lunes, 31 de enero de 2011

La torera


Antes era difícil contemplar una corrida de toros en la que las mujeres hicieran el oficio de matadoras, pero no sólo había dificultades para el sexo femenino en esta actividad, sino en muchas otras, como por ejemplo en la faena de cortar el pelo a los hombres. Es un placer ver a una matadora con su cuerpo serrano y su belleza, tender su capote ante las astas de un toro bravo. Se emocionan hasta los corazones al pensar en la posibilidad de que ese cuerpo tan bello, sea lacerado por las defensivas astas del cornúpeta. Y uno piensa que si la torera sufriera una herida, la multitud que asiste a la corrida, ofrecería ríos de sangre para compensar la por ella derramada.

¿Qué pasa con otras actividades humanas artísticas o vulgares?. A mí se me ocurre el caso que presencié el otro día en una barbería. El dueño rapaba y arreglaba el pelo de las cabezas de los que por ahí iban a cortarse sus melenas y en estas llegó una hermosa joven, que al cliente que le tocaba ser atendido, le hizo una llamada torera porque se colocó al lado de la silla giratoria, con el paño en su mano ,como si de una capa torera se tratase, le presentó el culo de silla para que acudiera a sentarse en él y así que tal ejercicio realizó, tomó ella sus armas, no de matar sino de hacer su faena y con su tipo torero y la agilidad de sus manos, empezó a disminuir la larga melena que su “gachó”, substituto del toro que se oponía a la mujer torera. Eran unos pases al son del choque de las hojas de la cortante tijera y uno contemplaba complacido tal espectáculo. Pero ,de repente, dejó de oírse el sonido tijeril, porque en un descuído, se había introducido la oreja del cliente entre las hojas de la tijera, que produjeron un corte, del que, como en una corrida de toros, se veía salir sangre. El cliente, no como un toro enfurecido, sino como un caballero, que monta su caballo de rejoneador, esperó a que le hiciera los apaños de la lesión que se había producido en su oreja. Le puso agua oxigenada y después una tirita y ya libre la cortadora de orejas de ninguna preocupación, acabó de arreglarle la cabeza por sus pelos externos, porque los pensamientos internos producían inquietudes nerviosas al cliente.

Por último tuvo lugar el acto de la paga, que en la torera debe ser notable la cantidad que cobra , pero en la peluquería según había observado el toreado señor ,cobraban diez euros, pero grande fue su sorpresa , al ver que le cobraba diez euros y ochenta céntimos, al parecer por la faena que tuvo que desarrollar la torera con el agua oxigenada y la colocación de una tirita. El rejoneador, me causó admiración al ver que le daba de propina además de los ochenta céntimos de euro, uno más con veinte céntimos.¡Ay que ver las mujeres toreras y alguna barbera que gran respeto le tienen a los euros y qué caballeros son algunos señores, rejoneados y rejoneadores en la barbería!.

La ciudad romana de Andelos, debajo de Mendigorría









Romanos de Mendigorría


Por la autopista que de Logroño sube a Pamplona, después de pasar por Estella, desde donde se accede a la Ciudad de las Musas de Arellano, se llega a Puente la Reina. Debajo de esta población se encuentra el pueblo de Mendigorría, que en vasco equivale a monte rojo y más abajo se encuentra la Ermita de Andión. Cerca de la ermita, se encuentran los restos de la ciudad romana de Andelos, que según algunas opiniones equivale al nombre de la citada iglesia de Andión. En las ruinas de la ciudad de Andelos, se ven unas calles pavimentadas, viviendas, termas, fuentes pero sobre esos restos, llaman la atención unas obras de ingeniería civil muy bien conservadas, que son un sistema de abastecimiento de agua a la ciudad. Después de haber visitado La Ciudad de las Musas en Arellano, debajo de Estella, pienso que en todas las zonas vecinas se recuerdan las obras de los romanos en la provincia de la España Citerior. Por el Sur, por donde corre el Ebro, se recuerdan las luchas entre los celtíberos y los conquistadores romanos. Desde Logroño subía una calzada, a Pamplona y en Andelos se desviaba un corredor, que lo unía con Sangüesa-Jaca, tirando hacia el Este. Seguía la calzada que venía de Logroño hasta Pamplona por Belascoain, Ibero y Echaurri. Se ve como Andelos, ciudad de unas dieciocho hectáreas, era un centro de comunicación con el Sur, por Logroño y por el Este con Jaca, de donde se bajaría a Huesca. De Zaragoza o Caesar Augusta se subía a Pamplona por las Cinco Villas para llegar a Sangüesa y a Javier, cerca del que se encontró un mosaico, en territorio aragonés y que se encuentra en el Museo de Pamplona. Esta ciudad nació cuando tuvieron lugar las Guerras Sertorianas, pues Roma al darse cuenta de que Sertorio quería ser soberano de la Hispania Citerior, mandó a Pompeyo para combatirlo; éste edificó un campamento, creando la ciudad de Pamplona. La guerra acabó el año 71 a.de C., con la victoria de Pompeyo. El año 72 a.de C., fue asesinado Sertorio por Perpena en la ciudad de Osca (Huesca). Con esta muerte se sometieron a Pompeyo, además de Huesca, varias ciudades. Calagurris o Calahorra se resistió con otras poblaciones durante más tiempo. La base principal de Sertorio era la región del Alto Ebro y contaba con los celtíberos de Calagurris, con Osca o Huesca, donde creó una Academia, que dio origen a la Universidad oscense, e IIerda, donde vivían los ilergetes hasta Huesca, que eran vascones orientales. Debió Sertorio hacer la paz con los celtíberos, que le apoyaron y este apoyo creó un recelo en los vascones, que tenían con los celtíberos el problema de ocupar el Valle del Ebro. Como los celtíberos apoyaban a Sertorio, éste tuvo a los vascones como rivales. Los navarros eran amigos de los romanos, con lo que no se lucharía por la eliminación de la lengua vasca y se trabajó en notables edificaciones en Navarra. La ciudad de Andelos con el mismo nombre que el templo de Nuestra Señora de Andión, se encuentra más al este limitando con el río Arga. En las ruinas de la ciudad de Andelos se adivinan viviendas, termas, fuentes, pero sobre todo una obra de ingeniería civil muy bien conservada, que tenía como misión el abastecimiento de agua de la ciudad. Al visitar el pequeño pantano, llegué a comprender como los navarros, estaban repitiendo, pero con una mayor grandeza, los pantanos y los canales que desde ahí se veían, dispuestos a regar toda Navarra.

En el siglo primero, Plinio escribió que los vecinos de Andelos eran un pueblo que pagaba tributos al convento cesaraugustano. Ptolomeo cita a Andelos como una ciudad de los vascones. Desde los primeros tiempos del trato entre vascones y romanos, se tuvieron contactos entre unos y otros y no se sabe que entre ellos estallaran conflictos, sino que mantenían una relación amistosa. En el siglo primero a.de C., se decoraban casas con ”opus signimum”. En una de ellas, se encontró una leyenda en alfabeto ibérico.

Uno piensa ¿cómo en el vascuence actual se encuentran tantas palabras latinas? Y pensando en las relaciones que tuvieron vascos y romanos, encuentra natural este fenómeno. Yo que tengo escrito el libro en “Fabla” aragonesa “Veyendo chirar o sol”, comprendo y admiro que los vascos conserven una lengua ibérica en armonía con el latín y luego castellano, que tanto han contribuido al progreso de Navarra.

No me extraña que el pueblo de Mendigorría, guarde el recuerdo de Andelos. Cada año por el mes de Junio, saluda al Caesar romano, diciendo Ave,Cesar, yo te saludo. Pero no sólo saluda a la autoridad de Roma, sino que resucita al pueblo de Andelos, vistiendo con túnicas romanas a gran parte de su población. Celebran una cena en la se ofrecen platos navarros y otros romanos y todos los que a ella asisten, deben ir vestidos con ropa romana. Este Festival Romano de Mendigorría prepara luchas de gladiadores y representa obras de Teatro romanas. En Huesca para la Semana Santa se visten muchos de romanos y unos salen a caballo con ropas de caballeros y otros pasean por las calles con sus cascos y sus lanzas. En Galicia, en determinado pueblo presentan un festival de acogida a los romanos, pero este Festival de Mendigorría, llama la atención de la Historia que Navarra ha vivido y conserva todavía. En la Cena llegan a sentirse tan romanos que se acuestan recostados, como hacían en Arellano en una gran sala, destinada a la celebración de banquetes. Dice un periódico de Navarra, que esta sala ”tiene una estructura de planta rectangular y otra semicircular, donde se colocaba un lecho, con la misma forma, para que los propietarios comieran recostados”. ¡Qué buenos comedores eran los romanos y los navarros!, no me extraña que hicieran tan buena amistad.

domingo, 30 de enero de 2011

Arellano y su villa romana


















Subiendo desde Logroño a Pamplona por la autovía del Camino de Santiago, se da uno cuenta como debajo de Estella se encuentra la Villa romana de Arellano. Conocer este pueblo, que se ha convertido en un auténtico museo de la vida romana, entre otras muchas cosas sirve para evitar la facilidad de equivocarse con otros muchos Arellanos en España y en América. Es que la Historia de Navarra se extiende desde los primitivos vasco-ibéricos, pasando por la cultura de los romanos, y alcanzando ese nombre multitud de actividades, unas intelectuales, otras creativas y comerciales, en España y en América. Pero a mí lo que más me llamó la atención durante mi estancia en Arellano, fue que Roma cultivó el vino y lo elaboró y consumió en una bodega, en la que se mezclaron las actividades del culto al vino divino y humano. Si, allí se practicaba el culto a los dioses, unos los “lares” protectores de la casa y de la familia, otros los “penates” que protegían la conservación de los alimentos y por último los “manes”, que recordaban y hacían respetar a los antepasados. En cuanto al valor humano de esa bodega, se ha sacado la conclusión de que podría contener unos cincuenta mil litros. Apoyada en sus muros se ha encontrado un ara o altar de piedra donde se celebraban ceremonias religiosas paganas a los diosecillos, que acabo de nombrar. Se encuentra el pueblo de Arellano, en la Merindad de Estella, a unos sesenta kilómetros de Pamplona y ese nombre se deriva del romano Valerio o Valeriano, en que –ano significa propiedad y Valerius es el nombre del propietario. A unos seis kilómetros de Arellano se encuentra la Villa Romana de las Musas, hoy convertida en Museo en que se muestran las características históricas y costumbristas de Navarra en los siglos primero al quinto. Allí se pueden ver los antecedentes de Navarra, con una población vasco-ibérica, progresando por la civilización romana, pero que ha sabido mantener su personalidad conservando la lengua vasca y siguiendo el progreso industrial y agrario de sus tierras. En la ciudad de Andión, cuyo nombre dicen que es equivalente al de Andelos y que se encuentra en el término de Mendigorría, en el siglo primero antes de Cristo, se han descubierto restos de casas decoradas con parámetros de “opus signarium” y uno de ellos dicen que está escrito en el alfabeto ibérico.

En Arellano procuraron los romanos tener el agua, para lo que excavaron en la roca una cisterna de unos ciento cincuenta metros cúbicos, reforzándola con una capa de argamasa. Pero esa agua no tuvo como único fin el suministro de líquido para beber, pues crearon, como he dicho una bodega, en que se mezclaron las actividades de la conservación del vino y las dedicadas al culto religioso. ¡Cómo aquellos romanos de religión pagana, intuían en el vino una unión con la otra vida, que conservarían los cristianos con el vino, bebido como la sangre de Cristo!. En el Museo de Pamplona se puede contemplar el mosaico de las Musas, con nueve compartimentos, en cada uno de los cuales, está representada una musa, acompañada por su maestro. Es una representación de la intelectualidad, que Navarra ha seguido. Pero Navarra, que ha sido la capital de la tauromaquia en el Norte de España, tiene aquí en Arellano un “Taurobolio”. De él queda una estructura de sillares de piedra y en sus dos extremos se encuentran dos aras o altares, en las que están gravadas dos cabezas de toro. En este templo se sacrificaba un toro y su sangre caía sobre un individuo como si estuviese recibiendo un bautismo de sangre; salía y se encontraba como un hombre nuevo.

Estaba España en aquellos tiempos poblada por multitud de especies animales, pero las dos más importantes eran el caballo y el toro. El hombre quiso ganarse la amistad de ambos, pero no pudo ganarse más que la del caballo y todavía en Navarra, en la ciudad de Estella triunfa con sus caballos, Pablo Hermoso de Mendoza, que unido a sus caballos, representa imágenes artísticas. Pero el toro no pudo unirse al hombre, que tuvo que torearlo. Todavía quedan en Navarra dos razas de toros bravos, que son una la del karri-kirri y otra la Betizu, en peligro de extinción. Hace poco tiempo una vaca de esta raza, mató en un pueblo de Navarra a un campesino. Estas vacas de raza Betizu, pacen en libertad por las Sierras de Arteaga y de Sastoia, debajo del Pirineo. Del mismo origen pirenaico procedían el ganado bravo de otras regiones cercanas a Navarra, como la Rioja y Aragón. En las Cinco Villas de Aragón, había animales mezclados con el karri-kirri, que los castraban en los pueblos y los usaban como bueyes para labrar. En la creación en Egea de la “Casta bravo-aragonesa”, Bentura bajó del pueblo de Longás en la Sierra de Santo Domingo, los animales bravos que allí vivían.

Pero si han conseguido o no los navarros bautizarse con sangre taurina, han estado a punto de bautizar a los toros en los famosos Encierros, con sangre humana. Este Taurobolio, con las dos cabezas de toro representadas en sus aras, es un símbolo de la hermandad, no lograda pero vivida por los navarros y los toros, que como todos los iberos trataron de hacer amistad con ellos.

Pero no sólo tiene la villa de Arellano un pasado, sino que ofrece un porvenir en el futuro, pues los romanos establecían industrias por toda Navarra, como ahora hacen los navarros, que además de repartir el agua por todas las merindades, favorecen no sólo la industria sino también la agricultura y el turismo. Allí me entraron ganas de utilizar con la imaginación, el catavinos romano que está en uno de los numerosos mosaicos romanos, como los que aparecieron en el salón principal de 90 metros cuadrados, destinado a celebrar banquetes, pero no por beber sino por celebrar el cumplimiento de las profecías romanas, que se van cumpliendo.

El salón principal tenía su suelo revestido de mosaico y en su parte circular se colocaban recostados los comensales. En el suelo se representan escenas de la mitología romana, como los esponsales de Attis, la despedida de Adonis cuando se marchaba a una cacería, en la que encontró la muerte. Destaca la imagen de Cibeles, matrona sentada en un trono. Pero el artista que creó esas imágenes, se acordó de dos animales amigos del hombre, a saber del caballo y de un perro, que tal vez participara en la cacería en que murió Cibeles.

viernes, 28 de enero de 2011

La materia y el espíritu


















Contemplando la Sierra, que nos guarda del frío que viene del Norte, me doy cuenta de todas las cimas, que en ella se suceden y que nos indican a los hombres que tenemos, no sólo la materia, sino el espíritu, que, muchas veces, desconocemos y despreciamos. Pero la noche del día dieciséis del mes de Enero del año pasado, en este Restaurante “El Faro de Sepes, se celebró la “Fiesta del tocino solidario”, conjuntamente, por los Hermanos de la Cruz Blanca, representando al espíritu y por el “Faro de Sepes”, haciendo gozar al pueblo de la materia de un tocino, cerdo, cochino y marrano. En aquel salón-comedor se unieron la materia y el espíritu, recordándonos a los allí presentes que hay que trabajar para la renovación de la Tierra. Sí, porque allí dominaba el espíritu del amor entre los hombres y mujeres de este mundo, porque se repartían entre los comensales y entre los miembros de la familia que crearon aquellos sabrosísimos platos, no sólo sonrisas, sino deseos de ayuda mutua. Los “camareros” no vacilaban en servir a los que pedían “pan, vino o tocino”, igual que los que gozaban del paté, de los “calamares” de cerdo o del jamón o de las migas, plato humilde y con sabor divino. Les ayudaban a alcanzar los platos, las fuentes y los vasos, a través de aquellas mesas, en que se habían unido los colaboradores de los Hermanos de la Cruz Blanca, como Jesús reunió a los apóstoles en la mesa de la Sagrada Cena. Después de la cena, sorteaban regalos de distintos orígenes y todos se alegraban y reían ante los premios que se iban concediendo por sorteo a los asistentes y muchas veces, éstos demostrando una gran solidaridad, entregaban su premio a la “Hucha” de los Hermanos de la Cruz Blanca. Entre los premios figuraba un magnífico pavo, que había regalado uno de los que trabajan en el “Faro de Sepes”, de los que cría en Monflorite y el comensal premiado, lo regaló a los administradores de la “Hucha”, para ayudarles a repartir el “pan con el sudor de su frente”. Se veía ese amor al trabajo, pues un hermano de la Cruz Blanca, cuando había que entregar un saco de pienso compuesto a uno de los premiados, lo levantaba con sus fuertes brazos, se lo cargaba sobre sus hombros y lo llevaba a la entrada del comedor, para que el premiado no tuviera que esforzarse. Hace ya bastante tiempo, mi amigo Sergio trajo de Madrid una hucha-cerdo de hierro. Representaba un cerdo, pero con alas, pues el autor quería hacer ver la virtud espiritual del ahorro, unida a la realidad material del cerdo. Estaban representados en la figura de esta hucha, el espíritu de los Hermanos de la Cruz Blanca de recoger la materia suficiente para dar de comer y proporcionar una vida agradable a todas las personas, despreciadas por la sociedad y esa materia estaba representada por el cerdo. Todavía quedan hombres y mujeres que en los pueblos, poseen una hucha para pasar el invierno, que es el cerdo, al que sacrifican en el Otoño y consumen durante el Invierno, con su carne, sus jamones, las tortetas y las morcillas. En esta Fiesta del Tocino Solidario, el cocinero del Faro de Sepes, nos ha hecho experimentar el paso de la materia al espíritu, por medio de las tostadas de paté casero, las de tocinico salado, el lomo de cerdo con salsa de manzanas y mostaza y jamón fresco asado al horno. Al consumir las migas me acordé de pedir: “El pan nuestro de cada día, dánosle hoy”. Esta oración evangélica, hace ver al Hermano Javier, subdirector de la casa de los Hermanos de la Cruz Blanca, pensando que todos los hombres y mujeres formamos parte de una enorme familia, porque en el periódico “Huesca y la Hoya”, dijo: ”somos una familia numerosa”. El jueves por la tarde entré con un amigo, en la Residencia y allí acudían muchas personas a saludarnos y a vernos. Uno se emocionaba ante ese recibimiento y pensaba como en el Padre Nuestro, pedíamos el pan de cada día, pero uno piensa que no se debe pedir para nosotros mismos, sino para todos los seres humanos. Cuando veo al Hermano Javier me doy cuenta de cuánto ha luchado él con los otros Hermanos de la Cruz Blanca, para levantar ese auténtico Hotel para los pobres. Y pienso también en la caridad de tantos cristianos que han aportado aquello qué han podido, para lograr esa feliz estancia de los necesitados, en la Residencia, donde algunos pintan o fabrican velas y hacen gimnasia, alimentándose como dignos hijos del Señor.
Por eso, por el amor a nuestros prójimos y nuestro respeto a los Hermanos de la Cruz Blanca, hemos acudido a esta cena en que han colaborado los dueños y personas de este Restaurante, para mostrarnos solidarios con ellos, para que no se cansen de su esfuerzo y nosotros mismos nos animemos a luchar por los necesitados, y más en esta época de crisis que estamos sufriendo.
Todo es necesario, la materia del tocino, con el que nos alimentamos y el espíritu de los hermanos de la Cruz Blanca junto al de los asistentes a esta cena, impulsados por la caridad y la justicia.

¿Hay poesía en las grandes ciudades?














Yo he vivido siempre en ambientes rurales y de pequeñas ciudades. Cualquier cosa en estos medios resulta entrañable e invita a la poesía. De las grandes ciudades sólo tengo noticia por los periódicos, por las revistas y por haber pasado someramente por ellas. Y la verdad es que su imagen me resulta deprimente. Me pregunto:¿será posible que en las megalópolis no exista poesía?. En las películas americanas se ven caer hombres y mujeres, desde lo alto de los rascacielos, unos impulsados por su propia desesperación y otros por una mano, cuyo dueño se esconde en las sombras. Las novelas describen con toda suerte de detalles, cómo cuatro muchachos de catorce años arrastran fuera del paseo, hacia los árboles, a una enfermera vestida de blanco, de unos dieciocho años. En el barrio de Harlem las ratas viven o sobreviven en compañía de los negros, que no hacen más que eso, sobrevivir.

De París tenía una imagen romántica; me había creído a Maurice Chevalier cuando cantaba “Ma pomme”. Indudablemente él y otros trataban de descubrir a los parisinos algún aspecto poético de París. Y sacaban a la luz la Ciudad “Lumière” y a los “clochards sous les ponts de París”. Yo fui a Paris a tratar de descubrir estos aspectos poéticos, pero sólo descubrí, alineadas a lo largo de algunas calles, mujeres blancas, negras o amarillas, que se ofrecían al mejor postor. También había seres humanos de sexo indefinido y pechos turgentes, que ofrecían su artificio a hombres y mujeres indistintamente.

Había negros de la negritud francófona, que extendían sobre las aceras sus pobres mercancías, consistentes en collares de semillas y pequeños “tam-tams”, y era lamentable ver cómo eran arrojados de sus puestos de venta por la policía.

En los escaparates las maniquís humanas, inmóviles, imitaban a las muñecas articuladas y estas, a su vez, casi se identificaban con las humanas. ¡Qué morbosa competencia!. Los “clochards” van cambiando las bóvedas de los puentes por las menos románticas, pero más cálidas del Metro. Sentados unos y acostadas otras sobre los bancos de la estación, bromeaban borrachos, escondiendo sus botellas a la sed de sus compañeros. Era un día de elecciones y uno de los discípulos de Baco, levantando su botella en actitud de brindis, exclamó: “¡Yo he votado a la derecha, porque la izquierda dice que los vagabundos tienen que acabarse!”.Este fue el único canto a la libertad que escuché en París.

Estos días hasta nuestro divino Dalí ha salido desengañado de la capital del arte. Su exposición ha sido boicoteada por una huelga. Se ha marchado exclamando:”Paris c’est fini”

Pero a pesar de estos cuadros, que he intentado describir, no me resigno a creer que no exista la poesía en las grandes ciudades. Me acuerdo de aquel negro americano que hizo amistad e la celda de su prisión con un ratón con el que compartía el queso. Y me viene a la memoria el preso medieval, pobre cuitado, que ni sabía cuando era de día, ni cuando las noches eran, sino por un pajarillo que le cantaba al albor. No me extraña que el negro fuera amigo de un ratón, pues yo, de niño, era amigo del ratón Pérez y hoy a mi hija Pilar se le ha caído un diente y el mismo ratoncito le dejará un pequeño regalo. Y también me imagino a “Mickey Mouse” haciendo felices a los niños americanos. Y el borrachín del metro parisiense, brindando por la libertad, pone una nota de ilusión en mis tristes pensamientos. Y deduzco que allí, donde haya seres humanos tiene que existir poesía.

El cabezón de Agüero













A las bocas de las cuevas (os foraz) que perforan el Cabezón de Agüero, llegaron unos espeleólogos de Zaragoza, dispuestos a desvelar los secretos que, se supone, encierran.

Se sabe que las cavernas, en su interior, gozan de una temperatura poco variable a lo largo de las distintas estaciones, y aquel muchacho de Agüero, al asomarse en verano, sentía un fresco agradable y al hacerlo en invierno, acariciaba su rostro una suave caricia de calor. Su abuela le había dicho que por algunas cuevas se accedía al infierno y el mosen le había enseñado que en tan espantoso lugar el fuego era eterno; de allí deducía que no debía tratarse de unas bocas infernales, pues de lo contrario no podrían brotar frescas emanaciones en verano. A él le parecía que su vieja vecina estaba mejor encaminada que su abuela, cuando le decía que allí moraban brujas, que desde las bocas del Cabezón, saltaban al vacío sobre sus escobas, en las noches de plenilunio.

Yo no sé lo que dedujeron los espeleólogos zaragozanos del Cabezón de Agüero, pero a mí me aclaró muchos de sus misterios Sebastián Grasa, natural del próximo pueblo de Salinas de Jaca y que tiene una edad de noventa y ocho años. Su apellido es equivalente al de los Garasa, tan frecuente uno como otro en nuestra provincia y de raíz vasco –oscense; es lo mismo que pasa con el nombre de Sarsa, derivado de Sarasa. En este Cabezón debían encontrarse las cuevas de Os Foraz (los agujeros), ya que ahora las buscan y no las encuentran, pero en aquellos viejos tiempos había más gente en Agüero y con más preocupación por su ambiente local, que en estos nuevos tiempos. En esas cuevas vivía una enorme culebra, a la que mantenía un pastor con calderos de leche y cuando se los llevaba, exclamaba:¡Mariquita del caldero!, a cuya llamada salía, se “faltaba”, hasta que un día, no se sabe si por algún desengaño o por tener una naturaleza demoníaca, lo dejó tieso al pobre pastor como un palo. En estas cuevas tuvo que haber reuniones brujeriles o aquelarres, presididas por el Gran Cabrón, igual que las hubo episcopales en la Peña Los Tres Obispos, que se encuentra en el mismo término y en la que se encontraban los epíscopos de Huesca, de Jaca y de Navarra. Dentro de la Peña debe haber alguna balsa, como en Chaves y Solencio o el Turbón, en la que las brujas agitaban sus aguas antes de iniciar sus vuelos con las escobas. No sé si esta Peña era la “huega” o el límite de los tres montes de Agüero, Salinas y Fuencalderas y si dentro de ella estaban Os Foraz (los agujeros o cuevas).

Y es que en Agüero, se conservan recuerdos de la lucha entre el bien y el mal (ya medio apagados), como en otros lugares de la cordillera pirenaica, que son templos de la Naturaleza, que fueron sedes de culturas primitivas. Recordemos las brujas del Valle navarro del Roncal, que dicen dirigían sus vuelos a Zugarramurdi, pero que lo harían también a su cercano pueblo de Ansó y a otros lugares que también eran parte del reino navarro-aragonés, como Agüero. La doctrina católica, representada por los obispos se empezó a propagar por los Pirineos en el periodo visigótico, fundándose el Monasterio de San Victorián y se generalizó cuando los moros se apoderaron de casi toda España y acudieron a ellos los cristianos del Valle del Ebro. A San Juan de la Peña vinieron a gozar de la libertad de los cristianos y acudieron desde Zaragoza, entre otros muchos los jóvenes Félix y Voto. Así como hubo templos de la Naturaleza, atendidos por las brujas, en Agüero está la bella Parroquia, con el sonido de su órgano y “el influjo clásico se nota también en la arquitectura y en la escultura románicas del Alto Aragón(San Juan de la Peña, Loare, Agüero, con la preciosa aunque ignorada iglesia de Santiago, que inicia la transición al ojival).(Don Ricardo del Arco).

El historiador Carlos Laliena a este propósito escribe:" Bajo la protección carolingia y de jefes indígenas devotos de los monarcas carolingios, se instalaron (hombres y mujeres) desde finales del siglo VIII en los valles altos del Pirineo, en los que predominaban grupos étnicos de difícil filiación, que parecen de tipo vascónico, gentes de procedencia meridional que huían de la islamización de la Región del Ebro”. No parece tan difícil la identificación de los vascos en nuestra tierra, pues basta ver los apellidos Garasa, Sarasa y, por ejemplo, las osquetas de la Sierra de Santo Domingo y las que los ganaderos abren en las orejas de sus ovejas. La osqueta de mis ovejas se abría hacia atrás, en la oreja izquierda.

Bajo el dominio de los condes, de la iglesia y de los campesinos libres, trabajaban los siervos campesinos, a los que llamaban “mezquinos", lo que hace pensar que no es extraño que aquellas ignorantes gentes conservaran restos de sus religiones primitivas y se creyese, entre ellos en las brujas. De esas brujerías me siguió contando el señor Sebastián multitud de anécdotas; una de ellas la narraba así: Una vez había ido una mujer de Salinas a Longás a darle el “mal” a otra mujer y para ello parece ser que hizo una metamórfosis, es decir que se desnudó y se transformó en gato, cuando otras lo hacían en perros y marchó a cumplir su propósito. Esta mujer dejó sus ropas y sayas recogidas detrás de una mata, pero el cura del pueblo de Salillas, que iba por los campos leyendo el breviario, vio esas ropas de la mujer y adivinó lo que estaba haciendo alguna bruja; entonces depositó su breviario sobre dicha ropa y esperó su vuelta. Cuando se presentó por allí un gato, lo observó y al darse cuenta la mujer convertida en gato, de que encima de sus ropas estaba el libro sagrado, gritó: ¡quite ese libro de allí!.El cura no quiso quitarlo, diciéndole: ¿dónde has ido?. Ella tardó en contestarle, pero al fin le dijo: vengo de Longás de dar el “mal “ a una mujer. Entonces el cura la mandó a dicho pueblo a deshacer el “mal” y con unos saltos felinos se fue allí y le quitó el “mal” a la pobre mujer. Entonces el cura levantó el libro, que había depositado sobre las ropas de la bruja, transformándose ella de gato en mujer, volviéndose a su casa. (Este cuento o lo que sea me lo contaron hace ya unos años, pero en lugar de ser el bueno un cura, lo fue un cazador. Ocurrió el hecho en Sieso.

No es extraño que en pocos minutos me contara tantas aventuras brujeriles, pues Sebastián se expresó diciendo: En Agüero hay brujos, en Murillo brujas, en Riglos brujos y brujas y en Anzánigo está el canónigo, llegando a nombrar a alguno por su nombre, como a Isidrer de Agüero, del que decía que estaba siempre haciendo brujerías.

El mismo Sebastián Grasa tuvo que vivir en ese ambiente, defendiéndose de él, pues tenía una vecina, que era hija de un “agüelo”con el que convivía y que era bruja. Tenía un perro, al que Sebastián había cogido manía por temor de que lo usara para transformarse (metamorfosearse).Una tarde volvió Sebastián a su casa del monte, acompañado por la yegua y el perro los miraba insistentemente, lo que le daba horror; al quitarle la cabezada para soltarla en un campo vecino, para que pastase, no se pudo resistir y se la tiró al perro que huyó. Cuando regresó a casa lo contó a sus familiares, que le dijeron: ¡ten cuidado con ese perro, que su dueña es bruja!.

Al contarme esta historia del perro, me pareció que se quería escapar del poder de las brujas, como se escapó el herrero de San Felices. San Felices era una aldea dependiente de Agüero, en la que ahora dicen que hay una familia que cultiva su monte. En aquellos tiempos vivía en San Felices muy poca gente, pero sin embargo allí ejercía un herrero, pero casi no sacaba ni para comer, llegando a decir: no tengo ni que comer, estoy desesperado, ahora mismo le entregaría mi alma al diablo. Esta le debió de oír y le dijo: ¿qué té pasa?, véndeme el alma y por veinte duros cerraron el trato.

Pasaron años y llegó el diablo a ver si se podía ya llevar su alma, pero el herrero le dijo: aún soy joven, espera diez años más, pero acuérdate que me has de dejar morir de la enfermedad que yo quiera. El diablo aceptó la condición y pasaron los diez años y volvió el diablo a buscar su alma y el herrero le dijo: ¿no me tengo que morir de la enfermedad que yo quiera?;si, le contestó el diablo y ¿cuál es? .A lo que le dijo el herrero:¡de sobreparto!.El diablo, que desde hacía muchos siglos se dedicaba a engañar, huyó avergonzado al ver su engaño vencido por un pobre herrero.

Cuando leemos esas raras historias de brujas, despreciamos el pasado, pero no nos damos cuenta de que ahora el mundo está lleno de nuevas brujas, tal vez más elegantes que aquellas, pero que también practican la brujería moderna, unas veces con botellones y otras con drogas y pastillas.