En la Villa de Almudévar han
nacido desde una multitud de hombres sabios, como Pedro Saputo hasta algunos de
los más fervientes revolucionarios de todas las ideas y partidos políticos,
como Francisco Ascaso Abadía, que nació, como he dicho en Almudévar y murió en
Barcelona en Julio de 1936. “Fue este anarquista, con sus compañeros y hermanos
Alejandro y Domingo, inseparable
compañero de Durruti, y enraizado mito
en el mundo libertario durante la guerra civil”. Si, porque durante ella estuvo
su hermano Domingo, que estableció su despacho en mi casa de la Plaza Mayor de
Siétamo, que habían convertido en cuartel, pero que no consiguió entrar en
Huesca y parece ser que murió en el frente de Madrid, donde se había
trasladado.
Francisco fue más un activista anarquista, “ más que un hombre de organización”, siendo expulsado de Sudamérica y de otros países europeos, teniendo incluso prohibida la entrada en la Unión Soviética. Perteneció con sus hermanos y su primo Joaquín a los anarquistas de la CNT y de la FAI. Dicen que está probado que él con Torres Escartín, asesinaron al Obispo de Zaragoza, es decir al Cardenal Soldevila. Según la Enciclopedia de Aragón “murió al recibir un balazo en la frente, en una aventurada acción personal en la toma del cuartel de Atarazanas”.
El escritor inglés George Orwell,
que contempló el estado en que se movía Barcelona en aquellos días anteriores a
la Guerra Civil, escribió.”Yo había ido a España con la vaga idea de escribir
artículos para los periódicos, pero había ingresado en la milicia casi
inmediatamente después de llegar, porque en aquella época…. parecía que esto
era lo único concebible”.Añade que “casi todos los edificios de cierta
importancia habían sido ocupados por los obreros…casi todas las iglesias habían
sido saqueadas y las imágenes quemadas y algunas de ellas estaban siendo
sistemáticamente demolidas por cuadrillas”.
Estuvo siguiendo a Domingo Ascaso, en la guerra en Siétamo y
estuvo allí herido en un hospital improvisado, del que todavía quedan algunos
pequeños espacios con su suelo de cemento. Lo llevaron a Barcelona y al fin escapó
porque los jefes revolucionarios lo querían matar. Salvó su vida y escribió
entre otros muchos libros :”Homenaja a Cataluña”.
De su primo Joaquín, “se sabe que
aproximadamente había nacido en 1907,que era albañíl y que ocupó en Aragón el
puesto de presidente del Consejo Regional de Defensa de Aragón, entre octubre
de 1936 y agosto de 1937”.El dieciocho de agosto de 1937 “un decreto dispone la
disolución del Consejo y a las veinticuatro horas Joaquín Ascaso es acusado de
tráfico de joyas y encarcelado”(Enciclopedia de Aragón). Parece ser que al
salir de la cárcel marchó a Costa Rica y testimonios personales afirman que
allí continuaba a finales de los años 70, resultando, cuando menos curioso su
silencio hasta hoy”.
De el tercer hermano de los
Ascasos, es decir de Alejandro, todavía quedan en Almudévar personas que lo
conocen y que han mantenido con él relaciones de amistad, que han continuado
con sus hijos.
En aquellos años anteriores a la
Guerra Civil, en España se odiaba a los curas y las monjas y una de éstas de la
congregación de Santa Ana, que tanto tiempo llevan trabajando en Almudévar,
debió ser la que ayudó a Alejandro en
Costa Rica. Desde luego que tenía amistad con la Hermana Elisa Atarés, de la
noble casa Antón, que hace ya muchos años le encargó a Alejandro Ascaso, llevar
a su prima hermana Carmen Laclaustra Oliva, casada con José María Mur un
regalo, como recuerdo.
Hace veinticinco años, llamaron en la casa
donde se había casado José María Mur
Coronas y preguntó por él, un señor que se identificó como el señor Formoso,
que decía ser escritor en Costa Rica y en realidad, como luego se supo, se
trataba del hermano de Francisco y de Domingo y primo de Joaquín Ascaso, uno de los cuales había asesinado al
Cardenal Soldevila. Mur lo invitó a subir a su casa, a lo que él se negaba,
comprendiendo José María Mur que se trataba de algún individuo que ocultaba
algo. Aquel hombre tenía miedo a que lo detuvieran, ya que temía que alguien lo
conociera porque había sido albañil y vivido varios años en Almudévar. Tuvo lugar
su visita alrededor del año 1975, poco antes de morir el falso señor Formoso.
Se le veía aterrorizado y no quería subir a comer porque su propia historia le
daba terror, pero al fin, la familia Mur-Laclaustra lo hizo subir, le dio una
buena comida y después de ella tuvieron una tertulia e hicieron una gran
amistad. Entonces él pidió a José María Mur el favor de que el día siete de
Septiembre hicieran lo posible para que él pudiera ver a la Virgen en su bajada
de la Corona, con la condición de que tenía que pasar desapercibido.
José María Mur aceptó cumplir el
deseo de Alejandro Ascaso y le buscó un balcón en casa Cebrián, ahora de
Mauricio Laclaustra, frente al pórtico de la iglesia, donde la vista de la
gloriosa Virgen de la Corona, sería magnífica.
Llegó el siete de Septiembre y
llegó también el llamado Señor Formoso o realmente Alejandro Ascaso, lo
subieron al balcón y estuvo mirando entre los visillos que tapaban los
cristales, vio a la Virgen, escuchó la música de los danzantes y ante tales
emociones no pudo menos que llorar de corazón. Cuando acabó la procesión, se
veía resplandeciente de alegría y emoción, diciendo que ya se podía morir.
Todavía pudo añadir más palabras, que fueron las siguientes: “¡Almudévar es
igual que siempre!, ¡esto no puede cambiar!”.
Esta es la Virgen de los
almudevarenses, que aman a su Virgen, aunque no vayan a misa, costumbre que no
aprendieron por falta de educación. Ya decía Pedro Saputo que muchos no habían tenido educación o lo
pasaron mal cuando eran niños en sus familias, que no podían darles de comer lo
que era necesario, cuando estaban
esperando siempre la ayuda de la Virgen de la Corona.
Hay personas que sufren errores
en su vida, como por ejemplo Orwell, pero luego con el tiempo se dan cuenta de
haberse engañado y se arrepienten de sus antiguos actos. Lo mismo pasó con
Joaquín Ascaso y esperemos que ocurriera algo parecido con sus hermanos
almudevarenses y que creo que amarían a la Virgen de la Corona y que Esta los amaría a ellos.
Alejandro Ascaso tuvo un hijo en
América, bien educado y sin el miedo de su padre, que es gran amigo de Mauricio
Laclaustra, con el que se escriben y se ven de tanto en tanto. El día catorce
de Octubre, vi una carta en cuyo remite ponía: Manuel Formoso Ascaso. Se ve que
su hijo no quiere olvidar el nombre con el que su padre sufrió tanto.
Pedro Saputo cuando marchaba
aquel magnífico día por el paisaje de Almudévar, no se sabe dónde, porque ya no
volvió, se acordaba de la capilla que había pintado a la Virgen y escuchaba las
palabras de la lengua universal, que es
la música, ¡sí! la música que tocaban
cuando los danzantes subían o bajaban a la Virgen de la Corona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario