Aunque cueste, es preciso
restaurar Montearagón, que los oscenses hemos olvidado tanto, porque hay otros,
concretamente los navarros, que se acuerdan del Monasterio. Afirmo esto porque
he hallado un hermoso libro, que se titula “Sedes Reales de Navarra”, cuya segunda edición se editó por el Gobierno de
Navarra en 1993. Al mirar este libro hay que tener en consideración que Navarra
y Aragón tuvieron periodos históricos en que fueron el mismo Reino y así lo vemos cuando Don Antonio Durán Gudiol, dice:
”En el campo político la unión de los reinos de Aragón y Navarra en 1076 en la
persona del rey Sancho Ramírez, había sin duda fortalecido el poder militar de
éste, posibilitando la gran ofensiva, que tuvo tres objetivos, por lo menos, Tudela,
Huesca y Barbastro.” Y entre las Sedes de Navarra sale Huesca, donde nombra la
iglesia de San Pedro el Viejo, en qué está enterrado, desde hace siglo y medio, Alfonso
el Batallador, a donde fue trasladado desde el abandonado Monasterio de
Montearagón; y allí tenía su sepultura desde el año 1.134. Añade que hoy el Monasterio
está abandonado. Alfonso I el Batallador(1104-1134),como puede verse en las
cifras entre paréntesis, murió joven, lo
que no le impidió realizar grandes proyectos en la Reconquista, lo que
reconocen los navarros al recordar su condición de acabar con la reconquista
del que hoy es el territorio de Navarra, al conquistar Tudela y su comarca en
1119. Pero no solo se le atribuyen dichas conquistas sino, el desarrollo del
impulso urbano al conceder Cartas Forales a Tudela, Sangüesa, Puente la Reina y
Pamplona, que fueron el cimiento sobre el que se fundó más tarde el Derecho Foral. Hemos visto como Don Alfonso
triunfó en Tudela, pero en Fraga tuvo
una batalla que le acarreó la muerte en Poleñino, a donde lo condujeron para tratar de salvarlo
y lo enterraron en el monasterio de Jesús Nazareno de Montearagón, en lugar de
llevarlo a San Juan de la Peña, donde estaban enterrados sus antepasados. Su
sepulcro se encontraba en la cripta de la iglesia de Montearagón. Lo describe
así: ”un gran arcón de piedra encerraba
en su interior el ataúd de madera en el que reposaban los restos reales...En
los lados mayores del túmulo había sendas arquerías sustentadas en seis columnitas con sencillos capiteles”.
V. Carderera decía que le recordaba a
los sepulcros tardoromanos. Este
sepulcro fue destruido por la revolución llamada de “la Gloriosa”, que acabó
con el reinado de Isabel II, en el mes de septiembre de 1868. De todas formas
ese destrozo no debió afectar a los restos del Rey, pues en 1843, a consecuencia
de la desamortización se decidió el traslado de sus restos a San Pedro el Viejo
de Huesca, a la misma capilla donde yace su posterior hermano Ramiro II el
Monje, en un sarcófago romano. Enterraron a don Alfonso el Batallador en un
nicho abierto en la pared y recubierto con una lápida negra. Pero de la misma
forma que los oscenses se conmovieron
con el centenario de la conquista de Huesca, en cuya celebración, se propusieron
la reconstrucción de Montearagón, en otros
tiempos los recuerdos de San Juan de la
Peña y de San Pedro el Viejo, les influyeron
para celebrar el II Congreso de la Corona de Aragón. Los oscenses
cogieron los restos del Batallador y ”depositados en una urna de madera, recibieron
solemnes honras fúnebres en la catedral y luego fueron devueltos al nicho de la
capilla de San Bartolomé”, en San Pedro el Viejo. Su aspecto trata de tomar
como modelo las lápidas románicas del Panteón de Nobles de San Juan de la Peña,
haciendo constar el nombre del rey Don Alfonso el Batallador.
Pero, sin embargo el interés por
los Reyes de Aragón, ha movido a los aragoneses a seguir estudiando no sólo los
sepulcros y la arquitectura de sus tiempos, sino que el día veinte de Junio del
año de dos mil ocho, proceden a desenterrar a Ramiro el Monje y a su hermano
Alfonso el Batallador, para analizar sus
genomas, el Gobierno de Aragón con la Unidad Genética de la Universidad
de Zaragoza. Gracias a las investigaciones genéticas de los antropólogos José
Ignacio Lorenzo y Belén Blasco, se conocieron
algunas cualidades físicas de Alfonso el Batallador, pero ahora
se sabrán características genéticas y se podrá componer el árbol
genealógico de aquellos Reyes de Aragón.
Cuando se estaban desenterrando
los restos del Batallador, unos turistas franceses, que estaba visitando el
Claustro de San Pedro, pudieron contemplar los huesos reales, que causaban una
triste impresión, por estar ennegrecidos por causa de la
humedad. Ambos arqueólogos afirmaron que
“las exhumaciones nos han corroborado lo que las fuentes
documentales nos han contado”. Pero el arqueólogo Lorenzo dijo que la Capilla
de San Bartolomé estaba en muy mal
estado, con el suelo de tierra y la humedad atacando a los huesos, que en poco tempo se hubieran convertido en
polvo. Dicen que el cadáver de Alfonso I, volvió a San Pedro el Viejo el uno de
Julio del año 2012. ¿Cuándo podrá volver a Monteragón?.
En Montearagón se evitó la ruina de la iglesia y se hizo
alguna pequeña reparación, pero allí sigue elevado sobre aquel monte desde el
que vigilaban a Huesca para conquistarla. Pero mi padre me contaba, que mi
abuelo y los demás vecinos de Siétamo, vieron el Castillo-Monasterio arder igual
que una enorme hoguera y tuvieron que respirar el humo que a ellos les llegaba
desde tan cerca. Yo que paso todos los
días por debajo el Monasterio, que se eleva sobre el pueblo de Quicena, lamento
su abandono, pero recibo el consuelo de
qué hace muy poco tiempo, al lado de la autovía, colocaron una gran imagen de
hierro, del gran Rey duro como el hierro ,en sus conquistas, es decir de
Alfonso I el Batallador.
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