lunes, 28 de abril de 2014

El Casino y José Alonso el pobre



Mirando la fachada del Gran Casino,  desde el surtidor,  que preside la Plaza de Navarra, goza uno en contemplar, un edificio modernista, que semeja un castillo- fortaleza, de aquellos que impresionan en el Valle del Loira, al otro lado de los Pirineos. Es blanco el color de sus fachada y sobre esa pantalla, se destaca un cuerpo en su centro, sobre el que se alza una corona, con un reloj  que preside el tiempo del Casino,  de la Plaza y de los buenos y malos momentos, por los que ha pasado   la ciudad, desde los primeros años de su construcción. Cuando he podido escuchar el sonido nostálgico del reloj, me ha llenado de recuerdos de Huesca. Hasta dicho reloj está decorado por plantas clásicas y por otras partes, como en los lados de las ventanas, por columnas, todavía más llamativas que las corintias griegas, y los balcones por complicadas líneas curvas, que hacen soñar en la felicidad, que buscaron, entre otros muchos Manuel Camo, de cuya cabeza surgió la idea de que el arquitecto catalán Ildefonso Bonells, compusiera el  proyecto en año de 1901. El cuerpo central del Casino, está coronado con un frontón y desde lo más alto, lanza el reloj sus agradables sones. En sus tramos laterales tiene adosados dos cuerpos, que parecen retirarse hacia detrás y se acaban las dos esquinas por cuatro torreones octogonales. Está estudiada la perspectiva de la fachada con una decoración modernista, que se abre con una enorme terraza con la que no sólo adorna su aspecto,  sino que abre un lugar, para que el público, al mismo tiempo que toma el sol,   converse  sentado junto a sus veladores, del pasado y del futuro.
En esa terraza, los  ciudadanos que está sentados alrededor de los veladores, contemplan la elegancia de la decoración modernista de sus balcones y ventanas y sobre el frontón, suena el reloj. La gran superficie de la terraza, completa la misión lúdica o de alegría del público, como llena de gozo el ojear los adornos vegetales, que están tallados en la puerta de entrada al interior del Casino, por Francisco Arnal, que constituyen un modelo de ornamentación modernista, más conmovedores de Huesca. Atravesado el portal o enorme portón, en el vestíbulo, envuelto en cristales de colores y de bellas flores en sus muros,  se encuentra uno con la escalinata, con sus bellos pasamanos, y presidiendo desde un rellano de escalera, que se divide en dos, se alza la imagen de Manuel Camo, el que trabajó por Huesca, no dejándole a su esposa de   casa Baquer, ni un solo céntimo. Una vez en los salones del primer piso, se queda uno admirado por la decoración con pinturas  murales, la decoración de los salones y es preciso fijarse en el mobiliario, por ejemplo en las mesas en las que se leen los libros de la Biblioteca.  
Es llamativo el contraste entre el color blanco de las fachadas y en los salones interiores son las pinturas de tonos suaves, entre los cuales se encuentra el rosa, el naranja, el azul o el color de marfil, que exhiben los elefantes. Todos son colores suaves, sobre todo los que adornan la escalera, donde se encentra la figura de Manuel Camo.
En el año de 1900, se puso de acuerdo con los socios del Círculo Oscense, su presidente Joaquín Lalaguna Sanz para construir en edificio modernista que represente de algún modo, la ideología liberal. Inspirados por Don Manuel Camo Nogués, que fue fundador del Diario de Huesca, encargan al arquitecto Ildefonso Bonells, la realización del proyecto. Al contemplar la decoración pictórica de Pascual Aventín y las tallas en madera de Francisco Arnal, siente uno los deseos de contemplar el interior del Casino.
El año 2007, el Gobierno de Aragón declaró al edificio  del Círculo Oscense, que también conocemos por Casino, con categoría de Monumento.
Es el Casino o edificio del Círculo Oscense  una importante muestra del modernismo en la capital oscense, que gracias  a su elevación, se generó la Plaza, hoy de Navarra. Lo creó el Partido Liberal, fundado en 1877. Desde su elevación entre 1901 y 1904, a lo largo del siglo XX, recuerda luces y sombras en los ciudadanos oscenses. A lo largo del siglo XX, hubo un ímpetu acelerador del progreso de Huesca y por renovar costumbres, ya pasadas de moda. El analfabetismo era en Huesca del 80 por ciento y los que no sabían leer, buscaban aprender, tratando de interpretar los escritos del Diario liberal de Huesca.
¡Cómo cambiaron las costumbres desde el año 1349, en que se publicó un fragmento de la Ordenanza Municipal de Huesca!. En ella se lee “que ninguna mercadería se compre nin venda entre ningunas personas, faulando en algarabismia nin en basquens”.A principios del siglo XX, se fundó el periódico conservador “La Tierra” y en él Ramón J. Sender  fue redactor del mismo, durante unos años. Su hermano Manuel Sender, alcalde de Huesca, fue fusilado al comenzar la Guerra Civil.
En años pasados el analfabetismo era del 80 por ciento de la población, hubo una cruel Guerra Civil y ahora te encuentras con miembros del pueblo, amenazados por la necesidad, porque pasando por el torreón octogonal,  que se encuentra a la izquierda del Casino, sentado en un banco, me encuentro algunos días a mi amigo José Alonso. Tenía ganas de verlo, porque me dijo el vendedor de los Iguales, que tiene su garita frente al banco,  en el que se sienta José,  que había pasado el invierno en el Hospital. Pero ¡qué alegría sentí al encontrarlo, con cuatro carpetas, llenas de dibujos y entre ellos destacaba un águila, posada en un lugar elevado y mirando hacia la tierra baja. Es raro que José viese en los Pirineos un bucardo, de cuya visión se quedó admirado y no pudo menos que retratarlo con un bolígrafo. Pero sobre la belleza de los cuerpos de animal está la belleza de la mujer, que fascina en la Calle de Lanuza, que retrató con rapidez, pero no sólo presentaba la hermosura de esta mujer, sino que luego retrató a Dolores, de cabellos negros, que nos recuerdan los dolores pasados por las mujeres en el amor.
Al ver tanta belleza, producida por José, en cuyos bolsillos entran cada mes, unos trescientos euros, lo invité a tomar un desayuno, en el inmediato Bar, que se encuentra en el torreón octogonal del Casino y al que se sube por una semi escondida escalera. Quise completar la belleza de los dibujos del pobre José, con la que satura los espíritus del que entra en el Casino, invitándolo a satisfacer su estómago con un vaso de leche, acompañado por un pastel. Al subir la pequeña escalera, contemplamos la belleza de aquel espacio,  donde se posan los veladores y se divisan las  largas y luminosas ventanas, que permiten que el sol ilumine a los ciudadanos, cuyos rostros acaracia. Una vez dentro del Bar, algunos nos miraban y nosotros admirábamos los aparatos de luz, colgados del techo por unas cadenas doradas, que sostenían unos aparatos de cristal semiesféricos, de color blanco viejo y que eran semiesfericos.
En medio del mostrador hay un cuadro de relieve, que representa a una mujer, rodeada de flores artificiales y de sus cabellos pendían unas flores artificiales, que adornaban la testa de la dama.
José no tiene dinero y a Manuel Camo,  en 1711, cuando murió, no le quedó tampoco ningún dinero a su esposa de casa Baquer.
Camo nos da la lección sobre el dinero, “Porque, para Jesús, el dinero no es malo; lo malo es su acumulación abusiva; lo perverso es la avaricia y el ansia de tener, que  lleva  a acaparar. Y este es el mal que aqueja nuestra sociedad neoliberal”.
El otro ejemplo nos viene del pobre José, que parece que nos dice:”Fijaos como crecen los lirios. Ni hilan ni tejen, y os digo que Salomón en todo su fasto estaba como cualquiera  de ellos. Pues si a la yerba que hoy está por el campo y mañana se echa en el horno, Dios la vista así, ¿qué no haría por nosotros , hombres de poca fe?.



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