miércoles, 30 de abril de 2014

José Otín Nasarre, observa el arte en Jaca y en Barbastro

Ermita San Fructuoso (Bierge , Huesca)


Me he encontrado con José Otín Nasarre, Guarda Forestal Jubilado. Es originario de un paraje entre el río  Alcanadre y el Barranco de Mascún,  cerca del pueblo o más bien aldea,  ya despoblado de Otín, del que heredó su primer apellido y su segundo es el mismo que el del cercano pueblo de Nasarre, donde se conserva una hermosa iglesia románica. Este hombre además de convivir con una Naturaleza de una belleza primitiva y de poseer sus dos apellidos de esa zona, ha contemplado siempre la belleza del Pirineo, pues siempre la ha tenido delante de sus ojos. En esa tierra, donde nació, contemplaba el río Alcanadre y el Barranco de Mascún y veneraba la románica iglesia de Nasarre, de una belleza de acuerdo con aquel pintoresco paisaje. Pero no sólo amó esta iglesia de Nasarre, sino,  que en el pueblo de Alberuela de Laliena, donde vivió con su familia, entraba, desde luego con dificultades por estar abandonada, en la iglesia de San Nicolás de Bari, edificada en el siglo XII, que ya está restaurada, ya que era difícil entrar en ella porque para la Guerra Civil, la destruyeron. En ella se contemplan capiteles, que dicen corresponden a una influencia arquitectónica de Toulouse y que recuerdan el arte románico de Loarre.  Se encuentra a un lado del camino viejo que conduce a Bierge y al otro lado se eleva un antiguo castillo hospitalario de la Orden de Caballería del Temple.  Al lado de la ermita, José ha contemplado,  como Forestal, con especial cariño arbustos con granadas o en lengua aragonesa,  minglanas, que dejaron por allí los moros, cuando dominaron, por poco tiempo, los Pirineos. 
 En los pueblos de Otín y de Nasarre todavía no han desaparecido las casas, sino que todos sus dueños conservan las escrituras, como aquel que guarda las reliquias de su familia. Pero a partir de los años 1960, ya bastante pasada la Guerra, subían  turistas y comerciantes, que recogían las zoquetas, las albardas, los bastes, colleras, collerones y yugos. No sólo se han llevado  las colleras y “cremallos”  del hogar, con los que se cuelgan los calderos, en los que hierben el agua y preparan la pastura de los cerdos y gallinas, sino que José Otín me ha contado como en la ermita del siglo XII,  de San Fructuoso o San Fertus, en Bierge, donde vivió, sacaban las pinturas románicas de los muros. Usaban medios que José veía,  aunque no comprendía totalmente el fin con que se realizaban tales faenas. Me dice José Otín que veía actuar sobre esas costosas pinturas, que son antiguas  y de una belleza que conmueve los espíritus de los que las contemplan. Pero en la Guerra Civil parece ser que los milicianos jugaban a la pelota sobre las paredes, que mostraban  a San Fructuoso o San Fertus y a todos sus acompañantes, hasta el punto de que uno de los “deportivos jugadores”, se acercó al Cristo, que con su gran figura, presidía el altar mayor, subiendo por una escalera de mano y le  mutiló  el rostro, al parecer con odio.
Cuando, después de la Guerra Civil, Antonio, que todavía era casi un niño, miraba la faena que hacían los que querían sacar las pinturas de las paredes,  para colocarlas en distintos lugares. Me dice José,  que mojaban sábanas o lienzos, adecuados para sostener dichas pinturas, con leche de vaca, que yo ignoro como un niño,  podía identificar aquel líquido, que apretaban con fuerza sobre las pinturas de la pared y que habían calentado a cierta temperatura. Después de esa aplicación del líquido, se desprendían las pinturas de la pared y se veían en los lienzos.
José, al acabar la Guerra Civil, se acordaba de la destrucción de imágenes y objetos religiosos y no podía comprender como, después de dicha Guerra, dos Sacerdotes sabios,  podían participar  en el desprendimiento de las figuras románicas, de los muros de la ermita de San Fructuoso o San Fertus. El mayor de los dos sacerdotes era el Canónigo Don Antonio Durán Gudiol y el párroco  era  Don José María  Jabierre.  Don Antonio Durán Gudiol, que nació en Vic, Provincia de Barcelona en 1918. Estuvo viviendo en Aragón aproximadamente medio siglo, llegando a ser tan aragonés como catalán. En 1978, con la colaboración de Domingo Buesa y Julio Gavín, escribió la “Guía monumental de Serrablo”. Pero no sólo se dedicó a estudiar las iglesias del Serrablo, sino que lo encontramos en Bierge en la ermita de San Fructuoso, para trasladar las maravillosas pinturas que, gracias a Dios,  todavía se conservan en dicha ermita y evitar los despojos del arte, en las iglesias del Alto Aragón. Pero todo tiene una explicación, porque en aquellos tiempos en que escaseaba el dinero, recuperar las pinturas de Bierge, costaba una fortuna. Sacaron  los lienzos de toda la ermita, pero tuvieron que destinar los que se desprendieron de los laterales del Abside, para pagar a los técnicos, que realizaron una obra maravillosa. El otro sacerdote, es decir el Párroco de Bierge, que tuvo un hermano, nacido en Siétamo, Cardenal, pero él durante varios años, estuvo de Cura de Pueblo en la Diócesis de Huesca. Ese es el título de un artículo mío, escrito en el Ordenador y dice, entre otras cosas ,lo siguiente: ”Segundo Nasarre, nacido en Nocito, me confirmó el carisma que llevaba consigo, don José María, en el año de mil novecientos cuarenta y tantos, y  convocaron una rogativa a San Urbez, porque  la sequía era grave. En el Somontano reinaba tal “sequero”, que no podían abrevar los ganados de ovejas,  ni siquiera las caballerías. Empezaron a venir vecinos de Bentué, de Used, de Bara, de Angúés, de Rodellar  y de Bierge. Estaba el cielo raso,  pero aparecieron en la punta de Guara “as boiretas llovederas” y empezó a llover de tal forma, que muchos se tuvieron que quedar en Nocito……Don José María Javierre, que por entonces estaba de párroco no sé si en Angüés o en Bierge, dijo la misa y predicó”.
“Mi amigo  Nasarre, de más de ochenta años  no puede olvidar el sermón que escuchó pues hizo llorar a todas las mujeres asistentes a la misa y a muchos de los hombres. Empezó a llover cuando  volvía la procesión y estaba entrando en la iglesia. José María no podía olvidar sus tierras y comunicó al sabio canónigo Don Antonio Durán Gudiol, lo que ocurría con las pinturas de San Fructuoso de Bierge y de allí,  José me contó el proceso de quitar de los muros de la ermita las pinturas sagradas. En los lados del ábside de la ermita, se ven las sombras de hermosos dibujos sagrados, pero es que son los restos de las pinturas que tuvieron que pagar por obtener todo el resto de ellas, situados en el frente del ábside. Parte de esos restos se encuentran, según me dijo José Otín Nasarre, en los Estados Unidos, otros en Barcelona y otro en Zaragoza.
Las hermosas figuras que llenan de fe, al que las contempla, las veía Cándido Rufas, a veces con lágrimas en los ojos, en los lienzos,  que se encontraban en los porches de la Universidad, frente al Seminario, en el que estudiaba. Y aquí es donde hay que exponer el amor que hacia esos lienzos tenía el hermano mayor de la familia Rufas de Bierge, que se llamaba Agustín y era hermano de otros trece Rufas, que tiene su casa natal en  el pueblo de Bierge, debajo de la Sierra de Rufas.  Agustín recibía noticias de los lienzos sacados de la ermita de San Fructuoso y las lágrimas de su hermano, el seminarista Cándido Rufas, conmovieron el corazón de Agustín o Agustinico, que  se movió hacia la Dirección General de Aragón, que hizo volver los lienzos románicos a la ermita de San Fructuoso de Bierge.
Este mes de Abril de 2014, he contemplado un paisaje espiritual, dentro de la ermita, presidida por el Santo Cristo con su figura románica, y alrededor de él santos y santas de la corte celestial.¿ Qué pasaba en la ermita de San Fructuoso de Bierge?. José Otín Nasarre se ha quedado emocionado,  al contarle lo que yo vi en el ambiente de la ermita, igual que  él lo había contemplado cuando él era todavía un niño y observaba como despojaban los muros de la ermita de aquellas santas y maravillosas pinturas románicas.
En Bierge hay cuatro iglesias, pero en aquella ermita de San Fructuoso San Fertus en la que nos encontrábamos, muchos  amigos de la familia Rufas, resultó conmovedor, ver llegar a Agustín, sobre las espaldas de  parientes y amigos, a despedirse de este mundo, frente al Cristo románico, acompañado por hombres santos, que parecían negarse a despedirse de su protector, sino que lo recibían con amor para que entrara en el Cielo, que se había merecido, porque  a él se debía el regreso de los lienzos románicos a la ermita de San Fructuoso. En la parte alta del altar, celebraban la misa tres sacerdotes, entre los cuales se encontraba un sucesor de José María  Javierre, a saber el sietamense  José María Cabrero, y en la escala inferior, y junto a ellos estaba conmovido, Cándido Rufas, otro “sacerdos in Eternum”, como el sacerdote rumano, que estando casado, y celebra la misa en la iglesia de San Miguel de Huesca, ante sus paisanos inmigrantes.
Cerca de donde yo estaba, se sentaban un niño y una niña, sobrinos de Cándido Rufas, que estaban contemplando espectáculo de la vida del hombre ante Cristo, que estaba mirándolos en el Presbiterio.
Al salir de la iglesia, se contempla una carretera que sube hasta Rodellar y en cuyo inicio está escrito:  BARRANCO de MASCÚN. ¡Cuantas veces ha pasado por ella el Forestal José Otín Nasarre, que visitaba las iglesias de Otín y de Nasarre, que le recordaban su origen eterno como el de las iglesias antiguas, de las que se acuerda , como recuerda su visón del despojo de pinturas románicas en la ermita de San Fructuoso y que hoy,  he contemplado yo, dichas figuras con todo su esplendor,  bendiciendo al “amo” de Casa Rufas de Bierge, acompañado de toda su familia y de los vecinos de Bierge.
Estuve en cierta ocasión,  acompañado de mi esposa Feli y de mis hijos, en Bierge,  a ver a Agustín,   a su esposa e hijos, pero se habían marchado a una boda en Barbastro. Pero  en esta ocasión,  la última, he conseguido verlo frente al Cristo herido en su Pasión y en la Guerra Civil. Lo he visto a él rodeado de muchos de sus hermanos, nietos y sobrinos y me ha conmovido contemplar a Cándido, muy próximo al ataúd, derramando lágrimas, que le han lavado sus ojos y han alegrado su alma, al recordar, el interés que tuvo, para traer, de nuevo,  al pueblo de Bierge, las figuras de Cristo, de San Fructuoso y de todos sus hermanos en la santidad.

 Oye, José, ¿no te ha conmovido el hecho de que yo viera a Agustín difunto, donde tú lo viste otras veces, pensando en volver esas pinturas a Bierge?.

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