad de Madrid y el sabio aragonés Ramón y Cajal, amigo suyo, que se habían conocido en la Universidad. En una carta, que el histólogo escribió al obispo, le dice: “No le interese a usted demasiado lo que los histólogos imaginan para dar  del sueño una  explicación físico-química o histo-fisiológica. En realidad, nada se sabe de seguro sobre el tema…”Pero Cajal no pensaba sólo en el sueño, sino que reclamó a la Real Academia la aclaración de las diferencias entre sueño y ensueño. Cajal era científico puro, pero igual que yo he buscado la investigación por el sueño, él la buscaba también en el ensueño.  Es una lástima que no se publicara un solo libro sobre “el sueño y los fenómenos del ensueño”, porque dicho manuscrito se extravió durante la Guerra Civil; Ramón y Cajal, como escribe Virgilio Pérez en el Diario del Alto Aragón del día de San Lorenzo: “anotaba regularmente el contenido de sus propios sueños y los de las personas que tenía alrededor”. No sé si Cajal creía en Dios, pero sentía el Evangelio, porque en una carta, le escribe a don Zacarías Martínez: “le diré, aunque hiera su modestia, que resplandecen en su libro tres méritos sobresalientes: talento oratorio cautivador, sólida preparación filosófica y científica, y profunda unión evangélica, sin la cual las dos primeras, con ser tan altas, serían cual brillantes flores sin aromas”.
La tercera potencia del alma es la Voluntad, acto con el que se quiere algo o se aborrece o rechaza y que equivale al libre albedrío. Después de haber recordado tantos episodios de nuestra vida y de ocupar el Entendimiento en su análisis, es la Voluntad la fuerza motriz que mueve  el cuerpo  y por esa voluntad, queremos y por el deseo amamos. He visto como el Creador llama al hombre para que investigue el origen de la vida y los caminos de la luna y de las constelaciones y es que quiere al hombre, para encontrarse con él y le da las facultades para que prospere en sus conocimientos y que esa facultad de la Voluntad, que le ha dado, coincida con la del Señor, cuando decimos en el Padre Nuestro: ”Hágase tu voluntad así en la Tierra, como en el Cielo”.



Arba de Luesia

Cuando uno va a Pamplona, poco antes de llegar al Puerto, donde está la Ermita de Santa Bárbara, hay una señal que indica el desvío que va a...