martes, 22 de julio de 2014

La Política vivida por un francés, cuyos padres son de Siétamo

Tunel  internacional del Canfran.


Yo tengo ochenta y tres años, pues nací el año de 1930 en Siétamo y en todos esos años de vida, conocí  la Dictadura de Primo de Rivera, consentida por la  Monarquía, la República, la Guerra Civil, y la Postguerra y ahora, la Democracia. La política prometía y el comunismo, la anarquía y el fascismo, también prometían la felicidad de los hombres, pero en lugar de crear puestos de trabajo fijos, igualaban en la pobreza al pueblo. Los grandes dirigentes, por ejemplo del Comunismo eran cada vez más ricos, mientras al pueblo le decían que llegaría a vivir bien. Entre tanto, también  el capitalismo subía y subía y el pueblo aguantaba y aguantaba. El fascismo con Hitler y Musolini, fueron la causa de la segunda Guerra Mundial. España tuvo la suerte de no entrar en ella, pero vivió unos tiempos duros. También Francia vivió un período de tiempo duro, a causa de la parte francesa, gobernada por De Gaulle, a parte de los dolores y miserias de una guerra cruel. Allí participó el sucesor de Casa Almudévar de Barluenga,que luchaba en la Resistencia francesa y que por fin pudo regresar a España.
En España, entre tanto, vivían los ricos y malvivían los pobres, pero llegó un periodo, en que comenzó la fundación de Industrias, que daban la esperanza de que el pueblo viviera una vida feliz. En Huesca funcionaron,  en aquel progreso, la Fábrica de Sembradoras de Labad Mur y Compañía, la Fábrica de Albajar, que llenó el mundo rural de cosechadoras, las Fábricas de Harinas de Porta y de Villamayor y   las Industrias de Luna, cuyas grúas se hicieron famosas, no sólo en España sino también en países extranjeros. En Almudévar, en la fábrica de Luna, trabajó un hijo de Paulina Grasa, de apellidos Bergua Grasa,  pero al final,  al llegar la crisis industrial regresaron a Francia. Aquí soñábamos con qué España se había industrializado como Francia, pero  los franceses, como la familia de Bergua Grasa, tuvieron que regresar a la “Douce France”. También alcanzó  Porta Labata un nivel nacional en los piensos para los animales, que vivían en granjas  recién construidas. Alcanzó un nivel extraordinario, pero siguiendo la labor de otras industrias, abandonó los piensos compuestos. Su fundador Don Antonio Porta Labata, dos o tres meses antes de llegar la Crisis Económica, me expuso, en su despacho, el horror que le causaba su llegada.
Este pueblo del Alto Aragón, ignorante de la llegada de tal crisis, ante aquella visión futura de felicidad,  hizo que se modificara  su población, que abandonaba los pueblos y aumentaba los habitantes de las ciudades. Sus costumbres, como por ejemplo las de las fiestas populares, han variado y las jotas ya casi no son cantadas por el pueblo con espontaneidad, sino formando parte de grupos, que se dedican, ¡de corazón!, a su cultivo. Se ha perdido casi en los pueblos la convivencia pacífica entre sus habitantes, pues ya casi no se hablan unos con otros con aquella confianza anterior, que los hacía ser felices. Esta situación llegó antes a Francia, donde los de Siétamo, cuando fuimos  a Roma, al nombramiento de Cardenal del  hijo de Siétamo, el salesiano Javierre, observábamos por el Perpignan  francés, enormes viñas, por las que no se veía a nadie. Cuando tuvieran que vendimiar, buscarían obreros, muchos españoles, pero el resto del tiempo vegetaban solitarios. A mí aquella soledad del campo, me producía tristeza, pero ahora, me pasa lo mismo en nuestro Somontano.
Y ese fenómeno que yo estoy comprobando y me hace pensar si está cambiando la forma de comunicarse los hombres, unos con otros o es que cada uno busca su propia felicidad, olvidando la de los demás. Me  ha explicado Luis Bergua, que lo mismo ocurre en su País, en el Midi francés. Le ha llamado la atención ese enfriamiento de la comunicación entre los sietamenses y le ha hecho sentir una especie de soledad, que en el pasado era una comunicación amistosa y dulce, primero con su padre politico el Montañés Sebastián Grasa, que murió a los más de cien años, se acordó de su tío Joaquín,  al que quiso llevárselo con él a Francia; de su tío,  por mal nombre “El Bizco”, que me cavó un pozo de agua en la Plaza Mayor del pueblo. Este se comunicaba con la gente, a pesar de los malos ratos que pasaba, recordando las barbaridades de la Guerra Civil. En ésta,  lo cogieron prisionero y lo metieron en un tren de mercancías, sin poderse comunicar con nadie de este mundo y sin poder pedir ayuda a los otros hombres. Durante la Guerra Civil, allí, en Castilla, se prendió fuego  el vagón, en el que iba encerrado y en medio de un aire humeante, tuvo que romper tablas de dicho vagón, para poder escapar de la muerte. No se pudo comunicar, dentro de aquel viejo vagón, pero este recuerdo es un mensaje de este Bergua, esclavo de la incomunicación entre los hombres, pero que él  nos comunica  desde las alturas: ¡que seamos solidarios!. Cuando hacíamos el pozo, él estaba en lo profundo y yo arriba, subiendo la caldereta en que depositaba la tierra,  que iba cavando. En aquel ambiente, por un lado profundo y por otro con la esperanza en ver el agua, hablábamos y él me contaba sus aventuras de la Guerra Civil, en que los hombres se comunicaban por medio de balas de fusil y de fuego. Luis Bergua Grasa, derivado del vasco Garasa, se ilusiona cuando viene a Siétamo y la ilusión se engrandece en su mente, porque cree que convivirá con sus antiguos convecinos de Siétamo. Pero se da cuenta de que aquí, igual que en Francia, no se comunica la gente. Antes, cuando llegaba la tarde, lo mismo en Francia que en España, salían los vecinos de las casa  a la calle y allí,  acomodados en sillas, silletas y en bancos, se sentaban y alternaban con alegría y esperanza en el futuro.
Luis Bergua Grasa, nieto del Montañés de Salinas de Jaca, que vino a vivir a Siétamo y que murió de ciento tres años, se acordaba de él y recordaba a su madre Paulina, hija del Montañes. Luis nació en Francia y allí fue educado, pero se lamenta de la pérdida de confianza entre los vecinos, tanto en España como en Francia, que ha hecho que no se comuniquen unos ciudadanos con otros. Él se acuerda de aquella convivencia y sueña con hacerla volver, haciendo propaganda de aquella situación,  que hacía feliz al pueblo. Pero él mismo reconoce que es una labor difícil, porque requiere un esfuerzo por parte de todos los ciudadanos y ahora al llegar la crisis económica a Francia, reflexiona sobre  los problemas que aumentan la falta de comunicación entre los miembros del pueblo. Y él se siente dolorido de este hecho, pero lo consulta y lo observa.
Se acuerda Luis de la dulce comunicación con su abuelo Sebastián Grasa y se acoge a la amorosa comunicación con su madre Paulina y con sus hermanos, que se han educado en Francia y se encuentra con dicha falta de comunicación, por la pérdida de la confianza entre los escasos vecinos  de Siétamo. Y en su pecho le brota un deseo,  que expresa así: ¡tiene que volver esa confianza!.  Pero reconoce que es una labor difícil, porque requiere una labor de todos los que quedamos. Aquí ya no nos comunicamos con cariño, como tampoco en Francia, donde los sietamenses ya observaron este fenómeno en Perpignan,  cuando iban a Roma, donde elevarían a Javierre al cargo de Cardenal.
Ahora la indiferencia entre los humanos, ha llegado aquí y Luis se da perfectamente cuenta de este hecho, que aleja unos de otros a los hombres y mujeres.
Luis se da cuenta de este hecho de indiferencia entre unos y otros y piensa en este caso de incomunicación, que se da en estos tiempos y consulta sobre él, lo comunica como ha hecho conmigo y lo observa. Y piensa sobre el comportamiento de los políticos, que al pueblo le comunican la verdad que le da optimismo, pero esa verdad no es total porque los políticos se olvidan de comunicar al pueblo, los problemas que se le van a presentar. Tiene Luis, allá en Francia un hermano político y al exponerle este problema, le contesta que ellos no callan voluntariamente, sino que exponen sólo las ideas optimistas, para que el pueblo les dé el Si, en las elecciones. Pero entre tanto se callan otros problemas,  que son inmediatos y que los callan, causando un perjuicio al pueblo. Si , porque en lugar de llegarle al pueblo, después de las elecciones ,las ideas optimistas, le llegan las profecías calladas por los políticos y caen en la crisis económica, social y moral del pueblo.
Eric Froom escritor nórdico dice que esa comunicación es una “comunicación incomunicada” y el pueblo la sufre como antes sufría las órdenes de los superiores,sin chistar. La señora Joaquina  de mi pueblo de Siétamo, dice que antes éramos más pobres, pero se vivía mejor que ahora.

Joaquín Costa era Político, Historiador y Regeneracionista. Propuso el riego de Angüés, Velillas, Siétamo, Loporzano y Huesca, pero los políticos, desviaron hacia el Sur el Canal y aún estamos esperando, que llegue el agua a estos pueblos , donde ya no quedan casi habitantes.
A mí me consuela ver el comportamiento comunitario de mi nieto Pablo Adiego, que por todas las partes por las que pasa,se comunica con todo el que encuentra,  lo invita a comer, a pesar de no disponer de dinero y los hace dormir en su casa.

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