jueves, 31 de enero de 2013

A la Doctora Salgado, que dirige la Rehabilitación del Hospital Provincial de Huesca



 

Yo conocí a la Doctora Salgado en su Despacho cuando me recibió amablemente para iniciar un curso de rehabilitación, después de una quiebra, que sufrí en mi brazo derecho. Cuando esperaba, leí en un Cartel de Normas a seguir en el Centro, un folio en el que ponía: ”Muere lentamente quien no viaja-quien no lee- quien no escucha música- quien no halla encanto  en sí mismo”. Nada más empezar la lectura de estos versos, miré en la parte baja del folio para conocer quien había sido su autor y quedé encantado al ver que era Pablo Neruda un poético pensador. Al entrar a ser reconocido por usted, ¡doctora!,  tuve la impresión de que iba a ser rehabilitado en mi cuerpo y en mi espíritu, porque, sin darme cuenta, estaba siguiendo la poesía de Neruda :”Muere lentamente –quien se transforma en esclavo del hábito-repitiendo todos los días los mismo senderos- quien no cambia de rutina- no se arriesga a vestir un nuevo color- o no conversa con quien desconoce”. Yo tal vez llevado por la afirmación del poeta, conversé con la doctora, que escuchaba sonriente.

Empezaron el curso de rehabilitación,  para alejar de mi vida ese morir lentamente y al buen sanitario Javier Lera, tal vez movido por ese espíritu poético, le regalé mi libro

“Retablo del Alto Aragón”. Tal vez comentara sobre él con la Doctora, que dijo le gustaba el libro y yo le regalé otro. Tendido en la camilla en la que Javier me ayudaba a renovar mi vida, acudió usted a comunicarme que su buena madre, que según el poeta no muere lentamente, “porque lee”. Le había comunicado que conocía algunos protagonistas del libro “Retablo del Alto Aragón”, y que, tal vez, conversaría con alguno de ellos, en su mundo interior.

Yo quedé encantado de sus breves palabras, acompañadas por su sonrisa, que busca la vida,  y te prometí que le iba a regalar otro libro,  porque el primero su madre lo merece y en este segundo, le explico los motivos de que te dedicara este libro, ya que me admira que una persona como usted, entregue sus conocimientos y su vida en rehabilitar la salud de los hombres y de las mujeres. Este comportamiento me recordó el artículo que aparece en la página cuarenta y tres del libro, en que hablo de un drogata y “al estrechar su mano ya he notado que se acabó la fuerza de su mano  derecha…..   era difícil hablar con él, a pesar del esfuerzo que yo hacía para ser correcto y agradable e incluso lenitivo para el mal que, sin duda le aquejaba”. “Yo le daba la razón a pesar de que a la mía, sinrazones parecían las que a la suya, razones se le hacían”.

¡Doctora Salgado, guardemos el optimismo de la vida, aunque seamos polvo y en él nos hayamos de convertir, porque la vida por algo existe y hay que cuidarla y conservarla el tiempo que podamos!. Usted es vida y a la vida propia y a la de todo el mundo,  la dedicas.        



miércoles, 30 de enero de 2013

¡Desde lo profundo de mi alma, clamé a Ti, Señor!.


Me han dejado el libro titulado “Paseo por el recuerdo”, con textos de Ramón Lasaosa y fotografías de Pepe Navarro. En el capítulo DE RE MORTIS, escribe :”Hablar de la muerte es hablar de la vida, de la trascendencia, de la eternidad. Hablar del cementerio, de la ciudad de los muertos, es hablar de la ciudad de los vivos”Al leer esas afirmaciones, me acuden a la memoria multitud de recuerdos de los muertos que he encontrado en mi vida, unos en iglesias, otros en los cementerios y otros en cualquier lugar del monte. Tengo también los recuerdos de la vida de los vivos con respecto a los enterramientos, a las sepulturas, que transmiten a los hombres y mujeres, pensamientos trascendentes que nos hacen pensar en la vida eterna. Todo el mundo se acuerda de qué ha de morir y por eso es frecuente escuchar, como le piden a una Santa: ”Santa Ana, buena muerte y poca cama”. Debajo de la Iglesia Parroquial de Siétamo, está abandonado un antiguo cementerio, que se trasladó más lejos de las viviendas, al monte, cerca del Fosal de Moros.¿Cómo nos acordamos los que todavía quedamos vivos, de recordar que otros hombres y mujeres, de otras religiones, tuvieron su fosal en Siétamo?. Al ver las tumbas abiertas en un yermo, por las ruedas de tractores, nos inspira respeto el contemplar como todas las fosas están dirigidas hacia el Oriente, como buscando al Ser Supremo en La Meca.
En la puerta por la que al cementerio se entraba, unos para salir y otros para quedarse en su tierra, veía yo, con cierta frecuencia a la Señora Juana Periga, ya antes de la Guerra Civil y me parecía que rezaba por los difuntos, allí enterrados, pero parece ser que también tenía en cuenta a los difuntos del pueblo donde había nacido, a saber Santolaria la Mayor, que se divisa desde esa puerta. Efectivamente rezaba por un gaitero, pariente suyo, cuya gaita se acabó y despareció, pero a mí me parece un sueño el ponerme a tratar de escuchar su sonido, que es vida y que despierta en mí el recuerdo de que hay lugares, en que Dios goza con la música de los hombres que han pasado por la vida. Yo, con mis cinco años, le llevaba a su casa un pan y ella, agradecida, me hacía sentar al lado de una mesa en su hogar y me sacaba un vaso de agua fresca, recién traída de la fuente y me la endulzaba con una cucharada de azúcar. Yo, gozoso, la gozaba y pensaba en esta vida, con sus alegrías, como la de tomar azúcar y la trascendencia de ver rezar a la abuela en la puerta del hoy desaparecido cementerio. Pero luego llegó la tristeza de la Guerra Civil, en que tantos murieron por las armas y quedó destruida la casica de la señora Juana, cuyo solar está ahora ocupado por el Ayuntamiento de Siétamo. ¡Cuantos muertos quedaron en Siétamo por los cementerios y por sus campos!. Murieron de uno y otro lado, como fue sacrificado el “Padre Jesús”, del que se ha hecho pública una hermosa fotografía en que aparece con su rostro sereno, sobre su camisa sin cuello porque debía, en su convento, llevar un hábito. Sus manos estaban atadas a su espalda y esperaba con una sonrisa su muerte de hombre convertido en mártir. Allí creo que está su sepultura improvisada, esperando que alguien descubra cual fue su personalidad, que causa el respeto de la gente y mientras tanto él gozará de la eternidad, en la Corte Celestial. En el Cementerio de Huesca fue fusilado el concejal republicano, señor Santamaría, pero no murió, sino que arrastrándose por el suelo, llegó a la vía del tren, donde fue encontrado y rematado a tiros.
El hombre con sus guerras y éstas con sus muertos son la negación de la vida de los hombres, que no quieren que se haga Justicia entre ellos, sino que olvidando la ética, la ciencia y la cultura, la religión y la buena política, sólo sueñan con una utopía revolucionaria y alocada, que despreciando la vida que tienen los hombres, los eliminan para conquistar el poder y permanecer en él.
Y tratan de abandonar, como he escrito la ética, la ciencia y la cultura, la religión y la buena política y ya no quieren la literatura ni el arte auténtico. Pero ahora, como dice el Salmo segundo; ” ¿Por qué causa se han embravecido tanto las naciones: y los pueblos maquinan vanos proyectos?”. Hanse coaligado los reyes de la tierra; y se han confederado los príncipes contra el Señor…Rompamos, sus ataduras y sacudámonos lejos de nosotros su yugo” . Y el dinero se ha convertido en el “primum movens” de los hombres. No hay que temer a los enemigos de la ciencia y de la cultura, de la ética y de la religión, porque su yugo se acabará. Por eso hay que ir a los cementerios, para ver que la vida no dura sólo el tiempo en que nuestro cuerpos están vivos y tomaremos conciencia de que hay un paso posterior después de la vida a la muerte, después de convertido nuestro cuerpo en “polvo de la tierra”, viviremos un vida espiritual. Mi pariente el tío de José Antonio Llanas Almudévar, tuvo esa inquietud y una noche la pasó en el cementerio de Huesca, y allí se introdujo en un nicho vacío, al lado, sobre y debajo de otros, ocupados por cuerpos humanos, a comprobar si percibía alguna sensación. Parece ser que no oyó ningún sonido material, pero su espíritu se debió de inflamar, porque al salir del nicho, contempló la bella figura pétrea de una joven, a la que no pudo resistir un impulso de amor, puesto que besó a la bella y fría estatua. Un guardia civil retirado me ha contado, al oír la aventura de Llanas, que estando de servicio en Bilbao, pusieron una bomba en un monolito y a él y a otro compañero, los hicieron quedar de guardia en el cementerio, aquella noche. No entraron por la puerta, sino por la pared derribada por la explosión de la bomba y su compañero se quedó helado porque la capa se le quedó sujeta por algún trozo de la derribada pared. Tal vez pensó que algún muerto le había sujetado, Por la noche no paró de llover y mi amigo se metió en un nicho vacío, donde pasó la noche. Y un muchacho, al que llamaban el “tonto de Pueyo”, durante la Guerra Civil, mientras los hombres trataban de matarse mutuamente, él se ocultaba en un nicho del cementerio.
¡Cuantos durmieron en el cementerio de Huesca en las noches en que estaban allí para matar, cuando alguno se daba cuenta de que ya había en el lugar, multitud de difuntos!
El lugar de la paz, el cementerio, se convirtió en un centro de guerra de tal manera que los oscenses, que estaban cercados dentro de la ciudad, no podían enterrar en él y tenían que hacerlo en el cementerio de Las Mártires, donde casi en su entrada hay una tumba donde yace un Almudévar Liesa, con la cruz destrozada y la lápida medio enterrada. Yo también me declaro culpable de mi abandono ante un muerto con el mismo origen que yo. Tal vez pensamos que el polvo de su cuerpo no le estorbará su vida espiritual en el otro mundo. Pero a escasa distancia se encuentra el obelisco dedicado al Republicano Manuel Abad y a sus compañeros, que fueron ejecutados en Huesca, después de intentar establecer la República en España. En una lápida pone: “A la memoria de Manuel Abad y sus compañeros”.Y en otra, “Los cuerpos que aquí yacen unidos al varonil espíritu que latirá en los Anales de la Gran Epopeya Revolucionaria española, formaron una partida en las Cinco Villas bajo la enseña de Patria y Libertad “Fue Manuel Abad hecho prisionero en Casa Almudévar del vecino pueblo de Siétamo, en Octubre de 1848. Mi difunta abuela quiso aplicarle en su casa el derecho de hospitalidad pero lo tuvo que entregar, diciéndole al capitán que no lo condenaran a muerte. Pero la muerte nos alcanza o alcanzará a todos los vivos.
Yo, desde pequeño, sentí curiosidad por los muertos y antes de la Guerra Civil, un joven de unos catorce años, con su bicicleta se agarró a un camión, dándose un golpe, que le produjo la muerte de su cuerpo. Antes en Siétamo, mientras se celebraban los funerales, depositaban al difunto dentro de su caja, sobre una mesa, en los porches de la iglesia. Yo quería verlo y la niñera, entonces la joven Amparito me levantó, mientras otro joven abría la tapa de la caja. Me quedé impresionado al contemplar unos enormes ojos abiertos, que miraban sin ver. Al poco tiempo de su muerte, no hicieron falta grandes ojos para ver la cantidad de muertos por las calles del pueblo, criminalmente muertos por unos y por otros. Después de la Guerra llegó por Siétamo una bella mujer, acompañada por un hombre. Dijo que quería ver donde estaba muerto su marido y el cura, acompañado por el sacristán Antonio Bescós, alias “Trabuco” y por un “mozo de jada”, llegaron al lugar donde afirmaban que estaba enterrado su esposo, lo encontraron y al verlo, se lanzó el acompañante de la bella viuda y abriendo el pequeño bolsillo relojero, le sacó un reloj. Allí se acabó el respeto a los muertos, porque obtenido el botín del muerto, se marcharon sin enterrarlo siquiera. Ante esta situación exclamó el cura: el muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Cuando era todavía un niño, acudía al Colegio de San Viator y los viatores nos llevaban a confesar a San Pedro y desde la cocina de casa de Llanas, en compañía de mis primos, observaba por una ventana los Claustros de San Pedro, que se pueden considerar como un auténtico monumento funerario. Estuvo abierta, al culto cristiano, durante la época en que loa árabes gobernaban en Huesca. En la Sierra de Guara se encuentra dólmenes de la Edad del Bronce y en el mismo Somontano, en Siétamo, por ejemplo, se encuentra en el lugar donde acababa el miliar quinto, una tumba romana, que a pesar del abandono, allí permanece, indicando como la cultura romana nos absorbió. En las Claustros de San Pedro, en la tumba de Ramiro el Monje, colocaron un sarcófago romano Tal vez esta colocación de un sarcófago de un cónsul de Roma en Huesca, en la tumba de un rey cristiano de Aragón, haya conservado su presencia entre nosotros. Aquí se confirma la idea de que los cementerios son como la historia de los vivos, con la intención de conservar recuerdos de la vida humana.
En el Convento de San Miguel, que según los arqueólogos, las “necrópolis se situaban en las principales vías de acceso a la ciudad, por lo que se encontrarían” entre otros lugares, en el actual Convento de las Miguelas”. Partiendo de la tradición romana ya hubo cementerio en épocas como la de San Pedro, que llevó más tarde a Alfonso el Batallador, en 1110, a marcar el perímetro de la Iglesia de San Miguel y señaló la creación de un cementerio para enterrar a los cristianos. El Batallador en una excursión por territorios moros del Sur, trajo a Huesca muchos cristianos, que estaban sometidos bajo el poder árabe.
En muchas tumbas dejaron escritos recuerdos, versos y oraciones más o menos prolongadas y en otras como en la hermosa lápida de bronce, creada por Ramón Acín, dice solamente :”Descansó al morir” mi pariente Manuel Bescós Almudévar, que es más conocido como Silvio Kossti. Hay en el cementerio de Huesca una tumba anónima, sin lápida, pero con una baldosa de gres, sobre la que está escrito, con tiza:”Espero que exista el otro mundo para poder reencontrarnos allí”.
Escribe Ramón Lasaosa Susín en “Un paseo por el recuerdo”:”Entre los siglos XIII y XIV,determinadas capillas y el claustro de San Pedro acogieron las sepulturas de importantes personas….De esta época, o quizá algo anteriores, son los enterramientos de Sancho de Orós, Forcius de la Peña, el monje Raimundo Pérez, doña Milea de Val y María Almudévar”. María Almudévar era la esposa de Michael de Almudévar, que según me explicó mi pariente el sacerdote Jesús Vallés Almudévar,era un artesano de la construcción y está también enterrado en los claustros, con una inscripción frente a la de su esposa María.
Los cementerios deben ser lugares de paz y no cuarteles de guerra, como lo fue el cementerio de Huesca, donde están enterrados nuestros seres queridos, como por ejemplo mi madre Victoria Zamora Lafarga y muchas madres de tantos oscenses. En el cementerio de mi pueblo, Siétamo, tampoco reinó la paz pues desenterraron en él a varios sietamenses y después de la Guerra, aparecieron cadáveres de hombres de ambos bandos, sin enterrar, dentro del fosal.
Como escribió Gustavo Adolfo Bécquer, “Ante aquel contraste –de luz y de sombras-de vida y misterio-medité un momento-¡Dios mío, que solos se quedan los muertos!”. Y yo escribo : ¡que solos estamos los vivos, con la ausencia de los muertos!

domingo, 27 de enero de 2013

San Blas en Almudévar

San Blas


La Villa de Almudevar se está modernizando y desde la elevada Iglesia, en otros tiempos Parroquia, hasta la zona Sur de la carretera, se han edificado y se siguen levantando barrios, donde viven nuevas generaciones de almudévanos o como decía el escritor en “fabla” aragonesa, Pedro Saputo, eran sabios, como en castellano se llama a los “saputos”.

Esa sabiduría de los hombres y mujeres de Almudévar, se ve en los riegos, en la arquitectura, algunas veces como olvidada al lado de la Virgen de la Corona y otras renovada, como en la bodega de los Otal, Condes de Artasona, convertida hoy por el pueblo en una sala subterránea, fresca y agradable,  que te invita a pensar. Están también en Almudévar los restauradores de pinturas y de esculturas. Pero este año de 2008, me ha sorprendido una mujer,   llamada  María del Carmen Mallada Sánchez, casada con Antonio Sanz  Abiol de Casa Nogués, es decir hermano de Ascensión Sanz Abiol,    que me ha enseñado un antiguo Libro de la Asociación o Cofradía de San Blas de Almudévar. Este Libro está presentado con una encuadernación de pergamino y tiene un volumen de muchos folios, de una clase que recuerda al papel de barba, pero  más flexible. En la primera hoja aparece pintado de un modo maravilloso el Obispo y Mártir San Blas, que despierta la devoción de aquel que lo contempla y los cofrades de su cofradía de veían obligados a escribir su  historia, pues parece que lo ordena aquel refrán que dice:  “Díjolo Blas, punto redondo”. Este Obispo fue armenio y fue martirizado el año 396. Muchos años van desde aquella fecha hasta el año 1847,en que se abrió dicho libro, hasta el día de hoy.  La fiesta de San Blas se celebra el día tres de Febrero y está precedida  por la Virgen de la Candelera el día dos, y seguida por Santa Águeda, el día cinco. Al llegar el mes de Febrero la gente se acuerda de la Virgen y dicen: ”Si la Candelera  plora, l’ibierno ya está fora” y barruntando la primavera, al día siguiente celebran la fiesta de San Blas y el día cinco todas las mujeres le cantan y le bailan a su patrona Santa Águeda, y en muchos pueblos, ponen de alcaldesa por un día, a alguna de ellas. Es una antigua demostración de la valía de las mujeres, que valen para todo, para el trabajo, para el arte,  para gobernar a la comunidad, pero este valor, se ha visto disminuido  por la casi gran tarea de ser madres, para conservar la especie humana, ya que dan a luz a los hijos, que serán su continuación. Hoy, que las mujeres trabajan en todas partes, va disminuyendo la natalidad. Se pierde la esperanza en nuestra especie, en tanto una mujer inmigrante, presume de ella al  decir: ”conquistaremos Europa con nuestros vientres”. La citada María del Carmen, de Almudévar, recibió el Libro de San Blas de  casa Acebillo, que ya no está habitada y con la colaboración de algunos parientes de tal casa; y como pensadora se da cuenta que hay que salvarlo y ponerlo en un Museo dentro de la Parroquia de los sabios o “saputos”, para que el mundo trate de crear una situación que no haga difícil y hasta imposible a las mujeres la labor de ser madres, que es imprescindible para que la humanidad, compuesta por la  mujer y por el hombre, sigan viviendo, para “renovar la faz de la Tierra”.

Es preciso renovar la faz de la Tierra, para que el trabajo, el consumo exagerado y la prisa, impidan el aumento del número de niños nacidos y la solución no está en las que propone la vida moderna ni tampoco en el Libro de San Blas, pero estudiando la influencia mutua entre el Libro y el modernismo, se han de sacar consecuencias, que permitan criar a las familias y educar a sus hijos Gran problema constituye el enorme aumento de los hombres y mujeres ancianos, que deben entrar en residencias humanas y lo más agradables que sea posible, y este problema se ve aumentado por la escasez de nacimientos, con cuya ausencia  no habrá gente joven para atender y pagar lo que necesitan los ancianos.

María del Carmen Mallada,  pensadora y sensible me ha enseñado el libro, entonces manipulado casi exclusivamente por hombres, pero  ahora vemos como una mujer quiere resucitarlo y que siga la Cofradía de San Blas su funcionamiento. ¡Que siga funcionando estimulando el amor entre los cofrades e inspirando ideas modernas para levantar guarderías infantiles!, que  permitan a las mujeres criar y al mismo tiempo trabajar.

Después de leer el título del Libro, que se titula: ”Asociación o Cofradía de San Blas de Almudévar”, veo que empieza a ser utilizado en 1847. Y a continuación está escrito: ”Nombramiento de Prior, contadores, Mayores domos( que equivale a mayordomos) y cuentas en dicho día de San Blas de cada año”. Congregados los cofrades del Glorioso San Blas en el atrio de Nuestra Señora de la Corona el día tres de Febrero del año 1847, se hizo elección de Prior, contadores y Mayores domos, Prior Eclesiástico a M. Juan Sanz, contadores a Blas Martínez y a Miguel Antonio Atarés,  Mayores domos a D. Martín Juan Aso y a José Gracia y Sarasa.

Los contadores llevaban las cuentas y  ponían en el Libro: Existencia del año anterior: 18.194, pero no dice que clase de moneda era la que se registraba hasta el año 1861 en que se expresan en reales.

Se detallan en este Libro, los precios de su compra y demás trabajos, entre los que se encuentran la Misa Cantada en el día del Santo, la cera del altar y la paga al organista. Quedan las cuentas en poder del Prior con una existencia de 8.100 “unidades monetarias”. Por fin, el año 1861, se anotan  dieciséis “reales” por cuatro misas rezadas por los hermanos difuntos. Entonces la parroquia no era la actual iglesia de la Asunción, sino la Iglesia de Nuestra Señora de la Corona. Se habla en los primeros años de la placetica  y más tarde plazuela, que se antepone al templo.

Aquellas cofradías buscaban la paz y la armonía entre los almudevanos y se preocupaban de elegir buenos “contadores”,  para economizar gastos en aquellos fines, como la luz, que ahora se ha convertido en el problema de la energía. Entonces para alumbrar, se gastaba la cera, que ahora nos suena a cosa antigua, pero en realidad era un precedente de los problemas que hoy nos proporciona la energía eléctrica y el petróleo.

 En Almudévar se ven girar los molinos eólicos que proporciona luz y energía al pueblo. Desde aquellos días que se reunían en la  placica  o placeta y que bebían agua de aquella fuente grande,  pero hoy sucia, hasta que pasó el gran Canal, han tenido que pensar mucho los sabios y pensadores, como Costa.

En 1861, en lugar de celebrarse las   reuniones de la Cofradía en las puertas de la iglesia, se celebraron en casa de Benito Azor. En 1862 por la Misa cantada se pagaron veinte reales, por la salve cinco, al organista le abonaron cuatro y la cera del altar les costó cuatro reales. El siete de Agosto de 1863 llegó el Sr. Obispo, que selló el Libro con un magnífico sello y animó a los cofrades a seguir sus costumbres. Está claro que las mejoraron porque el tres de Febrero del año 1887,en casa de Juan Sanz, se hicieron raciones de tortas para repartir entre los cofrades.

Hay que aprender en la vida, como observó la madre que aprendía su hijo Pedro Saputo, al que le  dijo: ”veo  que hablas como los “flaires” que predican o como los hombres que andan con nuevos trajes por el mundo…sólo querría que no fueses malo…..¿Quién te ha enseñado esas cosas?”.  Como hemos dicho en Almudévar enseñaron hasta los Obispos, como el que dejó su sello en el Libro de San Blas, pero no fue sólo el Obispo, sino, como dijo Pedro Saputo a su madre  “fueron los libros que leo y las mujeres cuando riñen unas con otras”. Entonces su madre le dijo.”¿ cómo pueden enseñarte nada las mujeres y más riñendo?…Pues me enseñan mucho; todo lo que entonces dicen es locura o sabiduría, y lo mismo me enseña uno que lo otro. Y lo aprendo de ellas y de los otros chicos en sus contiendas, y de los libros, lo recojo aquí dentro y lo guardo, y aquello engendra otras cosas, y estas engendran luego otras; y las junto y las revuelvo y amaso todas, o las separo y compongo según me cumple y piden las ocasiones”.

Vemos como un hijo de Almudévar aprendía de los libros, escuchaba a las mujeres cuando reñían y a los niños cuando entraban en contienda  y como recogía en su mente todas las ideas y las guardaba y de aquellas surgían otras, que juntaba y revolvía y las amasaba y como podía engendrar soluciones para que las mujeres y los hombres, se reprodujeran y vinieran niños al mundo. Este Pedro Saputo tenía un gran cerebro y ahora se tiende a interconexionar el cerebro con la máquina, de tal manera que el cerebro la active y se pueda mover con la mente una silla de ruedas. Ya se preocupaban los cofrades de San Blas de la luz de las velas y ahora tendrán que preocuparse de la actividad eléctrica del cerebro, con la que hay que trabajar para que el día de mañana el hombre aprenda a ser contable de esas cerebro-máquinas. Igual que Pedro Saputo aprendió en un día de tejedor, ”después de mañana, de sastre, el lunes, de pelaire, el martes de carpintero, el miércoles…”, con la ayuda de San Blas, podrán los cofrades aprender el oficio de arreglar el futuro de la humanidad.

En 1930 llegó una época en que no se escribió nada en el Libro, pero el año 1936 dieron las tortas los Mairales Francisco Ruiz y Juan José Alastrué. Los gastos del canto de la  Salve y Misa los pagaron los mismos mayorales. Los años 1937,1938 y 1939,todavía se repartieron tortas. El año 1950 fueron mayorales José María Lasierra Mallada y Pablo Oliva Labarta. También se repartieron torta el año de 1971,presidido por José Manuel Pérez Borderías y por José Manuel Justes Abad, que todavía eran niños.

A partir de 1972,  aparecen las mujeres, haciéndose cargo de la Cofradía del Glorioso San Blas, Obispo y Martir, Doña Carmen Borderías Bescós, que llevará, en años sucesivos, el control de los Mairales de cada año.

Según la Enciclopedia heráldica y genealógica hispano-americana, Alberto y Arturo García Carrafa, de 1921,”Alfonso el Batallador dio la villa de Almudévar a un caballero que, según la costumbre de aquellos tiempos, tomó por apellido el nombre de dicha villa, apellido que pasó a sus sucesores”. Después leyendo la página 157 del número 38 de la revista Argensola, pone que después del año 1311 el rey concede un molino de viento a Juan de Almudévar, del que dice la Historia que era amigo del rey y “portario”.Como pongo en mi libro Retablo del Altoaragón, todos los Almudévar estamos orgullosos de proceder de la noble villa del mismo nombre; es curioso como mi antiguo pariente tuvo en ella un molino de viento y ahora se han instalado muchos molinos eólicos, para continuar teniendo luz del aire y no de las velas.

Pero al acabar de leer el Libro de San Blas, veo que este año de 2008, aparecen mis dos nietos Nacho y LuisAlmudévar Puértolas como Mairales o Mayorales.

 ¡Qué San Blas les ayude a colaborar, como lo hizo Pedro Saputo, en el bien de todos los hijos de Almudévar!.       

viernes, 25 de enero de 2013

Angulo y otros ángulos humanos


Antonio Angulo


Existen ángulos obtusos, que parece ser que se resisten a comprender las cosas y los hay rectos, que son partidarios de la rectitud de conciencia y de comportamiento, pero también se dan los agudos, que parece ser que tienen agudeza de espíritu y penetran en los problemas del hombre, desde la educación de los niños, pasando por la igualdad de los hombres y mujeres en la sociedad, para terminar con la muerte y lo que después de ella nos llegó  y llegará a todos los hombres y mujeres. El ángulo que me parece que domina en Angulo, es el agudo,  porque a pesar de haber nacido en la aldea de Egep en 1946, muy cerca de Panillo, su agudeza le llevó a estudiar, después de vivir trece años en su aldea. Y estudió en Barbastro, Bachiller y Filosofía. En 1968 siguió estudiando en Zaragoza, cursando la carrera de Relaciones Públicas y los primeros cursos de Derecho, que acabó en Barcelona. Viendo su  entusiasmo por estudiar,  pero sin dejar de trabajar, pienso que su agudeza era agresiva, muy afilada por su deseo de formar parte de una sociedad en que todos pudieran participar de la “sabiduría”, como apetecieron otros aragoneses, cual Pedro Saputo, en aragonés, o Sabio, en castellano.

Antonio Angulo pertenece a un linaje, que según algunos  procede de un Rey de Escocia, pero según otros Ludovico Angulo vino a España en las guerras de la Reconquista, sirviendo en primer lugar al Rey de Navarra y después al de León. Todavía hay otra teoría, que afirma que Ludovico tiene su origen en los normandos, que desembarcaron en Santoña durante el siglo XII. Hay quien dice, que ayudando a los reyes cristianos, éstos le dieron un territorio, que tenía forma de ángulo Allí se encuentra el pueblo de Bárcena, que está enclavado en el Valle de Angulo. Pero los Angulo se convirtieron en linaje universal, porque están en Castilla, en León,  en América, en Andalucía,  en Canarias, en Bilbao , en Logroño y en Navarra. Ya sabemos que Ribagorza formaba parte del Reino de Navarra y de allí vendría algún Angulo a la aldea de Egep. El pensamiento de los Angulo es universal, pues Antonio cree que somos iguales todos los humanos. 

Egep perteneció al Ayuntamiento de Panillo, pero después pasó al de Graus; ¿le impulsaría a estudiar el misterioso conjunto de bonzos en su Pagoda, con el dulce canto de los pacíficos budistas, acompañado por el agudo son de unas campanillas?. Y ese canto unido al  gregoriano que él mismo cantaría en Barbastro, ¿ no le despertarían una sed de sueño,  que le llevaría a intervenir en dos películas de cine amateur?. Le pasó a Antonio Angulo lo mismo que le ocurrió a Pedro Saputo, que le dijo a su madre: “Mañana, si queréis, aprenderé de tejedor, después de mañana de sastre, el lunes de pelaire, el martes de carpintero, el miércoles…de organista”, pues se dio una vuelta por la carrera de Ciencias Políticas y Sociología y se metió en el mundo laboral de la información, se hizo agente publicitario y organizó congresos, certámenes y festivales. Pero ha triunfado en el periodismo, ya que en 1984 llegó a ser director del diario de Huesca Nueva España, que un poco más tarde se convertiría en el Diario del Altoaragón. Se acuerda del escritor Julio Brioso, al que trasladó de la imprenta de la Zona Industrial de la carretera de Barbastro a las oficinas del Centro de la ciudad.

Ribagorzano, como él mismo, fue el escritor Samblancat, que creó la obra Caravana nazarena, que tiene un rasgo valleinclanesco, pues deforma la realidad de la República y en cambio Antonio Angulo, al que yo, pocas veces, tengo la oportunidad de oírlo hablar, desde el punto de vista de su ángulo agudo, mantiene el Diario con serenidad, que proviene de sus juicios reflexivos. Así como Samblancat parece introducir a los personajes en un espejo con un fondo medio esférico, Angulo trata de abrir los ángulos hasta convertirlos en uno imposible, que es como una plano de 180º. Sobre ese plano se contempla la realidad de la vida de los ciudadanos, de los paisajes, de los juegos, los deportes y las inquietudes religiosas y políticas de todo el mundo.

Cuando entro en su despacho, lo puedo contemplar sentado frente a su mesa, ladeándose hacia su ordenador y su figura pensante se transforma,  no de repente, sino poco a poco en la de un hombre relajado, que sonríe y que te acoge con un afecto común al periódico que dirige y a las personas que con él colaboran.