martes, 4 de marzo de 2014

“A partir de este momento eres el médico del Batallón”



Hace escasos días, vino a mi casa de Siétamo, don Juan Atienza Fernández, con el fin de que le proporcionara datos de su difunto padre, que en los años de la Guerra Civil, sirvió de Practicante a los componentes del Ejército Republicano y a los  de las Brigadas Internacionales. Venía de Talavera de la Reina, allá en la provincia de Toledo, donde Juan Atienza se acordaba de aquellos sangrientos años de la Guerra Civil. De tan lejanas tierras, iba recorriendo aquellas por  las que su padre Giné Atienza Vázquez, Practicante, recorrió tratando de curar las enfermedades y las heridas producidas por la Guerra Civil en aquellas personas arrastradas por los idearios de los políticos. Unos, en los combates, fueron heridos y otros muertos, sin posibilidad de ser curados, y  otros hombres, mujeres jóvenes y mayores, que plantados en el lugar donde habrían de ser enterrados, desde luego muy superficialmente,   fueron el objetivo de los tiros del fusil, que contra ellos  disparaban. La inyección de las balas en sus cuerpos no eran las mismas que Juan Atienza, inoculaba en los cuerpos, que eran destinados para seguir viviendo en la Sociedad. En la Guerra, en Teruel murió objeto de la lucha, mi primo Narbona Almudévar, otros dos primos míos de casa Vallés Almudévar de Fañanás, y   su madre  Encarnación Almudévar, que ya viuda, fue sacada a la carretera de Bespén  junto con un hijo de unos dieciséis años, y fusilados.  En la parroquia de Siétamo, están gravados los nombres de treinta y siete fusilados por los “rojos”, pues es difícil creer que hombres republicanos y demócratas, quisieran  hacerlo. Pero también es difícil olvidar el recuerdo que los triunfantes de la Guerra, que cometieron con la vida de otros, también treinta y tantos, a los que también fusilaron. En la Guerra dominaba el odio, pero después de la Guerra, debió triunfar el amor. 
Juan Atienza Fernández no podía soportar estas situaciones crueles y salvajes y se consolaba, tratando de devolver la salud a aquellos que le traían a su presencia. Juan pertenecía al Ejército Republicano, del cual,  una compañía estaba acampada en  la sombra de los árboles del  río Guatizalema, pero no eran ellos solos los que tenían que combatir, sino que también debían hacerlo los miembros de unos catorce Sindicatos Internacionales. Al frente del Ejército estaba el Coronel  Villalba, con sede en Barbastro y al frente del Sindicato de la UGT, estaba Durruti, que por escaso tiempo, puso su oficina en mi casa de Siétamo. Un comisario de los “rojos”, como llamaban a los comunistas, anarquistas y demás sindicatos, fue  a ver al capitán del Ejército Republicano, diciéndole que porque no atacaban al pueblo de Siétamo,  para conquistarlo y le contestó que tenían que esperar a recibir órdenes de sus superiores. El comisario marchó indignado, por la indisciplina de un militar, ante su Sindicato, cuando sus miembros   no admitían la disciplina militar y no querían que los oficiales fueran tratados como jefes. ¿Quien gobernaría el País, cuando los sindicatos alcanzaran el Poder?. Ya se planteaban problemas de este estilo, cuando a Orwell, que fue herido en Monflorite, es para mí opinión seguro de que pasaría por las manos de Juan Atienza Fernández. De Monflorite lo trajeron a unas naves de madera, que habían levantado para acoger a los heridos en el frente. Orwell pasó por dicha primitiva clínica, donde  Juan era el practicante de aquel frente. De Siétamo fue conducido a Barcelona. Hemos visto la rivalidad que había entre los miembros del Ejército Republicano y los milicianos de Durruti, pero no eran esas las únicas rivalidades entre unos y otros, porque cuando salió del Hospital de Tarragona, se vio amenazado por los comunistas   por pertenecer a la UGT y tuvo que abandonar España, para evitar su fusilamiento. Más tarde                        hemos visto como el Comunismo ha perdido el Poder en la Unión Soviética, porque sus Jefes, se dieron cuenta de que no podían someter al pueblo a la miseria,  mientras ellos estaban cada vez más ricos. Entonces, ¿por qué hicieron morir y sufrir al pueblo, durante tantos años, llevando la lucha entre los miembros del  pueblo, a todos los países de la Humanidad?.  
Giné  Atienza, el padre de Juan, seguía las directrices de su conciencia y sufría por ver como iban los sublevados ganando la Guerra Civil , poco a poco, porque,  ¿en qué situación se encontraría, al acabar la lucha?. Juan se acordaba de su padre y de los trabajos que realizó y de los apuros que tuvo que pasar y yo me acuerdo siempre de las víctimas de la lucha, de la ruina que se apoderó de todo Siétamo y de cuando con Rafael de Bruis y Antoñito del Herrero, recogíamos por el suelo los abundantes balines de fusil, que se dispararon en aquellos días tan crueles. Mi primo Jesús Vallés Almudévar, me regaló un libro escrito por él, en que cuenta como, cuando tomaron mi pueblo los rojos, después de soportar el fusilamiento de su madre y escuchar las explosiones de las bombas de artillería y de la aviación,  quería con sus casi infantiles años, comprobar la destrucción que habían efectuado, dichos enormes y destructores “zambombazos”. En el camino, se escapaban al verlo, a él y a sus compañeros, los cuervos, que devoraban los cadáveres de los muertos en la lucha.  
En España hablan de la Guerra Civil entre los  republicanos, que deseaban gobernar democráticamente, pero que se lo impedían aquellos con los que estaban unidos, más bien desunidos de los “rojos”, comunistas,  a su vez desunidos de los anarquistas. ¿ Qué unión mantenían los miembros de unos catorce sindicatos, como la CNT, la FAI, la UGT,etc.,etc.?. ¿Qué unión existía entre el Coronel Villalba de Barbastro y Durruti, que tuvo que luchar, para morir, en el frente de Madrid?.
En Alcalá del Obispo estuvo el padre de Juan, es decir Giné Vázquez, Practicante, que ya había sido nombrado teniente, acompañando a su capitán Médico y al Comisario Político, del que no se sabe a que Sindicato pertenecía; éste les dijo a ambos que lo acompañaran para inspeccionar una posición de guerra. Al doblar un recodo de la trinchera, se oyeron dos disparos, que dejaron muerto al Médico. El Comisario al encontrarse casi sólo, se dirigió a Giné Vazquez y le dijo:” a partir de este momento, eres el Médico del Batallón”.
Me hubiera gustado que Juan me narrara anécdotas de la vida de esta buena persona, Giné Vazquez, pero me dijo que tenían prisa con sus acompañantes y se fueron. Yo le prometí que le mandaría alguna fotografía de la Guerra Civil, pero a él,  por lo visto, tampoco le quedó tiempo para proporcionarme otras, que me dijo una camarera de la Posada, que había enseñado a otras personas.

Pocos días después de esta agradable visita, he recibido comentarios de Juan Atienza y yo le prometo leer lo que contiene en el apartado que me comunica. ¡Gracias!. 

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